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José Garchitorena Gran Maestro de la Masonería: La masonería es la primera ONG de la historia

José Garchitorena Gran Maestro de la Masonería:  La masonería es la primera ONG de la historia
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La masonería tiene ese halo misterioso y secreto que para los que estamos fuera nos hace picar la curiosidad. Hace poco tiempo supimos que su nuevo líder era el político colorado que hoy integra la Corte Electoral y lo llamamos para entrevistarlo. Nos aclaró que suele mantener perfil bajo y que no estaba seguro de tener cosas interesantes para decir. Insistimos con que nosotros le sacamos jugo a un ladrillo, reconoció entre carcajadas que era lector nuestro y que la afirmación era cierta  y accedió finalmente.  Ustedes juzgaran si lo logramos.

Por Jorge Lauro y Alfredo Garcia / Fotos Rodrigo López

 

¿Montevideano?

De setiembre del 65. Vivíamos en Punta Gorda; mis padres recién se habían casado y habían conseguido un apartamento que les prestaron en Punta Gorda, y allí viví diez años.

¿Qué hacían tus padres?

Mi papá era empleado de Sudamtex, y mi madre era ama de casa.

¿Muchos hermanos?

Tres hermanas menores. Mis primeros recuerdos de infancia son de la que entonces se llamaba Plaza Virgilio, y que hoy creo que se llama Plaza de la Armada. En ese barrio me crié. Es una península, es muy tranquilo. Jugábamos en la calle, aprovechando las bajadas con las chatas, jugando al fútbol y todas esas cosas.

Un empleo textil daba para mantener cuatro hijos.

Sí. Después mi mamá se puso a trabajar cuando nacieron mis hermanas. Nací yo y después una hermana, y diez años después nacieron otras dos hermanas mellizas, en el 76. En el 82 a mi padre lo mandaron al seguro de paro, cuando la tablita, y ahí naturalmente hubo una zozobra familiar. Mi madre hasta entonces se había dedicado a la crianza nuestra, y ahí salió a trabajar. Finalmente terminó poniendo una perfumería y durante veinticinco años estuvo al frente de ese comercio de barrio, hasta que se jubiló.

¿A qué escuela fuiste?

Empecé en la jardinera de la calle San Nicolás, en la zona del Náutico. Eran años muy difíciles, de la violencia política, paros y demás. Mis padres hicieron un esfuerzo y nos mandaron a un colegio que está en Rivera y General Paz, el colegio Santa Rita, que todavía sigue estando. Es un colegio de los padres agustinos. Ahí hice la primaria. Cuando empecé la secundaria ya nos habíamos mudado a Malvín, donde viví como veinte años. El liceo lo hice en los públicos de Malvín, en el liceo 31, donde estaba la vieja pantalla de verano en la playa, y después en el liceo 10 en la calle 18 de Diciembre, que es donde actualmente está el 31. Cuando terminé el liceo me fui a la Facultad de Derecho, en el 84, todavía con la intervención.

Agarraste justo el furor de la dictadura que se acababa.

Con quince años, en el 80, me empecé a interesar por el tema político. Siempre digo que mi ingreso a la política se dio en el plebiscito del 80, con esa efervescencia que empezó a darse en el país en ese momento, todavía muy tímidamente.

¿Venís de tradición colorada?

No. En mi casa no era un tema que se conversara. Pero siempre me interesó la historia. Mi abuelo compraba el diario El Día. Entonces yo veía las fotos de Batlle, y demás. Me acuerdo que en el año 80 un día bajo del ómnibus, viniendo del liceo, y en el quiosquito que estaba en la parada veo un semanario: Opinar. Y lo compré. Era el número dos, después me enteré que el número uno no había salido porque lo habían censurado antes de salir a la venta. Allí empecé a comprar Opinar todos los jueves, y tomé una firme posición por el NO, obviamente. Y discusiones familiares, y con vecinos, en un momento en que recién se empezaba y todavía había mucho temor de opinar.

Había miedo.

Mis recuerdos de esos años, del 80 al 84, son los de unos años muy fermentales. Compré todos los primeros números de los semanarios que salían en esa época; todavía los tengo, eran un montón. Los compraba todos, para ver quién escribía, quiénes estaban, qué respondían, qué decían. Los tengo en una caja, ocupan bastante espacio, pero allí están. Ese fue mi ingreso a la política. Después, en la interna del 82 —donde tampoco voté porque cumplí dieciocho en el 83—, me acerqué, convocado por Opinar, a una asamblea de Libertad y Cambio. Me acuerdo que fui con un amigo a esa asamblea, y allí nos incorporamos a trabajar. Ahí seguí de largo, hasta el 2018, y acá estoy.

Libertad y Cambio después se desintegró.

Yo colaboré en las internas del 82, con la lista de Tarigo. Después participé en Libertad y Cambio, lista 85, que acompañé hasta el año 94, cuando estuvo encabezada por Ope Pasquet. A fines de los noventa me incorporé al Foro, y en el año 2000 fui electo miembro de la Junta de Montevideo, por la lista 2000. En el 2008 me incorporé a Vamos Uruguay. Básicamente ese fue mi derrotero, siempre dentro del Partido Colorado.

¿Cómo lo ves al Partido actualmente?

En la posición en que estoy hoy, en la Corte Electoral —si bien la limitación constitucional creo que no me alcanza, la misma que tiene el presidente de la República y que dice que tenemos vedado integrar comisiones directivas de los partidos o participar de la propaganda política partidaria— prefiero no hacer comentarios políticos porque me parece que en esta posición uno tiene que ofrecer garantías de imparcialidad. Prefiero ser respetuoso en ese sentido. El Partido viene de una etapa difícil, y esta que se avecina es una etapa fermental.

Es difícil ver cómo se fue reduciendo un partido que era la referencia política del país.

Para atrás sí te puedo decir que mi opinión es que, si bien hace eclosión en el 2004, es un proceso largo. Creo que el Partido fue rompiendo con sus bases tradicionales, y fue reduciéndose al voto de opinión, que es el más volátil. Eso explica también los niveles de votación que ha tenido.

¿Ves estable la democracia? A veces surgen voces de un lado y del otro diciendo que está amenazada la institucionalidad.

Creo que una de las grandes fortalezas que tiene el Uruguay es su institucionalidad, su sistema de partidos, el funcionamiento de sus órganos de gobierno, la separación de poderes. Todo eso en el Uruguay funciona. En todos estos años hemos visto a la Suprema Corte de Justicia declarar inconstitucionales cantidad de leyes.

Para un lado y para otro.

Que dejan contentos a unos o a otros. Nuestro sistema está firme, es estable, y creo que es bueno. No lo tocaría. Esas propuestas que andan por ahí, como la de crear una sala constitucional que nombre el Parlamento para atender específicamente la inconstitucionalidad de las leyes, me parece que no hace falta. La Suprema Corte de Justicia uruguaya y su forma de integración creo que nos da garantías de imparcialidad a todos. No hay mayorías automáticas, las mayorías cambian, y ustedes lo ven… De ahí surge la famosa teoría de las dos bibliotecas, que en realidad no son tales, en definitiva. Creo que eso es una garantía del sistema. Sí me preocupa —pero creo que es un tema de la época en que vivimos— que la persona no se identifica ya como ciudadano, no se asume como tal. Si escuchás a la gente, ves que se asumen como consumidores, como clientes, como parte de un partido político, una religión o un colectivo, antes que como ciudadanos. Eso sí preocupa, pero no es un fenómeno exclusivo del Uruguay sino que es mundial. Está cambiando la relación de la gente con la política, que ya no precisa ir a una asamblea para informarse de las cosas. No precisa que venga su dirigente político a explicarle qué está pasando. No, con el teléfono entrás a los portales y al instante estás enterado de lo que está pasando, y todo el mundo opina. No tenés que ir a una asamblea a dar tu opinión, hoy la ponés en un WhatsApp o en un tweet. Todo esto nos habla de un cambio de época que tenemos que asumir, y la política y los políticos tienen que adaptarse a ese cambio en la relación. Pero lo que hay que hacer es fortalecer el concepto de ciudadanía: que la gente se asuma como ciudadano, como parte integrante de un colectivo político que implica derechos y obligaciones.

Eso viene con la educación.

Seguro. Viene de la educación. Pero me parece que todos los ámbitos de la sociedad tenemos que favorecer ese tipo de socialización a través de la ciudadanía, que es mucho más que ser consumidor o cliente.

¿Ves que haya una conciencia sobre ese fenómeno y que se esté trabajando?

Creo que se habla, y que nadie niega esto que estoy diciendo. Nadie niega que haya un descaecimiento del concepto de ciudadano. Pero es una buena pregunta, si realmente lo que se está haciendo es suficiente o si va en el camino correcto para construir ciudadanía.

O si solo se asiste al fenómeno, como observadores.

Estamos un poco desasosegados frente a este cambio de época, en el sentido de qué hacer. El problema es que a veces se confunden conceptos, como los conceptos de interés general —del que habla la Constitución— con lo que puede ser la suma de los intereses particulares, que no es el interés general. La suma de los intereses corporativos no hace al interés general. Uno a veces lo escucha, que “la sociedad son las corporaciones”, o que el interés general es la suma de los reclamos corporativos sectoriales.

Que son los que tienen más posibilidad de hacerse escuchar.

Ese es otro problema que también tenemos, que de alguna manera los colectivos han ganado preeminencia en perjuicio de la persona. Uno a veces siente que el derecho es más fuerte si es de un colectivo que si es de un individuo. Sucede con el derecho de ocupación, por ejemplo, donde el sindicato tiene el derecho a ocupar porque es la mayoría. Donde haya una persona que vea lesionados sus derechos al trabajo, ese equilibrio es el que no terminamos de alcanzar. Todas estas cosas hacen a un cambio de época, y cuando uno está en la mitad de la tormenta no está todavía en condiciones de saber si realmente lo que estás haciendo es lo correcto.

¿Funciona bien el sistema electoral en Uruguay?

Creo que sí.

¿No hay que imponer el voto electrónico, por ejemplo?

Una cosa son las garantías del sistema y otra es a tecnología que le pongas.

¿No va asociado, en este caso?

Las leyes electorales del Uruguay son del año 1925. En el 24 se creó la Corte Electoral, y del 25 es la primera ley de elecciones, que después ha tenido algunas modificaciones o adecuaciones. Nadie duda que es un sistema sumamente garantista. Creo que a todos nos da la tranquilidad de que los resultados y las proclamaciones que da la Corte Electoral responden a lo que la gente votó.

Salvo en el 71, después no ha habido quejas.

Tengo un libro publicado en el 2011, a cuarenta años de esas elecciones. No lo saqué para reivindicar una posición u otra, y lo digo en el prólogo: lo saqué porque lo que me preocupa de ese tipo de afirmaciones de que decir que en el 71 hubo o pudo haber habido fraude, es cuestionar el sistema. Y cuando vos atacás el sistema, estás cuestionando su confiabilidad. Y cuando perdés la confianza en el sistema, perdés todo, porque la base del sistema es la confianza que la gente tiene en él. Al afirmar alegremente que hubo o pudo haber fraude, de alguna manera estás echando sombra sobre la confiabilidad del sistema. Eso fue lo que a mí me motivó a escribir un libro. Lo que hice fue venir a la Corte Electoral y pedir información, pedí que me mostraran la denuncia que efectuó el Partido Nacional, la investigación que derivó de esa denuncia, y la discusión de la Corte Electoral de la época. Contrariamente a lo que se dijo, no fue una votación reñida, se resolvió que no hubo fraude con siete votos contra dos, y en esos siete votos había blancos y colorados. En definitiva la denuncia en sí tampoco era muy asertiva. Trasladaba la duda. Fue muy compleja, se hizo por el sistema vigente y por el proyectado, con similitud de números, el 123 y el 1123, todas las listas eran así, en todos los partidos. Fueron reñidas, porque la diferencia fue de doce mil votos, y en un clima de alta polarización política y social. Naturalmente todo eso contribuyó a ambientar la posibilidad. Pero creo que hoy ya nadie sostiene que en el 71 haya habido fraude.

Ni los milicos pudieron hace fraude en el 80.

Creo que debe ser la única dictadura en el mundo que pierde un plebiscito. Honor a los integrantes de esa Corte Electoral interventora, que cumplieron a rajatabla con las garantías del sistema. Y creo que eso hace también a la consciencia cívica de los uruguayos: los propios militares no se atrevieron a falsear ese resultado. El plebiscito del 80 creo que fue una cuestión histórica y épica, por donde la mires. La gente votó con escasa información, porque realmente lo que había era propaganda por el sí. Apenas estuvo el debate con Tarigo y Pons Etcheverry por el no, y Bolentini y Viana Reyes por el sí, un momento inolvidable para todos los que lo vimos. Y hoy uno ve imágenes y ve qué lejos estamos: un lugar oscuro, fumando. Hoy sería impensable.

Los debates son impensables.

Hoy no hay debates, pero encima de eso la estética también cambió. Ahí lo que pesaba era las convicciones y los argumentos. El plebiscito del 80 creo que nos marcó. A mi generación, seguramente.

Nuestro sistema es garantista y funciona. ¿No es posible aplicar el voto electrónico y mantener las mismas garantías?

Se puede, el tema es que tiene un costo. Instrumentar el voto electrónico implica una inversión millonaria. Es una decisión del sistema político: ¿el país está dispuesto a invertir en tecnología para llevar adelante las elecciones? Te doy un dato: la Corte Electoral se está manejando con el presupuesto de 2010. No tuvo presupuesto en 2015, y tiene limitaciones muy serias de funcionamiento, por las trincheras de recursos.

¿Pero sos partidario del voto electrónico?

No me niego.

Lo que cuesta el papel… Desde el punto de vista social, se gastan millones.

Sin duda. No me niego a la introducción de tecnología, al contrario. Simplemente señalo que eso implica una fuerte apuesta de inversión económica, y en la medida en que respetemos las garantías que tiene el sistema, que son perfectamente compatibles.

¿Las garantías son mantener el doble sistema?

No, podríamos votar con máquinas; en vez de meter la lista, digitás el número.

Pero para cotejar después, frente a la duda…

Hay muchos sistemas. En un sistema no tenés  la hoja de votación y simplemente digitás el número de la lista en una máquina, validás y te da un ticket, y ese ticket lo metés en un sobre y vas a la mesa y lo metés en una urna. Es un doble control, tenés el que te da el sistema, una vez que llega el final de la jornada, apretás un botón y todo lo que se votó en esa máquina te da el resultado lista por lista, y a su vez tenés los sobres, que vas abriendo y cotejás. El papelito dice solamente a quién se votó, no dice quién fue. La tecnología te permite mantener las garantías.

¿Cuánto cuesta la tecnología?

Todo depende de cuál utilices, porque hay muchas, pero son millones de dólares en software, en hardware, en equipos que hay que desarrollar y adaptar al sistema de la ley electoral.

Para usar cada cinco años, y en las siguientes elecciones ya hay otras versiones y tenés que adaptar todo a los avances de la tecnología.

Todo esto tiene sus pros y sus contras, y el país tiene que pensar cuáles son las prioridades. Pero creo que la gente confía en el sistema, y creo que la principal preocupación de la Corte tiene que ser mantener esa confianza.

¿Estás de acuerdo con que voten los uruguayos en el exterior?

Personalmente no, por lo que te decía: creo que el voto es un derecho del ciudadano. La ciudadanía, como te decía hoy, son obligaciones y deberes, y yo tengo que ser responsable de la emisión de mi voto, y por consiguiente de alguna manera tengo que someterme al resultado del voto que emití. Si vivo en el extranjero ejerzo un derecho pero no asumo ninguna obligación.

Hay muchísima gente que tiene sus inversiones y propiedades acá, y que paga sus impuestos, pero están en el extranjero. Tienen también sus obligaciones.

La asociación política son las personas que viven en un lugar en un momento. Históricamente.

Pero viste que en el mundo la mayoría de los países con tradición democrática tienen voto en el extranjero.

Sí, sí. A mí hay dos afirmaciones que no me mueven: “siempre se hizo así” y “todos lo hacen”.

El tema es que si vivís en el extranjero y podés pagar un pasaje, venís, votás y te borrás, y le dejás igual un gobierno a los que sí viven acá.

Es parte de la depuración del sistema. La Corte Electoral no tiene forma de verificar dónde vivís. Si venís acá a la mesa inscriptora y decís que vivís en 18 de Julio y Ejido, yo te voy a inscribir acá en el centro, pero podés vivir en Cerro Largo y nadie te va a ir a controlar. Nuestro sistema de depuración es, justamente, que la gente no vote en dos elecciones. Cuando la persona viene no se le pregunta si está en el país hace un año, un mes o un día, o si vino especialmente a votar. En cualquier caso el hecho de venir a votar implica un grado de compromiso muy superior al del que está sentado en su casa y va a un consulado o manda una carta, como en el caso del voto epistolar. Hay un elemento que me importa: yo puedo estar informado de lo que está pasando en Italia, que tiene elecciones ahora en marzo, como las hay también dentro de poco en Chile y en Colombia, y yo puedo googlear y leer los diarios y escuchar un discurso de un candidato, pero me está faltando el clima para saber realmente quién es quién, y si lo que propone realmente se adecua a lo que creo. Uno termina votando en función de los parámetros preestablecidos, y siempre tratamos de identificar a quién se parece cada candidato: ¿Podemos en España es el MPP de Uruguay? ¿Ciudadanos es no sé quién?, por ejemplo. Terminás votando en función de parámetros que no son los locales. Una cosa que se da generalmente es que el voto en el extranjero no va en línea con el voto de los nacionales. Generalmente en el extranjero gana el otro candidato, no importa si es de la oposición u oficialista, gana otro distinto del que termina ganando por los votos locales.

Acabás de dar un argumento que es contrario al que usan muchos de los opositores, que dicen que no quieren el voto en el extranjero porque eso fortalecería a la izquierda. En los otros países generalmente desde el extranjero se vota al opositor.

No sé cómo calibrar qué votarían desde el extranjero. No sé a quién podrían favorecer. Mi opinión no parte de un cálculo político electoral. En el acierto o en el error, es una convicción a partir de lo que concibo como asociación política.

O sea que el sistema electoral funciona y vos, en principio, decís de mantenerlo como está. Hay gente que propone cambios, como evitar la lista sábana y que se voten candidatos.

Siempre se pueden hacer ajustes. Tampoco parece muy lógico andar cambiando la Constitución cada cinco años, porque muchas de todas estas cosas están en la Constitución, como la separación de las elecciones nacionales de las departamentales.

Es del 96, ya tiene veinte años.

Sí, podríamos volver a votar un mismo día en hojas separadas. Eso se evaluó en el 96, y justamente lo que se evaluó fue separarlas en el tiempo para que las discusiones no se contaminen y se entreveren, y para que la gente vote en una elección por los temas nacionales y en otra por los departamentales. Y el sistema funciona, fijate que en el interior, en muchos departamentos, en octubre gana un partido y en mayo gana otro. Y es el mismo padrón electoral, pero la gente tiene bien claro que a nivel nacional va a votar a fulano y a nivel departamental a zutano, y no le pesa que sean de partidos distintos. El sistema funciona. Después hay temas que son decisiones administrativas; la Corte Electoral por mayoría en las dos últimas elecciones resolvió que no se puede cruzar el voto en las elecciones departamentales y municipales, es decir que si votás a un intendente de un partido, tenés que votar a un alcalde de ese mismo partido. Eso es una decisión de la Corte Electoral adoptada en 2010 y ratificada en 2014, y yo no la comparto. Ya he adelantado mi posición de que tendría que permitirse el cruzamiento.

Es quitar libertades.

Si lo que queremos es descentralizar —y ese es el objetivo del tercer nivel de gobierno— me parece que, justamente, tenemos que darle libertad al elector, y que pueda votar a un intendente de un partido y a un alcalde de otro. Pero bueno, son opciones que se tomaron, que se pueden cambiar y para mí sería una mejora hacerlo. Esperemos a ver qué pasa en las elecciones de 2020.

¿Peligra la laicidad en Uruguay, con todos estos embates de la Iglesia con Sturla a la cabeza?

Creo que el tema de la laicidad es un tema que durante muchos años los uruguayos creímos saldado. Creíamos que estábamos todos de acuerdo en lo que entendíamos por laicidad, cuál era su concepto y alcance. Lo que ha pasado en los últimos años nos da la pauta de que por lo menos tenemos que volver a construir ese consenso. Esa es la particularidad del momento: hace cien años, cuando se hablaba del tema, estaban los que estaban a favor de la laicidad y los que no. La Iglesia católica, con Jacinto Vera primero y fundamentalmente con Mariano Soler y quienes lo sucedieron, se oponía a la laicidad, a la libertad de expresión del pensamiento. Hoy todos somos partidarios de la laicidad. No hay ninguno que diga lo contrario.

Están los que saben que no lo pueden manifestar.

El concepto de laicidad está muy arraigado a la idiosincrasia nacional, hace a la idiosincrasia del uruguayo. Creo que nadie se anima a decir que no está a favor de la laicidad, pero de alguna manera el alcance que se le da, o el concepto que se tiene de ella, está limitado. A veces, cambiando el concepto y su alcance, estás también atentando contra ese concepto y ese alcance. Creo que eso es parte de la discusión que tenemos, y si algo ha demostrado este episodio, es que realmente los uruguayos tenemos que volver a reelaborar ese concepto, volver a discutirlo y volver a asumirlo. Siempre digo que la laicidad es como Florencio Sánchez, José Enrique Rodó o José Pedro Varela: salís a la calle y si le preguntás a cualquier uruguayo si los conoce, y te dice que sí, que claro. ¿Cuándo nació, cuándo murió, qué hizo, qué escribió? Ahí ya empezamos con algunas dudas. Y con la laicidad es lo mismo: estamos todos de acuerdo con ella, pero cuando empezamos a preguntar qué es, cómo se manifiesta y cuál es su alcance, ahí vamos a tener opiniones totalmente disímiles, con todos los matices. Pero sí creo que es un tema que ha vuelto al tapete, y que no está solamente en el tema religioso. En el debate de estos días uno ve una confusión entre laicidad y libertad de culto. Son cosas distintas y perfectamente compatibles. La laicidad es un concepto que se aplica al Estado y el espacio público. La libertad de culto se aplica a las personas. Si el Estado, en nombre de la laicidad, de alguna manera limita alguna expresión en su ámbito religioso, no está por eso limitando la libertad de culto de las personas, que perfectamente pueden manifestarse verbalmente, públicamente, en el espacio público, y decir que son católicos, ateos, protestantes o judíos. Una cosa distinta es si el Estado incluye en la legislación o en su funcionamiento preceptos o pautas que surgen de esas religiones.

El discurso del comandante en jefe del Ejército…

Puede hacer lo que quiera, pero en la medida en que está ocupando un uniforme y un cargo público tiene que atenerse a  las normas que surgen de la Constitución y la ley. Si el Estado, como dice el artículo 5 de la Constitución, no sostiene religión alguna, ninguno de sus integrantes puede sostener, abogar o referirse a religión alguna, porque está discriminando al resto. Tampoco es cuestión de decir que le podemos dar lugar a todas las expresiones religiosas. Y yo digo, ¿qué es religión? Uno cuando usa esa palabra piensa en los católicos, los protestantes, los judíos, los musulmanes, los umbandistas, los budistas…

Las religiones organizadas.

Las religiones positivas, que tienen su trayectoria y su presencia. Pero si tú mañana resolvés fundar una iglesia, de la cual te declarás mesías, y conseguís adeptos, ¿quién te puede decir que lo tuyo no es religión? La laicidad es, de vuelta, como el interés general, que no es la suma de los intereses particulares. La laicidad no es la suma de todas las opiniones, todas las religiones. No, la laicidad es justamente el concepto que está por encima de eso y que nos permite convivir en paz y en tolerancia a todos. Me parece que es una muy linda discusión que el país tiene que darse, y se está dando.

A veces se confunde, a nivel de educación, el hecho de por ejemplo estudiar las religiones, como conocimiento.

Eso se estudia en el liceo. Yo en su momento en el liceo estudié a Mahoma, y te dan pautas de qué sostenía Mahoma, o la reforma protestante. Es información, es cultura, no está violando la laicidad. Cosa distinta es el proselitismo, y esto me lleva a lo que te decía hoy: la laicidad no solamente alcanza a lo religioso, también alcanza a lo ideológico. Ni desde el Estado ni desde cualquier ámbito estatal tampoco podemos hacer proselitismo ideológico. Eso también viola la laicidad, que no es un tema que solamente involucre la religión. La laicidad lo que trata de evitar es que se haga proselitismo a partir de la posición dominante que implica el estado. ¿Por qué? Porque vulnera el derecho individual de cada uno a pensar o a creer lo que quiere.

¿Vos ves una ofensiva de la Iglesia Católica en el Uruguay?

Lo que percibo es que la Iglesia Católica se ha sentido desafiada por otras parcialidades religiosas y, de alguna manera, naturalmente, siente la necesidad de salir a retener y a conseguir adeptos. La Iglesia es misionera, y está en todo su derecho, y lo puede hacer, porque justamente en este país tenemos libertad de culto. Perfectamente la Iglesia puede hacerlo, como salen todas las iglesias que te tocan el timbre y te entregan los folletos. Es parte de la libertad de culto del Uruguay. Creo que la Iglesia responde a ese fenómeno, de alguna manera ha sentido que ha perdido terreno frente a otras expresiones religiosas, o a la no expresión religiosa.

¿Vos sos agnóstico o ateo?

Soy agnóstico, no me considero ateo. Tuve formación religiosa, pero no siento necesidad de pertenecer o de tener intermediarios para comunicarme con aquello que puedo entender superior.

Hay quien sostiene que la Masonería es una religión, en el fondo.

No lo es.

Si hablás del “gran creador”, ¿no es un elemento religioso?

No hay que confundir religión con espíritu religioso, con un espíritu que te lleve a religarte con algo superior. Religión es religar, “volver a unir”. El gran arquitecto del universo es un principio que de alguna manera lo que indica es que el ser humano no es una cosa aislada en el mundo sino que pertenece a un todo, que puede aspirar a superarse, teniendo como objetivo o meta un ideal. Cada uno le da el contenido que quiera, y la Masonería está abierta a personas de cualquier tipo de religión, o aun aquellos que no la tengan.

¿Hay masones de todo tipo de religión?

En Uruguay y en el mundo. Uno habla generalmente de “la Masonería”, pero en realidad la Masonería se practica a través de determinados rituales, a partir de ritos, y algunos de esos ritos son más deístas, más teístas, y otros son profundamente religiosos, con vocaciones y plegarias. Hay varios ritos en la Masonería, por lo menos tres o cuatro que son los más extendidos en el mundo, y que vienen de diferentes improntas. Pero a su vez en la aplicación de esos ritos influye mucho la idiosincrasia de cada país. En los países protestantes, por ejemplo, la religión es una cosa que se vive con naturalidad y sin tanta controversia como en los países de raíz católica, por el propio desarrollo histórico, porque el catolicismo fue parte del poder político, mientras que el protestantismo surgió justamente para romper ese poder político, aunque en algunos lugares se entronizó como tal, como en Inglaterra. De hecho la Masonería surge en el siglo XVIII, justamente, procurando unir.

Acaban de cumplir trescientos años.

Los festejamos el año pasado. La Masonería tiene fecha de surgimiento: 24 de junio de 1717. Es la fecha que se toma como fundación de la Gran Logia de Londres, la primera gran logia tal como la conocemos hoy. Naturalmente que eso fue producto de un proceso, y la Masonería de alguna manera entronca con el humanismo, con el Renacimiento, con la búsqueda del ser humano por romper lo que lo encorsetaba desde el punto de vista religioso y político. La Masonería reivindica la individualidad del ser humano, y es un proceso que viene de antes, del siglo XV, del Renacimiento y el humanismo. Surge con el declarado propósito de unir a las personas por encima de sus creencias religiosas, de sus convicciones filosóficas, de sus pertenencias partidarias y políticas. No hay que olvidarse que en 1717 hacía treinta años que se había dado la llamada Revolución Gloriosa en Inglaterra, que terminó de afirmar el protestantismo luego de las guerras de religiones. En el gobierno estaban los anglicanos, pero todas las otras comunidades protestantes estaban por fuera, como los puritanos, y ni que decir los católicos y judíos. Y la Masonería surge, entonces, con ese objetivo de juntar a los seres humanos por encima de sus convicciones religiosas.

¿Y la francmasonería?

Es lo mismo. La diferencia es por un tema terminológico, nada más. Franc viene de “libre”. No quieren decir cosas distintas, son solamente formas diferentes de llamar al mismo concepto.

El secretismo en épocas de transparencia, ¿no está medio caduco? Sí podía entenderse en aquella época de la Revolución Gloriosa, o con las persecuciones de la Iglesia. ¿Hoy es una tradición nomás, o cuál es el fundamento?

La Masonería no es secreta. ¿Es secreta una institución que tiene personería jurídica desde 1882? ¿Que tiene su sede en un lugar de público conocimiento desde 1910? ¿Que tiene una página web? La Masonería hoy es discreta, pero en Uruguay, porque hace más a una idiosincrasia y una tradición de los uruguayos, que somos más bien de un perfil bajo, no demasiado expresivos. Pero la Masonería se vive de otra manera en Brasil o en Estados Unidos.

Se dice públicamente.

Si vas por la carretera en Brasil ves carteles que dicen “Logia masónica”, con la dirección que te indica cómo llegar. O entrás a un pueblo y ves la rueda rotaria o la L de los Leones, y el símbolo de la escuadra y el compás, con el lugar y día de reunión de la logia. En Estados Unidos hay desfiles.

Lo ponen en el currículum.

La Masonería fue secreta en su tiempo porque cuando surgió en el siglo XVIII fue un desafío al poder imperante. Si se quiere, fue la primera organización de la sociedad civil. Surgió sin el patronato del poder político.

¿Fue la primera ONG de la historia?

Fue la primera ONG de la historia.

¡Qué título nos diste!

Surgió sin el patronazgo del poder político y sin la autorización religiosa. En aquel tiempo todo se hacía en torno a lo que establecía la monarquía o la Iglesia. Es más, ¿cuántos años le llevó al individuo separar su vida privada de su vida pública? Antiguamente no eran dimensiones separadas, el hombre era uno solo y no tenía derecho a una vida privada, y el Estado tenía derecho a inmiscuirse en lo que pensaba, en lo que hacía y en sus relaciones con otros. De alguna manera, la Masonería recoge una larga tradición que rompió con todo eso. En aquel momento, naturalmente, antes que la Iglesia, a la Masonería la condenó el poder real. La primera bula papal fue de 1738, pero ya en la década anterior la Masonería había sido prohibida en algunos reinos europeos. ¿Por qué? Porque se la veía como un ámbito que podía cuestionar el poder político. En definitiva el secretismo en el origen de la Masonería era una medida de protección.

De un grupo de conspiradores.

En algunos lugares así fueron vistos, y entonces, naturalmente, mantener en secreto la condición de masón era cuestión de vida y muerte. Pasó en la España de Franco, donde existía el delito de comunismo y masonería.

Hoy para mucha gente sigue siendo un enemigo.

Las cosas se retroalimentan, y hoy todavía sigue existiendo mucho prejuicio en mucha gente que no comprende cuál es el objeto de la Masonería, cuál es su sentido. Y hay gente que aún hasta hoy prefiere mantener en reserva su condición, porque eso le puede traer problemas en sus vínculos de amistad, de trabajo.

¿Cómo llegás vos a la Masonería?

Como todos. Te invitan, para empezar.

¿A qué edad te invitaron?

A los treinta años.

¿Y te motivó? ¿Te sentías identificado?

No sé si me había planteado hasta ese momento el ingreso a la Masonería. La conocía como institución pero no tenía preconceptos ni prejuicio alguno; al contrario, me pareció interesante y acepté la invitación.

Tenías la ventaja de no ser mujer.

Bueno, hoy existe la Masonería femenina.

Pero separada.

Son tradiciones.

Algunas tradiciones “están más muertas que el faraón”, dice la canción de Jaime Roos.

Pero algunas se mantienen muy vivas, y hay gente que las reivindica. Hoy vivimos en una época en que estamos reivindicando cada vez más los particularismos, regionales, étnicos. Hay un revivir de todas esas cosas. A veces, con el vendaval de la globalización, que parece que todos somos lo mismo, la gente tiene mayor necesidad de aferrarse a aquello que la identifica y le da individualidad.

Como la masculinidad.

La Masonería surgió entre los hombres porque …

En aquella época, ni hablar. ¿Pero hoy? ¿Las hermanas iniciadas no ayudarían, integradas, al perfeccionamiento que buscan teóricamente los masones?

Te reitero, en el mundo existen dos tendencias al respecto: la Masonería regular y la irregular. La regular es aquella que es solo de hombres. Naturalmente nadie niega que la mujer está en un plano de igualdad —en la búsqueda y en el derecho a buscar su propia identidad, a desarrollar sus potencialidades, porque eso es una cosa que ofrece la Masonería: la posibilidad a cada uno de desarrollar sus potencialidades, intelectuales, morales, espirituales—, surge la Masonería femenina, paralela a la de los varones. Y es así como la Masonería regular ha resuelto el tema.

Tan conservadores como la Iglesia Católica. No aceptan mujeres.

Nosotros, por un lado, institucionalmente, con la Gran Logia Femenina del Uruguay, que es nuestra contraparte femenina, tenemos un vínculo muy fluido y de hecho organizamos actividades conjuntas, por ejemplo culturales.

Juntos pero no entreverados.

Podría decirse.

Es muy políticamente incorrecto eso de la separación de sexos hoy. ¿Hay alguna tendencia, acorde a los tiempos en que vivimos, para llegar a la integración? ¿O lo ves como una cosa difícil de alcanzar?

No está planteado hoy por hoy. Nadie lo plantea. Hemos encontrado el equilibrio entre la tradición y la modernidad, y así estamos trabajando.

¿Cuántos masones hay en Uruguay?

Muchos.

¿Tampoco se puede decir la cifra, también es secreto?

No tengo una cifra, pero te diría que miles.

Al ser una cosa medio discreta hay que guiarse por percepciones. Aparte se les atribuye poderes enormes, o el ser un club de amigos.

Y es el precio que a veces pagás cuando tenés un perfil discreto. Si tú entrás a la página web de la Gran Logia vas a ver mucha información que te da la pauta de qué hacen la Masonería y los masones.

Bolagna, cuando era Gran Maestro, nunca quiso hablar con la prensa. Y jugó un rol protagónico e interesante en la historia política. Porque la Masonería pesa en la vida política, por sus integrantes.

La Masonería como institución no se expresa, los que se expresan son los masones. En la Masonería —y creo que esa es su fortaleza— conviven individuos de diferentes convicciones políticas y creencias religiosas, en tolerancia, compartiendo experiencias, pero después cada uno es libre de interpretar lo que hace y construye en la vida cotidiana.

¿Es cierto que no se critica? ¿Es una de las reglas, no criticarse públicamente, no atacarse si son hermanos masones?

La Masonería tiene dos preceptos que en realidad deberían ser preceptos de la sociedad: respeto y tolerancia. Ahora, en el respeto y la tolerancia yo puedo discrepar, controvertir y debatir. Así es como debemos hacerlo en todos los ámbitos. La tolerancia no implica aceptar tu opinión, sino respetarla porque viene de ti, aunque yo seguramente te voy a dar los argumentos por los cuales entiendo que no tenés razón, o por los cuales no comparto lo que decís. Pero a partir del respeto y la tolerancia creo que el debate puede darse perfectamente.

¿Cuál es el plazo del que ingresa para no hablar? ¿Hay un voto de silencio?

La Masonería tiene tres grados: aprendiz, compañero y maestro.

¿Cuánto tiempo lleva el aprendizaje?

Cada uno tiene su tiempo. Lo que sí establece la práctica es que hasta que no sos maestro…

No podés hablar.

Podés hablar, en las ocasiones en que corresponde. Es parte del aprendizaje. Aprender a escuchar también hace a la conformación de la personalidad, hace a ese cultivar el respeto y la tolerancia. Y no sabés qué importante es a veces el silencio y el escuchar. Cuántas veces uno escuchando algo se siente tentado a dar una opinión pero se calla y a los diez minutos agradece no haber hablado. Qué importante es el silencio.

El imaginario popular no tiene silencios, y elucubra —vos dirás con cuánta razón— que hay sectores dominados por la Masonería como puede ser la Justicia uruguaya, o los militares.

¿Dominados por quién?

Por los masones, que se apoyan unos a otros para ir creciendo en las estructuras. De esas dos instituciones es de las que más se habla.

Puede ser que se hable, no lo sé, pero no es un objetivo de la Masonería el colonizar ningún ámbito de la sociedad. De hecho, la Masonería, por su integración plural, no tiene ni puede tener posición a propósito de los temas de la sociedad, y tampoco es su objetivo tenerlo. Naturalmente que la Masonería sí va a bregar por el respeto, por la tolerancia, por la laicidad, por la libertad de expresión, por la construcción de ciudadanía. Sí, claro.

Desde tu experiencia personal, ¿hay mucha gente que se acerca en función de obtener logros en su vida? No los que planteás vos, sino logros como un ascenso en un trabajo.

Es difícil establecer cuáles son las motivaciones de cada uno cuando acepta la invitación de ingresar a la Masonería, pero al que ingresa se le advierte cuál es el objetivo de la Masonería. Si pese a eso ingresan con otro objetivo, luego la práctica seguramente los llevará a abandonar porque se darán cuenta que no van a alcanzar allí lo que pretendían alcanzar, probablemente. Es una cuestión personal, cada uno sabe por qué ingresa y por qué permanece.

Se dio un momento en que los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas eran masones, y el presidente también. Se vio como una avalancha de la Masonería que se acercaba a poder y donde se podía lograr un ascenso social.

No sé si eso se dio, pero si se dio fue fruto de la casualidad o de la confianza que se tienen las personas cuando se conocen. Pero no hay un poder oculto internacional masónico que gobierne el mundo.

Eso también está en el imaginario popular.

Porque a la gente le gusta todo lo que es conspiraciones. A veces cuesta explicar ciertas actitudes o decisiones, entonces uno enseguida empieza a imaginarse cosas, cuando a veces la respuesta es mucho más sencilla.

¿Hay una guerra con el Opus o no?

No. Te vuelvo a repetir: los únicos enemigos de la Masonería son el dogmatismo, porque es incompatible con la libertad, y…

El Opus.

…la ignorancia, porque eso vulnera la igualdad. Pero no tenemos instituciones enemigas. Ni hay una guerra interinstitucional. Nosotros sostenemos nuestras verdades, nuestra forma de entender el razonamiento humano y del desarrollo del ser humano. En lo demás cada uno tendrá su manera, también.

¿Qué medidas toman cuando algún hermano se aparta de la senda virtuosa, o delinque?

Como toda institución, la Masonería tiene un procedimiento disciplinario interno y lo aplica.

¿Han echado a mucha gente, históricamente?

Ha pasado, cómo no.

¿Hubo integrantes de la dictadura en la Masonería?

Las dictaduras siempre son complicadas para la Masonería. Fijate lo que está pasando en Venezuela hoy. El otro día salió en el diario que el gobierno está hostigando a la Masonería, pidiéndole los archivos. En realidad las dictaduras van en contra del corpus de principios y de valores de la Masonería, y las autoridades de la Masonería, ante cualquier gobierno autoritario y dictatorial, tienen una disyuntiva: cómo hacer para mantenerse abiertos, porque lo más seguro es la clausura, y clausurados no se puede trabajar en función de eso que la Masonería promueve. Esta discusión se dio en todos los países del Cono Sur en la década del setenta, y es la discusión que hoy está viviendo la Masonería venezolana: cómo permanecer abiertos sin traicionar los principios de la Institución. Y cada uno busca su forma.

¿Acá, cómo se laudó?

Ustedes habrán visto, en definitiva la Masonería trató de conciliar y trabajar para el retorno de la democracia. Y para eso lo primero era mantener la institución abierta. En el año 78 la Masonería tuvo un atentado en su sede de la calle Casinoni, con una bomba que explotó en la puerta, en las ventanas y en toda la fachada. Se ve que a alguien estaba molestando lo que la Masonería estaba haciendo y conversando. Yo no estaba en ese momento, habría que revisar los libros de actas, o preguntarle a la gente que estaba en ese momento.

Esos libros no son públicos.

Están guardados.

¿No podés hacer un libro sobre ese atentado?

Salvo que sea una decisión de la Institución.

Vos sos la cabeza.

El primero entre mis iguales.

O se le puede pedir a Amado que haga un libro.

Ahí está (risas).

¿Cuánto pesó Magurno? Era un peso pesado.

Bueno, pero tenía un peso específico propio. Era un hombre que tenía peso en el Partido Colorado, en el básquetbol, en la institución donde trabajaba… Era un personaje que tenía sus relaciones. Yo no lo conocí personalmente, lo conocí en el Partido Colorado, y realmente era un hombre que manejaba poder, que lo fue construyendo, porque no lo heredó de ningún lado. Lo fue construyendo a través del trabajo, y si algo se le reconoce a Magurno es que fue un hombre trabajador. La leyenda dice que a las cuatro o cinco de la mañana se aparecía por la Española en cualquier repartición, a verificar.

¿Era fiel con los principios éticos de la Masonería?

La fidelidad la tiene que calibrar cada uno, me parece.

Pero como institución, en algunas prácticas.

Una cosa es la leyenda y otra la realidad. Nunca nadie denunció que Magurno, que tampoco ocultaba su condición de masón, actuara reñido con esos principios.

Se asocia eso a Magurno, las cadenas de favores como una práctica de la Masonería. Magurno era uno de los masones públicos más conocidos, y eran conocidas sus prácticas de amiguismo y favores. Uno asocia que los masones hacen eso.

Pero fijate que por cada Magurno que puede haber hay cientos o miles de personas que vos no conocés y que viven una vida normal yendo a trabajar, criando a sus hijos, y entonces, en definitiva, puede ser hasta un poco injusto juzgar —bien o mal— a una institución, cualquiera sea, por una persona que se dice que pertenece o que perteneció.

Tenía “la casa de atrás”. No sabemos si no tenía un túnel. En la Española a la Masonería le decían “la casa de atrás”.

Porque está en la calle de atrás. Sí, no sé cómo le llamarían. Hay muchos fantasmas en esas cosas, me parece.

Sos el Gran Maestro más joven de los últimos doscientos años.

No, la Masonería tuvo Grandes Maestros muy jóvenes.

¿En Uruguay?

Sí. Tal vez lo soy en los últimos cincuenta años, pero no en los últimos cien o doscientos. Carlos de Castro fue Gran Maestro con cuarenta y tres años, Armando Lerma con treinta y siete. Y muchos otros.

¿Cómo se elige el Gran Maestro? ¿Por votación de todos?

Por votación de los masones. La Masonería es una democracia.

Sí, cuando sos Maestro. Cuando sos aprendiz, callate y seguí lavando.

Como en Uruguay, antes de los dieciocho no podés votar.

Pero los aprendices son mayores de dieciocho años.

Esa es la edad biológica.

¿Se elige con listas?

Sí, en un sistema similar a… La Masonería es una asociación civil.

Esa elección no la controla la Corte Electoral.

No, la Corte organiza algunas elecciones. Hay miles de asociaciones civiles.

No te pueden acusar de fraude.

No te preocupes, que no va por ahí. Pero sí tenemos un sistema de elección democrático, donde básicamente se replican las garantías que conocemos, como pasa en todas las asociaciones civiles.

Estuvimos viendo una reseña de un libro que apareció hace poco, Iglesia y Masonería, de Alberto Bárcena, abogado e historiador español, profesor de la Universidad San Pablo de Madrid. Dice que son adoradores de Lucifer y que en determinadas logias en el rito para el grado veintinueve hay que pisar un crucifijo. Hay muchas voces, generalmente provenientes de la Iglesia, que hablan de los ritos de Baphomet. ¿Qué hay de verdad en eso? ¿Hay una visión de que Lucifer es en realidad el portador de la luz?

Históricamente, la Masonería vende. Mucha gente publica libros, a favor y en contra, con el fin de vender. También existe el sentimiento antimasónico. En Estados Unidos, en las décadas de 1820 y 1830, hubo un partido antimasónico, con representantes en el Congreso. Lo bueno del siglo XXI es que vos entrás a Google y tenés de todo. Entrás a sitios oficiales de Masonería, donde ves ceremonias masónicas filmadas por los propios interesados, porque no estamos hablando de espionaje.

Ese es el folleto de venta. Los rosacruces te mandaban una folletería maravillosa. Es lo que pretenden mostrar y vender. No sugerimos que el producto sea malo, pero no van a mostrar las cosas que se quieren ocultar.

No hay nada para ocultar. Si las ceremonias no son públicas es porque, por tradición y por la propia lógica de la Masonería, esas ceremonias están reservadas a sus integrantes. Las religiones también tienen ceremonias públicas y otras donde solo participan sus integrantes. Todas las instituciones las tienen, hasta las asociaciones civiles, donde en muchos casos las asambleas son solo para los socios. ¿Qué hacen los socios en las asambleas? Ah, no sé, yo qué sé. ¿Qué dicen? No sé, si es solo para socios. Salvo que se vote para que se deje entrar a la prensa. ¿Y contra eso, qué te voy a decir? La Masonería no es satanismo, no es Lucifer. A principios de siglo había un autor, Léo Taxil, que se hizo famoso y, años después de hacerse millonario por los libros que publicó sobre la Masonería, se mató de la risa diciendo que había sido todo una fantasía. Pero ya la había hecho toda, y ese discurso es funcional para aquellos que sienten a la Masonería como un desafío, porque cuestiona dogmas y cuestiona ciertas cosas: si algo sirve para desacreditarla, mejor, fogonealo.

¿Qué objetivos te planteás para la Masonería como Gran Maestro?

Administrar la Institución en el marco de su propósito, el que surge de la normativa que la rige, de sus estatutos, sus normas internas, sus rituales. Nada más que eso. No me corresponde otra cosa.

No planteás cambios importantes.

No. Por ejemplo, responderte a esta pregunta refiere a una voluntad de explicar cuál es el objetivo de la Masonería. Como tú decís, hoy, en el mundo de las comunicaciones y de las imágenes, no comunicar puede ser un problema. Guardar silencio y no comunicar también es una política. El tema es que ese no comunicar responda a una política y no solamente a una actitud defensiva, de duda. La Masonería no tiene nada que ocultar. Todo lo que sirva para aclarar su alcance, sus propósitos y demás, yo, como representante civil de la Masonería estoy dispuesto a hacerlo. Y no más allá, porque en definitiva no hay otro objetivo. Y salir a dar la posición de la Masonería, cuando la Masonería entienda que tiene algo para decir a la sociedad.

¿Sos un illuminati?

Eso es otra cosa, no tiene nada que ver.

¿No es una logia masónica?

No, son un grupo que surgió en Alemania en el siglo XVIII, sin vinculación con la Masonería. Hay que entender también que, si bien decimos que la Masonería surgió el 24 de junio de 1717, con la fundación de la Gran Logia de Londres, en realidad durante todo el siglo XVIII se fue conformando hasta llegar a lo que es hoy, con instituciones establecidas, con rituales determinados. Fue todo un proceso de elaboración, en el que surgieron cantidad de personas que, invocando la Masonería, sostuvieron cosas que, después, no tuvieron ningún tipo de andamiento. Los illuminati son un grupo que surgió en el siglo XVIII en Alemania, que podría tener algunas similitudes de organización y de práctica, pero que claramente no entronca con el propósito fundacional de la Masonería.

¿Cómo es la organización internacional?

La Masonería tiene una estructura territorial, en el sentido de que en cada país hay una Masonería y en el de que la Masonería de cada país es independiente de las otras. La Gran Logia uruguaya es independiente de cualquier otra potencia masónica del mundo.

¿Pero hay alguna otra organización que los nuclea?

Desde el año 1947 existe la Confederación Masónica Interamericana, que se fundó en Montevideo en abril de ese año, y que reúne a las logias nacionales de toda América más Francia, Portugal y España, que fueron invitadas a ingresar a posteriori, bastante tiempo después, porque de alguna manera eran las madres patrias de las patrias latinoamericanas. La Confederación Masónica Interamericana es como la OEA de las masonerías, pero no es más que eso. Se organiza en seis zonas, nosotros integramos la sexta, con Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y el gran oriente de Brasil, porque en Brasil también hay otras colectividades masónicas, y España y Portugal. Nos reunimos para intercambiar experiencias, para ver cómo encaran ellos el tema de la docencia masónica, la relación de la Masonería con la sociedad civil, qué están haciendo y cómo se organizan en materia de beneficencia. Y ahí convivimos masonerías de muy diversos perfiles. Si entran a la página web de la Gran Logia de Chile van a ver al Gran Maestro recibiendo a un ministro o al presidente de la Corte de Justicia, o manifestándose públicamente.

Cosa que acá no se hace.

No. La idiosincrasia uruguaya es distinta, nos lleva a esta situación donde la Masonería ha aparecido en cosas puntuales, como cuando entendimos que se estaba vulnerando la laicidad y sentimos la necesidad de, por lo menos, llamar a la reflexión a propósito de la libertad de expresión y pensamiento, o ante alguna vulneración de los derechos humanos. En su momento sacamos una declaración cuando el atentado al semanario Charlie Hebdo, por ejemplo. Atentados hay todos los días en todas partes del mundo, pero ese atentó a un medio de prensa, y de alguna manera estaba atentado contra la libertad de expresión, una de las libertades básicas para el ejercicio de todas las otras libertades. Nos pareció que correspondía manifestar nuestra opinión.

Han invitado gente a hablar. No todos los presidentes han ido, pero algunos sí.

Muchos han ido a exponer. Recuerdo a los presidentes Sanguinetti y Vázquez. No sé si fue el presidente Lacalle, yo no estaba cuando él era presidente de la República.

¿Batlle no quiso?

Con Batlle y con Mujica hubo contactos pero no dieron una conferencia. La Masonería es respetuosa de las leyes, en Uruguay y en el mundo. Hoy por hoy es una institución respetuosa de las leyes del país en que actúa, y naturalmente se vincula con las autoridades. Hemos visitado a los presidentes y los hemos invitado a que conozcan la Institución, como podemos invitar a cualquier otra autoridad.

¿Cuándo van a invitar a la prensa? Nunca la dejan entrar.

Para invitar a la prensa tenés que tener algo para decir.

Se supone que ustedes se reúnen, por algo funcionan como institución. Algo tienen para decir.

No creo que lo que hagamos te dé para hacer un titular. Citás a la prensa cuando tenés algo para decir, y en ese caso mandamos un comunicado.

Hablamos de invitar a la sede. No hay fotos de la sede.

Voy a tomar nota. En el año 2016 abrimos el Palacio Masónico de Montevideo el Día del Patrimonio.

¿Ese año solamente, o sigue?

Ese año el tema del Día del Patrimonio era la educación pública, y nos pareció bien oportuno mostrar el aporte de los masones a la educación pública. Hubo muchos masones que en su actividad particular contribuyeron a la construcción de la educación pública uruguaya.

¿Cuáles fueron los masones más importantes en la historia uruguaya?

Depende de cada uno. Hay políticos, literatos…

De Artigas está en duda.

No hay constancia de que haya sido iniciado masón. La Masonería tiene un problema: durante muchos años fue perseguida y eso la llevó a actuar en el secreto, y no hay registros documentales. Nadie lo iba a escribir, porque podía estar en riesgo. Para el historiador que recurre a fuentes primarias, ese tema es complicado porque la Masonería a veces carece de documentos. No hay ningún documento que acredite la pertenencia —la iniciación, como le decimos nosotros— de Artigas a la Masonería. Pero sí hay constancia de la pertenencia de Manuel Oribe, o de Leandro Gómez. En el año 2017 la Gran Logia convocó a un certamen de ensayos sobre temas vinculados a la Masonería, como forma de dar a conocer los propósitos y fines de la Masonería. Garibaldi fue el tema del primer certamen, y Figari, Antonio Grompone, Vilamajó y Piria lo fueron, en otros. Este año el certamen va a ser sobre Paco Espínola, que también fue masón.

Comunista y masón, las dos cosas.

¿Viste? Ingresó en San José, de donde era oriundo. Su padre era un masón de larga data en la Masonería de San José. Cuando vino a Montevideo, ingresó en una logia de Montevideo. Tuvo pertenencia y trabajó en la Masonería. Cuando en el año 2012 hicimos el certamen de ensayo de Antonio Grompone, fundador del IPA, invitamos a su hijo Juan a integrar el jurado. Lo llamamos y lo invitamos al Palacio Masónico. Tengo entendido que su padre falleció cuando él tenía veintinco años, y que él se enteró que su padre era masón el día en que murió, porque lo velaron en el Palacio Masónico. Parece que vivían en Obligado y Rivera, y todas las tardes Grompone salía de su casa, no decía a dónde iba ni a qué hora llegaba, ni nadie le preguntaba. Y fue Gran Maestro, no era un masón que simplemente iba a su logia, sino que tuvo una responsabilidad institucional. Eso ha cambiado mucho en los últimos años. Creo que la sociedad actual, las familias, no toleran ya ese secretismo. La mujer de uno, la esposa, los hijos. ¿A dónde vas, a qué hora volvés? El silencio no es opción. Una cosa que decimos cuando invitamos a algún masón es si tiene el acuerdo de su compañero, porque realmente la Masonería puede llegar a ser una actividad exigente en tiempo, y naturalmente eso te quita horas de familia y de otras actividades.

¿Corta transversalmente la sociedad uruguaya? ¿Hay masones de todas las clases sociales, o son de profesionales para arriba?

En cuanto a clases sociales y profesiones, todas. Me gusta lo de “corte horizontal”, no transversal. Se supone que para ingresar tenés que tener un cúmulo de virtudes, aptitudes y actitudes que hacen que, por ejemplo, una persona que esté en el ámbito del delito no vaya a entrar en la Masonería, obviamente. Pero en cuanto a lo social, sí. Como te decía, por cada uno que puedas conocer debe haber cientos que son empleados de comercios o feriantes. Conocí un veterano masón que hacía feria, un tipo con muchas inquietudes intelectuales y un enorme bagaje cultural, y con ánimo de superación intelectual y espiritual. Estuvo muchos años en la Masonería, hasta que falleció. En los últimos años un fenómeno que se está dando es que cada vez más la familia está participando, no de las actividades masónicas en logias, porque eso está reservado a los masones, pero sí de todas las actividades sociales que conlleva la Masonería. En el Palacio Masónico permanentemente se están haciendo reuniones con las familias, y una cosa que no se daba antes pero sí se da ahora es que muchas veces viene el novio de la nena, que es un señor que perfectamente podría estar en la Masonería. Antes no venían y ahora están viniendo, señores jóvenes que vienen y participan en “tenidas blancas”, como les decimos nosotros. Una vez invitamos a una charla de Carlos Maggi, y a otra de la profesora Susana Mangana, o de Luis Eduardo González. Se organizan actividades y charlas y se invita a que concurran al Palacio Masónico, en Montevideo y en el interior. En el año 2016, cuando festejamos los ciento sesenta años de la Masonería institucionalizada en el Uruguay, se promovió que en todo el país se realizaran actividades públicas para celebrar el acontecimiento y para aprovechar y dar a conocer cuáles son los fines y los objetivos, y de alguna manera dar a conocer la historia de la Masonería en cada lugar, y así se hicieron conferencias públicas en la Casa de la Cultura de Maldonado, en el Centro Comercial e Industrial de Nueva Helvecia, en el Teatro Artigas de la ciudad de Trinidad, en la Casa de la Cultura de Treinta y Tres, etcétera. Creo que hay una demanda también de los propios masones por salir de ese secretismo, que percibimos que de alguna manera puede ser malinterpretado.

¿Cuánto tiempo dura el mandato del Gran Maestro?

Dos años.

¿Tiene reelección?

Tenemos una reelección.

Entonces como mucho te queda esto y dos años más.

Exactamente.

La filantropía es una de las metas que llevan adelante. ¿Cómo eligen dónde actuar?

Hay muchas formas, a veces se hace institucionalmente. La Masonería contribuyó después del tornado de Dolores, por ejemplo, y lo que hicimos fue ponernos en contacto con el comité departamental de emergencia. Naturalmente que el primer impulso de todo el mundo fue salir a colaborar, juntar mantas, comida, esto y lo otro, y vimos que nos teníamos que organizar. En un momento nos dijeron que no les lleváramos más colchones y sábanas, que ya tenían. Lo que hicimos fue ponernos en contacto institucionalmente con el comité de emergencia, y me acuerdo que me dijeron que en ese momento no estaban precisando nada, pero que probablemente dentro de tres o cuatro meses iban a precisar chapas, y efectivamente tres o cuatro meses después se requirieron esos elementos y las Gran Logia los aportó.

¿Cómo se financian?

Con el aporte de los socios.

¿Hay una cuota mensual mínima?

Como en toda asociación civil.

¿Se puede saber de cuánto es la cuota?

Depende.

¿De los ingresos?

Depende de cada logia.

¿Y en la que dirigís vos?

La Gran Logia no cobra, la que cobra es cada logia.

La Gran Logia incluye todas las logias, y cada logia fija su cuota.

Es una cuota muy accesible, pero pueden ser diferenciales en cada logia, porque también hacen tareas de beneficencia. La logia Tiradentes puede colaborar con la escuela Tiradentes, por ejemplo. Hay mucha obra social, que a veces se canaliza con el nombre de la logia, o a través de alguna asociación civil distinta, o a través del nombre de alguna persona.

El Rotary o los Leones.

Son instituciones distintas, pero sí, por supuesto, muchos rotarios o leones son masones, y a veces la beneficencia puede canalizarse a través de un club rotario, pero no es una política institucional sino que surge en la propia dinámica de los hechos.

No manejan escuelas o universidades, como el Opus, por ejemplo, que tiene su universidad. 

La Masonería, como institución, no maneja ninguna otra institución. Otra cosa es que pueda haber masones en diferentes ámbitos de instituciones educativas.

 

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