Home Contravoces ¡Levantá la persiana, hermano!

¡Levantá la persiana, hermano!

¡Levantá la persiana, hermano!
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El Donald Trump de VOCES, posando de macanudo, o mostrando que es capaz de dialogar con la chusma (o por espionaje, nomás), suele preguntarme sobre posibles candidatos a la próxima entrevista estelar.  Siempre nominé a Carolina Cosse y a Aguerre, a quienes nunca vi fuera de la tele, y al común amigote Canalda,  cuyas obras y  planteos son de interés general. Alfredo y Lauro pueden mostrárnoslos. Dios y Satán disputan por exhibirse con ellos. Saben sonsacar. Muy recontrapiolas, camiseteando con el indagado, le extraen sin anestesia lo más recóndito,  a parla, lupa, telescopio, cancha, foterío a rabiar, memoria, laburo y  grabador. No se ha dado. Quizá no se dé nunca. Serán culpables de omisión.

Cosse y Aguerre están en el candelero. Junto a Astori y su equipo económico, bajo la batuta del Taba, proyectan el país del futuro. Canalda es un monje en las sombras que no descansa en su apostolado laico de hacer que la gente piense –mediante hechura ajena-.

Sé que estuvo al frente de Mate Amargo con ecuanimidad ejemplar; que dirigió “Radio Panamericana”;  que con editorial “Fin de Siglo” ha publicado centenares de libros; que en “El Espectador” mantiene un espacio dominical de amplísimo espectro; que recuerda más que Funes, el memorioso; que su voracidad por conocer es ferocísima; pero no lo conozco.

Sé que en la barraca “2A” del penal de “Libertad” estudiaba matemáticas –fuimos compañeros ahí durante tres años-;  que vive a la altura del kilómetro 20 y medio de la Interbalnearia, con mujer, suegros y perro; que se levanta a las cinco de la mañana; que, frugal, almuerza antes de mediodía; que no sufre gula ni envidia; que lee, lee y sigue leyendo; pero no lo conozco.

Sé que es muy inteligente, perceptivo, entendedor de la condición humana y que inventó el movimiento perpetuo –aunque laudar sobre escritos son horas nalga-; pero no lo conozco.

Hace cuarenta y pico de años que nos tratamos con mucho afecto; pero no lo conozco.

¿Alguien ha conseguido entrar en sus cavernas interiores? En una de ésas, ni él mismo-.

¡Chau modestia! ¡Edmundo Canalda a escena!  ¿Adónde va? ¿A quién carajo le importa? ¿Qué cosa notable ha hecho, hace y hará? ¿Talento político? ¿Pionero culturoso? ¿Procesador de cambios tras bambalinas? ¿Por su “Uruguay 2030”? No me sé contestar. Divulga lo ajeno pero él, como protagonista, no asoma cabeza. Estimula, promueve debate, da a conocer, consulta públicamente a inquietos y sabiosos -con una reserva parienta de lo clandestino-. Pero entre aquel “guerrillero heroico” y el personaje polifuncional sin ataduras ni ídolos de hoy, que está en todos lados y casi no está en ninguno, hay años luz de distancia  -en total sentido de la palabra-. Vivió el pasado, jugándose el pellejo. Empeñó su existencia pero se emancipó de las amarras. Intimó con bibliotecas y borradores. Oyó multitud de campanas. Editó a raudales, abriendo puertas ilimitadamente al debate de ideas y ocurrencias de nuestro pasado reciente. Lanzó al aire todas las voces –de otros-. Está en permanente contacto con los cerebros de vanguardia en ciencia, tecnología, informática…, lo que sea.  Le obsesiona lo que vendrá. A esta altura su disco duro acumula toneladas de percepciones y conocimientos. Aventó menudencias y conservó núcleos y perspectivas. Pero su visión del mundo y de la vida –para el resto de los humanos- sigue en nebulosa. Con todo el tesoro creciente entre pecho y espalda debe manifestarse –de lo contrario, aunque no quiera, cometerá felonía nacional-. Integra la elite del intelecto. Está condenado a ser partícipe social necesario. Sin su pronunciamiento el puzle quedará incompleto.

Quijano, autocráta de lucidez incomparable, enseñó a ver y pensar gracias a sus formidables notas semanales. Methol Ferré aportó su imprescindible “Uruguay como problema”, Rodney Arismendi, “Lenin, la revolución y América Latina”, Vivian Trías, tomos y tomos sobre la ideología socialista, la dependencia, la lucha de los pueblos. Nos ayudaron a ser lo que hemos ido siendo. Otros, no menos brillantes y corajudos, se fueron sin dejarnos legado formal de su sentir –aparte de la propia existencia, comprometida a muerte con la nación y su indiada-.

¿Y vos, Loco, qué? ¡Jugátela y decí algo tuyo, carajo! Si tenés algo escrito: publícalo y, calladito, aguantá aplausos, puteadas o indiferencia, mientras la mersa asume y comenta. Más de enchalecarte no va a ser. Si estás en veremos y te faltan… amígdalas…, andá al médico para que te alivie la poquedad y pedile a otro que te oficie de aeda. Aunque, se sabe, la fama es puro cuento, el Alfredo puede  volverte famoso. Pepe Mujica se le brindó y, después, poco más le dan el Nobel al Sexo Explícito. Con cantarle la precisa, bastaría.

¡Santa Lola! No hay después. Ni pretextos. Es ya o nunca. Tené responsabilidad ciudadana. No sos egoísta, pues entonces no lo seas. Exhibí tu cosmos en permanente expansión. Pronunciate ¡una vez! (no dos ni tres) por boca y pluma de Edmundo Canalda. Y la barra, agradecida. ¡Escuchá a la barra!

Jose Luis Baumgartner

Abogado, periodista y escritor.