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Las sombras que nos habitan y las sombras que nos reclaman

Las sombras que nos habitan y las sombras que nos reclaman
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“Look at this country/ in the ass of the world/ look at this people/ working for nothing/ look at the gauchos/ weeping in silence/ look at the gauchos/ drinking the mate” (Malpaso)

 Las estrofas anteriores pertenecen a la canción The last gaucho, del desaparecido grupo montevideano Malpaso, y eran entonadas por la voz grave de Marco Tortarolo sobre unos arpegios de milonga rural tradicional. El gesto invertía la práctica que desde esta parte del mundo tenemos asumida, en vez de en castellano intentar recrear (cuando no directamente imitar) formas artísticas de las metrópolis Malpaso cantaba una milonga en inglés. Con ese solo gesto dejaban a la vista el carácter patético de quien pretende, desde el sur, hacer “blues tradicional” o, porqué no, representar en forma “auténtica” y “fiel” a Shakespeare. No es que no sean posibles los cruces y los mestizajes, pero el resultado siempre va a ser algo nuevo, no la “recreación” del original. El patetismo siempre se subraya cuando el gesto de “ser fiel” al original es practicado por parte de un artista de la periferia, solo con esa pretensión la subordinación cultural se reafirma (y seguramente arrancará sonrisas socarronas de artistas y académicos de las metrópolis).

De forma específicamente teatral (con impronta lúdica) la discusión sobre como representar a Shakespeare, en particular a Hamlet, es una de las protagonistas de La máquina idiota, espectáculo del Sportivo Teatral dirigido por Ricardo Bartís. Allí, en el cementerio de La Chacarita, un grupo de ex-actores muertos debate sobre como montar la obra clásica del teatro isabelino esperando que lleguen los textos, pero cuando estos llegan la perplejidad los invade, las traducciones son distintas y se hace imposible, a partir del texto, continuar el trabajo.

El Laboratorio de Práctica Teatral montevideano, dirigido por Sergio Luján, viene hace diez años realizando un trabajo que paulatinamente ha ido dejando de privilegiar al “texto” como centro del hecho teatral, polemizando sobre ese lugar hegemónico que la palabra aún mantiene en nuestra escena. Para celebrar su primera década de trabajo decidieron investigar sobre el Hamlet de Shakespeare, autor que, como el propio Luján advierte, ha sido ubicado en el centro de canon literario occidental por el recientemente fallecido teórico norteamericano Harold Bloom. Pero muy lejos está el Laboratorio de subordinarse a la autopercepción de los centros metropolitanos como lugares que irradian civilización, mucho menos si entronizan un “texto” como patrón para “medir” el valor de un hecho cultural. Por eso la expectativa de ver la primera de las cinco entregas del trabajo a partir de Hamlet era mucha (más de mil espectadores se anotaron para asistir) y el resultado fue emocionante.

La decisión de dividir el trabajo en cinco actos-episodios-acontecimientos separados en el tiempo (el primero fue el 9 de noviembre, el segundo será en marzo del 2020) mantiene la división episódica shakesperiana y permite centrarse en el eje conceptual de cada acto. El primer episodio “lo trabajamos a partir de la idea de que lo que mueve en el primer acto es la sombra, el fantasma del padre. Es la figura del asesinado que pide justicia” le cuenta Luján a Ana Laura Barrios (Brecha, 8/11/19) y agrega “La conexión con el presente estaba cantada y nos hizo pensar en cuáles son nuestros ausentes, nuestros asesinados”.

Shakespeare no sabía de unidades aristotélicas ni de normativa neoclásica, y su teatro abreva en la tradición medieval de los “pageant”, carros que eran suerte de tablados móviles en donde se representaban escenas bíblicas y misterios religiosos. Estas representaciones podían durar varios días y desarrollarse en distintos sitios de la ciudad, por lo que en ese sentido la “forma” en que el Laboratorio trabaja está más cerca de Shakespeare que la imagen marmórea que muchas veces recibimos en salas convencionales. El primer episodio transcurrió en el cementerio del Buceo y tuvo la forma justamente de procesión, de desfile de carros en una de las calles internas del cementerio. En la mayoría de los casos los carros provenían desde el sector de los nichos, generando un desfile de “espectros” con carácter por momentos demoníaco. Una escola do samba encabezada por una vedette que era “fumigada” mientras bailaba, una raquítica representación de la patria con trompeta desafinada y caballito de madera, una especie de linyera tirando de un carro “custodiado” por alambres de púas o un carro en que se entremezclan figuras en una masa de la que solo se distinguen cabezas son ejemplos del carácter del desfile de sombras que los espectadores podían presenciar. Particularmente poderosa era la imagen del portabandera de una comparsa de candombe, esa imagen indefectiblemente se asocia a una cuerda de tambores que atronará inmediatamente, pero nada venía detrás de esa bandera (bandera de los 33 orientales con la leyenda “freedom or death), el silencio solo era interrumpido por dos personajes ataviados como indígenas que con sus sonidos podían recordarnos el genocidio sobre el que se erigió nuestro país (y nuestro continente, en que se continúa masacrado indígenas).

No hay palabras que acompañen discursivamente las procesiones, pero los signos están allí, serán interpretados según la subjetividad de cada espectador, y esa es la apuesta del Laboratorio, que construye espectáculos que no imponen un discurso, sino que estructuran signos a los que cada espectador dará sentido. En este caso además el intercambio con otros colectivos de artistas fue clave, generando un hecho estético multidisciplinario y colectivo de enormes dimensiones.

La sombra había comenzado con Héctor Tierno encarnando al Dios verde, un predicador legendario que recorría barrios y localidades de nuestro país descalzo, preguntándose: “¿Qué surgirá de esta parálisis/ En que nada aletea sobre la superficie de las aguas/ Sino remolinos y cadáveres/ En el hondo bajo fondo/ Donde el barro ya no puede sublevarse?” El cierre, con Susana Anselmi encendiendo una fogata y aferrada a una foto de un detenido-desaparecido, fue con una marcha en sentido opuesto a la procesión integrada por militantes de de Derechos Humanos e integrantes de varios coros entonando Por los médanos blancos, canción de Manuel Picón que fuera popularizada por Alfredo Zitarrosa. “Madre, por los médanos blancos viene descalzo ese Dios Verde/ Madre, por los médanos blancos, sin decir nada, se fue mi padre/ Madre, madre, ¡me he vuelto viejo!” cantaba esa contra-procesión llevando veladoras hasta reunirse con aquella ¿madre? que esperaba inmóvil con el retrato de su desaparecido, de su ausencia.

Las lágrimas, de artistas y espectadores por igual, fueron otro signo que señaló que La sombra removió emociones de una forma inexplicable. Artistas y espectadores se confundieron en abrazos que daban cuenta de que algo había sucedido interiormente, algunas sombras internas fueron convocadas por un hecho estético del que todos fuimos protagonistas.

Hamlet – Realización escénica performativa. Episodio 1: La sombra – Cementerio del Buceo. Laboratorio de Práctica Teatral junto a otros artistas. Fotos de Reinaldo Altamirano.

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.