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La mentira es un afrodisíaco

La mentira es un afrodisíaco
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El inolvidable Negro Fontanarrosa publicó cierta vez unos aforismos descacharrantes pero muy sabios. Después de horas de meditación, como corresponde a quien con su pensamiento debe guiar a las masas que leen VOCES –concluya esa excursión lectora con celebración o una puteada-, decidí elegir dos.

Uno: “Modelé una jarra con barro de ciénaga. Y se chupó mi vino”.

Otro: “El ruiseñor tiene un lamento en su canto. ¡Es que canta gratis!”.

¿Se sorprendería, lector, conociendo mis a veces elípticas metáforas, si le dijese que ambos aforismos son una forma de ver las macanas que el gobierno sigue haciendo con sus ruegos a la inversión extrajera?

Bueno, permítame probárselo.

Si a usted le preguntan qué es este país desde el punto de vista de su producción para generar riqueza ¿qué diría? ¿Agrícola ganadero? ¿Lechero? ¿Industrial? ¿Turístico? ¿Especialista en servicios desde software a empleadas domésticas con cama? ¿Vendedor al menudeo de jugadores de fútbol? ¿Formador de “ñoquis”? ¿O qué…?

Si me permite, yo diría que es ecléctico. Es decir que obra de un modo que adopta una postura intermedia, indefinida, en vez de seguir soluciones extremas o muy detalladas y precisas.

Sí, ecléctico. O casi.

Lo sería si uno presta atención a la Kechichián –obviamente con su habitual sacudida de mofletes- diciendo que “progresamos o perecemos con el turismo”; a la Asociación Rural quejándose de que están “taponeando” al campo y “con el campo progresamos o perecemos”; a Otheguy declamando que el motor de la economía no puede ser otro que la industria, y en particular la construcción, “con la cual progresamos o perecemos”; a los frigoríficos, que en realidad son casi todos brasileños (ya se sabe cuán generosos somos), publicando declaraciones sobre los mercados asiáticos y lo poco que incidimos en ellos, siendo que “con la carne progresamos o perecemos”.

¡Por las pestilentes sandalias de Mahoma, con este escenario yo puedo llegar a convencerme de que “progresamos o perecemos” con Tabárez!

¡Si de este panorama cualquier despistado no se imagina un país económicamente ecléctico, caramba, entonces necesitaría que se lo cante “La Catalina”! O que se lo jure Sendic.

Pero… Yo que sé. El territorio nacional está cada día más repleto de árboles. Y el pastor masón quiere más, porque su única idea de inversión extranjera para dinamizar al país y crear más empleo es otra planta de celulosa.

Finlandesa, claro.

Hay unos pocos problemas que mi mente, durante un instante de iluminación (antes de la tormenta del otro día, que por poco revitaliza la fabricación de velas), identificó con claridad meridiana. Primero, el gobierno no cree en otra producción que la de celulosa para salvarnos; segundo, se vuelve loco por festejar el ingreso de una inversión de cuatro mil millones de dólares de los finlandeses; tercero, tiene que hacer su propio aporte de mil millones de dólares en infraestructura y no sabe cómo; cuarto, los que le dije, es decir los que vienen del frío, no quieren pagar un puto impuesto, mucho menos el del Patrimonio, así que… ¿cuál carajo es el beneficio para nuestra economía?; quinto, la creación de empleo de estas plantas es impresionante –y conmovedoramente breve- al comienzo y después andá a buscar laburo al Gallito Luis; sexto, si se sigue enterrando el territorio productivo debajo de los árboles, que además se chupan el agua como algunos legisladores chupan té con hielo en el Parlamento, no es loca la hipótesis de que habrá un inmenso bosque que llegará hasta la Ciudad Vieja; en lo que quede libre tendrán que arreglarse la actividad portuaria, los granjeros, las protectoras de animales, los tambos, los frigoríficos, las armadoras de autos, las constructoras de edificios con promoción de televisores y heladeras y los nuevos locales que quiere instalar La Pasiva (ya compró el viejo Manchester, de Convención y 18 de Julio).

Soy pesimista. Lo lamento.

Eso sí: rindo mi homenaje a los finlandeses. Saben dónde y cómo tocar puertas y como pararse y, al final, se llevan del país del pastor masón y del gaucho payador, alegres por la “conquista” -¿los drogarán?- toda, pero toda la guita imaginable.

Estuve leyendo sobre el sistema educativo finlandés. Hágalo, lector. Si afina el análisis, lo explica todo.

Lo sugirió El Negro, en otros dos de sus aforismos. Éste, que pinta la situación: “La fe derriba montañas; la inteligencia las foresta”. Y éste, premonitoriamente destinado a nuestro gobierno y al presidente: “Pinocho mentía y crecía su nariz. La mentira es un afrodisíaco”.

Somos unos pelotudos ignorantes.

Claro, siempre nos quedan las campañas contra el consumo excesivo de alcohol –una sublime puerilidad- y por la venta de “maruja” a como dé lugar.

Antonio Pippo Tiene 58 años de trabajo en el periodismo. Ha trabajado en todos los canales de TV del país, abiertos y por cable, menos VTV; ha trabajado en casi todos los diarios, semanarios y revistas (los que se han editado y los que aún se editan en el país); ha trabajado como columnista en varias radios. Ha sido docente de comunicación en la Universidad  ORT. Ha publicado seis libros. Ha dictado charlas y conferencias en la capital y diversas ciudades del interior sobre temas de periodismo. Fue productor general y co protagonista de un espectáculo de tango que se presentó en el país durante diez años, cerrando ese extenso ciclo el año pasado.