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Hace medio siglo reinaban los hippies y la psicodelia

Hace medio siglo reinaban los hippies y la psicodelia
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En los años 60 las tensiones sociales referidas al movimiento por los derechos civiles y las protestas contra Vietnam comenzaron a extenderse a diversas áreas, como la libre sexualidad, los derechos de la mujer y la experimentación con las drogas. De ese caldo de cultivo nació un fenómeno cultural anti-sistema generado en USA y Gran Bretaña, pero rápidamente expandido al resto del mundo.

 

CONTRACULTURA. Así se llamó ese fenómeno masivo, desarrollado al principio en forma subterránea al amparo del movimiento beatnik. El asesinato de John Kennedy en 1963 provocó un rechazo y estupor generalizados en la sociedad estadounidense, y por ello la contracultura pudo continuar su derrotero a mayor velocidad. La protesta se generalizó y nuevas formas culturales fueron emergiendo, entre ellas la música de Los Beatles y su particular estética (la psicodelia), desarrollada en dos films donde actuaron para Richard Lester (Ye, Ye, Ye, 1964; Socorro, 1965), y en los cortos musicales, verdaderos antecesores del videoclip, gestados como promoción del LP Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Casi de inmediato, a Los Beatles y su psicodelia se sumó la llegada de un singular estilo alternativo de vida, promovido por el movimiento hippie. Hay que decir que si la contracultura creció a nivel exponencial en un período tan breve se debió a la confluencia de ideas, personas, avances tecnológicos, eventos y problemáticas que cimentaron el anhelo común de hallar una vía eficaz mediante la cual se pudiera acceder a un sueño de paz y amor globalizados.

A medida que esa aventura cultural e ideológica se desarrollaba fue emergiendo una manera muy dinámica de llevar adelante las cosas, en la cual adquirieron verdadera importancia la creatividad, la experimentación y la adopción de un sistema de vida bohemio. Toda esa efervescencia terminó con el final de los reclutamientos y la retirada militar estadounidense de Vietnam en 1973, más el golpe inesperado de la renuncia del presidente Nixon en 1974. Pero antes de ese final la contracultura, con sus rasgos de psicodelia y hippismo, se había afincado en el cine estadounidense. En parte debido al cese del infame Código Hays de censura, pero también por el auge de nuevas formas de expresión (la Nouvelle Vague, el Free Cinema, el Cinema Novo, la Terza Generazione, Bergman y los jóvenes suecos) que terminaron por derribar al anquilosado star system hollywoodense. Con más libertades artísticas, una generación de realizadores jóvenes comenzó a abordar sin tapujos temas antes prohibidos. El puntapié inicial lo dieron en 1967 Mike Nichols con El graduado y Arthur Penn con Bonnie & Clyde, dos películas con anécdotas para nada “contraculturales”, pero que fueron ampliamente aceptadas, ya que reflejaban la alienación de los jóvenes de entonces: la primera en forma directa, mediante las vivencias del personaje de Dustin Hoffman y la buena onda que respiraba la banda sonora de Simon & Garfunkel; y la segunda en forma más sesgada, eligiendo a dos malhechores de antaño para convertirlos en iconos vivos, caóticos y anti heroicos de los tiempos que se estaban viviendo.

 

CINE HIPPIE. La ideología hippie se vinculó directamente con el concepto de utopía, porque permitía una visión diferente, despojada del bagaje cultural aceptado por todos, y capacitada para arrojar luz sobre zonas oscuras y conflictivas que no siempre se habían mostrado con claridad. De esa forma, la vida sexual y las elecciones personales que podían provocar vergüenza comenzaron a exponerse sin pudor, formando parte del debate público. Esa postura y sus ideas no eran nuevas en sí mismas. La novedad era su inserción en un férreo contexto capitalista, y el cine fue factor fundamental para su popularización, porque materializó ante el espectador mediante una serie de films de todo tipo las tensiones entre la visión de la vida hippie y la que defendía el universo capitalista. Así surgieron varios registros directos de la “nueva realidad”, como fueron los documentos musicales de Woodstock, El Concierto para Bangladesh, Gimme Shelter y Monterrey Pop, y también ficciones ideadas por talentos nacientes del nuevo cine (Peter Fonda, Dennis Hopper, Jack Nicholson, Dean Stockwell, Bruce Dern) que cantaron loas al consumo de marihuana y LSD, al sexo libre, las fiestas psicodélicas y el estilo de vida motoquero. En ese lote hubo de todo, desde varios títulos menores aunque seminales (Los ángeles salvajes en 1966, The Love-Ins y El viaje en 1967, Libertad y miedo y La rebelión de los hippies en 1968) hasta una obra maestra como Busco mi destino (1969), que con su escena de sexo en el cementerio, su consumo de droga, su vistazo a la vida comunal y a la violencia desatada por los biempensantes de siempre, terminó convertida en un testamento generacional que capturó a la perfección el espíritu del momento. A su vez, la obra musical Hair (1967) impactó al mundo con su desnudez frontal, y la ópera-rock Jesucristo Superstar (1971) revolucionó el ambiente al vincular una figura sagrada con actitudes y ambientes típicos de la contracultura.

A primera vista puede parecer rebuscado citar como películas hippies a Hermano sol, hermana luna (Franco Zeffirelli, 1972), Perdidos en la noche (John Schlesinger, 1969) y Bob & Carol & Ted & Alice (Paul Mazursky, 1969). Pero si el hippismo sostiene que la utopía es una ideología exacerbada, Hermano sol, hermana luna tiene que ver con el movimiento en su costado formal: el clima “flower power”, la música de Donovan y varias actitudes del personaje (la austeridad, la pobreza, la vida comunal, el lecho compartido) instalan casi por completo un ambiente hippie, al cual sólo le estaría faltando el sexo. Perdidos en la noche, con su visión amarga de los inadaptados, no toma en cambio valores hippies, sino que denuncia su bastardización por parte de una alta burguesía que adoptó esos parámetros por puro esnobismo. De esa manera el hippie neoyorquino no es un marginal, sino alguien que viste y calza muy bien, mientras que los verdaderos marginados son otros sujetos que sufren verdaderas penurias. Por último, el título de Mazursky presentó en forma simple pero muy clara la oposición entre la mentalidad burguesa y las nuevas alternativas de la contracultura. Lo hizo en forma de comedia (para resultar exitosa y rentable), pero casi sin querer demostró a lo largo de su anecdotario que por más abierta que fuera una pareja burguesa, no le era tan fácil romper con los tabúes que imponía la restrictiva sociedad capitalista estadounidense.

Un último párrafo merece la psicodelia, que el diccionario define como “movimiento artístico que pretende expresar los efectos que provocan los alucinógenos”. El cine fue moderadamente psicodélico en el costado estético que mostró la adaptación del cómic Modesty Blaise de Joseph Losey (1966), con Mónica Vitti y Dirk Bogarde. Luego se desató a todos los niveles en lo que es el máximo exponente de este subgénero, el film de animación El submarino amarillo (George Dunning, 1968), que trasladó el universo de Los Beatles a la pantalla en forma memorable. De forma tangencial deben citarse aquí dos obras maestras como 2001: odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) y El bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1968). La primera por toda su zona final, con la nave que persigue al monolito más allá de Júpiter, sumergida en un mar de colores caleidoscópicos; y la segunda en la escena de la concepción del engendro diabólico, donde Mia Farrow parece integrar una macabra orgía sexual de típico tono alucinógeno. Es en todos los títulos citados, más dos de Ken Russell (Tommy, Lisztomania), donde aún subsiste el espíritu de una generación que hace medio siglo marcó a fuego al mundo

Amilcar Nochetti

Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro “Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria” (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, “Seis rostros para matar: una historia de James Bond”.