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La memoria como una cárcel

La memoria como una cárcel
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La forma musical Sonata toma su característica más conocida durante el llamado período “clásico” de la música “culta” en Europa. Entre sus características se encuentra un esquema de exposición, desarrollo y reexposición de dos temas con sus variantes. Si pensamos en ese esquema no parece antojadizo que el último espectáculo de Lucía Trentini se llame: Inconfesable, sonata para dos actrices.

El primero de los temas que se exponen en esta sonata teatral de Trentini es el enfermizo vínculo entre dos personajes de nombre Ana, una (Lucía Trentini) está en silla de ruedas al haber quedado cuadripléjica tras un accidente, la otra, Josefina Trías, parece ser una asistente que auxilia y filma a la “lisiada” como esperando una declaración que nunca llega. En realidad esa declaración amaga a comenzar pero se obtura ante el leitmotiv “el cuerpo como una cárcel” que la Ana lisiada repite, agregando que su cuerpo podría estar consumiéndose putrefacto sin sentir dolor. La relación entre las dos Anas se configura entre reproches y situaciones violentas que pueden incomodar al espectador. Pero el sometimiento no es unidireccional, la Ana en silla de ruedas, sin sus capacidades físicas, no es menos cruel con sus dichos que la asistente cuando parece humillarla a partir de la incapacidad motriz. Hay un gran trabajo físico de las actrices en este punto para que resulte absolutamente verosímil este aspecto del espectáculo.

Pero hay un segundo tema, y ese otro tema no está arrojado en el escenario, configurado en el hecho mismo de la relación entre dos personas, entre dos cuerpos. El otro tema se va delineando a partir de retazos de memoria, de flashes de recuerdos que justamente son los que se intentan poner en palabras, sea a través de medios audiovisuales o a través de tinta y papel. Entre esos recortes llama particularmente la atención la profunda mirada de una niña que, desde una fotografía, parece hurgar en sus propios recuerdos algo que finalmente marcará su futuro.

Trentini ya ha demostrado gran capacidad para que los aspectos formales de una obra sean en sí mismos parte de lo que la obra dice, para que la “forma” sea “contenido”, superando falsas contradicciones. La memoria asalta fragmentariamente, y así se nos aparece en el espectáculo, es el espectador el que debe ir armando el puzzle a partir de esos fragmentos desordenados. Pero además esos fragmentos pueden aparecer en diferentes formatos. Por ejemplo bajo el lenguaje audiovisual, cuando una cámara registra y proyecta en vivo declaraciones que nunca terminan de ser la confesión esperada. Pero también las sombras, a partir de un excelente diseño de luces de Lucía Acuña, multiplican y expanden la presencia de los personajes, duplicando y ampliando sentidos. Todo en la obra sugiere que pensemos en algo oculto, en algo que no se puede nombrar, en algo inconfesable que se guarda en la memoria del personaje que encarna Trentini.

Nuevamente la música, como en Muñeca Rota, es un componente orgánico de la propuesta, en este caso un guitarrista, que trabaja con una consola que distorsiona los sonidos y a veces parece generarlos desde el silencio mismo. Pero el guitarrista también parece reproducir la “sombra” más o menos distorsionada de la melodía de Walk on the Wild Side de Lou Reed o el ritmo más folclórico de Maldigo, de Violeta Parra. Esos dos temas, con sus connotaciones, también parecen ser parte de esta sonata, temas que percibiremos hacia el final de forma más nítida, como más nítido nos aparece el trauma que acompaña al personaje que encarna Trentini, y que un accidente intersecta con quien será su asistente. El cuerpo deja de ser la cárcel del personaje cuadripléjico, y pasa la memoria a ser el calabozo.

 

“necesito hablar en nombre del lugar al que pertenezco”

En una entrevista publicada en el blog Periodismo en tus manos Trentini, quien además de actriz, dramaturga y directora es cantante, afirma: “Yo hago teatro porque tengo cosas que decir, porque necesito hablar en nombre del lugar al que pertenezco, de la generación y la era de la que formo parte. Porque tengo cual y tal dilema y quiero construir sociedad, cuestionarla.” Lo primero a destacar de lo que dice Trentini es ese compromiso con su lugar, con su tiempo, con la sociedad en que vive. Los artistas no siempre tienen presente que su obra tiene sentido en un determinado contexto, y que con un signo o con otro siempre contribuyen al todo social. Pero Trentini tiene una particularidad que llama la atención, y es la visión femenina de su obra. Este siglo XXI nos está dando una generación de dramaturgas que se posiciona de igual a igual que los varones, pero esto no siempre implica que la visión de la sociedad en que viven deje ver claramente que es una mujer quien está escribiendo. Trentini, junto a Verónica Mato probablemente, es de las dramaturgas que, más allá de que los personajes sean varones o mujeres, más claramente ofrecen una visión de la sociedad que un varón no podría dar. Esto complementa esa consciencia de la dramaturga de ser parte de una época y de una sociedad que como artista tiene la responsabilidad de cuestionar para también contribuir a construir. Si a eso le sumamos que estamos ante una creadora capaz de usar múltiples recursos escénicos para construir espectáculos que jamás son lineales ni didácticos, sino que cuestionan e incomodan al espectador desde los lugares menos esperados, no queda otra cosa que afirmar que estamos ante una de las apariciones teatrales más relevantes de los últimos años. Hay que seguir con atención la carrera de Lucía Trentini, y para ver Inconfesable quedan pocas funciones.

Inconfesable. Texto y dirección: Lucía Trentini. Elenco: Josefina Trías y Lucía Trentini. Música en vivo: Juan Martín López Cariboni.

 Funciones: viernes y sábados 21:00, domingos 20:00 (últimas tres funciones). Sala Zavala Muniz del Teatro Solís.

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.