Home Literatura La dramática intensidad ibérica por Nelson Di Maggio
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La dramática intensidad ibérica por Nelson Di Maggio

La dramática intensidad ibérica por Nelson Di Maggio
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Como Juan Manuel Besnes Irigoyen, Darío Villalba (1939-2018) nació en San Sebastián, España. Como Jorge Oteiza, el batallador por sus derechos al monumento a Batlle en el viejo Montevideo. Los artistas donostiarras parecen estar dotados de una porfiada energía para arriesgarse por senderos desconocidos hasta conseguir un objetivo preciso: crear mundos en otros mundos.

Darío Villalba es un ejemplo impar. En su tierna juventud absorbió con rapidez la abstracción del madrileño grupo El Paso (Millares, Saura, Canogar, Serrano) y el catalán Dau al Set (Tapies, Tharrats, Puig, Joan Brossa). Obtiene la licenciatura en  la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y cursa cuatro años en la Facultad de Filosofía durante el asfixiante período franquista,. Marchó a París, asistió a la Academia de André Lhote por poco tiempo y seguió a Nueva York, estudió en la Universidad de Harvard, descubrió el pop art, conocerá a Andy Warhol a quien rechazó poco después por no coincidir con sus propósitos exitistas. Se radicó en Londres y descubrió la fotografía como soporte de la obra pictórica. En esas distintas estancias consiguió una desenvoltura cultural  completamente diferente a la mayoría de los artistas hispanos, poco afectos a viajes e idiomas. Y así supo ejercitar la abstracción, el pop, la neofiguración sin aferrarse a ninguna tendencia, pero agarrando pedazos sueltos para reinventar una imaginería dinámica de tensiones estructurales en obras en permanente proceso de  elaboración. La guerra de Vietnam, la insurgencia hippy, el Mayo francés, la moda zen conformaron un explosivo inconformismo en la sociedad toda que robustecieron su temperamento apasionado y arisco para inventar ya en 1970 los encapsulados, piezas escultóricas de fuerte dramatismo que representan personas encastradas en material plástico, celebrados con entusiasmo por la crítica en al Bienal de Venecia de ese año.

Se aferró a la fotografía, todavía sin credenciales legítimas en las artes visuales, para utilizarla como otra técnica más de la misma manera que el óleo o la acuarela, aunque trabajada previamente con manchas  y dibujos, para ser luego ampliada e intervenida con pinceladas minimalistas, en procedimientos paralelos a los utilizados por los alemanes Sigmar Polke y Gerhard Richter.

Villalba hace desfilar los entornos sombríos de la sociedad contemporánea, la vida y la muerte, la tortura y la violación, la desesperación y la infinita soledad con emoción desgarradora, casi en los límites de la tolerancia. Un expresionismo carnal de contornos místicos a la manera de los barrocos españoles y de  prosapia goyesca. Formó parte de lo que entonces se conoció como la vanguardia de la segunda mitad del siglo XX en España (Gordillo, Arroyo) que se reactivó con el retorno democrático al país y la acelerada emergencia de museos de arte contemporáneo en todo el reino,  en su mayoría con destino incierto en la actualidad.

Falleció el 16 de julio y la noticia paso inadvertida en estas latitudes. Sin embargo, recibió el gran premio internacional en la Bienal de San Pablo de  1973, fue mimado por las galerías españolas (Juana Mordó, Vijande, Luis Adelantado, Freijo), museos (Reina Sofía, Guggenheim, Ivam ), bienales (Lyon, Venecia, San Pablo), ferias de arte (Arco, Frieze N. Y. 2018), atesorado en colecciones particulares y museos europeos y estadounidenses por obras de un expresionismo  característico del arte español que continúa y renueva esa  perseverante tradición e instalaciones monumentales que concitan el asombro y la admiración por su grandiosidad portadora de grandeza.

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