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La identidad ha muerto

La identidad ha muerto
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En el prefacio de Las palabras y las cosas Michel Foucault reconoce que su libro surge de un texto de Jorge Luis Borges, quien describe que en “cierta enciclopedia china” los animales se clasifican en: “(a) pertenecientes al emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que tiemblan como enojados, (j) innumerables (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper un jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.” Y agregaba Borges: “notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo”. Foucault llama la atención sobre la imposibilidad de nuestro pensamiento para comprender el que estaría detrás de esa peculiar taxonomía. El filósofo francés realiza luego un trabajo “arqueológico” que demuestra como cambian las condiciones del discurso según ciertas condiciones de verdad que cambian con las épocas y la cultura.

Una perplejidad similar a la que sintió Foucault al leer a Borges se puede sentir mientras, sentados en las butacas de Espacio Teatro, uno oye a uno de los personajes de La extravagancia decir: “laguna, lago, laguito, isla, los isleños y una infinidad de ejemplos que hablan evidentemente de la vieja hipótesis de que la ‘l’ es líquida y está vinculada a todos los conceptos que tienen que ver con el agua”. Aunque luego el propio personaje recordará que la propia palabra agua no tiene ninguna ‘l’ que apoye su intención de asociar el sonido de una palabra con el objeto que denota. El espectáculo está problematizando, paródicamente, la relación entre las palabras y las cosas.

La extravagancia, del actor y dramaturgo argentino Rafael Spregelburd, es la segunda entrega de la Heptalogía de Hieronymus Bosch, una serie de obras inspiradas en pinturas del Bosco sobre los siete pecados capitales. De alguna forma las pinturas de Bosch (El Bosco) remitían a la angustia humana premoderna en que un plan divino estaba detrás de cada hecho del universo. Con la modernidad Dios fue desplazado del centro por el sujeto, por la razón subjetiva fundante, y Descartes o Kant son ejemplos de esas construcciones objetivas de la realidad a partir de la razón humana. Con Foucault llega una sistematización de la muerte del hombre, algo que ya había intuido Nietzsche, y el derrumbe del sujeto fundante de la modernidad. En adelante todo es discurso, al menos esa es la propuesta de muchos pensadores posmodernos, y esto se entronca con los postulados del trabajo de Spregelburd.

En La extravagancia estamos ante una historia sobre la identidad individual. Una mujer tiene trillizas, pero una muere en el parto y la madre decide adoptar otra niña para reemplazar a la fallecida, sin revelar nunca cual es la adoptada. Una enfermedad terminal de la madre, que se transmite a las hijas, cambia el lugar de la “intrusa”, ahora ya no será una bastarda, sino la que las sobrevivirá, y los discursos que han servido de sostén de la construcción de la identidad de cada una de ellas cambian bruscamente.

Spregelburd pone en tela de juicio el lugar de la familia en la construcción social, y problematiza la construcción discursiva de la identidad individual. Desde el punto de vista teatral esta problematización queda a la vista al ser una sola actriz quien representa a las tres hermanas, nada da pistas al espectador sobre quien es quien. El humor negro característico del grotesco rioplatense es uno de los insumos a los que recurre el dramaturgo argentino, presente en ese perverso juego de envidias y competencias intrafamiliares llevados al extremo. El lenguaje audiovisual parece ideal para que desde allí surjan las extravagantes teorías sobre correspondencia entre la realidad y las palabras. Ya sabemos que mucho de lo que percibimos como “realidad” es una construcción discursiva funcional a los intereses de los dueños de los medios de comunicación masivos. Alicia Garateguy hace un gran trabajo, en escena y desde la pantalla, construyendo a estos personajes aquejados de dudas existenciales que desean ser la que antes odiaban.

 

La extravagancia. Autor: Rafael Spregelburd. Dirección: Daniel Romano. Actúa: Alicia Garateguy.

 

Funciones: sábados 21:00. Espacio Teatro (Mercedes 867, esquina Andes)

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.