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Latencia: Una obra sobre la necesidad de encontrarse

Latencia: Una obra sobre la necesidad de encontrarse
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Latencia se empezó a gestar en el mes de agosto del año pasado, cuando Leonor Chavarría y Florencia Santángelo se juntaron en Río de Janeiro y se dieron cuenta de las dificultades para trabajar juntas como actrices. Claudia Sánchez, productora del espectáculo y diseñadora teatral, contó a Voces que tanto las dos actrices como la directora Patricia Mallarini y ella misma son compañeras de generación de la EMAD. Pero Santángelo está radicada en Brasil, por lo que las experiencias de trabajos en conjunto que recordaban de la EMAD parecían imposibles de repetirse. Lejos de paralizarlas, la imposibilidad de estar actuando en el mismo espacio físico las hizo investigar hasta generar un dispositivo que les permite contar dos historias en simultáneo pero cada una en la ciudad en que vive. Lo primero fue conocer, mediante una empresa de emisión por streaming que, Internet mediante, las posibilidades existían. Luego armaron un proyecto que presentaron en Iberescena y que  incluía un trabajo de autoficción de las actrices y la reelaboración de la parábola del hijo pródigo. Luego de ser seleccionados por Iberescena, en un proyecto en que son coproductores Sala Verdi de Montevideo y Teatro Poeira de Río de Janeiro, armaron un equipo que incluyó artistas de Uruguay, Brasil y Chile. La producción debió gestionar, además de las salas teatrales los mismos días a la misma hora en ambos países, dos conexiones a Internet de alta velocidad, laptops, cámaras, proyectores, pantallas, televisores Led y operadores para poder retransmitir lo que sucede en Montevideo a Río de Janeiro, y viceversa. El desafío era grande, por la complejidad de situaciones y dispositivos a coordinar por un lado, y por otro lado por el hecho de que controlar esos recursos en función de contar una historia no terminara siendo más relevante que la historia en sí. El resultado, sin embrago, es el opuesto, algunos recursos “virtuales” terminan siendo constituyentes de la historia que se cuenta, incluso desde el nombre.

Latencia puede referir a lo latente, a algo posible pero oculto, dormido, inactivo, pero que en cualquier momento puede accionarse. Pero también hace referencia a cierto retardo que se da en la transferencia de datos a través de las redes, en nuestro caso, al inevitable retraso en que recibiremos las imágenes y el sonido de lo que sucede en Río de Janeiro a través de la pantalla montada en la sala montevideana. Lo mismo, por supuesto, sucede en Río respecto a las imágenes que llegan desde Montevideo, por lo que esta latencia atravesará el espectáculo cada vez que interactúen Leonor y Florencia, o las dos plateas que a miles de kilómetros de distancia se ven y se saludan mutuamente.

Por otro lado la relación anterior entre las actrices se ficcionaliza, creándose un vínculo familiar que remite a la niñez de ambas, a momentos compartidos en que la fábula naturalmente cobra protagonismo. Y los juegos de la niñez de dos hermanas se ensombrecen, subrayado esto por una “banda sonora” y un diseño de luces que aportan “inquietud”, cuando Chavarría nos cuenta las historias de elefantes en la Luna que las acompañaban. La Luna se corporiza en la actriz, y en un arrebato de angustia que no pierde el tono de fábula, rechaza las prácticas humanas que pretenden colonizarla, llevando hacia allí los mismos conflictos sociales que las banderas han generado en nuestro planeta. Contrasta este momento del espectáculo con las “sociedades” de elefantes, en que lo “colectivo” siempre prima sobre lo individual. Estos relatos que resignifican juegos de niñez entre hermanas fácilmente  se enlazan con la parábola del hijo pródigo, más cuando estamos en una historia en que una hermana permanece mientras otra se fue lejos. Llegados aquí nos hemos olvidado de los dispositivos y la tecnología, para estar sumergidos en una historia que como con un encantamiento nos sumerge en historias protagonizadas por los celos, la propiedad o el individualismo, pero también en formas de trascender eso y la posibilidad de encontrarse en el otro, de “ser” en el otro. Lo latente entonces puede ser tanto lo destructivo como lo gregario del ser humano. Los celos egoístas que no permiten disfrutar un reencuentro, o la necesidad de dos amigas de volver a actuar juntas que supera obstáculos y se materializa en esta Latencia. Habrá muchas otras posibilidades de interpretar este acontecimiento escénico, pero quedará en cada espectador hacerla.

Otro plus de este espectáculo es escuchar a una actriz que nos habla en portugués mientras le hablamos en español, que nos cuenta particularidades de su barrio en Río mientras aquí le hablan sobre partes de Montevideo. Una lógica que la hace perfecta para integrar el IV Festival de Teatro de Montevideo, que tiene a Latencia como el tercer espectáculo estrenado, después de IF-Festejan la mentira de Gabriel Calderón y Nosotras en Brum de Verónica Mato. Latencia tuvo su primer ciclo de funciones en la Sala Atahualpa de El Galpón, y volverá a partir del martes 18 de setiembre pero al Centro Cultural Goes. La recomendación queda hecha.

 

_Latência. Dramaturgia: Eber Inácio. Dirección: Patricia Mallarini. Elenco: Florencia Santángelo y Leonor Chavarría. Producción: Claudia Sánchez.

 

Funciones: martes y miércoles a las 21:00. Centro Cultural Terminal Goes (Gral. Flores y Domingo Aramburú)

 

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.