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La metamorfosis de Clint

La metamorfosis de Clint
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El libro “Clint Eastwood. La biografía” (Lumen Editorial), de Patrick McGilligan, indaga en 800 páginas la vida del legendario y hoy veterano actor y director. Se trata de un trabajo documentado, ameno y riguroso que arroja luz no solo en la carrera cinematográfica de Eastwood sino también en aspectos personales casi desconocidos. Y que demuestran que no todo es brillo entre las marquesinas de Hollywwod.

Patrick McGilligan es uno de los más respetados biógrafos del mundo del cine. Ha publicado libros sobre George Cukor, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Robert Altman y Oscar Micheaux, el primer director afroamericano.

Del otro lado está Clint Eastwood, quien nació en California en mayo de 1930. Su primer papel de importancia fue un trabajo secundario en el reparto de la serie de televisión “Rawhide”, que se emitió entre 1959 y 1966. El reconocimiento general le llegaría con el papel del “hombre sin nombre” de la “trilogía del dólar” – “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo” – , un western dirigido por Sergio Leone. Y por supuesto cuando puso sus gestos adustos al servicio de Harry Callahan, el personaje de “Harry, el sucio”, que se rodó entre los 70 y los 80. Luego de actuar en decenas de películas, con una suerte ondulante, Clint cruzó la vereda y se puso del otro lado de la cámara. Como director lograría conquistar dos Oscar – mejor película y mejor director – con “Sin perdón”, de 1992) y con “Million Dollar Baby”, de 2004. En 1994 Clint recibió la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa y en 2007 la Legión de Honor. En 2000 recibió el León de Oro a toda su carrera en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Desde 1967 posee su propia productora de cine, (Mallpaso Productions), con las que ha realizado la mayor parte de sus películas.

Más allá de los sets de filmación, la vida personal de Clint – que este libro de McGilligan también repasa – es igualmente intensa. Eastwood fue alcalde de la localidad californiana de Carmel by the sea desde 1986 a 1988. Y tiene ocho hijos de seis mujeres diferentes, aunque solo se ha casado con dos de ellas. Uno de los principales méritos de Patrick McGilligan en este trabajo es comprimir esa vida intensa – en lo profesional y en lo personal – en poco más de 800 páginas. El resultado es un libro profundamente documentado, ameno y riguroso. Como se anuncia, “es un retrato de cuerpo entero, en donde por primera vez se descubre al hombre que hay tras la máscara cinematográfica”. A través de documentos, manuscritos inéditos y archivos, entrevistas con amigos, familiares y socios que nunca antes habían hablado, “el autor nos propone un exhaustivo viaje biográfico a través de los claroscuros de una vida intensa, febril y en algunos momentos inquietantes”.

Uno de los capítulos fundamentales del libro y, por extensión, en la vida del actor – que Mc Gilligan titula “La suerte de Clint”- , hace referencia al momento clave en que empezaría su carrera de actor y director. Señala que en abril de 1954 Clint se había matriculado en el Los Ángeles City College (LACC). El LACC tenía un Departamento de Arte Dramático, que se enorgullecía de tener una gran calidad profesional. Para muchos era el mejor sitio en la ciudad para los que tenían entre sus planes dedicarse a la interpretación. Incluso los estudios de cine enviaban allí a sus actores.

Clint se había inscripto para cursar ciencias empresariales en el LACC y, en esos mismos tiempos, gracias a sus contactos en el Ejército y, según se dice en el libro, a “una rubia seductora”, logró firmar un contrato con Universal. Eran tiempos de decadencia para Hollywood y el cine había caído en una profunda crisis, que incluso llevó a la Paramount – la mayor cadena de exhibición de Estados Unidos – a anunciar en esos días que reduciría la cantidad de salas de cine de la compañía, que pasaron de 1424 a 669 en menos de cinco años.

En ese contexto, Universal apeló a una estrategia de supervivencia que consistía en convertir a actores desconocidos baratos en estrellas populares, explotar la fotografía en color y los escenarios naturales, sobre todos los westerns, y rodar películas “con gancho”. Esos bien podrían ser, dice McGilligan, los paradigmas en la carrera de Clint. Sobre todo por lo de “desconocido barato” y su proyección como estrella del cine del lejano Oeste. En ese camino ayudó su atractivo físico. Un día, un director de Universal llamado Arthur Lubin conoció a Clint en persona y se sorprendió por encontrarse ante alguien “tan alto, delgado y guapo”, y le ofreció hacer una prueba de pantalla. El resultado fue catastrófico. “Era muy poco profesional, no sabía hacia dónde moverse ni qué hacer”, recuerda Lubin en el libro. Por lo que le aconsejó que se inscribiera en la escuela de arte dramático del estudio. Y poco más adelante el propio Lubin le consiguió un contrato de prueba, que duraría 20 semanas y por el que recibiría un salario de cien dólares semanales.

Así comenzaría el largo camino de Clint en el cine. Luego interpretó a Alan Squire, un intelectual inglés desilusionado. La primera prueba que hizo fue penosa, pero una mujer del estudio revisó el material y notó el buen físico de Clint. Y le ofreció hacer una nueva audición desnudo, con apenas un taparrabos. Las tomas fueron un éxito, sobre todo entre la platea femenina, que fue especialmente convocada para ver la cinta.

El libro de McGilligan tiene como enorme mérito llegar a todos los detalles de la vida del actor y, además, en plantear una amplia con amplia información el contexto histórico, social y cultural en que ella transcurre. Incluso político, cuando comenta que Clint comenzó a actuar en tiempos en los que miles de actores fueron incluidos en una especie de lista negra por supuestas simpatías comunistas.

Este “Clint Eastwood. La biografía” tuvo una primera versión en 1999. Se trató – y se trata – de un libro no autorizado por Clint. De hecho, en aquella oportunidad, Eastwood le entabló un juicio millonario a McGilligan, luego del cual llegaron a un acuerdo extrajudicial por una suma nunca revelada. En una entrevista con el diario español El País, McGilligan se limitó a decir: “Legalmente no se me permite detallarlo. Es un ejemplo más de la costumbre habitual de Eastwood a la hora de resolver sus jaleos legales, con lo que mantiene una imagen muy férrea: todos los documentos y papeles judiciales siempre quedan a salvo del escrutinio público. Pero sí puedo decir que no pagué ni un centavo, que quedó claro que no me había equivocado, y sólo tuve que cambiar algunos párrafos en futuras ediciones”. Y agregó: “Cuando escribí el libro sobre Jack Nicholson, él no colaboró, pero no coartó a nadie para que no atendiera mis llamadas o mis cartas. Con Clint Eastwood fue diferente”.

El resultado puede seguirse línea a línea en este voluminoso pero detallado trabajo. Un recorrido que muestra la metamorfosis de Clint, el muchacho alto y de sonrisa brillante que se transformó en uno de los actores más taquilleros de los 70 y parte de los 80.