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Murgas: no parece un año electoral por Jorge Pasculli

Murgas: no parece  un año electoral por Jorge Pasculli
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Seguramente muchos suponíamos que por tener tres elecciones nacionales por delante(internas, nacionales, segunda vuelta, y además municipales a mitad del año que viene…) este carnaval estaría invadido por el tema.   Diez días después de compartir algunas observaciones sobre la primera semana, algunas se confirman y otras se amplían en mi percepción como simple ciudadano sobre este carnaval. Pero nada más que eso, una voz.

Pocas expectativas en lo partidario

Recorriendo el amplio abanico murguero encontramos un llamativo consenso espontáneo en profundizar en cómo estamos viviendo, individualmente y como sociedad. Pero pocas referencias a lo político partidario. Salvo alusiones, palos y chistes (casi por compromiso) a algunos temas y personalidades cantados, las elecciones no aparecen como tema central, sino muy lateral para el año que nos espera. Como que del árbol caído nadie tiene muchas ganas de hacer leña fácil, más aún cuando de las posibilidades futuras no se vislumbran grandes cambios con respecto a los problemas que hoy nos preocupan. Aún aquellas murgas que han tenido una ligazón más directa con la izquierda expresan sí su adhesión a esos principios e ideales, pero sin la pretensión de que la única salida o solución es votar al Frente Amplio.   En cambio, casi todas las murgas –por no decir todas porque me faltan ver algunas- se meten de lleno con los temas y problemas que hacen a nuestra vida diaria, individual y colectiva. Cada una en su estilo, pero llenas de observaciones agudas y removedoras. Cantadas con fuerza, convencimiento y necesidad de expresarse. Y con un crecimiento artístico impresionante. Lo mismo podría decirse en cuanto a las demás categorías.

¿Por qué será?

Así como cada murga o conjunto tiene su identidad y estilo así podríamos decir que no hay un solo público, sino diverso, aunque todo es parte del carnaval uruguayo. Sin embargo, me parece, hay un consenso general de que gane quien gane las elecciones nadie espera milagros. Las murgas lo reflejan y así también el público que las disfruta. Como que si bien las encuestas hablan de un número específico de indecisos, si alguna investigara por el grado de adhesión, convencimiento y entusiasmo de los que dicen tener definido el voto, el resultado daría algo similar a lo que presentan este año las murgas: un “es lo que hay…”     Más allá del grado de politización de cada uno, parece haber una conclusión bastante generalizada(consciente o Inconsciente): ni el gobierno o la oposición pueden por sí mismos arreglar todos los problemas solos. Aunque los partidos cambien de roles tras los varios comicios.    Y esto no parece ser un palo solo para los políticos –que es lo más fácil- sino aceptar que la realidad es mucho más compleja y que nadie tiene la varita mágica para solucionar todos los problemas y dejar conforme a todas las partes. Mucho más si esos problemas se encaran desde el “todos contra todos”, a través del fanatismo o el etiquetamiento a priori. No promueven el desinterés político, sino una nueva forma de hacer política, que se aplique a solucionar los principales temas y no a vencerse unos a otros.    La convocatoria de las murgas es a que los ciudadanos encaremos un rol mucho más protagónico en nuestras propias vidas y en la sociedad. Que dejemos de quejarnos, de balconear, de echarle la culpa a otros, que empecemos a valorar lo que tenemos y a participar en la búsqueda activa de lo que queremos. A diario.

“¿ Y por casa…?”

Además de la evidente superación los carnavaleros han logrado mejorar viejas antinomias, entre categorías, entre cada categoría, y la “locura” por quien gana. Hay tolerancia, respeto, afecto en la convivencia entre todos. Y ese es el mejor ejemplo para sustentar lo que nos proponen. Las murgas nos permiten reflejarnos en esos espejos que construyen cómo estamos viviendo, individual y colectivamente. Algunas veces con humor, y otras veces encarándonos directamente como cuando hace 30 años cantábamos con toda nuestra fuerza “a desalambrar”… ¿Cuál es el punto en común de las murgas? Aunque suene cursi: “la felicidad”. Es decir, cómo vivimos y cómo sentimos qué es nuestra vida. Qué hacemos por mejorarla realmente. En la diaria, en la que nos toca. A nivel ciudadano, como seres humanos.

“A desalambrarnos…”

Y allí va también un señalamiento más o menos explícito según cada murga: la política tiene que cambiar sí, la tenemos que cambiar entre todos, pero eso tampoco arreglará tus problemas individuales y como sociedad, si vos no cambiás y cambiamos todos. Las murgas convocan a una actitud de vida abierta, respetuosa de uno mismo y de los demás, buscando una vida más saludable, más plena, activa, encarando los verdaderos problemas con entusiasmo vital, con espíritu de solucionarlos y no de ganar pulseadas.

Haz lo que yo hago.

Y eso es de una enorme sabiduría de vida cuando –además- se pregona con el ejemplo como en el caso de las murgas y conjuntos  este año. Por su enorme superación en todos los rubros, por el entusiasmo y esmero que ponen en sus propuestas y por la fuerza con la que se comunican con nosotros. No hablan de la “felicidad”, son felices. Miles de uruguayos en todo el país son felices varios meses al año formando parte de grupos con los que preparan un proyecto en el que creen, por el cual luchan, se esfuerzan, ponen tiempo y dinero, se realizan. Y eso es muy bueno en una sociedad que espera demasiado del cinco de oro, de la marihuana, de Suárez y Cavani, del gobierno de turno, del Estado, del mercado, antes de mover un dedo…

Es impresionante la cantidad de conjuntos de todas las categorías que están viniendo del interior, por ejemplo. Y todos con una dignidad, con un crecimiento artístico, con unas ganas de expresarse, que contagian.

Dime qué miras y te diré qué buscas…

Y si este ejemplo del carnaval es significativo en el mensaje que expresan desde el escenario, no lo es menos el entusiasmo con que la gente lo recibe. Algo está cambiando en nosotros.  Un matrimonio argentino que viene siempre a ver nuestro carnaval -como miles a pesar de lo económico-, nos confesaba su sana envidia por nuestra fiesta popular, de la madurez de las letras y propuestas artísticas de miles de artistas populares de todas las edades: “Ojalá nuestros políticos de allá tuvieran la claridad y valentía para expresar lo que dicen las murgas de ustedes.”                A propósito, sería bárbaro que se oficializara el encuentro de murga joven, que tuviera aún un espacio más específico y destacado durante carnaval. Y que se creara una categoría senior para aquellos carnavaleros que ya no están para estos trotes pero mantienen el fuego encendido. Acuérdense de La Matineé. Armaron una murga de veteranos, hace 14 años, que la rompió. Hasta una película maravillosa hicieron.    Lo otro, es necesario seguir buscando fórmulas para que existan más tablados. La creación del sindicato de trabajadores del carnaval posibilitará desde ahora el aporte fundamental de quienes lo llevan adelante.    El Carnaval está vivo, lucha y es felíz. No es más felíz el que más tiene, sino el que menos precisa.

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