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El hijo del Bebe

El hijo del Bebe
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Un pensador profundo como yo, habituado a bucear en las oquedades últimas de las ideas –ponga atención, lector, a que dije “de las ideas”, así que no joda al pedo con otras hipótesis sobre oquedades para desprestigiarme-, es a veces sacudido por la compulsión de explicar con metáforas audaces ciertas cuestiones cotidianas que se van estirando en el tiempo sin resolución.

Por ejemplo: he sentido esa compulsión para explicar el que será, a mi juicio, el destino del periplo político de Raúl Sendic –insisto, metafóricamente- con el desarrollo y final del “Poema conjetural” de Jorge Luis Borges, credo cuando la japonesita Kodama era joven y le soplaba las orejitas.

“Zumban las balas en la tarde última. / Hay viento y hay cenizas en el viento,/ se dispersan el día y la batalla deforme/ y la victoria es de los otros”.

-¿De los otros? ¡Ésta, de los otros! –brama Raulito mientras hace un gesto obsceno que al único que hace reír es a Leonardo De León (habría que averiguar por qué).

Es que ya ha iniciado una estrategia desesperada, la última: la de la confusión. Que se va de licencia, que no se va de licencia un carajo. Que va a dar un paso al costado, que esperen el paso al costado con el orto en el pico del águila de Villa Argentina. Que se deshizo el apoyo de la mayoría de su grupo, que los viejos y queridos cumpas lo siguen bancando. Que Tabaré, que le palmeaba la espalda, ahora lo ve venir y le hace un regate estilo Messi y le dice “¡oleeee..!, como un desaire premonitorio, pero –claro, es Tabaré, eso siempre conviene “leerlo entre líneas”.

-¡Me van a cagar si son brujos! –aúlla el todavía vicepresidente.

“La noche lateral de los pantanos/ me acecha y me demora. Oigo los cascos/ de mi caliente muerte que me busca/ con jinetes, con belfos y con lanzas./ Yo, que anhelé ser otro, ser un hombre/ de sentencias, de libros, de dictámenes,/ a cielo abierto yaceré entre ciénagas;/ pero me endiosa el pecho inexplicable/ un júbilo secreto. Al fin me encuentro/ con mi destino sudamericano”.

-¿Tanto ruido por lo de Ancap? Está bien. Si a fin de cuentas es como dice Tabaré: “Que laude la justicia, que es lo que corresponde”. ¡Ja! ¡Mirá que chucho tengo! El otro día me enteré de la denuncia de un caso de evasión a la DGI con unas boletas truchas en Rivera. El fiscal tenía ciento veinte días para acusar. ¡¿Y no se enteraron?! ¡Van diez años sin noticias de ese buen hombre! ¿O acaso me van a correr con el poncho por lo del diploma? Se me perdió en una excursión por El Malecón, pero como Lucía llegó a verlo… ¡siéntense acá, nomás, bien cómodos! Y lo de la tarjetita… Si entro a abrir la boca sobre el uso de tarjetitas yo…, ni se imaginan el incendio que armo. Y eso otro que largó “Búsqueda”, que “ante probables reveses políticos y judiciales, el oficialismo ya analiza un gabinete sin Sendic”… ¡revisen las fuentes, pelotudos!

“Al fin he descubierto/ la recóndita clave de mis años,/ la letra que faltaba, la perfecta/ forma que supo Dios desde el principio./ En el espejo de esta noche alcanzo/ mi insospechable rostro eterno. El círculo/ se va a cerrar. Yo aguardo que así sea”.

-¡Ahora me apoyan mis queridos compañeros comunistas! ¡Quiero ver cómo hacen para voltearme!

Y, sí. Es verdad.

La última novedad es ésa. Los cuatro o cinco bolches que quedan por acá, de todos modos ruidosos e inmunes al recuerdo de la historia de la implosión de la Unión Soviética, han expresado que no dejarán solo a Raulito. Uno se pregunta si no les convendría esperar. ¿A quiénes?, dicen, cancheros. ¿A que Mirandita siga babeando sus frases sobre la ética por los comités de base? ¡Si no le dan bola ni los cantineros! ¿A que resuelva el Tribunal de Ética del Frente Amplio? Por favor –sentencian-, si tiene menos aceleración que las tortugas de las islas Galápagos. ¡El hijo del Bebe es nuestro! ¡Por las barbas de Marx, que no lo toque nadie y menos la CIA del elefante rosado y loco del Norte!

Ah, bueno. Si Raulito consiguió semejante respaldo, me parece –digo, lo intuyo como una hipótesis probable para un pensador respetable- que está frito. Y, claro que siempre metafóricamente hablando, hará realidad el final del poema borgeano:

“Pisan mis pies la sombra de las lanzas/ que me buscan. Las befas de  mi muerte,/ los jinetes, las crines, los caballos,/ se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,/ ya el duro hierro que me raja el pecho,/ el íntimo cuchillo en la garganta”.

Antonio Pippo

Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.