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María Noel Marrone, periodista: Soy muy chusma y desconfiada, quiero saber de todo

María Noel Marrone, periodista:  Soy muy chusma y desconfiada, quiero saber de todo
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Desde hace cinco años nos mantiene informados todas las mañanas desde el programa Desayunos Informales con un equipo que ha ido rotando, pero ella permanece firme al mando del timón. Es muy charlatana y no se calla nada, es dura de intimidar a pesar de su juvenil aspecto. Doy fe que el café del canal es mejor del que intentó servirnos en su casa y reemplazó rápidamente al ver nuestras caras. No podíamos dejar de mencionarlo, porque a pesar de ese trago amargo inicial, disfrutamos muchísimo la charla con Nole.

Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos: Rodrigo López

PERFIL:

Nació un 3 de mayo, hace 44 años, en Parque Batlle. Su padre fue músico, y se dedicó luego a Marrone Audio, que era el negocio de la familia. La madre era ama de casa y tiene una hermana cuatro años mayor. Fue a varios colegios: Richard Anderson, Kennedy, al liceo12, al Zorrilla y al 8. Estudió Comunicación en la Universidad Católica y nunca entregó la tesis. Comenzó en los medios en la vieja radio Del Sol, luego hizo tele en Señal 1, en TV Ciudad, y en diciembre de 2008 va a Teledoce a trabajar en Bien Despiertos. Luego participa de Telemundo y desde hace cinco años lo hace en Desayunos informales. Vive en pareja y tiene una hija de siete años. Es hincha de Peñarol.

¿Cambia la vida la exposición pública?

Pensé que iba a ser peor, estaba llena de prejuicios. Pensé que lo iba a sufrir más. Me da gracia cuando una persona me dice que le contesté en una red social. No sé si se imaginan que uno vive en una gran casa con cinco autos.

Como Verónica Alonso.

Ojalá. Toda mi casa es el baño de Verónica Alonso (risas). A la mujer también se le exigen cosas que al hombre no, en todo sentido. Uno es el estético. Podés tener a un gordo pelado dándote una noticia y decir: “Qué interesante lo que dice”, pero vos podés haber estado una hora en maquillaje para que después se te doble el cuello de la camisa y que eso pase a ser más importante que la noticia más interesante que estés dando. Yo soy de salir a hacer los mandados, de pasear a la perra, de ir a todos lados con mi hija. Me ha pasado encontrarme con gente en el barrio y que me pregunten si voy ahí a hacer las compras. Y sí. ¿A dónde tendría que ir? No tengo un barrio reservado. Pero me acostumbré, trato de vivirlo con naturalidad.

Pero nunca viviste situaciones de agresividad.

No. Aunque el uruguayo se está animando más, siempre es con respeto. Te paran y te dicen que por qué no le preguntaste tal cosa al ministro. Pero nunca con una falta de respeto.

Foca o facho.

Para eso están las redes. Ahí un día soy facha y al otro foca. En las redes también se está muy escudado. En la calle tenés que dar la cara.

¿Y vos cómo te sentís, foca o facha?

Ninguna de las dos (risas).

Depende del día.

Los periodistas a esta altura nos reímos de eso. Cuando no te pueden definir, y te ponen de un lado y del otro, es porque no queda claro. Obviamente todos votamos a alguien.

Pero no por votar algo entrás en uno de esos estereotipos.

Y tampoco busco tergiversar la información ni dejar bien o mal parado a alguien por votarlo o no. Y si lo voto e hizo mil macanas, voy a ser mucho más crítica todavía.

¿Cómo se hace para que no te vean como un operador?

No hay forma. Yo quería sentirme igual de cómoda en la tele que en la radio, y para lograr eso necesitaba ser yo en un 100%. Cuando trabajo y estoy opinando sobre un tema, no puedo estar pensando en que van a decir que estoy operando. Porque así no puedo laburar.

¿Cómo se hace para que no te importe?

No sé si se aprende o si va en uno. Creo que te acostumbrás. Cuando es con falta de respeto, y cuando hay ataques, que los hay, ahí ya es distinto. El día en que sos una persona pública, en lo que sea, en fútbol o en canto, hay gente que te apoya y gente que te odia. Eso tenés que saberlo. Si no, no podés vivir de esto.

Hay una especie de sentido corporativo en los periodistas, un: “a mí no me toquen”.

Si es una crítica constructiva, está bien. Pasa en todas las profesiones: tenés gente que lo hace bien y que lo hace mal. En el caso del periodista, depende de por dónde venga la crítica. A veces viene porque sí, sin tener idea del contexto y el trasfondo. Ahora, por ejemplo, Vázquez está criticando mucho a la prensa y a los medios.

Lo hacía siendo presidente.

A los que hicimos calle en el gobierno de Mujica nos pasaba que Mujica era el otro extremo. Te hablaba en todos los lugares. Con Vázquez sabés que eso no va a pasar. Ni que hablar de hacerle una entrevista. La opinión de él a veces no era tan clara, pero no porque la prensa no estuviera interesada en escucharlo a él. Pero no quedó un ministro que no haya tenido la oportunidad de explicar lo que quisiera. Quizás no les gustó la forma en que se hacía. Eso es discutible. Quizás no te guste la visión de ninguno de los medios de este país.

¿No se construye un relato acorde a lo que piensa el medio? Supongo que cada medio es distinto. A mí no me pasó en estos cinco años en que han pasado políticos de todos los partidos y hemos hablado de todo. Nunca me dijeron: “Tal persona va” o “Tal persona no va”, o que no le pregunte tal cosa a alguien. Nunca nos pasó. Y no les pasó a mis compañeros, aunque no puedo hablar por todos los medios, porque no lo sé.

¿Pero cuando arranca con media hora de violencia? Eso genera el relato de la inseguridad. ¿No percibís ese tipo de cosas?

Capaz es más en los informativos. Hubo etapas más amarillistas. Pasa que también es lo que le gusta a la gente, y los medios sobreviven porque hay empresas que pautan por el rating. Y a la gente hoy le interesa la inseguridad. Ahora pasamos a tener doscientas horas de coronavirus. Pensás que la gente se va a cansar, pero no.

¿La gente consume eso porque lo pide o porque es lo que tiene?

Si la gente quiere ver otras cosas, tiene millones de opciones. Antes no pasaba. Si te querés correr, tenés la opción. Pero ahí están los números de lo que ve la gente.

No hay periodismo mamadera, entonces.

Hay de todo. Hay periodistas mamaderas, capaz, pero no el periodismo general.

¿Qué mejorarías del periodismo uruguayo?

Más investigación, por ejemplo.También es verdad que lleva tiempo y que hoy estás en el minuto a minuto, con millones de noticias. Es poco lo que se puede trabajar con profundidad.

Hoy por hoy, las redes sociales te dan el minuto a minuto de todo. El periodismo tendría que dar una alternativa.

Hay que ver si eso sucede en todas las generaciones. Hoy la gente joven no ve televisión y no escucha radio. Esa es la que se entera de todo por las redes.

¿Radio tampoco?

Muy poca. Tengo amigas que son docentes en la facultad de Comunicación, y cuesta mucho explicarles lo que son figuras que para nuestra generación eran iconos. Les nombrás a la gente que está en los informativos hace treinta años y no saben quiénes son, porque no ven el informativo, no leen un diario y no escuchan la radio. Ellos sí se enteran de todo por las redes. No sé si sucede así con la gente mayor. Ante tanta información, el trabajo de los medios es filtrar, decodificar y dar información correcta, bien explicada, con la posibilidad de análisis, de debate. Eso en cuanto a la información. Hoy la velocidad de las cosas lleva a que muy poca gente pueda hacer esa investigación.

Es inexistente, prácticamente.

Es muy poca. Búsqueda tiene una persona que está buscando todo el tiempo. De hecho, Manini pidió que borraran todo, porque había alguien que estaba mirando. En muchos medios debería pasar eso. No se hace.

Muy poca gente resiste el archivo.

Son pocos.

¿Se le da bola al archivo? El caso más puntual ahora debe ser el de Abdala, que dijo muchas cosas en las redes sociales.

El Frente Amplio no lo vota, por el vínculo que tiene con Almagro, y porque habló mal de otros presidentes de la región. Lo que dice el gobierno es que tiene más que credenciales para estar en ese cargo. Pero nadie habló acerca de sus redes sociales, cuando hacía todos esos videos, en el momento de su crisis política y su alejamiento, cuando empezó a ser más un standupero o un youtuber. Después volvió de nuevo a su parte seria.

Fue el período loco del Turco.

Su período Cristino.

Nadie está pensando en volver a atraer a los jóvenes.

Es difícil en los medios. Hay distintas plataformas, y me parece que va por ahí. Hay periodistas jóvenes. Insistimos en tener esas cabezas, que son totalmente distintas. Está bueno darles una posibilidad a los jóvenenes, y con ellos entendés un poco. Ellos tienen ganas de trabajar en esto, pero también te dicen que no es lo que miran los amigos. Los demás consumen otras plataformas. Sentarte a ver un periodístico de dos horas, con un tipo en un sillón, es una tortura.

La televisión como la conocemos hoy no tiene futuro, entonces.

Me parece que tenemos que cambiar.

Dijiste que no mirabas televisión cuando eras gurisa.

Miraba poca, y cuando miraba no me sentía atraída.

Capaz pasa lo mismo hoy.

Puede ser. Yo encontré otras cosas, me gustaba más la radio y leer. Lo que digo es que no era fanática. Hay gente que mira ocho horas de televisión diarias. Mis amigos se ríen porque hablan de series y yo no tengo idea, creo que la última que vi fue Friends. No tengo tiempo. ¿Cómo hacen para ver todos los días cinco capítulos de una serie? Tiré la chancleta. Me faltaría leer veinticinco millones de libros y ver no sé cuántas series y películas. No podés, no te da. Y esta gente está acostumbrada a hacer todo eso, y a ver menos los programas más largos a los que estábamos acostumbrados nosotros. Pero la forma de comunicar, la escenografía, la edición, la velocidad, eso va a tener que cambiar, porque a esta gente no la vas a atraer así nomás.

Va a pasar todo por las redes, entonces.

Ya pasa mucho por las redes. Hablás con esa gente y te dicen que se enteraron que fulano hizo tal cosa “a través de un portal que me llevó a un link”. O capaz ven la entrevista que hiciste a través de las redes. Teledoce sube todo. Se terminan enterando, pero no saben tu nombre o el del que estaba al lado. Capaz hay que enganchar más por ahí, con cositas cortas y un pantallazo. Y ahí te hablo de noticias. Después está el mundo del entretenimiento. Ahí no sé cómo les llegás. El futuro de los medios es algo que tenés que sentarte ya a ver. Ya estamos en ese futuro. En todos los medios.

¿Cuál sería tu informativo ideal?

Más cortos, con más flashes. Que se pueda cortar y hacer un flash si pasa algo importante. Informativos más cortos y dinámicos. El titular ya lo agarraste en cualquier lado, y el informativo debería ser la explicación. Que se arme un contexto. Y además se pueden hacer informes, investigaciones. Cada semana salen millones de temas, pero no te da el tiempo de desarrollarlos.

Hay que concentrarse en menos cosas, pero con más contexto.

Sí. Nosotros damos noticias que en el mundo no se puede creer. Como tenés que llenar tres horas, para nosotros todo es noticia. Y eso en el central, después tenés el de la mañana, el del mediodía y los del fin de semana.

Hay cadenas informativas que no cubren los hechos de violencia.

Esos temas hay que repensar cómo cubrirlos. Me refiero a diferentes temas, desde la tasa de suicido en nuestro país, que es altísima y preocupante. Después tenés el tema de cuánto aportan algunas informaciones, como los accidentes de tránsito. A veces las familias se enteran por los medios. O perdiste un ser querido y cercano y tenés la imagen que se repite todo el tiempo en la pantalla. Hay que replantearse cómo cubrir determinados temas. Cómo informar sin entrar en todos esos detalles, no ponerle el micrófono a una madre cuyo hijo fue atropellado.

¿Ves periodismo amarillo?

Creo que ahora no, a ese nivel. Creo que, así como estamos aprendiendo una cantidad de cosas, cambiando palabras, deconstruyéndonos, creo que también ese tema se está analizando desde otro lugar.

¿Sos hincha del lenguaje inclusivo?

Me refiero a cuando se habla de afrodescendientes, por ejemplo.

No decís negro.

Cuando una persona me dice que le diga negro, le digo negro. Pero cuando hablo en general y estoy dando una noticia prefiero decir afrodescendiente.

¿Por qué?

Porque hay muchos afrodescendientes que no están de acuerdo con que se les diga negros.

Y hay negros que no están de acuerdo con que se les diga afrodescendientes. Alguna sensibilidad siempre vas a herir.

Es un tema que cuesta. Hay una sensibilidad, también para la gente que hace humor. El humor es otro capítulo, y entiendo que mucha gente pueda decir que se le está faltando el respeto. Y si encima se está atrás de un personaje, como en el caso reciente de Campiglia, el Tío Aldo, Darwin Desbocatti, o Julio César Migues, ahí es distinto, porque a veces en ese personaje ponés todo lo contrario a lo que sos vos. Por ejemplo, Gonzalo Camarotta y Julio César Migues son la antítesis. Lo mismo pasó con el caso de Rafa Cotelo. El humor es difícil, lo he hablado con humoristas o con la gente del carnaval. Al final el libreto tiene que pasar por una cuestión de moral y ética.

Más allá del humor, ¿la corrección política nos está matando? Decís que te cuidás en algunos términos.

No está mal ir aprendiendo, tampoco.

¿A limitarte?

Situaciones que podían ser ofensivas. Por ejemplo, Mujica se ha mandado varias y te dicen: “Bueno, es un veterano”. Los veteranos hablan de otra forma. Si hoy los ponés en un medio, los matan, pero es la forma en que se hablaba antes, o es la forma en que se hacía periodismo. Si nos vamos aggiornando que hay gente que no se siente respetada de esa forma, no me parece que me limite, si puedo aprender algo que está bien cambiar.

¿Como mujer te sentiste discriminada en los medios?

Siempre hay un poco de discriminación. Siempre tenés que estar plantándote desde otro lugar.

Tenés que ser mejor por ser mujer.

A veces sí. Y si sos mujer joven, mucho más.

Sin embargo, a vos te ha ido bien.

Sí, pero cada uno tiene sus armas.

¿Cuáles son las tuyas? No es por ser callada, sin duda.

Eso es parte, no me callo nada. Y si sos ordinario, yo lo puedo ser mucho más. Eso un poco termina asustando a los hombres, que son muy machos, pero cuando te referís al tamaño de algo de mi silueta y yo te contesto algo del tamaño de la tuya que te deja disminuido frente a cincuenta personas frente a una redacción, te callás la boca porque no sabés qué responder, y te reís y lo tomás en joda. Soy muy buena para hacerme la pelotuda. Mi mejor arma es la ironía y devolverte el comentario. Trabajé en muchos ambientes de hombres. En Señal 1 también eran todos hombres.

¿Las mujeres fuertes son una amenaza para los hombres?

Para muchos sí. O son histéricas.

Que puede ser cierto.

También (risas). Pero es verdad que al hombre que se planta y se hace respetar no se lo ve igual que a la mujer que hace lo mismo. Es un poco así. Cuesta. Se la ve como que se cree una diva, cuando está pidiendo lo mismo que el hombre.

¿Es cultural? ¿Va mejorando?

Va mejorando, porque se ha trabajado mucho, y eso se lo debemos a muchísimas mujeres que vinieron haciendo espacio en todas las áreas para que a las nuevas generaciones nos fuera más fácil. Nosotras también lo hicimos. Hoy hay muchas más mujeres en todos lados, en los medios, y se nota. Es lento, pero creo que vamos por un buen camino. También hay mujeres más preparadas.

Están mucho más formadas a nivel universitario.

Y también más preparadas para este tipo de cosas con las que hay que lidiar. No es fácil, porque en el medio muchas somos madres, con un embarazo de nueve meses y la licencia maternal. Durante muchos años por eso se prefería a los hombres, que son “más fáciles”.

Hay historias de políticos avasalladores, que te ningunean o…

A mí ahora no me pasa. Porque cuando el invitado va al programa sabe que soy la conductora. Ahí es distinto. Cuando hacía calle, cuando tenés que abordar al político, se daba ese ninguneo que es lo que muchos llaman piropos. Yo no sé aceptar esos piropos que llamar piropos. Y que el político esté rodeado de dos o tres más, y que llegues y preguntes si podés hacer una nota… “Chiquita, ¿cómo me vas a preguntar si me podés hacer una nota?” Es casi como que te digan que sos una pelotuda. Pero voy a hacer mi laburo, soy periodista, te vengo a entrevistar. Otros colegas me decían que me habían dicho que sí por ser mujer, y que me banqué el “chiquita” y conseguí la nota que quería, y que al periodista hombre no se la habrían dado. Eso también es verdad.

Era un cierto privilegio, a veces.

En ese sentido, de tener que bancarte la falta de respeto. Y no sentirte peor, porque puede ser que tu pregunta sea un poco más fuerte. Además, a veces, ellos no están preparados para que venga “esta que es jovencita”, si de repente les hacés una pregunta mucho peor que la que les iba a hacer el hombre, al que no le dieron la nota “porque me podés complicar”.

¿Tuviste muchas de estas situaciones?

Sí.

¿Les complicaste bastante la vida? Te vengaste.

Un poco (risas).

Sos rencorosa, entonces.

Un poco. Porque además en muchos eventos ellos tenían muchos vasos de alcohol, lo que tampoco ayuda. Yo esperaba un buen rato, dos o tres copas de vino y ahí iba.

La estrategia era esa.

Ahí soltaban la lengua.

¿Es distinta la segunda vez que los encarás?

Depende. “Ahí llegó”, y algún adjetivo, cuando ya te conocían. A veces cambiaban, a veces no.

No tenemos políticos que aprendan fácil.

No, en ese sentido no. Tampoco eran todos los hombres, ojo. No me pasaba siempre. Obviamente que con las mujeres es más fácil el abordaje, pero son muchas menos, y antes eran menos todavía. Pero una vez que arranqué la entrevista ya está, me da lo mismo.

¿Te respetan más por ser mujer conductora? Vos en tu programa sos la figura principal que va quedando.

Me van abandonando.

O los vas echando, no sabemos.

Hay que ser guapo para levantarse todos los días a las cinco menos cuarto de la mañana para hacer un programa en vivo. Se ve que no aguantan.

¿Cinco menos cuarto de la mañana?

Todos los días. Para hacer el programa necesitás estar despierto y muy leído. Lo primero que hago es lectura de tendencias en redes sociales. Me tomo un café, me ducho, voy al canal y entro a las seis. Lo primero que hago es agarrar el celular. El chat de Desayunos es interminable. Cada uno va escribiendo a la hora que sea. Somos intensos. Discutimos sobre los temas y por dónde abordarlos, y uno contesta a la una de la mañana y otro a las cinco.

En ese chat están los productores y ustedes.

Todos tiramos temas e ideas sobre cómo abordarlos. Primero me fijo en eso y después voy viendo las últimas noticias. A las seis llego al canal, y hasta las siete me siento en la computadora y leo todos los diarios uruguayos y extranjeros, busco otro tipo de material, veo si salió algo distinto o nuevo sobre los entrevistados en las redes sociales.

¿Coordinan los entrevistados el día antes?

Normalmente con varios días de anticipación. Todos los días después del programa tenemos una reunión donde tiramos temas y entrevistados, y se agenda para adelante. De siete a ocho es cuando me cambio, me maquillo y me peinan.

Te lleva más tiempo maquillarte que leer.

Muchas cosas las imprimo y las leo mientras me maquillan y me peinan. Ocho menos veinte ya tenés que estar microfoneándote y yendo a la escenografía. Además, tenés la última tirada, si la productora nos tiene que avisar algo de último momento. Después tenemos la reunión de postproducción, y muchos nos vamos a otros trabajos. Estemos donde estemos, vamos compartiendo la información que nos va llegando. Estamos todo el día enganchados.

¿Qué medios internacionales leés?

Leo El País, El Mundo, Clarín, La Nación, Página 12, el New York Times, el Washington Post. Si puedo más, leo más, pero por lo menos tengo ese panorama.

¿Por qué ignoramos tanto a Brasil?

Yo no entiendo nada de portugués, aunque les doy una vichada. Leo entiende mucho mejor el portugués que yo, y me descanso en ese sentido. Él está en contacto con medios de Brasil, en la frontera. Esa información la maneja mejor él. Parece que es fácil, pero no es tanto. Es como Francia e Italia, algo captás, pero no es tan fácil leer más allá del titular si no manejás el idioma, y te lleva más tiempo. Con los años he desarrollado una lectura muy rápida de medios y libros. También te pasa que tenés una entrevista con fulano que viene a hablar de un libro, y yo para entrevistarlo necesito el libro, que a veces lo tenés el día anterior. O te dicen que te lo mandan y no llega a tiempo.

Leés la solapa.

Leo todo, pero me entrené en una lectura rápida. Tengo dos o tres libros de interés personal para empezar. En vida normal, sin pandemia, me da para comer, sacar a la perra, ir a buscar a mi hija al colegio, hacer mandados, tender la ropa, limpiar la casa, hacer la cena, y cuando te querés acordar son las nueve de la noche. Ahí arranco a leer otras cosas. Por eso también duermo tan poco, porque me acuesto tarde. Ese es uno de los reclamos de mi hija: que estoy todo el día leyendo. También estoy todo el día con el celular cerca. De repente te llaman para decirte que se cancela tal ministro porque estuvo en contacto con no sé quién y está en cuarentena, y hay que llenar ese espacio. Ahí estamos todos proponiendo. Ahora tengo esos tres libros en espera.

¿Cuáles son?

El último de Tomás Linn, el manual de periodismo. El de Salvador Banchero, El pez que sabía escalar.

¿Escribe también?

El primer libro de Salva fue un poco la historia de Justicia Infinita, y ahora sacó este. Le quería entrar a este, y al de Tomás Linn, del que leí dos hojas. El otro es el de Camillieri, Km 123, que me lo recomendaron. Cada tanto me hago el mate y empiezo a leer. Cuando empecé con el de Tomás Linn pasó que le teníamos que hacer la entrevista a María Urruzola, por su libro sobre el sindicalismo. Así estoy. Capaz este fin de semana le puedo entrar al de Tomás.

¿Qué programa aspirarías a hacer y conducir?

Hoy hablábamos de ir más a fondo. Me pasa que tratamos muchos temas y tenemos muchos entrevistados, y me quedo con ganas de profundizar. Me gustaría poder hacer una mezcla de todo lo que hablamos. Me gusta mucho el programa que hago. No me gusta trabajar sola sino en equipo, y con el equipo poder hacer algo bien editado. En el canal tenemos un compañero que es un crack, Diego Ríos. Me gustaría un programa donde se puedan hacer informes, contar historias, explicar noticias, en un tape cortito a partir del cual se pueda profundizar en un debate, corto pero intenso. Eso también cuesta, porque los entrevistados y políticos de nuestro país son largueros, están acostumbrados a eso. No es fácil llevarlos a los ponchazos. Se trata de crear una cosa más dinámica, y para eso hay que ir creando cintura y acostumbrándonos todo. También me interesa poder salir, hacer calle.

¿Te gustaba hacer móviles?

No hacía móviles siempre, hacía notas. Aunque no todas me gustaban. A veces te comés un plantón de seis horas congelada o al rayo del sol por una cosa que ni vale la pena. Pero me gustaba. Estás más en contacto, y hace que sepas de lo que estás hablando, cuando por ejemplo hablás de la Colonia Berro, del COMCAR, del Casavalle o del Vilarderbó. Podés no hacer calle y saberlo por otros motivos. Pero me gusta la cuestión de conocer todas las realidades, de poderla recorrer. Esa es también la explicación de por qué me cambié tanto de colegios.

Querías conocerlos todos.

Si hubiera tenido la posibilidad, habría ido a varios otros. Me gusta conocer gente, sus historias, ir a distintos lugares, saber cómo es la educación privada y la pública, ir a un liceo de barrio y a otro que no tenga que ver. Conocer las historias, los distintos barrios. Me falta recorrer muchísimo el interior, por ejemplo.

Podés ir con Rafa Villanueva.

En la moto (risas). Pero él va a fiestas y boliches. Ahí conozco la noche nada más (risas). Tendría que ir con Americando. Son distintas realidades. A veces hablamos del agro y la gente nos dice que no tenemos ni idea. O de repente cuestionás una cosa y desde allá te dicen: “Vengan”. Y hay un poco de eso. No quiere decir que no puedas hablar, pero a veces me siento más cómoda sabiendo que sé, porque estuve y recorrí. Que se pueda juntar todo eso en un programa, donde se pueda investigar y trabajar en un informe, con profundidad, es lo que me gustaría.

Ese formato no da para un programa diario.

Es imposible.

¿No pasa lo mismo con el tratamiento de las noticias internacionales que se hace en Uruguay?

Puede pasar. Faltan periodistas. Martín Sarthou en su momento viajaba mucho, y dejó de hacerlo. También es verdad que hoy podés llamar a cualquiera que esté allá para que te explique lo que pasa.

Lo que transmitís es lo que te manda el medio hegemónico.

Te enterás de lo que quieren que te enteres, decís. Y sí. Capaz que ahora, con las redes sociales y una cosa mucho más globalizada puede ser que te enteres de otras cosas que antes no. Pero yo soy muy desconfiada y siempre pongo en duda todo. Creo que eso es lo que me llevó a ser periodista. Soy muy chusma y desconfiada, quiero saber de todo y todo me lo pregunto. Son grandes discusiones que tenés como estudiante, también, el preguntarte quién lo dijo, quién lo escribe, quién te lo está vendiendo y de qué lado está. Capaz hoy, con las redes sociales, hay más voces que te lo explican desde más lugares. Pero hay un poco de eso, seguro. No sé cómo fue realmente lo de China y la pandemia, y seguramente no nos vamos a enterar. No sé si Corea del Norte tiene casos o no. No nos vamos a enterar tampoco.

Sobre cada tema hay una visión hegemónica y con eso se crea el sentido común en la gente.

No sé si todo el mundo cree eso. Hoy, por ejemplo, ponés una noticia de Israel y Palestina, y la gente puede decirte que para ellos no es así. La gente ha aprendido a ponerse más crítica con las situaciones y a buscarles la vuelta para formar una opinión.

¿No nos manipulan más?

Siempre nos manipularon, pero ahora hay más herramientas para contrarrestarlo. Dentro de Cuba hay gente que describe otras situaciones, voces que antes no escuchabas, por ejemplo.

Argentina es un ejemplo claro. Ves TN y es un mundo. Ves C5N y es otro. 

Ves dos países diferentes. Acá también a veces pasa con algunos titulares. Allá todo es potenciado.

Acá desde los medios uruguayos se elige uno de esos lados para informar, y el otro es silenciado. 

No sé si es tan así.

¿Ves que se levante algo de C5N?

En algunos casos me parece que sí. No te puedo decir que en todos. A veces no puedo ser muy crítica ni opinar de todo, porque yo misma no tengo tiempo de leer todo. Pero no sé si es tan así. Me parece que hay gente que sí lo hace. Quizás no la mayoría.

Los medios mayores no tengo registrado que lo hagan.

También hay convenios. Ese es otro tema.

¿Quién es creíble, para vos? Sos desconfiada, decís.

De todo. Pero confío en los colegas.

Hay periodistas y medios en los cuales confiás.

En Leo Haberkorn confío a muerte, por ejemplo. Lo veo trabajar. Podés estar de acuerdo con él o no, pero lo veo trabajar.

Está sesgado Leo. No sé qué le hicieron en la dictadura, pero es duro con los protagonistas de toda esa época.

Bueno, pasó mal. Yo era muy chica y viví otra cosa, y tengo otros recuerdos, y no tengo presos ni desaparecidos en mi familia, ni del otro lado tampoco. Pasar la adolescencia en la dictadura sin lugar a dudas que lo debe haber marcado. Lo que digo es que Leo cuando trabaja un tema realmente lo investiga, busca las fuentes. No habla por hablar, y no tira información porque sí. Si dice que va a opinar, opina, pero no mete una opinión agarrada de los pelos, con información sin chequear. Por eso te digo que confío. Sé que no tira fruta ni es irresponsable. Labura, y es muy puntilloso.

Hay periodistas que se ponen en lugar de vestales. Y los hay de todos los pelos. Leo saltó mal. Gabriel Pereyra salta mal a cada rato.

Ellos participan mucho en Twitter. Una cosa es escribir cada tanto, otra es usarlo para leer, como herramienta de información. Ellos escriben mucho, dan información. Ahí se los empieza a criticar. Gabriel además ni que hablar que está amenazado. Terminan bloqueando gente, peleándose con gente. A Juanchi y a Leo yo les comentaba el tiempo que además les lleva eso. Tenés que estar todo el día. Que hagan otra cosa, no vale la pena. Leo lo que sintió fue que a raíz de comentarios de él se metía a otros compañeros, y saltó por ellos. Después se arrepintió.

Hay mucho periodista tuitero.

Cada vez más.

¿Es un mundo que hay que abandonar?

Hay que usarlo con cuidado. Si la usás bien, es una herramienta que es muy buena. Hay gente que la usa bien, hay gente que la usa solo para criticar y pelear. No podés entrar en esa todo el día, porque además te termina haciendo mal. Iliana tuvo un año complicado, y realmente la afectó. No está bueno. Y ella ni siquiera contestaba. Son ataques, y si entrás a contestar es interminable. Los que más participan son los que terminan teniendo más discusiones. Para los periodistas, para estar informados, es una herramienta. También puede ser un debate interesante. La usan también los políticos. El tema es cuando se llega a ese otro nivel, que es agotador, tanto para la persona que lo vive como para la que lo lee.

¿Tenemos libertad de prensa?

Creo que sí.

¿No sentís que hay temas limitados?

Yo no lo viví. No tengo tan claro que haya alguien que lo frene. No sé si es que te llega así la agenda o si es que vos querés proponer temas y alguien de arriba te dice que ese tema no lo toques.

Capaz es la propia dinámica.

También es verdad que hay temas más peligrosos que otros. Está demostrado con Gabriel Pereyra.

Pero ese no es un tema de libertad sino de grupos de presión. ¿Te presionan mucho los lobbies?

No. Capaz presionan más a los productores. Está ese filtro. Hay gente que llama, sí, pero no es una gran presión.

¿Tampoco de parte de los políticos?

No, tampoco. Te llaman los secretarios de prensa, sí, pero nada intenso que no se pueda manejar.

¿Manejás que te digan que rengueás de la derecha?

¿Lo que dijo Mujica? Me terminé riendo. Con Mujica me pasa eso, que llega un momento en que no sé si me está hablando en serio o en joda. No sabés si es irónico o si realmente lo piensa. Lo que sí nos pasó en ese periodo, con el tema del tribunal de honor, fue que preguntar sobre ese tema entre los tupamaros se resumía en: “Ya dijimos todo lo que teníamos para decir, la historia es esta”, y Manini Ríos se ofendió y dejó de ir al programa.

¿Qué le hicieron, pobre Guido?

Preguntarle sobre esos temas. Y no le gustaron unas imágenes de Gavazzo que aparecían atrás. ¿Qué imagen vas a poner atrás si estás hablando de Gavazzo? ¿A los pitufos? Las imágenes que visten la pantalla son las del tema del que estás hablando. Rivera Elgue se enojó con algo parecido. Ahí sí respondí por Twitter. Le dije que capaz prefería que le pusiéramos imágenes de Gomensoro. ¿Qué otras imágenes íbamos a poner?

¿Es solo con Manini o con Cabildo Abierto?

Nosotros lo invitamos mil veces, pero él no ha querido ir. Rivera Elgue tampoco fue más. Lust, que medio que se la juega solo, sí fue. Con el resto de Cabildo Abierto no hemos tenido problema. Salinas todavía no fue, pero por un tema de agenda. No ha dado tantas notas en estos meses. Pero no es que haya un problema. El otro tema es que nosotros no dejamos poner condiciones, como que no se pueda preguntar tal cosa o no esté tal compañero en la mesa.

¿Ha pasado?

Sabemos que en otros programas sí.

¿Y a ustedes?

A veces piden condiciones, pero nosotros dejamos claro que no, que en nuestro programa preguntan todos y que las imágenes son de los temas de que estamos hablando, y que los temas son abiertos. Hay gente que te dice que preferiría no hablar de tal cosa. Lo que Paula, la productora, contesta siempre, es que no te puede decir que los periodistas no van a preguntar sobre tal tema, que lo que puede hacer el entrevistado es decir que de ese tema no va a contestar, pero al aire, y que si hay un tema interesante los periodistas no van a dejar de preguntar por él. Al final siempre terminan hablando, con una entrevista bien aceitada.

¿A quién te queda pendiente entrevistar?

A Vázquez.

No va a ningún lado.

Pero fue presidente. Pero es cierto, no es que no haya ido solo con nosotros. No va a los programas. Pero es alguien pendiente. También Sendic, después de lo que pasó. Dio muy pocas notas. De hecho, iba a ir a Séptimo Día y al final no fue. Son entrevistas pendientes, pero no es que no quieren ir a nuestro programa, sino que no están dando notas.

¿Tuviste lío con alguno?

No.

Sos muy blanda.

Algunos se ofenden en el momento, y después, cuando termina la entrevista, está todo bien. De otros pensamos que nos van a odiar, pero está todo bárbaro.

¿Hay algunos más difíciles que otros para entrevistar?

Sí, siempre. Por el tema, por el carácter…Hay gente que es más verborrágica y se expresa mejor, y a otros les cuesta expresar las ideas y hay que remarla mucho más. O que piensan mucho el qué decir.

¿Bajó el nivel de los políticos, de los parlamentarios o dirigentes, con respecto a épocas anteriores?

Ha llegado gente de todos lados. Ahora hay siete partidos representados. Puede ser, sí. No es que haya bajado el nivel, sino que hay un poco más de show, creo.

Se escuchan barbaridades.

Pero no se puede generalizar por eso. Siempre hubo de eso, el que daba la nota en las intervenciones. También es cierto que eso ahora se hace más público, y que antes nos enterábamos menos. Respeto mucho a los periodistas que hacen Parlamento, que es una tarea ardua y eterna.

Tenés materia prima en pila, dejate de jorobar.

Yo sentía que estaba horas encerradas.

¿Te gusta más la radio que la tele?

Son totalmente distintas.

Para la radio no tenés que maquillarte.

Ni peinarte, ni que hablar.

Aparte en la radio estuviste con unos desprolijos… Si sobreviviste a eso, sobrevivís cualquier cosa.

Sobreviví a la radio. Siento que en la radio soy un 100% yo, mientras que en la tele es un 90%.

Hay un 10% de fake.

Un 10% en el que tengo otros cuidados, El vocabulario es diferente en radio, te podés soltar más. En la radio ironizamos mucho, trabajamos con el ridículo. Hay momentos en que trabajamos temas en serio, por supuesto, y tenemos una tertulia con ronda de noticias. Pero trabajamos mucho con el absurdo y la ironía, y no hay que creer todo. Es el juego que tenemos desde hace años. En la tele no puedo hacer eso. Es otro público y son otros códigos. Y está lo que decís: los tacos, el brushing, el maquillaje.

Nunca hiciste periodismo escrito.

Puede ser algo pendiente. Necesitás tiempo. Y con la verborragia que tengo, no puedo usar el corrector. Lo que dije, lo dije. La tele y la radio son en vivo. Tirás una bomba y no mirás para atrás. Jugás con eso. Escribir es diferente, vas para adelante y para atrás. Me pasaba en facultad, que nunca me gustaba, y siempre me parecía que faltaba una visión o una palabra. Hoy no tengo el tiempo para hacerlo, y no sé si hay un medio dispuesto a darme ese tiempo para preparar las cosas.

¿Cambió la situación de la mujer en Uruguay?

Creo que sí, aunque falta muchísimo.

¿En qué?

En todo. Hoy estuvimos con Magdalena Furtado, de ONU Mujeres, hablando sobre cómo fue la pandemia. En la casa, y con toda la familia en cuarentena, las responsabilidades recayeron sobre las mujeres. El cuidado de los niños, ver que hicieran los deberes, el cuidado de los adultos mayores. Sigue recayendo más en las mujeres. Sigue estando la idea de que muchas mujeres son un problema, y eso dificulta el ir a buscar trabajo.

¿Muchas mujeres son mucho problema?

Todavía está esa idea en muchos trabajos.

¿Es un mito?

Capaz muchos hombres también son un problema. Depende de qué hombres y de qué mujeres.

¿Las mujeres no son más conflictivas en el relacionamiento?

Es algo muy general. Creo que tiene que ver con que cuando la mujer dice algo, se multiplica por mil, mientras que, si lo dice el hombre, no. Es verdad que en muchas cosas faltan mujeres, y se nota. Aunque hay más mujeres universitarias y de repente están mucho mejor preparadas, cuesta llegar a los cargos altos. Pasa en la política. Todavía cuesta dar espacios a la mujer.

¿La paridad es la solución?

Exacto.También hay una discusión, como cuando la gente te dice que una película es uruguaya y que hay que defenderla por eso.

Cuando es un embole.

Hay que apoyarla, estoy de acuerdo, pero cuando el producto es malo, da lo mismo que sea uruguaya o iraquí, o que seas hombre o mujer. El hombre lleva una vida manejándose, y la mujer está aprendiendo lo que el hombre aprendió hace muchísimo tiempo. Hay que dar tiempo, lo que no quiere decir que haya que llenar de mujeres que no estén preparadas para esos cargos.

¿No termina pasando?

También termina pasando con los hombres, porque llega cada cosa… Me parece que hay que buscar el mejor representante tanto de los hombres como de las mujeres, para muchísimos de los lugares, sin lugar a dudas. Y también pasa en el periodismo y en los medios, que llegan muchísimos hombres y están en lugares a donde las mujeres nos cuesta mucho más llegar. No quiere decir que no estemos, y que no estemos mejor que antes, pero a veces cuesta más.

¿Te pagan menos por ser mujer?

En mi caso no me puedo comparar con un hombre, y te diría que no. Estoy en el canal hace mucho tiempo, estuve en Telemundo, estoy acá, y conduzco. No tengo la comparación de otro haciendo lo mismo. Te diría que no.

¿El cambio de gobierno implica algún cambio en esto? ¿O hay cosas que ya no tienen vuelta atrás?

Y el gobierno dice que no.

¿Te parece que puede haber algún riesgo de retroceso?

Espero que no. Y además hay una vicepresidenta mujer. Y electa, porque Lucía Topolansky lo fue, pero asumió cuando se fue Sendic.

Fue elegida por Luis.

Pero fue votada en esa fórmula. La eligió Luis Lacalle Pou pero fue lo que votó la gente. No es que había otra persona y quedó, como en el caso de Lucía, que no estaba en la fórmula con Vázquez. Beatriz Argimón por lo menos en estos años ha demostrado haber trabajado y haberse preocupado por el lugar de la mujer, y lo ha dicho cada vez que puede. Espero que se avance y que no se retroceda.

¿Te definís como feminista?

¿Cómo definís vos el feminismo?

Hay muchos feminismos.

Bueno, estoy en uno de esos (risas).

¿Sos de las que va a las marchas?

A la del 8M voy.

Sos de las que tira pintura, te vi.

(Risas) Hoy te dije que una de mis frases era que si el otro es ordinario yo lo puedo ser más Mi defensa es esa, pero nunca llegando a la violencia. Me interesa la igualdad de derechos, el nadie por encima de nadie y trabajar juntos. Me parece que sí, que se puede trabajar, pero no por eso el hombre es un ser despreciable ni tengo que ir a tirar todo. Puedo entender el reclamo de que no vayan los hombres a la marcha, de que ya bastante visibilidad tienen como para ir el Día de la Mujer. Pero me parece que hay formas de hacerlo, de comunicarse y de plantarse donde se puede reclamar lo mismo sin ser violenta. Si nos venimos quejando de todo esto, seamos un poco más inteligentes que ellos. Necesitamos una cantidad de derechos, necesitamos una igualdad. Luchemos desde lugares donde nos hagamos respetar. Y que al otro día digan que millones de mujeres marcharon en el mundo reclamando y mostrando cuál es la situación de la mujer hoy, y que queremos llegar a todo lo que tiene el hombre, y no que rompieron semáforos y tiraron tachos de pintura. Esos titulares no me interesan. Si se está trabajando para lo otro, mostremos lo otro. Y trabajemos para eso, porque si nos juntamos a caminar por 18 de Julio y después no se hace más nada, no logramos nada.

¿Tenés una relación de pareja igualitaria?

Sí.

Sí, si te vas todo el día de tu casa.

Ahora con la pandemia tuvimos que cambiar los horarios, y es difícil. Pero siempre lo viví así con mis parejas. Es desde el vamos. Los dos trabajamos, los dos vivimos en la misma casa, no tenemos empleada y usamos los mismos platos y vasos. Una vez, cuando la gorda tenía dos años, nos estábamos mudando y a mí me había salido un viaje a París por L’Oreal. Me llamó una amiga para decirme que tenía millas y que me invitaba a Machu Picchu: me fui a París, volví y a la semana me fui a Machu Picchu, y él bancando camiones. Cuando volví, después de la mudanza, había hecho arreglos y me dijo: “Si no te gusta, mentime”, porque soy muy detallista. Me dice que cuando él barre, yo voy y barro atrás. Yo retoco todo, pero está bueno que a él le salga hacerlo.

¿Lo dejabas cambiar los pañales?

Nos peleábamos por darle de comer y cambiarle los pañales. Eso es lo que me gusta, y no le pido que haga las cosas. Detesto decir que la cuidó “como una madre”. No, la cuidó como un padre. Si ella no dormía, él tampoco. Lo único que no podía era darle el pecho, pero el resto de los cuidados los hacíamos los dos. Y en la casa es lo mismo, cuando hay que cocinar, que lavar y hacer los mandados. Somos un buen equipo, cuando llegamos de trabajar uno se pone a hacer una cosa y otro la otra, y nos organizamos. Es absolutamente a la par. Él trabaja en el canal y para afuera en otras cosas, y a veces viaja por laburo, y a mí también me pasa que tengo otros laburos por fuera. Nos complementamos bien. Si no, yo no podría funcionar.

¿A un periodista no le quita credibilidad hacer publicidad?

Es una larga discusión. Si tuviera todo lo que necesito, no sé si lo haría.

Eso es casi un reclamo sindical.

(Risas) También es verdad que hay marcas con las que me siento representada y que puedo respetar mucho. Antes de acercarme pregunto mucho, cuando la empresa me lo pide. A muchas cosas he dicho que no, aunque me habrían facilitado la vida. Esta casa la saqué a veinticinco años con el Banco Hipotecario, y vivo hace seis. Me queda una vida, creo que la voy a seguir pagando cuando esté jubilada. El auto lo terminamos de pagar hace un año. Una de las cosas que a todo el mundo le gusta hacer con la plata extra, aunque ahora no se puede, es viajar. Viajar te hace crecer, te abre la cabeza.

¿A qué escuela mandás a tu hija?

No lo digo nunca. Es un colegio privado. A ella nunca la expongo en redes, ni con fotos, ni digo a dónde va. Ella ya está traumada, me pregunta si se puede sacar una foto con la amiga. Y además en esta generación, para ella no poder hacerlo es una cosa rara. Primero porque está asociada a mí, y no tiene la culpa de que yo sea una figura pública, y segundo porque espero a que sea más grande y consciente y ella decida lo que quiere hacer. No quiero que después, de grande, vea toda su infancia expuesta en millones de fotos. Que lo decida ella. En cuanto a la publicidad, estoy convencida de lo que he elegido. Me asocio a la marca, investigo. A muchas cosas les he dicho que no.

¿Sos religiosa?

Soy bautizada y tomé la comunión, como la mayoría de los uruguayos. Si la pregunta es si voy a misa, no voy. Si me preguntás si creo en el Dios en que cree todo el mundo, tampoco.

¿Cuál es el Dios en que cree todo el mundo?

Te hablo de esta religión en que nos bautizamos y tomamos la comunión. Habiendo estudiado un poco sobre otras religiones, capaz estoy más de acuerdo con otras cosas, o tengo un mix. Me parece que lo ideal es eso. Como en todo, soy desconfiada. Las religiones han hecho mucho daño. Me creo mi propia fe. Tengo fe en algo, pero no tiene nombre. Capaz es una utopía pensar que todo puede estar mejor. Entiendo que hay explicaciones de las religiones, pero hay algunos hechos de la vida y de la muerte que no tendrían una explicación. En eso no hay religión que me conforme.

¿Sos socia de APU?

Era.

¿Por qué te fuiste?

Dejame pensar cuál fue el problema que hubo en el canal… Hubo un tema hace muchos años, con todos los que estábamos en el canal. Fue algo del PIT-CNT y del gremio con ADET y APU. La mayoría nos tuvimos que ir por ese problema, que no me acuerdo cuál era.

¿No es importante la sindicalización del periodista?

Bueno, soy del sindicato del canal. Estoy en ADET. Pero no sé si APU ha apoyado… Le falta fuerza, es verdad.

Muchos se van.

Sí. También tenés que tener tiempo. Lo vivo en el canal ahora. Había una reunión eterna, una comisión con parte del sindicato por estos hechos puntuales que estamos viviendo en el país, para ver cuál es el futuro. Fue a raíz de una propuesta de la gerencia del canal, en cuanto a decir que estaba bueno que el sindicato creara una comisión para negociar con el canal y para ver la mejor forma de ponernos de acuerdo. Pero tenés que tener tiempo. Las personas que se hacen cargo y que están en la directiva están trabajando mucho. Ustedes ya verán que mis tiempos no alcanzan, para además tener esas reuniones. Es complicado.

¿Asignaturas pendientes?

Escribir. Estudiar más cosas.

¿Qué más vas a estudiar? Pasaste por catorce liceos y facultades.

Estudiar cosas que tengan que ver con lo que hago. O cosas de religión. Susana Mangana, por ejemplo, a todos nos dio cátedra en un montón de entrevistas. Hay muchísimos cursos de filosofía para el periodismo, desde distintos lugares. Creo que ahora todos los periodistas hicimos un curso intensivo de medicina y de ciencia, con todo esto que ha pasado. A veces hablás de derecho, también. Me gustaría tener un poco más de idea de las diferentes puntas dentro del periodismo, para manejar todo eso. Me gustaría perfeccionar el inglés. Lo estudié mucho hace muchos años, pero acá no lo hablás. Y creo que con la edad que tengo y con la edad que tiene mi hija ahora es difícil, pero me quedó pendiente cortar todo y tomarme un año para irme de viaje. Sin agenda. Lo tendría que haber hecho antes. Por eso amo a los millennials, porque se la juegan, y sueltan.

Porque no tienen hijos.

En su momento yo no los tenía. Estaba trabajando y pensaba en si iba a tener laburo cuando volviera, si me iba. La generación de mis padres fue la de los ladrillos y la seguridad, aunque también veo a mis viejos que muy jóvenes vivieron la dictadura, la tablita, la crisis del 2002. Es todo muy inestable, pero los más jóvenes no se ven treinta años trabajando en una misma empresa, y si tiene que dejar, dejan.

Tampoco tenían crisis. Esta es la primera que están viviendo como generación, de manera consciente.

Es verdad. Ven todo desde otro lado. Sueltan más rápido. A mí en su momento me dio miedo. Además, lo quería hacer acompañada, y capaz no tenía quién se prendiera en la misma sintonía de agarrar la mochila e irse un año. Capaz lo puedo hacer más de veterana, cuando mi hija sea más grande, o incluso con ella.

¿Tenés referentes periodísticos?

No tengo un referente. ¿Lo decís por la opinión o por la forma de trabajar?

Alguien que te haya marcado, que te guste. Uruguayo o extranjero.

Puede haber muchos, pero…

No querés dejar a nadie afuera. Oriana Fallaci…

Bueno, viste los libros que están ahí atrás. Oriana Fallaci puede ser una.

Es una buena manera de lavarse las manos. La paz mundial y la madre Teresa… (risas).

En esa línea está Truman Capote, que lo dimos en facultad. Ahí me identificaba más. A veces está la parafernalia del hablar complejo, de buscar la palabra… Al final la gente que te lee te quiere entender, y no voy a un solo grupo de intelectuales. Es eso, y el ir al lugar, escribir en el lugar, tener las entrevistas como las tenía él. En cuanto a la investigación y la confirmación, y en cuanto al modo en cómo él se toma el periodismo, creo que Leo Haberkorn es un referente para muchas generaciones. Y Tomás Linn.

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