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Mucho ruido, muchas nueces por Luis Nieto

Mucho ruido, muchas nueces por Luis Nieto
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Hay algo obsceno, abusivo, en este permanente caceroleo virtual, un día sí y otro también. A las noticias del covid 19 se le suma esta otra pandemia, de clara intencionalidad política, que se prende con desesperación a cuanta información pueda explotar para afirmar en la ciudadanía la idea de que estamos ante un gobierno fascista, antidemocrático, peligroso.

Esta tarde, mi “dealer” de este tipo de chatarra me envió unas declaraciones de Lacalle Pou, en las que habla del perfil de la gente en situación de calle, declaraciones públicas, editadas, a modo de contrapunto, junto a un actor con bigote a lo Hitler, y una voz en off que le pregunta a ese actor su punto de vista sobre una parte de las declaraciones del Presidente: lo referido a que los espacios públicos no son para cocinar, etcétera. No fue ni cerca lo sustancial de lo que dijo Lacalle Pou, pero la actuación de ese Hitler un poco raro ocupó más tiempo que las declaraciones en sí, con la intención de banalizar un drama de nuestra ciudad, ocultando los esfuerzos por ofrecerles algún tipo de solución a gente que, a tener que vivir en la calle se le suman los riesgos de la pandemia. Mañana el tema será otro, y poco a poco se va instalando una especie de mar de fondo que ya vivimos en este país, desde principios de los sesenta.

El gobierno actual podrá no gustar a los autores de esos libelos virtuales, incluso puede no gustarle la persona que resultó electa para gobernar durante los próximos cinco años, pero es la que la ciudadanía eligió de forma democrática, con clara mayoría en la primera vuelta, y con un margen chico en la segunda. No es su imagen la que está en juego, hoy, es la representación de buena parte de la ciudadanía, que en una democracia, merece el mayor de los respetos, por contrariados que estemos de tener que soportar un gobierno que jamás hubiéramos elegido.

La pregunta que cualquier ciudadano un poco outsider, un poco independiente, se puede estar haciendo es si esto va a durar cinco años. Doña Lucía lo había vaticinado: no habría descanso, los ministros tendrían que ir todos los días al Parlamento. En parte ese es el guión que la bancada frenteamplista viene siguiendo. Pero, vamos a ver, cuando se traza una estrategia, el tema de los tiempos es casi determinante. Los procesos de acceso a un fin determinado no son tan previsibles en el terreno real, en donde cada día una noticia inesperada puede forzar a que esa estrategia deba cambiar. La aparición de la pandemia, por ejemplo, debió hacer reflexionar a quien está detrás de estas oleadas de libelos virtuales.

El país, ya no hablemos del resto del mundo, está enfrentando una crisis que no podemos ni siquiera imaginar cuál será el saldo final. Ni siquiera sabemos a qué altura de su desarrollo estamos. Mucha gente ya ha perdido definitivamente su trabajo. Otras tantas personas están en el seguro de desempleo, con la espada de Damocles sobre sus cabezas, porque no saben hasta cuándo podrán aguantar las empresas donde trabajan. La Intendencia de Montevideo acaba de anunciar su propuesta para afrontar la disminución de venta de boletos, que será del orden de un 12% de disminución salarial. No se trata del gobierno nacional, sino de la intendencia de Montevideo, que deberá hacer lo más razonable para afrontar una de las consecuencias de la Covid19, la primera gran sorpresa que debió hacer reflexionar a quienes tenían lista una rígida estrategia para enfrentar estos próximos 5 años. A la pesadumbre de la gente, como consecuencia de la pandemia, se le agrega la incierta actividad laboral, de la que no se puede prever dónde y cuándo el país estará en condiciones de retomar la vida normal.

Cabe preguntarse si este timing tiene que ver con las próximas elecciones municipales o seguirá adelante, pase lo que pase. Si la campaña de desprestigio de las figuras del oficialismo sigue adelante entonces puede correr el riesgo de fracasar por el crecimiento de un gobierno que pudo enfrentar con éxito la pandemia, a pesar de estar rodeado por dos grandes países que no han tenido iguales resultados a los del nuestro. Hoy, Uruguay, está en las portadas de los diarios de todo el mundo, y es mencionado por las agencias de noticias, cada día, como un buen ejemplo a seguir.

También cabe preguntarse si esta es una campaña dirigida o fruto de la espontaneidad de la militancia de izquierda. En todo caso está fogoneada por la opinión de muchos de los voceros que participan en programas de opinión, y por las declaraciones que a diario emiten los referentes políticos. Esas declaraciones no deberían ser tan apresuradas, tan de barrabravas sino de políticos que ofrecen algo claro para el futuro del Uruguay.

Hay serias evidencias de que el país está asediado por los grandes carteles internacionales de la droga, y la criminalidad ha cambiado. También ha cambiado el tipo de crímenes, y el volumen de hurtos y rapiñas. Esto es un caldo de cultivo explosivo, y afecta a toda la sociedad uruguaya. ¿Qué quiere decir esto? Que el tipo de campaña anónima, de desprestigio sistemático del gobierno, sólo consigue deteriorar la imagen que la ciudadanía tiene de la política y de los políticos. Si la política desprestigia a la política, ¿en qué tipo de futuro aspiramos vivir? Esto ya lo vivimos en la década del sesenta, y terminó como terminó. Los actores son otros, y los paradigmas son distintos, pero las sociedades siguen a paradigmas. En una sociedad degradada económicamente, el populismo le puede ganar más fácil de lo que parece a la compleja y, muchas veces, lenta respuesta de las instituciones democráticas.

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