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Lo van a enterrar por Juan Martín Posadas

Lo van a enterrar por Juan Martín Posadas
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Desde el restablecimiento institucional para acá se ha escrito mucho sobre la izquierda. La mayoría de lo que se ha escrito sobre la izquierda ha provenido de la izquierda. No es de extrañar: quien más escribe y publica en el Uruguay es la izquierda. No estoy al corriente de absolutamente todo lo publicado en este campo, pero, de lo que conozco, el reciente libro de Fernando López D´Alessandro sobre Vivian Trías me parece lo mejor por honesto.

Tiene este libro valor en un doble sentido: como aporte de información nueva e importante pero también como valeroso y corajudo para adentrarse en una investigación que desafía prudencias y recuerdos. El autor ha encarado la tarea de investigar/divulgar la vida y obra de este destacado dirigente de la izquierda uruguaya, en particular socialista, inspirador intelectual y referente político-ideológico para muchos de su época, que es descubierto, mucho tiempo después de su muerte, como habiendo estado enrolado en los servicios secretos de un país extranjero (Checoeslovaquia), trabajando a sueldo para ellos durante varios años, sin que sus compañeros lo supiesen.

Quien quiera conocer los detalles de la vida y actuación de Vivian Trías que lea el libro. Yo le he leído, y más allá de lo anecdótico y de lo sorprendente, (su trabajo de espionaje para el servicio secreto checo) quiero subrayar dos cosas, que serán el tema central de las líneas que siguen. En primer lugar, la dolida pero honesta perseverancia de una investigación que desafía antiguas convicciones y afectos del autor y no se deja torcer por ello. En segundo lugar, el retrato histórico de la izquierda uruguaya, asunto que ocupa toda la primera parte del libro.

Prácticamente la primera mitad del libro es una historia de la izquierda uruguaya: una mirada crítica hacia la deriva conceptual y política que desvió a la izquierda uruguaya, la sacó de su eje, la embarulló con espejismos y la abarató. El libro recoge un proceso que se caracterizó por buscar, en primer lugar, desacreditar al Uruguay de los años 50-60 para poder incorporar y asentar un motivo y justificación para descartar la democracia y la política y abrazar con tranquilidad de conciencia la vía armada. “El Uruguay era un tibio y anodino rincón mimado del imperialismo y su tan cacareada postura democrática ha sido la mejor cabecera de puente para el cipayismo en el Río de la Plata” (pág. 87).

D´Alessandro va mostrando cuán forzada era la interpretación de la historia que se ofrecía como sustento a los proyectos políticos, no solo del Partido Socialista desde donde actuaba Trías, sino de la izquierda entera. La situación del campo, por ejemplo, cuyo problema decisivo en esa visión era el latifundio, es analizada en términos de campesinado, categoría social que nunca existió en nuestra campaña y que refleja mucha lectura de Marx y poca visita al hombre de campo y nula cercanía con sus dichos, sus canciones, sus modos de trabajo, sus pasiones y sus fantasías.[1]

La visión que Trías tenía de los partidos históricos estaba también toscamente esquematizada. No transcribo citas textuales del libro, pero, para que el lector se haga una idea, es lo mismo que acabamos de oír (¡60 años después!) de boca de G. Villar, la candidata a Vice por el Frente Amplio: la cosa es entre la oligarquía y pueblo… y “vamo arriba”.

En varios pasajes del libro se hace mención a la expresión de E. Frugoni “radicalismo a la violeta” y uno se queda rumiando la pregunta que los uruguayos aún hoy día no hemos encarado del todo: ¿qué le dejó al Uruguay aquel entusiasmo revolucionario de los años sesenta, tan generoso como desinformado, que nos quiso redimir sin comprender bien cuáles eran nuestros males y, sobretodo, habiendo asumido tan campantes que estábamos de acuerdo en ser así redimidos? Escribe D´Alessandro:” Hacer pública una empresa de tal magnitud muestra muchas cosas de aquella izquierda. Omnipotencia, desprecio por el adversario, temeridad, subestimación de las fuerzas del enemigo, pero principalmente un inmenso error de calibre para interpretar la realidad del país” (pág. 192, subrayado mío).

Leemos un poco más adelante: “Otra de las paradojas de aquella izquierda fue su lucha contra la escalada autoritaria, (se refiere al gobierno de Pacheco Areco) contra el recorte a las libertades, mientras se criticaba la” democracia burguesa”. Mientras se condenaba al gobierno por violar el sistema de derecho y las libertades, se las consideraba inanes para el cambio y, por tanto, despreciables. La democracia era un mero instrumento, pero salían a la calle y se jugaban la vida condenando al régimen que la estaba horadando. Luchaban reivindicando un sistema que querían tirar” (pág. 206.)

El más conocido error de interpretación de los hechos fue el entusiasmo con que la izquierda recibió a los comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Conjuntas. Sobre este punto en particular se ha escrito mucho y no es del caso machacar sobre él. Me remito a recoger del libro la percepción de Trias de que el proceso de 1973 “tenía potencialidades revolucionarias y la correlación de fuerzas había cambiado a favor del pueblo” (pág. 278).

No pretendo hacer un análisis completo del libro de López D´Alesssandro sino poner de manifiesto los aspectos de esa obra que personalmente más me impresionaron: el valor histórico y la honradez en encarar una retrospectiva de la trayectoria de la izquierda uruguaya, tan diferente (y mejor) que los panegíricos autogratulatorios que la propia izquierda frentista ha publicado de sí misma.

El relato de nuestro pasado inmediato está ocupado totalmente, ocupado hasta la boca de modo que no quepa otra cosa, por el golpe castrense y los gobiernos militares subsiguientes. La participación de la izquierda en ese período es presentada básicamente como resistencia y martirio, sin observación de sus acciones. Abunda la confusión conceptual entre resistente y víctima. No es lo mismo y fueron muchos más éstas que aquellos. Se han escrito páginas y páginas sobre las atrocidades y atropellos cometidos en los cuarteles y comisarías –reales y horribles- pero al convertir a las víctimas en héroes no se logra otra cosa que descarrilar la historia hacia un relato entre truculento y piadoso, refugio sedante que invita a la solidaridad y protege contra el asalto de la memoria. Este libro no se dejó proteger contra la memoria.

El Frente Amplio –al igual que las izquierdas de otras latitudes- es experto en enterrar libros que recogen aquellas partes de su pasado que se quiere hacer desaparecer (hay en este rubro otra sórdida historia de entierros y desaparecidos). El libro que estamos comentando está en la mira de esos sepultureros, custodios de la corrección política y del relato canónico. Los politólogos comprometidos y los periodistas compañeros saben que el silencio mata. No comentan el libro, no lo discuten: lo callan. Solo conozco un fugaz comentario en La Diaria en el que se discutía si el haber sido espía desautorizaba totalmente o no a Trías y su obra política e intelectual. Sin negar que eso pueda tener interés éste es mínimo comparado con lo que el libro plantea sobre la deriva de la izquierda nacional y la posterior trasmutación en sacrificio heroico de lo que fue derrota causada por los propios errores y malos análisis de la realidad.

Me parece que está en la tradición de VOCES y su compromiso con la verdad y la libertad dar lugar a estas líneas y, a través de ellas, al libro de Lopez D´Alessandro titulado: Vivian Trías, el Hombre que fue Ríos. Recomiendo calurosamente su lectura.

[1] En este forzamiento interpretativo e insistencia en querer ver al paisano de nuestra campaña como un campesino Trías estuvo acompañado (¿o nutrido?) por Barrán y Nahum en su Historia del Uruguay Rural    

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