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Los tiempos se agotan por Ariel Asuaga

Los tiempos se agotan por Ariel Asuaga
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Estuvo de visita en mi casa una amiga que vive en Alemania. Destacó la importancia de los temas ambientales en ese país. No obstante me resultó difícil transmitir algunos conceptos sencillos que contrarresten la propaganda y faciliten un análisis racional. Un  ejemplo es el caso del glifosato.  Tuve la sensación de no haber podido comunicar la idea de que este herbicida en sí mismo no es el principal problema, como tampoco lo son los transgénicos. El problema es la agricultura industrial basada en ellos. Tampoco resulta sencillo hacer entender que los sistemas demasiado simples están destinados a fallar más temprano que tarde.

Otro tema complicado es el feedlot. Hace poco escuché decir a una persona de buen nivel de educación, que recién se enteraba de que los rumiantes tenían cuatro “estómagos”. ¿Cómo hacer entender al público común que la virtud de los rumiantes es tener rumen, lo cual les permite comer pasto y transformarlo en alimentos de alto valor? ¿Cómo hacerlos entender que un asado riquísimo de un animal engordado a corral implica un uso absurdo de los granos y por ende de la tierra donde se cultivan? Más difícil es comunicar que esto es posible gracias al petróleo y el petróleo se agota. Ese combustible, que subsidia a la agricultura industrial, es suficientemente barato como para permitir que una baja eficiencia energética de transformación de granos en carne, de 10:1, resulte posible y rentable. Si los humanos comiéramos directamente el maíz que le suministramos a un novillo en engorde dispondríamos del 100% de su energía, pero si lo usamos para producir carne obtendremos solamente el 10% de la energía como carne. Será posible mientras el  petróleo lo permita.

La mayoría de las personas sabe que las cosas evolucionan, pero actúa como si lo que hoy sucede fuera para siempre. Esta contradicción seguramente tiene una base biológica en un primate  inteligente que reacciona resolviendo sus problemas urgentes, aunque tenga noción del tiempo y conciencia de las consecuencias de sus actos. Uno tiende a analizar en términos éticos las conductas egoístas de los agentes económicos del capitalismo, pero aunque nos creamos superiores, simplemente asistimos a un darwinismo que no repara en las consecuencias, aunque las conozca. A veces se llega a negarlas, como lo hacen los “escépticos” del cambio climático. Es difícil creer que alguien honesto niegue el cambio climático.

Una limitación grande para resolver los problemas ambientales es que se requiere altruismo y éste, si bien existe y tiene base biológica, es poco frecuente. Nuevamente pensamos en términos morales y no biológicos. La ventaja del hombre respecto a otros animales es que es capaz de desarrollar cultura y ésta puede funcionar con criterio lamarckiano, es decir que los caracteres culturales adquiridos pueden reproducirse y heredarse.

El capitalismo ha logrado un gigantesco progreso material potenciando la tecnología gracias a  una brutal fuente de energía que es finita. La tecnología ha alcanzado la condición de religión en el sentido de que se cree en ella más allá de la evidencia de que siempre nos vaya a salvar.

La idea de que el hombre, si bien es una especie muy especial, es una más dentro del concierto de la naturaleza, es reciente. Aún predomina la visión excluyente del hombre como dominador de la creación. Si las cianobacterias pensaran, se reirían de este recién llegado que presume del todo poder de su inteligencia: 315.000 años del Homo sapiens respecto a 2.700.000 años de las cianobacterias. La lección de humildad se refuerza si consideramos que algo tan importante como la agricultura comenzó hace apenas 10.000 años.

Gaia parece desarrollar mecanismos de retroalimentación para su autorregulación que nos esforzamos en romper. Si la persistencia de las especies es una fuerza evolutiva, la humanidad parece ir en la dirección contraria. Sin embargo estamos a tiempo de hacer cosas positivas. La población tiende a estabilizarse y sería posible alimentarla tomado medidas sensatas, tales como no tirar comida, usar el pasto para producir carne y leche, reducir la alimentación de animales con granos, usar  subproductos y desperdicios para alimentarlos, reciclar fertilidad y asignar prioritariamente la tierra cultivable para la alimentación humana. El problema es cómo conducir un proceso racional de estas características, mientras los principales elementos para la asignación de recursos continúen siendo el crecimiento y la rentabilidad como medidas del éxito.

Yo pienso que lo que llamamos izquierda debe asumir las banderas ambientales y educar al público de forma militante porque sin un mundo habitable pierde significado el sentido de justicia. Por el contrario, lo que llamamos derecha va a defender su concentración de riqueza y su uso del poder, por lo que no podemos contar con ellos. Necesitamos políticos que lideren los temas ambientales como un tema prioritario. Estamos a tiempo, pero el tiempo se agota.

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