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Marginalidad estructural

Marginalidad estructural
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Se ha escrito en varias oportunidades sobre cómo en la obra Hechos consumados, de Juan Radrigán, la marginalidad y la pobreza adquieren un carácter “metafísico”. Pero no parece muy acertada esa afirmación. Radrigán escribió esta pieza en Chile a comienzos de los ochenta, un momento en que la crisis económica en el país trasandino golpeaba duramente a los sectores populares, obligando a enormes desplazamientos de la población, algo que se refleja en diálogos como el siguiente:

 

MARTA: (…) ¡Oye, mira, mira la cachá de gente que va por ahí!… ¿Quiénes son? ¿Pa ónde van? (Emilio mira sin contestar) ¿Voh vai con ellos?

EMILIO: (Sonriendo) ¿Cómo voy a ir con ellos si estoy sentao aquí?

MARTA: No po; te quiero decir si ibai con ellos y te sentaste a descansar.

EMILIO: No, no tengo idea de quienes son ni pa donde van.

MARTA: No me gustan, me dan miedo… A lo mejor ha pasao algo.

EMILIO: ¿Qué no sabís lo que pasó?

MARTA: Yo digo ahora.

EMILIO: No he oído na (mirando); pero no se ven asustaos.

MARTA: Ni felices tampoco.

 

Por otro lado, el lenguaje que hablan los personajes también los coloca en un sector social concreto de una sociedad concreta, algo que de hecho hace imposible la comunicación con otro sector de la población. Un ejemplo es el encuentro entre Marta y Emilio, con Aurelio:

 

AURELIO: (Rudo) Quiero saber qué encontraron aquí. Díganmelo, es importante: díganlo.

EMILIO: No se ponga caldillo po, ya le…

AURELIO: (Queda mirándolos compasivamente). Todo lo que les queda cabe en un puño o en un grito… Cántaros vacíos, y un llanto les suena adentro, que se quedan, que se van quedando… El viejo sueño del tranquilo lugar, río interior que no logra derramarse sobre el mundo, que se quedan, que se van quedando…

MARTA: (Quedo, a Emilio) No le entiendo ná.

 

Algo que también se puede detectar en los dos fragmentos seleccionados es el humor, un humor que combate un rastreo de la pobreza y de la marginalidad ya no como algo “metafísico” (o sea fuera de la historia) sino como algo estructural de la sociedad chilena de los ochenta. Los personajes están hundidos en su miseria, impuesta casi como parte de un sino trágico, pero hacia el final, cuando Emilio se resista al “desalojo”, aparecerá el orden político y económico como causante de la situación a la que los personajes están sometidos. Miguel, el funcionario que quiere expulsar a Marta y Emilio, lo hace para no contrariar al patrón, quien le asegura su trabajo, quien de alguna forma lo protege “integrándolo” a esa sociedad capitalista que estructuralmente expulsa a parte de la población obligándola a vivir de la basura, de los desechos, generando una cultura que se refugia en los recovecos del margen social. Casi que la lucha de clases, con los sectores populares alienados que van contra sus propios intereses, se configura en la obra. Todo muy poco metafísico en verdad.

Claro, Radrigán escribe esta obra en los años fuertes de Pinochet, la forma en que se podía estructurar y presentar una obra crítica del capitalismo debía manejar cierto lenguaje “metafórico” para evitar la censura. Pero seguir hablando de esta pieza como una obra metafísica creemos que es castrar su potencial crítica de la sociedad capitalista.

A quien escribe le gusta que en una ciudad latinoamericana se presenten autores latinoamericanos, que se traten problemáticas cercanas, que se vea más allá (más acá) de Europa y Estados Unidos para pensarnos a nosotros mismos. También que aparezcan en escena los márgenes, los sectores oprimidos, que se intente ver más allá del círculo autorreferencial y endogámico en que el ámbito teatral suele sumergirse. Y en ese sentido se agradece que se elija hacer este tipo de obras. Pero el resultado está lejos de ser teatralmente efectivo. El humor, que Radrigán le impone a la obra para que no sea un mazazo, apenas aparece en esta versión. Tampoco la adaptación del lenguaje marginal de los protagonistas se traduce correctamente a nuestra sociedad. El resultado no parece llegar a lo que potencialmente plantea el autor, una crítica frontal a un orden social y económico que expulsa, por causas estructurales, a parte de la población a vivir como ratas.

Hechos consumados. Autor: Juan Radrigán. Dirección: Dardo Delgado. Elenco: Serrana Ibarra Alemañy, Dante Alfonso, Martín Quintela y Alejandro Busch.

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.