Home ARTES VISUALES La vida es sueño (Parte 1) por Alejandra Waltes

La vida es sueño (Parte 1) por Alejandra Waltes

La vida es sueño (Parte 1) por Alejandra Waltes
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En notas anteriores he intentado dar una idea de lo que es el Simbolismo, su relación con el Arte Metafísico y sobre el Surrealismo. Estas tres corrientes tuvieron como referentes a un grupo de pensadores de la época, pero principalmente a Sigmund Freud y su interpretación de los sueños.          Para ver esa relación es necesario recordar algo de lo ya escrito y ampliar otros aspectos.                                                       Empecemos por el Simbolismo. Este fue un movimiento literario y de artes plásticas que surgió como reacción al enfoque realista implícito en el Impresionismo. Los artistas de 1885 disgustados por la incapacidad de la sociedad para resolver los problemas políticos, morales e intelectuales buscaron nuevos valores basados en lo espiritual. Deseaban crear una pintura no supeditada a la realidad de su momento, rechazaban lo que trae consigo la vida diaria, la aglomeración, la actividad industrial y la degradación.                                                                                                                                              El simbolismo exaltaba la subjetividad, la vivencia interior. Según Amy Dempsey, «los simbolistas fueron los primeros artistas que declararon que el verdadero objetivo del arte era el mundo interno del estado de ánimo y las emociones, más que el mundo objetivo de las apariencias externas».                                       El símbolo es un «agente de comunicación con el misterio», que permite expresar intuiciones y procesos mentales ocultos de una manera que no sería posible en un medio de expresión convencional. El símbolo hace patente lo ambiguo, lo misterioso, lo inexpresable, lo oculto. El arte simbolista exaltaba la idea, lo latente, lo subjetivo, es una exteriorización del yo del artista.                                                                           El artista ya no recreaba la naturaleza, sino que construía su propio mundo, se liberaba expresiva y creativamente, aspirando a la obra de arte total, en la que cuida de todos los detalles y se convierte en creador absoluto. Con el arte simbolista se consigue la autonomía del lenguaje artístico: el arte rompe con la tradición y construye un universo paralelo, abonando un terreno virgen que servirá de cimiento para nuevas formas de entender el arte a principios del siglo XX.                                                                                                                                                    La exaltación de la voluntad individual conlleva la ausencia en esta corriente de unos sellos estilísticos distintivos comunes a todos los artistas, a los que une más una serie de conceptos abstractos que no un programa metodológico establecido.                                                                                                              La revelación de Sigmund Freud acerca de la vida de los sueños y la existencia de una parte irracional en lo humano es aplicada al programa simbolista reivindicando la búsqueda interior.                                                                                                                            La relación entre arte y psicoanálisis se remonta a los comienzos de la disciplina creada por Freud. Es conocido su gusto por algunas artes y su incomprensión de otras dadas las constantes citas a diferentes autores y expresiones artísticas que, como parte de su argumentación teórica, han contribuido al desarrollo de su teoría sobre el psiquismo humano.                                                                                                                                                       Hay dos conceptos principales que vale la pena mencionar a la hora de hablar del arte desde el Psicoanálisis freudiano: pulsión y sublimación. La pulsión consiste en una especie de empuje que tiene un fin. A modo de energía, recorre lo corporal al mismo tiempo que invade el campo psíquico. Siempre busca algún tipo de satisfacción.                                                                                                                     La sublimación como concepto fue construido para explicar ciertas actividades humanas (principalmente la actividad artística y la investigación intelectual), que encuentran su núcleo energético en la llamada pulsión sexual. La sublimación sería un destino de la pulsión a fin de apuntar a objetos valorados socialmente. Y esto nos remite a las expresiones artísticas y a la relación que le dio el padre del Psicoanálisis entre el arte en todas sus formas, y el psiquismo. Para observar la relación entre la sublimación y la pulsión, la pulsión cumple un papel fundamental para comprender precisamente la relación con el arte que se quiere destacar. Sublimar, en términos psicoanalíticos, permite cierta satisfacción dedicada en un fin específico. La que se sublima, sería la pulsión sexual, convirtiéndose ésta, en algo aprobado, valorado, respetado socialmente. Por ende, el artista sublima su pulsión convirtiéndola en algo apreciado por la sociedad.   Para Freud las obras de arte eran interpretables desde su disciplina. Su obra “La interpretación de los sueños” publicada en 1905, fue de gran utilidad a la hora de emplear sus técnicas de interpretación.

Gracias al aporte técnico del Lic. en Psicología Andrés Trías.

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