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La tarea pendiente que dejó el asesinato de Martin L King por Ernesto Kreimerman

La tarea pendiente que dejó el asesinato de Martin L King por Ernesto Kreimerman
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La voz firme y clara de Martin Luther King era desafiante y esperanzadora: “Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad”.

Era la noche del 28 de agosto de 1963, en las escalinatas del monumento a Lincoln, durante la Marcha por el Trabajo y la Libertad, en Washington. Aquel pronunciamiento, que incluso tenía además del aire del pastor bautista que aún conservaba Martin Luther King, un tono épico, popular y poético. I have a dream es más que una plataforma reivindicativa. En esos días el joven líder del movimiento por los derechos civiles de los afroestadounidenses, alcanzaba su consagración como figura imprescindible.

Su prestigio iba en ascenso, reflejo de su creciente protagonismo y liderazgo. Había sacudido al país en 1955 con el boicot de ómnibus en Montgomery; en 1957 con su determinante apoyo a la Southern Christian Leadership Conference, que presidió por largo tiempo, y el liderazgo de la Marcha sobre Washington con su discurso I have a dream. Ese proceso culminaría con la Ley de Derechos CIviles de 1964 y la Ley de derecho de voto de 1965, que aún sin contener todos los reclamos, significó un cambio radical.

Desde entonces, MLK se transformaría en un líder molesto. Advertía que la discriminación de los afrodescendientes no se reducía a una cuestión de derechos civiles y electorales. Era más profundo el problema. Comienza a tomar partido en causas más profundas, como la pobreza, y a pronunciarse sobre la necesidad de “una redistribución radical del poder económico y político”.

Precisamente, cuando Martin Luther King comienza a involucrarse con los movimientos que se oponen a la Guerra de Vietnam y a unificar a organizaciones que reclamaban cambios en los derechos económicos, su figura más crecía y más importunaba.

Quizás su apoyo a la lucha de los trabajadores barrenderos de Menphis, Tennessee,es el punto alto de su liderazgo más profundo y amplio. “He estado en la cima de la montaña”, con este título se recuerda ese discurso de contenido reivindicativo y casi un presagio de su muerte violenta, a él, un defensor de la no violencia.

Hay en ese discurso angustia y esperanza. Las imágenes, que se pueden encontrar en youtube, muestran un líder cerrando un discurso enérgico, de una gran carga emocional. Y mientras la multitud le aplaude, los que están a su lado lo celebran de pie, el cuerpo agotado y conmovido del líder que advertía su tragedia se dejaba caer sobre una silla.

En ese discurso recordó cuando en New York intentaron matarlo de una puñalada y milagrosamente salvó su vida. La soledad de aquel líder nacional de los negros y de los pobres queda de manifiesto en este fragmento: “Había recibido saludos del presidente y el vicepresidente. He olvidado lo que dijeron esos telegramas. Recibí una visita y una carta del Gobernador de Nueva York, pero olvidé lo que decía esa carta. Pero había una que vino de una niña pequeña que jamás olvidaré. Decía simplemente: «Estimado Dr. King, Soy un estudiante de noveno grado en la White Plains High School. Si bien no debería importar, me gustaría mencionar que soy una chica blanca. Leí en el periódico tu desgracia y tu sufrimiento. Y leí que, si hubieras estornudado, habrías muerto. Y yo simplemente te escribo para decirte que estoy tan feliz de que no hayas estornudado».

A MLK ya no sólo le importaban los derechos civiles de los afrodescendientes. Se había opuesto firmemente a la Guerra de Vietnam. Y también trabajaba en una alianza multirracial de todos los sectores empobrecidos, la denominada Campaña de los Pobres, desde la que convocaba a “una redistribución radical del poder económico y político”. King predicaba en favor de “una fuerza nueva y provocadora” para combatir la pobreza e impulsar cambios profundos.

“La campaña de los pobres; llamado nacional para un renacer moral” era realmente un desafío radical de los sesenta que llega al presente:  “Desafiar los males del racismo sistémico, la pobreza, la economía regida por la guerra, la devastación ecológica y la distorsión de los valores de la nación”. En 1968, ratifica el carácter profundo y transformador de la Campaña de los Pobres: “Millones de jóvenes crecen bajo la luz de las oportunidades. Pero hay otro Estados Unidos. Y este otro Estados Unidos presenta una fea realidad diaria que transforma la ebullición de la esperanza en la fatiga de la desesperación”.

El trabajo inconcluso

Ese otro EEUU de la fea realidad diaria que denunciaba MLK en 1968, es el que aún hoy se encuentra despojado del acceso a derechos básicos como la salud, alimentación, educación, vivienda… La era Obama fue un aire esperanzador pero el intento reavivó los fantasmas camuflados del peor racismo y discriminación, de la mano de un presidente tan avasallador como prepotente e inculto.

MLK intuía aquella noche de agosto que la paciencia de sus enemigos se había agotado, y que los asesinatos de John Kennedy (22/11/63), de Malcom X (21/2/65) marcaban su destino. El suyo, y más tarde el de Robert Kennedy (6/6/68).

Así cerraba su discurso: “no sé qué pasará ahora. Tenemos días difíciles por delante. Pero realmente no me importa ahora, porque he estado en la cima de la montaña. No me importa Como cualquiera, me gustaría vivir una vida larga. La longevidad tiene su lugar. Pero no estoy preocupado por eso ahora. Solo quiero hacer la voluntad de Dios. Y me ha permitido subir a la montaña. Y he echado un vistazo. Y he visto la tierra prometida. Puede que no llegue allí contigo. ¡Pero quiero que sepan esta noche que nosotros, como pueblo, llegaremos a la tierra prometida!  Y entonces estoy feliz, esta noche.  No estoy preocupado por nada. ¡No temo a ningún hombre! ¡Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor!”

Aunque durante los dos gobiernos de Obama, los bustos de MLK y Lincoln presidían el salón Oval de la Casa Blanca, es claro que hoy. Pero los hijos y los nietos de aquellos manifestantes de los sesenta, aquellos de ese otro EEUU del que hablaba Martin Luther King, se vuelven a despertar para acabar con la labor inconclusa, casi seis décadas después.

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