Home Política Homenaje a Raúl Sendic: «Es más fácil cambiar la realidad material que la cultural»
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Homenaje a Raúl Sendic: «Es más fácil cambiar la realidad material que la cultural»

Homenaje a Raúl Sendic:  «Es más fácil cambiar la realidad material que la cultural»
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La semana pasada en la sede del Pit-Cnt se realizó un homenaje a Raúl Sendic a los treinta años de su muerte. Transcribimos a continuación las palabras de José Mujica en dicho evento.

Por lo visto esto resultó un poco más largo de lo previsto. Tengo que agradecerle al Chela porque acá en el Uruguay se ha intentado vender la película de que esto era una Arcadia feliz, que esto era una Suiza prolija de América, y que un día, como un relámpago, saltaron unos locos y se pudrió todo. Y esa es una mentira de carácter histórico. Y fue siempre una mentira para los trabajadores, en primer término. Los asuntos laborales, por 1880, se trataban en la jefatura de policía de Montevideo. Los primeros desaparecidos de los que tenemos nota fueron obreros de las minas de Cuñapirú, obreros retobados. Y probablemente también (…) de una formidable huelga de canteros que hubo cerca de Carmelo, en Conchillas. ¿Por qué digo estas cosas? Porque la organización y las luchas del movimiento obrero costaron sacrificio, sangre, tortura y cárcel. Quien lea escritos del Bebe, en una publicación desaparecida, de sus tiempos de militancia en el Partido Socialista, en “El Sol”, va a encontrar testimonios de lo que pasaban los trabajadores en las comisarías bravas, en las jefaturas de policía. En las huelgas en el Cerro vi morir militantes. Yo era gurí. Y la violencia estaba. La tortura no empezó con la dictadura militar. Era moneda corriente en el Uruguay en el 50, en las comisarías, en las jefaturas de policía. Y basta hablar con los viejos. En mi primera cana estuve dos meses con dificultades para poder dormir. Y en una plena democracia, con derechos constitucionales. A los personajes, a la historia y a las decisiones, hay que ubicarlas en el contexto de su tiempo y de su medio. El Estado de derecho para los trabajadores es una cosa que costó muchísimo sacrificio, porque una cosa con los reconocimientos en el papel y otra son los reconocimientos en la vida concreta. No me quiero extender, porque sería un tema muy largo. Pero recomiendo que lean algunas cosas del Bebe. Quiero señalar que para nada era un personaje trágico. Más bien era un paisano de una ironía permanente. Y hasta en su forma de escribir eso se suele expresar. Un paisano intelectualizado, diría. Y que nunca dejó de ser paisano, con una enorme afinidad. Era un hombre de fogón, un hombre de hablar en grupos pequeños. Y otra característica que quiero señalar, tratando de resumir, es que para mí fue un hombre con una visión casi premonitoria de futuro, donde a veces nos planteaba cosas, y no perdía mucho tiempo en andar fundamentando, o diciéndonos por qué había llegado a esas conclusiones. Por supuesto, nos agarrábamos una bronca terrible, unos discutideros infernales. Difícil que haya cosa más discutidora que la gente de izquierda. Pasado el tiempo nos dábamos cuenta y entendíamos. Voy a resumir esto en una afirmación que hizo en un comité central, ya viejo, cuando ya habíamos sido liberados. Dijo textualmente que la Unión Soviética y el bloque socialista se iban a desmoronar. Y lo querían matar cuando decía eso. ¿De dónde sacaba esa información? Seguramente él manejaba cierto grado de información, mucho antes del muro de Berlín y de todo eso. No conocí a nadie en el Uruguay que hiciera tal afirmación, pero él la hizo, en un comité central, y vaya lío que se nos planteó. Digo esto, y no es el único caso. El mayor enemigo teórico a la fundación del MLN fue el compañero Sendic, el compañero más importante. ¿Por qué? Porque veía muy lejos, porque su gran preocupación era la unidad de la izquierda. Porque siempre vio que la evolución barranca abajo que llevaba el país, tenía el enorme peligro de desembocar en una dictadura. Decía, más o menos, que si fundábamos una cosa inmediatamente fundábamos la anti-cosa, y que había que preparar a la izquierda para resistir el golpe de Estado. Que si fundábamos una organización nos dividíamos del resto, y que el palo se lo iba a llevar toda la izquierda. La decisión de fundación del MLN fue el fracaso de una operación de solidaridad muy compleja. En el proceso de autocrítica de por qué pasó esto llegamos a la conclusión de que había que tener una única disciplina. Hasta ese entonces muchos compañeros eran militantes de doble disciplina. Raúl tenía esa preocupación por la unidad, y la capacidad de que la izquierda pudiera resistir, y en algo que no era propiedad de Raúl, sino de muchos militantes sindicales que vivieron el proceso creciente de paulatina degradación de las condiciones sociales y económicas en el Uruguay a lo largo de la década del 50. Porque este fue un país que venía bien durante la acumulación de la guerra, pero cuando Europa se recompone y cambian las leyes del intercambio, se produjo un cataclismo en el Río de la Plata, que empezó a degradar, paulatinamente, la calidad institucional y el supuesto liberalismo en el Uruguay. Y los gobiernos, estuviera quien estuviera, cada vez más iban tomando un tono represivo por la presión social. No lo sabíamos, e íbamos a aprender una lección. Él lo vaticinó. Cuando un pueblo está relativamente bien y de golpe entra en una crisis apresurada, como pasó en la década del 50, su actitud de reacción es mucho más fuerte que la de aquellos que están acostumbrados a vivir en el piso, sometidos. Eso lo vemos en el gremio bancario, en determinado momento el más combativo que tenía el Uruguay.        El factor de la unidad fue la preocupación que siempre tuvo Raúl, y el vaticinio de que la degradación paulatina del Uruguay desembocaría en un golpe de Estado. Por algo en la vieja central se discutió mucho el tema, y cuál debería ser la respuesta ante un golpe de Estado. Quiero señalar, además, algunas de las cosas más olvidadas y más importantes de sus atributos. Esto tiene que ver con lo que son las alianzas, un talón de Aquiles en el pensamiento de los hombres y las mujeres de izquierda en general. Cuanto humildemente más de izquierda parecen ser, más les cuesta entender las dificultades y las necesidades que existen en materia de política de alianza. De no hacerlo, aislamos al núcleo fundamental, lo más importante de la esperanza, que son los trabajadores, con eso debilitamos lo que puede ser un bloque de respuesta. La unidad es el problema mundial que debilita siempre a la izquierda, y sobran ejemplos. Lo que ha hecho el Uruguay es una hazaña, y llevaría tiempo dar una explicación. Considero que es una hazaña, pero nunca está terminada ni asegurada. Hay que recordar en que los momentos de derrota, las izquierdas, que son campeones en la autocrítica, se pican el ombligo, y en esos momentos se destruyen o tienden a eso. Las derrotas son como la culpa, no las quiere nadie. Esto también lo aprendimos con él. Quiero señalar la importancia que esto tenía para él, y no tengo mejor manera que leerlo, para que se entienda. Ya salido de la cárcel y en el tiempo de reconstrucción post dictadura él escribió: “si un trabajador, digamos del interior del país, tiene un rechazo hacia el Frente Amplio, puede hacerse una propaganda sobre él, y eso tendrá un lento avance en ese sector. Tan lento que el porcentaje de votos del Frente Amplio en el interior no varió entre 1971 y 1984. En ambas elecciones estuvo alrededor del 10% del total de votos. Se diría que la estrategia de obtener ingresos masivos no es hoy diferente de la que se ensayó con éxito cuando se creó el Frente. Entonces, había un FIDEL y un conjunto de fracciones desprendidas de los partidos tradicionales que en total no sobrepasaban el 5% del electorado. Fue con el abandono de aquel frente para fusionarse con otras organizaciones y hacer el Frente Amplio lo que trajo, ya en 1971, ese salto de la izquierda que llegó al 20% del electorado. O sea, se creó un nuevo instrumento dejando de lado el FIDEL, y con eso se tendió un puente transitable a aquellas fracciones desprendidas de los partidos tradicionales. No se les exigió pasar por las horcas caudinas del ingreso a un frente que hasta entonces había estado combatiendo. Y el resultado fue que cruzaron ese puente, creado para ellos, y que se llamó Frente Amplio, el cual fue mucho más que la suma aritmética de las fuerzas políticas que lo integraron. ¿Se puede decir que este frente polipartidista fue una composición más policlasista que los partidos de izquierda, por el ingreso de los contingentes de los partidos tradicionales? Evidentemente no. Los trabajadores están distribuidos equitativamente entre los primeros y los segundos. ¿Se puede decir que los dirigentes políticos que se agregaron por estos sucesivos desprendimientos de los partidos tradicionales le dieron una tónica policlasista al frente de izquierda? No. Al cabo de un tiempo y de un tránsito por el frente no vemos diferencias sustanciales entre ellos y los dirigentes de la izquierda tradicional. En todo caso no hay que ver a estos dirigentes, y sobre todo no hay que ver a esa masa venida de esos partidos, como algo estático, congelado en el tiempo, sino como algo dinámico”.                                Y resume en esta frase, que hay que recordar para siempre porque es una lección política: “El camino cambia a los caminantes”.                “Estas alianzas polipartidistas se levantan como puentes, pero el proceso de la fuerza a que ingresan no culmina al atravesarlo, sino que comienza allí”. Y más adelante señala que algunos van a quedar por el camino. ¿Por qué? En alguna medida el compañero lo insinuó. En su análisis económico Raúl se daba cuenta que habíamos entrado aceleradamente en un cambio de época, y que en el Uruguay no sólo estaban castigados los trabajadores, sino que había una masa importante de clase media golpeada, de pequeños empresarios, de pequeños productores del interior, y que había que tender un puente con esa gente, gente que era importantísima. En definitiva, el Uruguay nunca terminó de hacer una revolución democrático-burguesa. El gran escalón era, previamente, el desarrollo. Pero también se daba cuenta lo que estaba pasando en el mundo. Y lo que estaba pasando en la central del mundo iba a reflejarse acá, y eso hoy lo vemos con una claridad pasmosa: la desaparición creciente de masas de proletarios tradicionales, que se van transformando en otra cosa. Y ese proceso mundial, probablemente, y esa es una interpretación mía, es de tendencia semi expropiatoria de las clases medias o de vastos sectores de ella, que reaccionan. La economía del mundo está creciendo, pero está creciendo mucho más la concentración de la riqueza en grupos muchos menores, por la economía corporativa y los vastos sistemas financieros, que no son sólo bancarios. Y eso es lo que explica las reacciones nacionalistas, lo que está pasando en Francia, en Inglaterra, o el voto a Trump. Las clases medias, por su carácter de clase media, tienen el dilema del gallo enano: están sometidas a una presión brutal. Dijera un trabajador de Detroit: estoy ganando en términos de valor lo mismo que ganaba mi abuelo hace treinta años. Este fenómeno está produciendo reacciones nacionalistas. Y una tendencia es votar en contra, aunque no se sepa a favor de qué se vota. Se puede votar hasta a un cómico, no importa, el asunto es votar en contra de lo que hay. Creo que esta madrugada ideológica del Bebe lo hacen fresco hoy. Se daba cuenta que se entraba en otra época, cuando habla de las consecuencias de la inteligencia artificial y el cambio estructural en el trabajo, en el papel de la tecnología y la ciencia, y en las eventuales repercusiones que eso iba a tener. Esa es una de las cosas premonitorias en un hombre que siempre tuvo la característica de mirar hacia adelante, lo que también lo llevaba a rehuir el estancamiento. Hay un verdadero cambio entre el Raúl Sendic que entra a la cárcel y el que sale. Pero no un cambio degradante sino un cambio enriquecido de alguien que no se queda anquilosado, repitiendo eternamente el mismo esquema, cuando la realidad empieza a presentar otros factores. Esa actitud de intelectual, de descubrir el enorme papel que está cumpliendo la ciencia, el avance tecnológico, las repercusiones en el campo del trabajo, la integración de la sociedad, la disminución creciente y mundial de obreros y trabajadores rurales, el aumento de los cuentapropistas. Al punto de que se llegó a establecer la necesidad de que el movimiento obrero organizado tratara de incluir, de alguna forma, con una gran apertura, no ya a los trabajadores clásicamente organizados sino a los cuentapropistas, a los desocupados y a todos los demás. Porque esa franja los desacomodaba, no por las crisis particulares y cíclicas del capitalismo, sino como proceso inevitable. Creo que eso es algo presente en el día de hoy. Por supuesto que los compañeros han anotado su preocupación por la economía, por la política económica. Y su preocupación por el consumo. Alguien señaló por acá que en los momentos de clandestinidad siempre aparecía con un matambrillo. Se puede decir que el Bebe era machete para gastar, con su pucho interminable de tabaco. Era una filosofía de paisano, le molestaban los gastos superfluos. Tendió siempre a vivir como pensaba, y creo que se daba cuenta de a formidable trampa subliminal que significa en las sociedades contemporáneas del híper consumo como un producto cultural necesario que asegure la acumulación. Esta es la subcultura funcional a los intereses del sistema. El Bebe ya se estaba dando cuenta, perfectamente, que el fondo el capitalismo no es solamente relaciones de producción, distribución y propiedad, sino que ha generado una cultura, y no de las que se enseñan, sino de las culturas que se padecen. Es como aquello del “valle de lágrimas” de la Edad Media, donde hay que portarse bien para ganarse el paraíso, ser funcional, y no cuestionar al señor feudal. El consumismo no es un factor secundario, creo que es el factor más fuerte del capitalismo contemporáneo. Una de las limitaciones de mi generación, y doy fe de que el Bebe ya lo olfateaba con claridad, fue tener una idea demasiado mecanicista y simple de que el cambio en una sociedad supone el cambio en las relaciones de producción y distribución, sin darse cuenta que la batalla cultural es la más difícil y larga. Es más fácil cambiar una realidad material que una cultural, y eso es lo que cimienta el capitalismo. Lo quiero dejar claro para las generaciones que vienen: este es un problema que hay que incorporar, porque si no, quedamos estancados en el campo del pensamiento. Y como viejo no me queda otra que decirle a las nuevas generaciones de luchadores que cometan sus errores, y no los nuestros. Y finalmente quiero señalar otra cosa. Alguien por ahí me preguntaba que si tengo alguna cosa que añoro.                      Sí, tengo una cosa de añorar. El formidable espíritu de entrega y compromiso que pudimos cultivar y tener, a partir de un compañero como Raúl, y como otros que se nuclearon con él. Cuando tengo que ver un movimiento sindical y una izquierda que tiene que pagar pegatineros o gente que haga pintadas, ¿cómo no me voy a acordar de aquel espíritu de compromiso? Y lo tengo que decir. Alguien de los que habló señaló la moral. La moral es comprometerse, es estar. No quiere decir que sea más sabio, eso es otra cosa. Pero sí tiene que ver con el grado de compromiso, que me parce que tiende a ser el punto flaco de nuestra época, porque también en esta sociedad el consumismo no es un factor extraño. Estamos inmersos en eso, estamos metidos. Es parte de la lucha que van a tener los luchadores sociales de aquí en más. Alguna poesía escribió el Bebe. Quien escribe poesía lo hace porque siempre tiene esperanza. Y uno puede quedar rengo de los rebencazos que le da la vida, pero también creo que la humanidad va a seguir produciendo otros Bebe Sendic, y va a seguir produciendo, a pesar de todos los pesares y de la sociedad de consumo, luchadores sociales que sueñen con el cambio de poder pero que en el fondo son sumadores de escalones en la historia de la civilización humana. La historia humana es un cementerio de utopías, nunca logradas 100%, pero siempre sembrando escalones, sumando hacia adelante. El mundo perfecto no existe ni existirá. Lo que existe es una carrera infinita por mejorar la civilización humana, y esa es la cuenta positiva que dejan las generaciones de luchadores que tienen utopías. Por eso esto no es un homenaje a alguien que se fue. Esto es retemplar lo más comprometido del género humano. Gracias.

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