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Nada que comprender

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Por los años noventa se podía ver una serie de TV llamada Dinosaurios que tenía como protagonistas a una familia de dinosaurios de apellido Sinclair. Al estilo de Los Simpsons, pero mucho más directa en algunos aspectos, Dinosaurios parodiaba el modo de vida norteamericano, poniendo como uno de los ejes de la crítica la manipulación a través de los medios de comunicación. En uno de los capítulos se desataba una guerra entre los dinosaurios “bípedos” y los dinosaurios “cuadrúpedos”. El bebé de la familia Sinclair no entendía por qué había que hacer la guerra a los cuadrúpedos (los Sinclair eran bípedos) si él se pasaba todo el tiempo caminando en cuatro patas. Ante el cuestionamiento el padre de familia, Earl Sinclair, le respondía: “eres muy pequeño para entender las complejidades del racismo”.

Arizona, la obra teatral escrita por el español Juan Carlos Rubio que va en la Sala Cero de El Galpón, parece tener una lógica similar. Margaret y George son dos norteamericanos, cristianos y conservadores, que se instalan en la frontera entre los EE.UU. y México. Forman parte del proyecto Minuteman, que organiza civiles voluntarios para vigilar la frontera y denunciar inmigrantes ilegales. Los dos personajes son bastante paródicos y mantienen rígidamente la relación de subordinación y protección entre hombre y mujer. Pero cuando Margaret, Biblia en mano, empieza a cuestionar la lógica racista de George, apelando a razones bíblicas entre otras, el hombre responde: “No hay nada que comprender, ¿no lo entiendes? No debes intentar comprender lo que no debe ser comprendido… Ellos son nuestros enemigos. Vienen a robarnos, a saquear…”

No hay nada que entender, no hay nada que comprender, solo hay que odiar al otro, rechazarlo, construir la propia identidad negando al otro. Esa lógica nacionalista que está rebrotando con sus peores manifestaciones tiene entre sus máximos exponentes a un sector de la población estadounidense, bastante bien representada por su presidente actual. Pero no es necesario escarbar mucho para encontrar estas fronteras y divisiones irracionales que plantea Rubio en otros puntos del globo.

La escenografía del espectáculo parece subrayar el carácter artificial e innecesario de todo lo que sucede. Los juegos de lenguaje son particularmente efectivos gracias a un trabajo de Marina Rodríguez y Pierino Zorzini que nos comprometen con la convención paródica que se plantea en la obra. Lo que parece no cerrar mucho es el potencial crítico del espectáculo. La serie Dinosaurios se metía en los hogares del ciudadano norteamericano medio (y en el de sus colonias culturales como Uruguay) y allí es donde podía cuestionar de alguna forma a quien alentaba esas prácticas. Los “claudios” de Hamlet podían encontrarse frente a sí mismos mirando la TV desprevenidos. Pero es difícil que encontremos en la platea de una sala teatral a alguien que desprevenidamente se encuentre frente a sus prejuicios racistas enunciados de forma explícita como aquí. Y así estamos frente a una obra en que nosotros, los que creemos que no somos racistas, nos reímos de los brutos gringos que sí lo son.

No está mal la intención, pero parece que no logramos salir del esquema de “convencer convencidos” si la intención de la obra es polemizar sobre un tema complejo de nuestra realidad. Más allá de esto, el espectáculo como tal funciona, divierte, plantea un problema actual y aporta datos sobre prácticas que por irracionales que parezcan aumentan día a día.

 

Arizona. Autor: Juan Carlos Rubio. Dirección: María Pollak. Elenco: Marina Rodríguez, Pierino Zorzini.

 

Funciones: sábados 21:00, domingos 20:00. Sala Cero de El Galpón.

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.