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Ingeniería ambiental hace 6000 años por Roberto Braco

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Ingeniería ambiental hace 6000 años por Roberto Braco

¿Cómo se construyeron los cerritos de indios?

Es generalizada la idea que los pueblos originarios de estas tierras tenían formas de vida muy simples. Es casi correcto en términos de organización social y tecnología, pero no en otros aspectos que conforman la cultura. Es imposible jerarquizar de simples a complejos creencias, valores y tradiciones. En esta dimensión no hay culturas primitivas y desarrolladas, sólo hay culturas diferentes. Pese a la aparente simpleza social y tecnológica hay una cuestión que no podemos ignorar. Los pueblos autóctonos lograron perdurar por más de 12000 años, desde la llegada de los primeros humanos a estas latitudes hasta su desaparición como consecuencia del choque con el mundo europeo y criollo.

Detengámonos en sus éxitos. ¿Fue sólo tomando lo que les ofrecía la generosa naturaleza de nuestro territorio  lo que aseguró su supervivencia por milenios? Pese a que buena parte de sus necesidades las satisfacían a través de la caza-pesca y recolección, la respuesta es no. Descubrimientos recientes muestran la complejidad de las prácticas que desarrollaron para  modificar el ambiente. Estas modificaciones no sólo los beneficiaron económicamente, sino que hasta hoy los mantienen presentes. Son los “cerritos de indios”, elementos distintivos del paisaje de los bañados estenios. Los cerritos de indios son montículos de planta circular de 35 metros de diámetro promedio y que alcanzan hasta 7 metros de altura. Se comenzaron a construir hace más de 6000 años, elevándose y multiplicándose. Muestran desde su base a su cúspide, secuencias de edades que indican que fueron levantados durante siglos y en algunos casos milenios. Los niveles superiores de los más recientes corresponden al comienzo del período histórico.  En Rocha se han identificado más de 1500 de ellos. Su función ha sido motivo de debate científico por más de un siglo.  Descubrimientos recientes nos permiten saber más de cómo fueron construidos los cerritos de indios, acercándonos a los motivos por los cuales los hacían y elevaban. Son construcciones hechas de tierra que integran desechos, principalmente restos de herramientas piedra, huesos de las presas consumidas,  fragmentos de cerámica y frecuentemente enterramientos humanos. No obstante la tierra con la cual están hechos es muy diferente de la natural. Entre otras peculiaridades tiene elevados niveles de nutrientes y una textura más liviana, con aparentemente menos cantidad de arcilla, lo cual le otorga un buen drenaje. Ello, junto a su relieve, hace que los cerritos contrasten fuertemente con el entorno del bañado, donde dominan las superficies planas con suelos arcillosos, los que permanecen inundados buena parte del año.

Podemos pensar que un montículo de tierra se hace acumulando tierra. Pero por simple acumulación de tierra no se logran construir cerritos. Algunos de los secretos de su construcción empezaron a revelarse a través de análisis de  laboratorio. Mostraron que todo el sedimento que los forma fue sometido a calor. La sorpresa fue muy grande porque los resultados de los análisis estaban indicando que miles de toneladas de tierra se calentaron a temperaturas cercanas a los 300ºC. Ya se disponía de evidencias del uso de fuego, pero no en forma tan extensa. Es frecuente que los cerritos de indios integren como material constructivo “tierra quemada”, fragmentos de sedimento que pueden alcanzar más de 5 cm y cuyo color y dureza denuncian que fueron cocidos. La presencia de galerías en estos fragmentos nos dice que muchas veces se recurrió para su obtención a tacurúes, grandes hormigueros que con sus formas cónicas se elevan del piso en los bañados, hasta más de un metro. Obtener tierra de los tacurúes es una opción menos trabajosa que hacer un pozo.   Al presentar claras evidencias de alteración por calor en todas las caras, el proceso de producción de la tierra quemada debió de requerir un sistema similar a un horno. En algunos cerritos la tierra quemada es casi un tercio del total del material que los compone  ¿Pero cómo se llegó a calentar a temperaturas relativamente altas, no sólo los fragmentos de  tierra quemada sino también el resto del sedimento?  Si reparamos en que cada uno de los cerritos de indios creció a lo largo de siglos la cuestión es menos asombrosa. Disolviendo el producto en el tiempo, sólo es necesario imaginar una práctica que produzca pequeñas cantidades de tierra termoalterada y que se repita asiduamente, generación tras generación. La termoalteración de suelos ha sido extensamente utilizada por grupos agricultores en tiempos preindustriales, para aumentar los niveles de nutrientes, mejorar la textura de los suelos (hacerlos más livianos y permeables), combatir malas hierbas y otras plagas.  Aun hoy se práctica en algunos puntos de Indonesia. En el siglo XVI las autoridades de España no sólo la recomendaban sino que también obligaban a hacer “formiguers” (hormigueros en catalán haciendo alusión a su forma). Los formiguers se construían por miles en los campos a partir de pilas de material vegetal (leña de baja calidad, hojarasca y desechos de poda) que luego eran cubiertas con terrones. Los espacios entre estos se rellenaban con tierra desmenuzada. Hacia la base se dejaba una abertura a manera de boca de horno de ladrillos. Su altura podía llegar a 80 cm y una vez encendidos ardían por 3 o 4 días, alcanzando en su interior temperaturas cercanas a los 500ºC. Luego de  apagarse la tierra con mayor cantidad de fragmentos mayores formados por pequeños trozos de arcilla cocida y enriquecida por la carbonilla y las cenizas se desparramaba en los campos. La simple repetición de esta práctica a lo largo de siglos en un mismo lugar, da cuenta de cómo se pudo amontonar tanta cantidad de tierra cocida, sin más esfuerzo que la reiteración impulsada por la tradición. También da cuenta de cómo se lograron texturas más livianas y los altos niveles de nutrientes, principalmente fósforo y potasio. Estos altos niveles de nutrientes nos habían enfrentaban a una supuesta contradicción ya que sólo son explicables como la consecuencia de la concentración de una enorme cantidad de materia orgánica. Pero los cerritos tienen niveles de materia orgánica similares o menores que los suelos naturales. Si intervino el fuego la materia orgánica necesaria como combustible se quemó, quedando cenizas, ricas en fósforo y potasio.

No proponemos que los constructores de cerritos estuvieran fertilizando sus campos. Sí que utilizaron una técnica análoga para obtener, trayendo tierra frecuentemente de los tacurúes, un espacio más elevado en el bañado, más limpio sin malas hierbas y otras plagas y con un suelo más permeable, que se secaba más rápido. A la vez también se obtuvo un espacio donde crecían otras plantas (hasta algunos cultivos) y se agrupaban los animales.  Hoy los lugareños designan a los cerritos con el término “islas”, refiriéndose a que son islas de monte nativo en medio de un mar de plantas de bañado. Son los lugares del bañado donde se concentran árboles, donde hay sombra, reparo y más abundancia de leña, donde hay panales en los agujeros de los troncos, donde los animales se ponen a salvo durante las inundaciones y hasta los humanos también. Desde la ecología los cerritos son parches que inciden en la distribución de especies vegetales y animales,  aumentando su predictibilidad, accesibilidad y la biodiversidad. Una práctica de ingeniería ambiental similar al usado por las hormigas que no sólo aportaron sus nidos sino también pudieron haber aportado la idea.  Los cerritos de indios son la consecuencia de elaboradas y persistentes intervenciones humanas que han modificado el producto de la relación hombre-ambiente, han modificado el paisaje en forma persistente, hasta nuestros días.

Semanario Voces

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