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Mal señor Decano, mal usted por Luis Nieto

Mal señor Decano, mal usted  por Luis Nieto
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El pasado lunes 2 fue entrevistado en el programa “Suena Tremendo”, de El Espectador, el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, el ingeniero agrónomo y sociólogo, Diego Piñeiro. El motivo de la entrevista fue el caso del peón Hugo Antonio Leites,  de la estancia “Flor de Ceibo”, en el Departamento de Salto.

-¿Este caso particular le llamó la atención? –pregunta el periodista.

-Muchísimo –aclara el Decano Piñeiro-, por la difusión y la brutalidad, que no es muy frecuente. Las condiciones de trabajo en el medio rural sabemos que no son las mismas que en el medio urbano, donde muchos de los derechos de los trabajadores rurales no se efectivizan. Pero la brutalidad con que se llevó a cabo esta reyerta llamó la atención.

Un par de semanas atrás dábamos cuenta del enfrentamiento a tiros entre dos bandas rivales, en el barrio Casavalle de Montevideo, con el saldo de un jovencito de 14 años muerto y la incautación de armas y municiones, algunas de gran poder de fuego, superior a las pistolas que usa la Policía. Lo del Casavalle no es un hecho aislado. Llama la atención el carácter macabro de muchos de los crímenes, que cada vez con más frecuencia se atribuye al narcotráfico. Lo del peón Hugo Leites, llamó la atención del Decano de Ciencias Sociales por la brutalidad con que se llevó a cabo, pero lo extraño es que no haya pasado antes, de acuerdo a lo que Piñeiro describe acerca de las condiciones de trabajo en el medio rural, determinadas por la violencia implícita en las tareas que se debe realizar, especialmente con el ganado. Incluso, saca conclusiones muy discutibles por el hecho de que el trabajador de campo normalmente lleva un cuchillo al cinto.

Pero el caso de Leites está en manos de la justicia, hay careos, hay inspecciones a la estancia por parte del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y en algún momento, realmente, se sabrá lo qué pasó. Las redes sociales se han encargado de ponerle color al incidente, y de ubicar a la sociedad en dos bandos antagónicos, donde más que información se respira pasión. El Decano Diego Piñeiro, lejos de poner sensatez, aumentó la intensidad de la disputa con argumentos de dudosa veracidad científica, y más bien basados en especulaciones, donde ante la pregunta reiterada si lo que pasó allí es la punta de un iceberg, contesta que no hay trabajos que avalen si es un hecho aislado o una práctica extendida en las relaciones de trabajo en el medio rural. “No tenemos indicadores respecto al cumplimiento de la ley (de 8 horas), no tenemos ningún estudio que haya registrado eso, te diría que es bastante difícil poder llegar a eso.”

Pero Piñeiro menciona algunos datos que ilustran el verdadero entorno económico y social en que se desarrolla el sector agropecuario, a pesar de que su opinión va siempre en el sentido de estigmatizar el rol del ganadero.

En 1985 la mitad de los trabajadores rurales estaban relacionados a explotaciones familiares, y la otra mitad eran asalariados. Según el censo de 2011, los asalariados son el 65%.  Aumentó el trabajo asalariado desplazando a los familiares. De un total de 68 mil trabajadores rurales, la mitad, unos 34 mil trabajadores están dedicados a establecimientos ganaderos. Los forestales son alrededor de un 10%, y, después, lo que ocupa mucha mano de obra son los rubros menores: la horticultura, la fruticultura, la crianza de cerdos, etcétera. Por lo tanto, los asalariados rurales dedicados a la ganadería, serán unos 22100, y los productores familiares no pasan de 9000, habiendo perdido, entre 1985 y 2011 la mitad de los puestos de trabajo familiar. Es mucho. Se supone que una parte de esa fuerza de trabajo que abandonó predios propios se fue a trabajar por un salario, que aún siendo injusto debe ser una entrada más segura que la que puede conseguir una familia, en medio del campo, sin acceso real al crédito y al apoyo de profesionales.

En los últimos 10 o 15 años crecieron las explotaciones de más de 1000 hectáreas y decrecieron las menores de 1000. Desapareció la mitad de las que tenían menos de 100 hectáreas. Allí estaba buena parte del trabajo familiar. Por otra parte, en el censo del 2000, el 91% de la tierra estaba en manos de uruguayos, hoy, según el censo de 2011 la propiedad de la tierra en manos de connacionales está en el 54%. El resto fue adquirido por sociedades anónimas que poseen extensiones de 100 mil y 200 mil hectáreas.

Cuando decimos que desde 1985 venimos volando con piloto automático es porque nos fijamos en estas cifras y en la débil presencia del Estado en acciones de fomento del productor familiar. ¿En qué situación está Colonización? A la deriva. Tiene tierras y recursos suficientes en el país pero no ha conseguido dar una respuesta al trasvase de predios familiares en beneficio de inversores extranjeros. La actual expectativa ante la posible inversión de UPM no se condice con el aumento del riesgo asociado a este tipo de explotación, que funciona en dependencia del buen desempeño de un producto que no elige Uruguay, y que va a funcionar siempre que la celulosa mantenga su actual rentabilidad, y que las ventajas impositivas que ofrece Uruguay se mantengan. Tan pronto las inversiones estén amortizadas pierden, automáticamente, su encanto, y ojalá nos equivoquemos pero en las casas de los uruguayos no debería faltar una foto del Anglo en su esplendor y una latita de corned beef, made in Uruguay, como recuerdo de lo efímero que suele ser el amor de las compañías extranjeras por nuestra tierra.

¿Estos temores sugieren que todo lo que sea uruguayo tiene una especie de salvoconducto para hacer con la ley lo que quiera? No. Un productor inteligente puede aplicar la ley de 8 horas. Lo debe hacer, y seguramente tendrá que llegar a acuerdos como los que se alcanzan en cualquier otro sector productivo. La productividad ganadera ha aumentado, es un hecho, pero no por el argumento del Decano, porque como él mismo dice, según el censo de 1985, el 69% de los trabajadores rurales vivía en el medio rural, pero en el censo de 2011 ese porcentaje había caído al 30%. En las ciudades de más de 5000 habitantes, los trabajadores rurales que viven con sus familias en ellas pasaron del 18% al 43%.

Al mismo tiempo que aumentó el vaciamiento del campo aumentó la productividad ganadera. El Decano Piñeiro habla de un aumento de la productividad del trabajador rural. Hay mayor especialización, es cierto, pero no en el sector ganadero. Lo que provocó el aumento de la productividad fue la selección de razas apropiadas, nuevas técnicas de pastoreo, mayor sanidad, mayor bienestar animal. En esto ha jugado mucho el derrame tecnológico que implica una mayor presencia de profesionales en la producción, agrónomos y veterinarios, así como formas asociativas que promueven otra cultura en el trabajo agropecuario.

Una actitud de barrabrava no va a contribuir a que el trabajo rural funcione como una oportunidad. Más bien, sólo va a provocar que siga girando en un escenario de caricaturas y malas prácticas.

Si por un momento, Piñeiro se abstiene de lo que sucedió en la estancia de Salto, sobre lo que pende una acción judicial todavía inconclusa, encontrará en todas las ciudades del país infinidad de violaciones a la ley de 8 horas, al derecho a un salario justo, y a la protección, por parte del Estado, de la aba parte que le corresponde del patrimonio nacional a cada ciudadano.

El reportaje completo de Suena Tremendo en: http://www.espectador.com/sociedad/357577/diego-pineiro-la-propia-actividad-ganadera-es-violenta#.Wdk9bw_cAUs.email Imperdible.