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Moderna para siempre por Nelson Di Maggio

Moderna para siempre por Nelson Di Maggio
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Moderna para sempre. Fotografía modernista brasileira na Coleçao Itaú Cultural, muestra inaugurada en el Centro de Exposiciones Subte es una poderosa revelación. Consiste en 103 fotos  pertenecientes a la Colección Itaú  Unibanco, de carácter itinerante por 16 ciudades brasileñas y varios países del continente.

La modernidad entró tarde en Brasil. Las dos guerras mundiales y la vacilante estabilidad política del país postergaron el contacto directo con el exterior. Recién en la década del 40, con el veloz proceso de industrialización de San Pablo, la emergencia de grandes empresas y la inmigración de diferente origen, el acceso a la variedad de disciplinas estéticas actuales, privilegio de algunas personalidades o pequeños grupos, adquirió una renovación amplia alejada del provincianismo local. Las bienales  paulistas, a partir de 1951, impulsadas por el industrial mecenas Francisco Ciccillo Matarazzo,  fundador del Museo de Arte Moderno de San Pablo, contribuyeron a  crear el contacto internacional y, en especial, la segunda bienal de 1953 presidida, nada menos, que por Guernica y numerosas obras de Picasso,  Alexander Calder, Henry Moore, Paul Klee, Piet Mondrian, Giorgio Morandi, los movimientos cubista y futurista, para citar algunos nombres de una irrepetible edición, jamás igualada.

La fotografía no permaneció ajena al modernismo. El arte concreto o concretismo caracterizó dos décadas claves (40 y 50) al recoger los postulados de las vanguardias europeas –de Malévich a Mondrian, de la Bauhaus a Ulm-, las enérgicas prédicas de Tomás Maldonado y  Max Bill, de los críticos de arte Jorge Romero Brest y Mário Pedrosa, artífices de la difusión de las vanguardias, que impactaron a los jóvenes talentos de Chile, Uruguay, Argentina Venezuela, Cuba y Brasil hasta crear una suerte de cofradía internacional del concretismo o arte concreto, denominación general referida a las tendencias geométricas o a la mirada de geómetra sobre el mundo circundante.

Geraldo de Barros  pintor brasileño participante en la II  Bienal dentro de la selección local, acaparó la atención por el rigor de su obra geométrica, de tamaño mediano, en estricto blanco y negro, dedicado al diseño industrial y a la fotografía, ahora aquí con numerosos trabajos que, aún con temática figurativa, luce la formidable capacidad de abstracción. Lo interesante es verificar que la selección tiene unidad dentro de la diversidad: Thomas Farkas , húngaro radicado en San Pablo donde estudió ingeniería, prefirió dedicarse a la fotografía, al fotoperiodismo y al cine, pionero en la invención de las nuevas imágenes, de la misma manera que otro ingeniero, José Yalenti, de origen italiano, José Medeiros, fotógrafo precoz, el único capaz de  traducir la luz de Brasil y  la sociedad afrobrasileña (Glauber Rocha dixit). Del mismo alto potencial inventivo se sitúan Marcel Giró, Ademar Manarini, Gaspar Gasparian, Germán Lorca y José Oititica Filho.

Lo admirable de Moderna para sempre, más allá de las individualidades indicadas, de nivel parejo, es el placer de descubrir y disfrutar de la imaginación de 16 talentos en tiempos en que la fotografía no era considerada un arte, la vigencia de imágenes que atraen al visitante por los ángulos inesperados, las tensiones contrastantes de los enfoques no exentos de un suave dramatismo para mirar y casi diseñar la realidad con refinada sensibilidad que, por momentos, se identifican con pinturas en blanco y negro de la misma época.

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