Home Cine Estalló una precaria paz: 100 años del final de la Gran Guerra.
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Estalló una precaria paz: 100 años del final de la Gran Guerra.

Estalló una precaria paz: 100 años del final de la Gran Guerra.
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El 11 de noviembre se cumplirán cien años del final de la Gran Guerra. Se la llamó así para diferenciarla de las anteriores, y porque se pensó que jamás habría otra que la igualara en barbarie. Pero el Pacto de Versalles se encargaría de gestar el nazismo, porque las potencias vencedoras impusieron en Versalles durísimas condiciones a los derrotados. El resultado fue una segunda contienda más salvaje que la anterior.

La Primera Guerra Mundial generó mucho cine. Un espectador memorioso recordará películas interesantes sobre las primeras batallas aéreas (Alas, La escuadrilla de la muerte, La escuadrilla del amanecer, Crepúsculo de las águilas, Ases del aire) y espectáculos donde las buenas intenciones estaban teñidas de melodrama (J’accuse, Corazones del mundo, Caballo de guerra). Hubo otros títulos dedicados a personajes específicos (Sargento York, Capitán Conan), mientras Doctor Zhivago mostraba la retirada de Rusia tras el triunfo bolchevique, Gallipoli daba cuenta de la masacre de los Dardanelos, Amor eterno combinó feroces escenas bélicas con una delicada historia de amor, e incluso Chaplin intentó sobrevivir en el fango de Armas al hombro. Pero la Gran Guerra dio también una decena de obras mayores que conviene reseñar para que el cinéfilo pueda revisarlas.

 

El gran desfile (King Vidor, 1925): Melodrama romántico y enorme espectacularidad (la incursión en el bosque es modélica) conformaban un film que era todo lo crudo que podía para su época. Y un instante verdadero de toda guerra verdadera: cuando el novio se iba, ella desesperada le tiraba un zapato como recuerdo; al volver, él traía una pierna de menos.

Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930): Sobre novela de Remarque, un mensaje antibelicista contundente con secuencias antológicas (el ataque de la infantería francesa con el plano de las manos en la alambrada) y una idea subversiva: morir por la patria no es hermoso, sino una aberración. Mostró además la camaradería entre los soldados y (algo inusual en Hollywood) enseñó el punto de vista del bando enemigo.

Cuatro de infantería (Georg Wilhelm Pabst, 1930): Antibelicismo a la alemana, que muestra la insignificancia del ser humano inmerso en un conflicto de vasta proporción (la toma de la mano sobresaliendo del fango en medio del devastado campo de batalla es atroz). Y también echa un vistazo al daño bélico en la población civil, que sufre la escasez de alimentos, el racionamiento y la pérdida de dignidad ciudadana.

La gran ilusión (Jean Renoir, 1937): Culminó una época, un estilo, una tendencia y un ideal: un llamado a la paz realizado a las puertas de una nueva conflagración. Y sobre todo, una idea: más importantes que las naciones son los grupos sociales (el oficial francés se comunica mejor con su par prusiano que con sus propios soldados). Un film en defensa de la solidaridad humana por encima de patrias, idiomas y clases sociales.

Patrulla infernal (Stanley Kubrick, 1957): Tres soldados son elegidos al azar para ser fusilados, como reprimenda porque el resto del pelotón se negó a cumplir una misión demencial y suicida. El film es una bofetada al orgullo francés, con demoledores planos en las trincheras, gran labor de Kirk Douglas y un final en la cantina para la más noble de las emociones. El genio de Kubrick despuntaba, y de ahí en adelante sería imparable.

La gran guerra (Mario Monicelli, 1959): Una comedia narrada trágicamente, o una tragedia contada con humor. Dos pobres diablos (Vittorio Gassman, Alberto Sordi) terminan siendo héroes y mártires a pesar suyo, mientras el CinemaScope, los planos-secuencia y la profundidad de campo acentúan la idea que los actos heroicos se realizan por imposición o necesidad, y casi nunca por patriotismo.

Lawrence de Arabia (David Lean, 1962): Cirugía profunda en torno a la personalidad megalomaníaca del personaje titular, pero además un súper espectáculo histórico sin parangón. El film expone la rebelión árabe ante los turcos y las turbias negociaciones de las potencias occidentales en su torno. Por sí mismo, la película nos hace entender en su totalidad la verdadera génesis de un conflicto que continúa asolando Oriente Medio.

Por la patria (Joseph Losey, 1963):  El juicio a un soldado británico que desertó de su regimiento. El film no ahorra ningún detalle, para que hasta los más distraídos se enteren de la inutilidad de toda guerra: llueve sin parar, las cloacas se tupen, las ratas proliferan y los cadáveres salen a la superficie. Brechtianamente, esa sordidez hace mezquinos  a los hombres. Pacifismo pesimista y amargo, porque la vida no vale nada.

Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo, 1971): Un caso límite de horror: protagonista mutilado, herido por un obús, reflexiona sin poder moverse en la cama de un hospital. Un interrogante sobre el significado del sufrimiento, de la vida y de la muerte, en un film realizado durante el conflicto de Vietnam, mientras otros jóvenes caían masacrados sin saber ni siquiera por qué. Y un plano final demoledor, con mucha fuerza y emoción.

La vida y nada más (Bertrand Tavernier, 1989): La guerra terminó, el capitán debe buscar un cadáver anónimo para convertirlo en “soldado desconocido” y la dama intenta reencontrar a su marido desaparecido. “El desfile de los aliados tomó tres horas”, dice el capitán, y remata: “Si los muertos desfilaran, tardarían once días con sus noches en hacerlo”. Era el saldo de una masacre mayor que estaba condenada a repetirse.

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".