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Machos en el kinder

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Cuatro amigos se reúnen, conversan, cuentan anécdotas y naturalmente aflora, entre otros costados cuestionables, un ángulo casi misógino de sus personalidades. Esta situación, que es la que se plantea en Verdes de Bruno Contenti, no es nueva en el teatro montevideano. Por ejemplo es la situación del espectáculo estrenado en 1988 ¡Ah, machos! sobre textos de Fontanarrosa, Franklin Rodríguez y Fernando Toja, con dirección de Toja, en el Teatro Circular. Sin embargo la diferencia en el tratamiento estético de las dos situaciones es radical.

¡Ah, machos! transcurría en un bar, lugar natural de encuentros de varones rioplatenses durante décadas, y Verdes gira alrededor de un parrillero, durante un asado en la casa de uno de los protagonistas. El detalle es importante porque habla del cambio en el lugar “natural” de las reuniones con estas características en treinta años. Pero la diferencia más importante radica en que el bar de ¡Ah, machos! era “representado” en un teatro convencional, mientras que el asado en Verdes transcurre en un parrillero real, un parrillero con fuego prendido del que partirán chorizos, carne, verduras y provolones que los espectadores compartiremos con los contertulios. Nos interesa destacar la diferencia en el tratamiento estético entre dos situaciones similares porque dan cuenta de un corrimiento hacia la “verdad” en la convención teatral muy fuerte en pocas décadas. Un corrimiento que da un estatus “epistemológico-teatral” mucho más “real” a Verdes, y a propuestas estéticas similares de nuestra época, que a las representaciones que también eran percibidas como “realistas” pocas décadas atrás.

En Verdes el espectador por momentos es un invitado más al asado, y por momentos parece ser casi un “vouyer” de los intercambios entre Urbano, Gervasio, Balzac y el Cholo, pero siempre está en medio de las situaciones. Y los cuatro personajes cubren un espectro bastante amplio de lo que los propios creadores llaman “masculinidades uruguayas”. Son cuatro compañeros de trabajo (en realidad uno de ellos es el dueño del bar en el que trabajan todos) y las situaciones comienzan con las típicas gastadas más o menos violentas, que no excluyen la humillación del que reconoce haber dejado de comer carne, hasta el picaneo pretendidamente inofensivo hacia el amigo homosexual. Aquí vemos delineadas ya las fortalezas y las debilidades de la propuesta.

Las fortalezas pasan por lo cercano de los personajes y de sus problemáticas. Si en estas páginas solemos anotar lo alejado que son la mayoría de los espectáculos teatrales de la realidad de los montevideanos, en Verdes el centro es explorar las contradicciones de cuatro varones treintañeros de hoy. Y en la mayor parte del espectáculo esas contradicciones se auscultan a partir de situaciones cotidianas, de las relaciones con sus parejas, de las diferentes situaciones económicas. La reunión, con momentos siempre reconocibles para el espectador, se irá enrareciendo, con situaciones turbias que van emergiendo al mismo tiempo que se eleva el grado de alcohol en sangre, hasta que al final la situación es insostenible y la celebración de vuelve patética.

Las debilidades parecen tener su centro en un espectro excesivamente amplio de las contradicciones que los creadores quisieron tratar, por ejemplo: judío empresario reunido en un asado con su empleado sindicalista de izquierda; personaje de origen muy humilde, que se expresa con un vocabulario simple, junto a homosexual discriminado en su entorno de clase media alta; discusión  sobre la dictadura militar en que las diferencias surgen a partir de la participación directa de familiares en un bando o en otro. Es difícil imaginar un asado en que estén reunidas personas tan distintas y en realidad dos posiciones contrarias respecto a un sindicato o a la dictadura la pueden dar personas de la misma posición social.

Destaco esto porque de alguna forma el resultado, en algunos pasajes, va a contrapelo de la decisión estética global que borronea la “representación” apuntando a la “verdad”. Decía Ricardo Bartís hace unos años: “hay representación cuando hay un teatro meramente de ideas, porque con ideas no se hace teatro, las ideas son el biombo pero las cosas importantes ocurren detrás del biombo”. En gran parte de Verdes los personajes no tienen que “representar” ideas contradictorias, y sin embargo estas están allí, en sus cuerpos, en su forma de hablar, en su forma de referirse a las mujeres o de entender el trabajo. Cuando las ideas ganan protagonismo por sí mismas, cuando los personajes hacen declaraciones de principios o justifican su accionar luego de largos monólogos en que dan cuenta de su biografía la obra pierde contundencia.

Más allá de estos detalles estamos ante un espectáculo potente, abierto a que se reformule, poroso ante las opiniones de los espectadores que se quedan conversando con los creadores al terminar la función mientras toman una cerveza y siguen picando algo de la parrilla. Es de destacar que la obra, por momentos, transcurre en dos espacios a la vez, por lo que el espectador deberá optar por seguir alguna de las historias en detrimento de las otras. El rol del espectador es particularmente activo en toda la función.

Renglón aparte para Bruno Contenti, autor y director de Subterránea (2017) y director de Terrorismo emocional (de Josefina Trias, 2018) y el grupo Kinderspiel, integrado por el propio Contenti junto a Diego Ayubí, Sebastián Calderón y José Pagano. El grupo explora por varios caminos, pero un enfoque parece estar siempre cercano a los problemas generaciones de los que son parte más allá de ser teatreros, y desde una estética en que el juego en el escenario, más allá de las ideas, es central a la hora de crear. Hay que estar atentos a estos nombres, van a seguir dando que hablar.

Verdes. Dramaturgia y Dirección: Bruno Contenti. Co-escritores y actores: Diego Ayubí, José Pagano, Juan Pablo Rodríguez y Sebastián Calderón.

 Funciones: lunes y miércoles 20:00. Implosivo Artes Escénicas (Isla de Flores 1438).

Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.