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Los colores de la vida por Luis Nieto

Los colores de la vida por Luis Nieto
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El día en que William Reed cumplió 66 años, le esperaba una inesperada sorpresa. Salió de su casa, algo confundido porque el resto de la familia quería homenajearlo en aquel lugar, bajo el porche de una típica casa de madera de la clase media de Estados Unidos. Había globos de varios colores por todo el jardín. Reed dio algunos pasos, su familia estaba desperdigada, con celulares en la mano. En uno de los escalones lo esperaba una caja de mediano tamaño. Las voces le decían que ese era su regalo. Comenzó a quitarle el papel, abrió, y dentro había otra caja más pequeña, con más papel, que le tomó tiempo quitar. La escena se repite con el siguiente envoltorio. Después una funda y por fin aparece el regalo: unos lentes, parecen ser unos lentes de sol. William Reed se coloca los lentes pero su gesto es de gran extrañeza, se los tiene que retirar un poco para comprobar si lo que veía era normal. No parece convencido. Mira a través de los lentes, mira sin los lentes. Mira a su familia, cada vez más conmocionado, tanto que la emoción consigue su efecto en el espectador de Youtube que ya sabe de qué se trata el regalo. No son unos lentes de realidad virtual sino algo que casi no se diferencia de unos lentes de sol, sólo que estos permiten que los daltónicos vean los mismos colores que cualquiera que tenga una visión normal, por lo tanto, la sorpresa de William Reed se debía a que por primera vez, en su cumpleaños número 66 podía ver la realidad de otra manera.

La ciencia trabaja continuamente Hay una tendencia a considerar el objetivo económico de tanta investigación. Es cierto, pero los científicos, como los artistas, poco pueden avanzar si ese es el motivo de su dedicación. Para conseguir innovaciones hay que estar vapuleado por ese viento constante que trae una idea, luego otra, luego las coteja, y vuelve a empezar. Se supone que quienes inventan artefactos mortíferos también actúan de esa manera, es inevitable. En un informe de la semana pasada una cadena de televisión emitía una proyección de lo que pudiera ser un enfrentamiento entre las dos Coreas, con el material bélico que tienen, sumado al de Estados Unidos, ya emplazado en Corea del Sur. En caso de que se desate una guerra quién sabe que otros países podrían sumarse, de uno y otro lado.

La hipótesis que maneja Corea del Sur es que el régimen del norte podría empezar las operaciones con un intenso bombardeo sobre su capital, Seúl, con una capacidad de fuego tal que podría destruir la capital, y prácticamente eliminar a sus 11 millones de habitantes. Esas baterías están emplazadas en distintos puntos cercanos a la frontera, y todo dependería de quién empieza primero para que la destrucción sea la buscada. Pero también Corea del Sur cuenta con su propia artillería de última generación, a la que se le suman los últimos artefactos, sobre lo que por el momento poco se sabe, pero lo suficiente como para poner a pensar a los estrategas de Corea del Norte. Estos cañones de carga automática pueden acertar a un blanco lejano con la precisión de un gps.

La industria de armamentos parece correr a la par de quienes se dedican a investigar la fabricación de exoesqueletos, con los cuales un soldado, equipado  con un segundo esqueleto, este por fuera de su cuerpo, que funciona con sensores biométricos que le permiten aumentar su fuerza y motricidad acorde a las señales que el cerebro envía al resto del organismo. El desarrollo de exoesqueletos está ayudando a que ancianos y personas con discapacidades puedan tener una vida de calidad. La ciencia es inocua en cuanto a su cometido. Lentes con otros tipos de filtros de los que le permitieron a William Reed ver todos los colores de la naturaleza, son utilizados por custodias y policías, con el fin de mejorar la visión sin aumentarla. De hecho, los lentes que le regalaron a Reed ya habían sido creados con otro fin, sin que su inventor supiera que también servirían a los daltónicos. Los filtros que usó el inventor tenían como finalidad ayudar a los cirujanos que operaban con rayos láser, exagerando el color rojo de la sangre. Un amigo suyo, daltónico, se las puso, y se llevó la sorpresa de que su daltonismo había desaparecido. No es nuevo, en la investigación científica el rol del azar es a veces determinante, y si no que lo diga Arquímedes.

El carácter ambivalente de la ciencia ha sido un martirio para las civilizaciones. Es el propio carácter del ser humano que produce las dos cosas simultáneamente. En esta película parece que los buenos son más que los malos, de otra forma no hubiese quedado nadie sobre la Tierra, y, sin embargo, la humanidad no deja de crecer. La destrucción de gran parte de las especies de fauna y flora por el hombre es un hecho, menos para los cavernícolas como Trump, que da una violenta marcha atrás en la política ambiental que impulsó el gobierno de Obama. Este es de los que hay que evitar, y sin embargo ahí está, con su jopo y su prepotencia, que, además, encontró su contraparte ideal en Kim Jong-un, con su exclusivo corte de pelo. Si algo describe bien a este hombre es que ha reglamentado el corte de pelo en Corea del Norte. Sólo están permitidos quince cortes de pelo para los hombres y otros quince para mujeres. Ninguno se puede parecer al de Kim Jong-un. El periodista Mika Mäkeläinen entró a un salón de belleza y pidió el estilo más popular, y pudo tomar fotos de los permitidos en un aviso donde todos los modelos parecían rebosantes de felicidad. Una banalidad que ilustra hasta dónde puede llegar el poder de una persona.

¿Son siempre las fuerzas económicas las que conducen los vaivenes de la historia? Un marxista convencido no dudará un instante en contestar que sí, la desmesura de las iniciativas bélicas de Kim Jong-un parecen contradecir esto. También en 1962 un Fidel Castro tan desafiante como irresponsable puso al mundo al borde de una guerra atómica. En el discurso, tanto Castro como el excéntrico mandamás de Corea del Norte, disfrazan su verdadera ansia de poder personal y familiar tras una supuesta defensa de los intereses económicos de sus respectivos pueblos; en los hechos, uno es el fundador de una dinastía oligárquica que ha agotado los recursos agropecuarios, a la vez de provocar una división social que ha afectado a toda Cuba, el otro es el tercer mandatario, del mismo tronco familiar.

La historia sintetiza demasiado los largos recorridos de las sociedades humanas, y exacerba casi que de forma deliberada las pasiones de los hombres volcados al quehacer político, al punto de hacerlos aparecer como providenciales, ante la “masa”, término que ilustra con toda crudeza el rol de los ciudadanos para estos regímenes opacos, cerrados, donde la vida privada del poder es sagrada.

Los liderazgos, fuera de los sistemas democráticos liberales se sostienen en saber construir una visión monocromática de la realidad. Sólo el líder es capaz de interpretar la misión histórica, para lo cual necesita, más que ciudadanos capaces de actuar en la defensa de sus intereses, una fuerza partidaria involucrada en sostener esa visión debilitada de la realidad, inclusive a costa de repartir parte del botín.

El marxismo creyó encontrar un método científico infalible, para la interpretación de la historia y la economía humana. En el fondo, tal vez, un liberal coincida más con Marx que con los seguidores de Marx que reducen su legado a la lucha de clases, y a la apropiación de la plusvalía que generan los asalariados.