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Manini Ríos, la remake del falangismo por Antonio Ladra

Manini Ríos, la remake del falangismo por Antonio Ladra
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Cuando todos los focos están puestos en el ascenso de Juan Sartori, el precandidato del Partido Nacional, un año atrás un desconocido en la política y que ahora le disputa la candidatura blanca a Luis Lacalle Pou, el ex comandante en jefe del ejército, Guido Manini Ríos, posiciona a su partido, Cabildo Abierto, como el cuarto en la liza electoral.

Manini, un militar que se enfrentó al presidente Tabaré Vázquez y fue destituido, ha fundado su crecimiento político en base a un discurso populista, autoritario, que atrae, como dijo Alain Mizrahi director de la empresa encuestadora Radar, a “los nostálgicos de la dictadura y los que no les interesa la política pero que reclaman mano dura”.

No hay un programa de gobierno, solo los dichos de su líder de donde se puede inferir cuáles son las ideas fuerza de la novel agrupación, heterogénea socialmente y marcadamente militarista: tradición, proteccionismo, catolicismo aderezado con algo de anti establishment. El mensaje populista, de mano dura de Manini Cabildo, parece ser atractivo también entre los sectores sociales más humildes o trabajadores por cuenta propia.

Miembro de la logia ultranacionalista “Tenientes de Artigas” cuyos fundadores fueron los principales protagonistas el golpe de Estado de 1973.   Manini asumió como comandante en jefe al final del mandato del ex presidente José Mujica. En vida del ex ministro de Defensa, el tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, los militares tuvieron un trato de camaradas, de ex combatientes. La muerte de Fernández Huidobro representó un giro y se acabó la camaradería.

“Seguir pidiéndole cuentas al Ejército por lo que pasó hace 40 años […] es casi lo mismo que pedir cuentas por lo que hicimos en la Guerra de Paraguay”.

 “A la gente de Bella Unión, Salto y Paysandú les importa un comino lo que pasó hace 44 años”.

 “Cuando la patria esté en peligro no hay derechos para nadie, sino deberes”.

 “He tratado de sacar adelante al Ejército, enfrentando la incomprensión de muchos, las falsedades de burócratas incapaces de ver la realidad, enceguecidos en su soberbia o atrapados en sus prejuicios ideológicos, y la acción de los que lucran con la confrontación, convertidos en peones bien pagos de los centros de poder mundial, siempre dispuestos a ejecutar un perverso libreto que lleve a la destrucción de nuestras instituciones y deje a los uruguayos en el más absoluto estado de indefensión»

Estas son algunas de las frases públicas de Manini, quien poco a poco fue asumiendo un papel cada vez más político hasta que se enfrentó decididamente al gobierno de Tabaré Vázquez por la reforma de la llamada Caja Militar.

Habría que bucear en la historia para encontrar algo parecido a Manini y lo más parecido es la Falange española, fundada por José Antonio Primo de Rivera y que se desarrolló en la península ibérica entre 1933 y 1936 y donde muchos vieron en ese movimiento la solución a muchos de “los males”. El Falangismo estaba compuesto principalmente por ultra católicos, unidos por una ideología de derecha y a la vez con una conciencia social similar a la izquierda.

En Uruguay un fiel representante del falangismo fue Luis Alberto de Herrera. El dictador Juan María Bordaberry fue quizás el más notorio falangista que se conoció en Uruguay en la historia reciente. Bordaberry quiso imponer en Uruguay un sistema constitucional de corte falangista, eliminando definitivamente los partidos políticos. Fue tan radical su planteo, que los militares no se atrevieron a llevarlo a cabo y terminaron destituyéndolo.

Hoy es Cabildo Abierto, el partido político que lidera el ex comandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos el que encarna el nuevo falangismo, una suerte de nueva versión de la vieja Falange española.

Esta campaña electoral ha traído consigo por lo menos dos grandes novedades: la candidatura de Manini y la del empresario Sartori. El militar, a diferencia del empresario, prefirió salir por la suya con su propio agrupamiento, una jugada audaz y que parece que le está rindiendo sus frutos.

Con esta decisión ha logrado desbancar y reducir a su mínima expresión a Edgardo Novick y su Partido de la Gente. En verdad Novick ha perdido fuelle y sus referentes han emigrado a otras tiendas.

A Manini no se le conocen asesores, aunque por ahí anda, en las sombras, el ex militar Eduardo Radaelli, quien fuera extraditado a Chile y procesado por el secuestro y asociación ilícita en el caso de la desaparición y muerte del chileno Eugenio Berríos, el químico que trabajó para la dictadura de Augusto Pinochet asesinado en Uruguay.

Cabildo Abierto no tiene programa, basta con el carisma de su líder y su discurso, principalmente basado en combatir la inseguridad para, según las encuestas, convocar a un 6 por ciento de los electores. Si esto se confirmara en las urnas, Cabildo Abierto llegara al Parlamento con representación en el Senado y en Diputados.

El tema es ¿qué pasará en la segunda vuelta?, en noviembre, cuando Manini se decante por apoyar a Luis Lacalle Pou quien seguramente estará definiendo la presidencia frente al candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez. ¿Sumará o restará?

En un país donde la mayoría de los electores se definen como de centro hasta una izquierda moderada y en esta bolsa se incluye por supuesto a Lacalle Pou, el apoyo de Manini a la candidatura del nacionalista puede ser más un lastre que una bendición.

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