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De las vacas al ballet por Marianella Morena

De las vacas al ballet  por Marianella Morena
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De un país ganadero, con la carne roja como bandera cultural, abrazamos el ballet, más que eso: le dimos afecto, espacio y jerarquía.  Es una imagen alada, lo digo sin ironía, es más: valoro los contrastes. Y allá vamos, exportando puntas, podríamos convertirnos en algo exótico y como tal promocionarlo. Pero la originalidad no la sabemos llevar muy bien. Mal asesoramiento publicitario. Afuera, del otro lado del muro uruguayo, del otro lado, que puede llamarse país, tiempo, cabeza, silencio, autoridad, ley, bronca, envidia, del otro lado de los muros hay otras rarezas, que no son las obvias. Hay, es cuestión de cruzarlo, aunque te quedes sentado en tu casa. Animate y cruzá el muro. Eso.

Cuando uno viaja, cuando uno tiene la posibilidad de conocer y cotejar otras realidades artísticas, tiene la obligación de contarlo. O la responsabilidad de colocarlo aunque sea bajo lo anecdotario, despejando cualquier intencionalidad.

Tenemos un teatro público como pocos en Latinoamérica, con recursos y elencos estables.  Cuando digo “un teatro público” refiero al conjunto de salas, elencos,  espacios de creación, investigación, exhibición y formación artística profesional  que hacen a la institucionalidad pública. Sí. Porque sin buenas bases pedagógicas en el ensanchamiento entre clásico y contemporáneo, no hay creación ni gestión que sobreviva. Sin estas bases sólo se promueven los eventos, la cultura como evento, el arte como evento, el fast system. Otro cantar. Nuestra  formación es libre y gratuita para quienes quieren estudiar: música, composición, dirección, interpretación musical, canto lírico, ballet, danza contemporánea, danzas tradicionales y populares,  actuación, dramaturgia,  diseño teatral y cinematográfico, áreas técnicas. Con acceso a ciudadanos uruguayos y extranjeros, no hay barreras de clase ni de currícula escolar,  salvo el necesario para desarrollarse como artista.

No. La cultura del fast star no aplica al arte, sí al entretenimiento, a los realitys, a la proliferación berreta de simulacros, a la farsa, a los parques temáticos, a ciertas formas culturales de participación ciudadana. Entendamos la diferencia.

Hablar de calidad en arte no es la expresión más feliz, digamos que no es un término idóneo, sí para los electrodomésticos, u otras cosas de fácil medición, pero también entiendo que es un término común a todos y  como nomenclatura popular sigue funcionando, es decir: todos nos entendemos.

Sigamos. Si bien Julio Bocca es el gran maestro indiscutible,  la calidad no nace de forma espontánea y casualmente de la mano de un salvador, sino que hay una tradición   disciplinaria en nuestras escuelas, desde lo público y lo privado,  generando una población de ciudadanos que (independientemente del lugar que ocupen, sea arriba o abajo del escenario) han adquirido un capital sensible que crece y por lo tanto: reclama. En la carrera de la visibilidad uno puede levantar un universo de la nada y en paralelo existir un colador que nos vampiriza lo posible. Sí. Eso también existe, esto también forma parte de la locura de las pasiones y los sistemas de profesionalización de las mismas. Entendamos: la locura y la pasión. Entendamos: en Uruguay y en el mundo.

Un proyecto cultural (en tres tiempos: pasado, presente y futuro) no se consolida, se hace “marca”, en unos años. En algunos casos lleva siglos construir un espacio que sobreviva por encima de gobiernos de distintos tintes políticos, administraciones, vaivenes presupuestales, modas, tendencias, juegos, experimentos didácticos, y lo que sea. Lleva tiempo, en perspectiva histórica es así.

Es imposible que el proyecto no tenga  zonas abiertas libradas a la infección. Imposible es poco, es utópico creer que la humanidad se entibia y  amiga en los camarines. No. Si algo está mal y hablamos de eso, es porque hay algo muy bueno a la vez.

Definir la inteligencia como carencia de estupidez es una ingenuidad galopante a esta altura de los acontecimientos humanos. Antes lo dijeron Shakespeare, Freud, y lo siguen diciendo los mismos y otros.

Pero claro que hay problemas, como los hay en Francia, como los hay en Alemania. También en Brasil y España. En todos lados los avances van de la mano de los sindicatos. Hasta el momento no ha existido otra forma, quizá fuera del mundo occidental, desconozco cómo es en Asia, Medio Oriente y África.

En Francia los artistas de las artes vivas del espectáculo (intermitentes) tienen un régimen casi único en el mundo occidental, y  sus huelgas han detenido desde estrenos  a festivales tan importantes como el de Avignon. También implicando renuncias.  Tuve la oportunidad de vivirlo directamente cuando Francia entero detuvo las representaciones escénicas en todo el país, marcharon, gritaron sus reclamos bajo  modelos performáticos,  desde huelgas hasta modalidades más creativas de intervención, con pancartas, discursos y presencia de todo el equipo arriba del escenario.  Luchaban por la permanencia de un sistema de contratación. En el caso de ellos han logrado avances en derechos laborales completamente adaptados a la dinámica de un artista,  y no a la impuesta por un sistema que no contempla la diferencia. Lograron ser tratados legal y económicamente en relación a la tarea, ¿cómo lo lograron?

En las giras por España, el tiempo para montaje en los teatros, no siempre es el necesario, a veces sólo son horas, el mismo día de la representación. Hablamos muchas veces de cambio de planta, sala, luces, platea, escenografía. Y uno no sólo tiene que adaptarse a los horarios de los técnicos, sino a los cortes (establecidos por el sindicato) los “cafés de la mañana”.

A veces lo peor que le pasa a un uruguayo es lo mejor que tiene: quedar atrapado en la visión de un compatriota. Será que tenemos una relación profunda con el tiempo, creo que ahí radica la respuesta… Algo de Fernando Cabrera nos merodea el alma.

Semanario Voces

Simplemente Voces. Nos interesa el debate de ideas. Ser capaces de generar nuevas líneas de pensamiento para perfeccionar la democracia uruguaya. Somos intransigentes defensores de la libertad de expresión y opinión. No tememos la lucha ideológica, por el contrario nos motiva a aprender más, a estudiar más y a no considerarnos dueños de la verdad.