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“Fomentamos la curiosidad en el público”

“Fomentamos la curiosidad en el público”
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Los días 6 y 7 de octubre el legendario festival Cosquín Rock llega por primera vez a Uruguay. El evento, que se inició en 2001, se llevará adelante en Landia. Habrá música, actividades al aire libre y gastronomía. En entrevista con Voces, José Palazzo, su creador, hace un repaso de la historia de una fiesta que se ha expandido a varios países de Latinoamérica.

El festival Cosquín Rock promete 48 horas de música en la que estarán presente varias bandas uruguayas. Desde Buitres, Once Tiros y La Triple Nelson hasta La Tabaré, Cuatro Pesos de Propina, Trotsky Vengaran y Abuela Coca. Desde el exterior llegarán Paralamas (Brasil), Ska-P (España) y los argentinos de Las Pelotas, La 25, Las Pastillas del Abuelo, Miss Bolivia y El Bordo. Esta será la primera vez que el festival se organiza en nuestro país. Además, en 2017 desembarcó en México, Perú, Colombia y Bolivia, y este año también lo hará en Chile.

La grilla completa puede verse en www.cosquinrockuy.com/grilla

¿Cómo fue que nació la idea, específicamente, del festival?

Lo recuerdo perfectamente. Don Julio Mahárbiz, quien que fue creador del Festival de Folklore de Córdoba, que se llama “Cosquín”, un día se cruza con mi padre y dice “che, tu hijo hace shows ahí en Córdoba, me he enterado, nosotros hemos tomado la concesión de la Plaza Próspero Molina, y queremos hacer un festival de rock”. Hablé con mis socios y me dijeron “no, nadie va a querer”. Justo Divididos acababa de sacar un disco que incluía un tema de Atahualpa Yupanqui que se llamaba “El arriero”, les hablamos y se coparon. Y se coparon Los Piojos también. La idea de “tomar” pacíficamente la Plaza Próspero Molina le gustó al rock. Y ahí nace la primera edición. Sin publicidad, sin presupuesto y sin guión, como dice Charly García. Y la verdad es que fue impresionante, se llenó de boca a boca, le gente empezó a venir y a partir de ahí se armó un formato de festival. Como se hacía el festival de folklore, pero de rock. En la cuarta edición se quedaron cincuenta mil personas sin entrada. Entonces toda la ciudad quedó copada y hubo que poner en cada una de las plazas unas pantallas y sonido para que la gente pudiera seguir el festival. Después, por una serie de desinteligencias del gobierno de Cosquín propiamente dicho, terminamos yéndonos a otro lugar que se llama San Roque. Ahí se hizo durante cuatro años y finalmente encontramos un lugar muy lindo que es donde estamos ahora que es Santa María de Punilla, a 11 quilómetros de distancia. O sea, el festival nunca se movió de más de diez, once quilómetros de donde estaba originariamente. Y ahora está a dos quilómetros de Cosquín, o sea que está pegado a Cosquín.

Después de tantos años, de haber adquirido experiencia, ¿cuáles son los errores y cuáles son los aciertos?

No hay un manual que te enseñe a hacerlo. Pero como llevamos diecinueve años haciéndolo… Yo escribí un libro en los diez años, donde cuento todos los desaciertos del Cosquín. Todas las perdidas. Por ejemplo, llevarlo a Charly García y proponerle hacer un evento gratuito y que termine tocando a las dos de la mañana cuando estaba anunciado a las seis de la tarde. Pasaron muchísimas cosas. Que un proveedor de baños químicos llegue con la mitad de los baños químicos y que la gente termine meando toda la ciudad. O que el proveedor de sonido haya especulado un poco con la cantidad de sonido y que hubiera gente atrás que no escuchaba. Muchos aprendizajes tuvieron que ver con errores y desinteligencias de inocencia, todo eso se pagó carísimo porque la gente es muy crítica a las cosas que no salen bien y es muy poco de elogiar lo que sale bien. Pero si la gente vuelve al festival y vuelve a sacar las entradas y vuelve a llenarlo quiere decir que algo estamos haciendo bien. Dentro del aprendizaje siempre está que todos los años el público tiene que ir descubriendo cosas. Nosotros fomentamos la curiosidad en el público. Si el público es curioso y recorre todo lo que nosotros le damos probablemente pase uno de los mejores días del año. Porque tenemos todo tipo de espectáculos y atracciones en un mismo ámbito para que vos camines y lo recorras. En el Cosquín de Argentina descubrimos hace tres años que la gastronomía tenía que mejorar y conseguimos aliarnos con una feria de gastronomía que sola mete 20 mil personas en Córdoba, entonces la incorporamos adentro del predio del festival. A mí me gustó lo de Landia porque podemos ir creciendo. A lo mejor si el festival sigue acá en Uruguay me lo imagino, si llega a crecer, utilizando las canchas que están al lado, y a lo mejor teniendo un predio gratuito del otro lado de la playa. Y que la gente pueda integrar lo que es una jornada con entradas pagas y una jornada gratis auspiciada por alguna marca. Yo siempre estoy volando con eso, pero tiene que ver con las expectativas que yo le pongo al festival. Yo voy a festivales todo el tiempo. Y éste es un encuentro para la familia. A mí me encanta ir a los festivales de día. Mis hijas han ido a varios y en casi todos los festivales acampamos en el lugar como el público lo hace acá. Pasamos el día y a las diez de la mañana ya estamos descubriendo cosas en el festival. Y esa es la clave.

Para un artista que está en una etapa de crecimiento, ¿el Cosquín es una validación?

Es una validación y es muy importante para sumar público. Porque los artistas que están creciendo atraen su propio público, pero suman ese otro público que está dando vueltas en el festival. Y les ha pasado a muchos artistas tener años consagratorios y que el disparador ha sido febrero, en el festival.