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La salud del Presidente por Hoenir Sarthou

La salud del Presidente por Hoenir Sarthou
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La noticia de que un presidente en ejercicio padece una enfermedad grave tiene siempre fuertes efectos políticos.

Para entender sus alcances, sería necesario deslindar muy bien varias cosas, que, como veremos, no es nada fácil deslindar (esta nota incluso es una reflexión dubitativa, como la de quien piensa y duda en voz alta). Pero intentemos el deslinde.

Por un lado, el aspecto humano. Cualquier persona enferma genera, en quienes estamos mentalmente sanos, una sensación de piedad y de pesadumbre. La contingencia humana nos conmueve. No importa cuántas discrepancias pueda uno tener con el enfermo.  Es así, debe ser así, y ojalá siga siendo así. Lo contrario indicaría que estamos perdiendo algo de la condición humana.

Por otro lado, está el aspecto institucional. ¿Debe el Presidente, como primer funcionario público, anunciar una enfermedad que lo  afecta tan seriamente? ¿Debe hacerlo y seguir en el cargo? ¿Sería mejor que renunciara y se dedicara a tratar su enfermedad? ¿O debía callarse y seguir en funciones en la medida en que la enfermedad y el tratamiento se lo permitieran?

En el mundo hay ejemplos de lo uno y de lo otro. El presidente francés, Francois Mitterrand, por ejemplo, ocultó durante casi todo su mandato que padecía cáncer.  En cambio, el venezolano Hugo Chávez hizo del suyo un asunto de Estado. En nuestro país, don Tomás Berreta ocultó su enfermedad desde antes de las elecciones, fue electo presidente y falleció antes de terminar el mandato, siendo sucedido por el vicepresidente, Luis Batlle.

Lo cierto es que prácticamente no se conocen casos de presidentes en ejercicio que hayan abandonado el cargo por razones de salud. ¿Es una práctica buena o mala? Difícil decirlo. En todo caso, lo que puede decirse es que, en un mundo en que prácticamente nada es privado, es preferible enterarse de las cosas directamente y no por rumores en las redes sociales.

Por último, están los efectos políticos. ¿Cómo repercute el anuncio en plena campaña electoral? ¿Cambiará la actitud de la oposición ante el gobierno? ¿Obligará a atenuar las críticas? ¿La noticia favorece o perjudica a la candidatura oficialista?

Hoy, cuando las redes sociales son la primera y más rápida forma de conocer el estado de la opinión pública, es posible encontrar en ellas cosas sorprendentes. Desde feroces ataques a la persona de Vázquez, ensañándose con su estado de salud, hasta apologías del mismo Vázquez, al que se coloca como una suerte de mártir del frenteamplismo.

Algo es seguro: la noticia no será política ni electoralmente inocua. Lamentablemente, es muy posible que se intente usarla en uno y en otro sentido.

En términos razonables, todo indica que es la oposición, de cualquier color, quien más debería verse afectada. Porque siempre es convenientes para los opositores poder atacar duramente al gobierno cuando compiten contra una fórmula del mismo partido. Uno de los talones de Aquiles de cualquier fórmula electoral oficialista es que debe cargar con los errores e infortunios del gobierno de su partido.

En ese sentido, la circunstancia que atraviesa el Presidente hace previsible que algunas críticas vayan a moderarse, y, sobre todo, que no pueda usarse a la figura de Vázquez como símbolo atacable del actual gobierno. De alguna manera, obliga a despersonalizar la campaña, siendo que las críticas con nombre y apellido son más comprensibles y redituables que las abstractas críticas “al gobierno”, o las aun más abstractas a “las políticas del gobierno” .

Así las cosas, lo que resta ver es cómo manejará el asunto el propio partido de gobierno. Ya es visible que, en círculos virtuales muy adictos al oficialismo, se está presentando al tema como un motivo para redoblar la lealtad partidaria.

La grosería no es patrimonio exclusivo de quienes atacan a un partido o a una causa. Es posible también defenderse con grosería. Usar la enfermedad de una persona para obtener ventajas políticas es una actitud despreciable, la adopte quien la adopte.

Si el Presidente persiste en mantenerse en el cargo (cosa a la que tiene derecho tal como están las cosas), es previsible que en los próximos meses todo el sistema político se vea obligado a adecuar su actitud a esa nueva realidad.

Eso implica que muchos militantes, y algunos dirigentes, se verán tentados a usar la situación, ya para atacar, ya para defender al gobierno.

Quiero creer que un uso inadecuado del tema por la oposición sería castigado por la opinión pública. En cambio, puede ser menos fácil percibir si el oficialismo lo usa inadecuadamente, para amortiguar críticas o para despertar emociones favorables.  Actitud que no puede descartarse, sabiendo que la sutileza no es la virtud más frecuente en el aparato oficialista.

Es muy probable que, en los próximos meses, el estado de salud del Presidente nos someta a todos a un examen sobre el estado de salud mental y política de la sociedad uruguaya.

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