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Hacha, tiza y mostrador

Hacha, tiza y mostrador
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El periodista Sebastián Chittadini acaba de presentar el libro “Que vuelva la celeste de antes” (Editorial Fin de Siglo). Es un trabajo que aborda en profundidad la historia de la Selección uruguaya y donde se mezclan una gran cantidad de datos históricos con anécdotas, pinceladas humorísticas y reflexiones de hincha. El autor contó a Voces cómo es su vínculo con el fútbol y cómo dio vida a este libro que cuenta con prólogo del periodista Andrés Reyes y epílogo del futbolista Pablo García.

 

Sebastián Chittadini nació en Montevideo en 1977. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación (Udelar) y campeón del torneo de la Liccom en el año 2003 como (muy) limitado y expeditivo zaguero central del Cannabis F.C. Presenció todos los partidos de Uruguay en el Mundialito, pero no recuerda nada debido a su corta edad en aquel entonces. Se rateó del liceo en reiteradas oportunidades para presenciar las prácticas de la selección de Cubilla en el Estadio Municipal de Alternativa Charrúa para la Copa América 1993. En su infancia jugó al baby fútbol y desistió al cabo de unos años. Luego intentó con el básquetbol, con resultados dispares. Su primera incursión literaria tuvo lugar en el libro Pebeta de mi barrio, de Malena Muyala, con el cuento «Picadito y bandoneón». Ha participado en diferentes espacios deportivos en radio y en prensa, así como redactando variados contenidos para diversos portales. Actualmente, además de llevar adelante la página Que vuelva la Celeste de antes, en facebook, twitter y web, escribe la columna «El rincón de las arañas» con el personaje del Prof. Hermes J. Sanabria en el portal El Aguante, e integra el equipo periodístico de la revista en línea Zona Mixta.

 

¿Cómo dirías que es tu vínculo con el fútbol?

Está el vínculo que tenemos muchos uruguayos, ese de la cultura futbolística que se respira en Uruguay y te va impregnando desde chico, lo juegues o no. En mi caso, también hubo siempre una relación muy estrecha con el consumo de mucha literatura deportiva, sea en clave histórica, periodística o literaria y posteriormente con la posibilidad de escribir sobre fútbol.

¿Tu condición de zaguero te hace identificarte más con Paolo Montero o Darío Rodríguez que con Enzo Francescoli o Diego Forlán?

Indudablemente, y hay varios factores que llevan a eso: por un lado, la escasez absoluta de recursos técnicos que me llevaron a darme cuenta a los 11 años que capaz lo mejor era encarar otro deporte; y por otro, que en Uruguay se aplaude más un tranque que un caño o un cambio de frente de 40 metros. Aunque como a todos, me hubiera gustado jugar como estos últimos.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Me parecía que todo lo hecho en el blog y las redes sociales merecía un broche de oro de este tipo, por eso lo veo como un sueño cumplido. Hacía tiempo que tenía la idea de plasmarlo en ese formato y también recibía unos cuantos mensajes de seguidores de la página que, sin saber quién estaba atrás, creían que estaría bueno llevarlo a un libro. Eso también me alentó a hacerlo. Después, había que ver si le parecía viable a alguien y ahí apareció Fin de Siglo, que creyó en el proyecto y ayudó a hacerlo realidad.

¿Por qué reivindicar, en tiempos de “fair play” y “procesos”, que regrese “la celeste de antes”?

Creo que tenemos tan arraigados determinados discursos y construcciones como la garra charrúa y la pierna fuerte, que incluso sabiendo racionalmente que hoy el fútbol va por otro lado, nos parece que “falta algo”. Me parece que eso es lo que llevó a que esta idea pueda jugar en la frontera entre el humor, la historia y la irracionalidad del uruguayo futbolero para pedir que vuelvan ciertos ingredientes que ya no están.

¿Se vincula esta mirada con la inevitable “nostalgia” que cada uruguayo porta con orgullo en su ser nacional?

Van abrazadas; porque si el ser humano es nostálgico por naturaleza, el uruguayo va un paso más allá. Incluso nos gusta decir que somos los más nostálgicos del continente y los únicos que eligieron un día para celebrar la nostalgia, ese sentimiento tan asociado a la depresión, por ejemplo. Igualmente, me ha pasado hablando con brasileros o con argentinos, que me dijeran que si existiera un “Que volte a verdeamarelha de antes” o un “Que vuelva la albiceleste de antes”; tendría buen recibimiento por aquellos lados. Seguro que, como siempre que jugamos contra ellos, les vamos a querer ganar y defender nuestra condición de nostalgiosos.

¿Cómo fue el proceso de hacer el libro? Porque incluye datos biográficos y documentales con grandes reflexiones humorísticas…

Fue un proceso de casi seis meses de escritura, todo un descubrimiento porque nunca había escrito un libro y no sabía a qué me enfrentaba. Como todo proceso, hubo puntos altos y otros no tanto en cuanto a la inspiración, pero siempre con el pleno disfrute de estar escribiendo sobre algo que me gusta y en lo que me siento cómodo por venir manejando determinado lenguaje desde hace casi cinco años. El balance final es un poco ese, de encontrarme con que había hecho el libro que quería hacer. Parafraseando al gran Fontanarrosa, ya me doy por satisfecho con que los que lean el libro se rían y/o descubran algo que desconocían.

En ese escenario, ¿qué datos curiosos o sorprendentes encontraste?

Tal vez no podría enumerar algún dato concreto, pero sí podría hablar de la comprobación de que siempre el fútbol uruguayo se manejó bien “a la uruguaya”. No ha faltado en la historia de la selección, de las muchas “celestes de antes”, la improvisación, la desorganización y el desorden interno. Dentro de ese contexto, fue muy lindo ir redescubriendo muchas cosas que han hecho que la celeste tenga tanta historia.

En todo momento realizas comparaciones con lo “de antes” con lo “de ahora”, ¿cuáles son a tu criterio los mayores defectos y las mayores virtudes de ambos escenarios?

Como recurso humorístico, esa comparación es bastante efectiva, creo que casi en cualquier escenario. Si bien dicen que “las comparaciones son odiosas”, es algo inevitable y todavía más tentador cuando interviene ese pasado al que tanto nos gusta viajar. Hablando en serio, lo ideal sería no quedarse anclado en el pasado y a la vez tomar de ahí lo que pueda ser útil. Como dice la canción, “No te quedes en Maracaná, pero prendételo en el pecho como una escarapela y recordalo cada 16 de julio”.

Cómo seguidor y observador, ¿cómo ves el fútbol local actual?

En muchos aspectos, muy mal. Creo que tendríamos que quedarnos con el aspecto romántico y folklórico de nuestro fútbol como un rasgo valioso, pero a la vez enfocarnos en mejorar en infraestructura, en las comodidades para los espectadores, en que la plata llegue a quienes tiene que llegar, en que los jugadores puedan tener el campo para desarrollarse profesionalmente cumpliendo con la premisa básica del profesionalismo, que no es otra que cobrar de forma acorde a lo que uno hace. Por ahora, seguimos siendo un fútbol de materias primas que no aprovecha al máximo sus recursos y por ejemplo no integra al fútbol del interior. Si podemos tener una selección de primer nivel mundial y con una estructura acorde, se debería poder trasladar eso a un fútbol local más parecido a eso. Lo primero es que haya voluntad, y en ese camino parece estarse gracias al impulso de los que juegan.

¿Qué devolución te ha ido llegando del libro?

Lo primero es haber comprobado eso que tanta gente ha dicho, sobre que una vez que uno termina de escribir, el producto ya le pertenece a los que lo leen. Dentro de eso, me permitió conocer gente que admiraba de antes y que disfrutó mucho del libro, y también recibir muchas devoluciones muy generosas de mucha gente a través de la página y sus redes, por supuesto que también de amigos y familia. Eso es impagable. También está buenísimo descubrir que en otros países hay gente interesada en tenerlo, incluso no siendo uruguayos. Lo más loco fue recibir el mensaje por privado de Linkedin de un brasilero viviendo en Irlanda, preguntando dónde podía conseguir el libro porque era muy fan de la página y del fútbol uruguayo. Por supuesto que habrá a quienes no les guste, pero por suerte no te lo dicen. Así que es muy grato seguir reviviendo todo el proceso a través del disfrute de los lectores. Como dijo alguien muy sabiamente, “el camino es la recompensa”.