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No me contagies a mí, Argentina…

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En la vecina orilla se pudrió todo: Corrupción, devaluación, inflación, evasión,  prisión y todos los  otros “on” que se nos ocurran.  ¿Qué repercusiones tendrá de este lado del Plata? ¿Debemos preocuparnos?  ¿Se visualiza una mala temporada turística? ¿Esta nuestro país descolgado de la economía argentina?  ¿Es un alerta de lo que se avecina en Uruguay?  ¿Cuánto pesa la herencia kirchnerista?   ¿Cómo se soluciona el tema de la pobreza? ¿Tenía Macri una alternativa económica diferente? ¿Corre riesgo la institucionalidad en Argentina?

 

Siempre con la misma piedra

Por Javier de Haedo

La reiteración de situaciones como la que se vive hoy en Argentina y también como las que se han vivido algunas veces en nuestro país, nos han dejado algunas lecciones que cada vez que se repiten, parece que se habían olvidado.

Uno, cuando hay ajustes pendientes, tarde o temprano se hacen. Me refiero a los ajustes de precios relativos (en particular, del tipo de cambio relativo al resto de los precios de la economía) y a los ajustes fiscales. Con la macro no se joroba, la macro no perdona, es vengativa.

Dos, cuando el ajuste que está pendiente no es diseñado por el gobierno (las medidas que forman parte de él, su timing), entonces lo diseñan las circunstancias, y es más grave, más doloroso que si se hace “por las buenas”. El FMI permite suavizar el ajuste, al dar el financiamiento que ya no da el mercado. El “costo político” y el “costo social” del ajuste es mayor ahora en Argentina que si Macri lo hubiera encarado en 2016.

Tres, por eso se debe ajustar al inicio del gobierno y repudiar la herencia. Esto resulta difícil cuando la herencia viene del mismo partido (PC en 2000 y FA en 2015). Macri no es del mismo partido que CFK pero no repudió su herencia para dejarla “viva”, dividiendo a la oposición.

Cuatro, nuestros vecinos son generadores y amplificadores de shocks externos.

Cinco, los shocks externos tienen consecuencias sobre variables reales: nivel de actividad, salario, precios relativos. Y sobre la situación fiscal. Lo que sucede hoy en Argentina es para Uruguay un shock externo negativo. Va a afectar acá la actividad económica, el empleo y el salario real, va a dar lugar a un abaratamiento en dólares e impactará en el déficit fiscal.

Sexto, cuando los shocks son negativos, conviene asumirlos como permanentes, de modo de minimizar el riesgo de equivocarse.

Séptimo, “casarse” con el vecino caro es cómodo hasta que él ajusta, por las buenas o, peor, por las malas. Es cómodo porque permite diferir los ajustes pendientes.

Octavo, Uruguay no tolera por mucho tiempo, cualquier relación de precios con Argentina (por lo referido antes en “Cinco”).

Noveno, Argentina sigue siendo muy relevante para Uruguay, aún ya sin incidencia del “canal financiero”. No se la debe subestimar. Es nuestro principal “cliente” si se consideran las exportaciones de bienes (excluidas las zonas francas) y de turismo y compras.

En definitiva, Argentina ha vuelto a tropezar una vez más con la misma piedra: la del desequilibrio fiscal insostenible, que a veces la ha conducido a una inflación altísima y otras veces al default de su deuda pública. Y Uruguay vuelve a tropezar, también con la misma piedra de siempre: “casarse” con una Argentina cara, que después se abarata de golpe y nos deja colgados del pincel. Y que nos obliga a emprender los ajustes que habíamos dejado de lado.

 

Argentina abre la caja de pandora regional

Oscar Mañán

La carta de intención firmada por Argentina con el FMI desempolva los viejos programas dolorosos de la ortodoxia neoconservadora, exige un fuerte ajuste de sus desequilibrios fiscales. Deberá aumentar ingresos, vía impuestos a las exportaciones (aunque la caída de precios de los granos no darían mucho margen), o a la salida del país; o disminuir gastos, reducción del Estado, caída de subsidios y del empleo público, licuación de salarios, más “miseria patriótica” para honrar las deudas y cumplir con los mercados.

El descalabro macroeconómico argentino está siendo ya de gran preocupación del gobierno de Uruguay; más allá de declaraciones que buscan “tranquilizar” a los mercados y a la población. Las declaraciones enfatizan la corrida del dólar y contraponen la diversificación de la canasta exportadora de Uruguay respecto al vecino país que ya no es la del 2002. Cierto, pero solo si la referencia es el comercio de bienes. Cuando se mira los servicios, los vecinos siguen contribuyendo a las divisas del país vía turismo (2.1 mmd) casi igual que el socio principal que es China (2.5 mmd) en bienes.

Otros impactos son aún más preocupantes, sin desmerecer la oferta turística, por su imbricación con el conjunto de la economía. El deslizamiento del dólar en Argentina ya tuvo impacto, en agosto el dólar se valorizó un 6% a pesar de que el BCU estuvo activo. Esto en una economía abierta y concentrada como la del país, tendrá un impacto  positivo en los precios de los bienes de consumo y negativo en la recaudación de las arcas del Estado. Asimismo, los sectores obreros que ya tuvieron sus rondas salariales y los convenios firmados van a sentir la caída de su poder adquisitivo.

El impacto en las expectativas económicas de los agentes ya es un hecho, aquellos que tienen que planear conductas de consumo o inversión, en cualquier caso serán más cautos, influyendo en la contracción económica (ya se corrigen a la baja estimaciones de crecimiento). La larga frontera con Argentina, ya muestra movimientos de consumidores en busca del diferencial de precios, ya sea en combustibles, gas y/o múltiples productos de consumo doméstico. En los últimos días se subrayó la fragilidad de las fronteras, particularmente, por denuncias de ‘la ruta del dinero K’. Los trabajadores de Aduana alertan sobre la insuficiencia de puestos de control, que a su vez, siguen cerrándose por falta de personal. Incluso la armada también sostuvo el abandono de puntos neurálgicos del litoral.

Asimismo, quienes esperan dotaciones de inversión extranjera directa que impulse la economía comienzan a divisar nubes, porque sabido es que las grandes inversiones no miran países sino que regiones. La cuenca del Plata se vuelve sin duda poco atractiva, sus mayores países, Brasil y Argentina, con problemas diferentes, ambos arrastran cierta inestabilidad económica que podría evolucionar a política.

 

El problema no es el contagio

 

Agustín Iturralde

A veces parece que los economistas nos esforzamos en complicar las cosas. Macri tomó un país con muchas anomalías económicas pero una que explica casi todas las otras: el insostenible déficit fiscal en una economía que ya no crecía. El plan del gobierno consistía en una “normalización” gradual, el déficit se reduciría básicamente por el crecimiento económico entonces Argentina saldría adelante sin ajustes significativos. El fracaso es indiscutible, casi tres años después el déficit fiscal no bajó, la economía sigue sin crecer y la inflación es altísima. La herencia K era pesadísima y las condiciones externas no ayudaron, pero los errores propios también fueron muy importantes.

Ahora tuvo recalcular y cambiar sur relato, ya con peores alternativas en la mesa. Anunciaron el fin del gradualismo, un plan más ortodoxo que eliminaría el déficit. En el corto plazo esto profundizará la recesión, en particular es muy preocupante como golpeará a los más pobres. Las mega devaluaciones imprevistas, que Argentina suele tener, han dejado a millones por debajo de la línea de la pobreza. En el mediano plazo Argentina elimina las posibilidad de un nuevo default, se asegura liquidez para terminar este gobierno y gana competitividad. Saber cómo va a afectar a Uruguay con exactitud es imposible, pero podemos decir dos cosas: i) si vamos a sentir el impacto y ii) dependemos bastante menos de Argentina que en 2002. La temporada turística 2019 será nuestro trago más amargo probablemente.

Uruguay parece copiar muchos de los errores de Argentina en menor escala, el más claro, un alto déficit fiscal. El gobierno que asuma en 2020 tomará el país con una relación entre déficit y crecimiento peor que la que recibió Tabaré de Mujica que ya era compleja. Si la economía arranca la vamos a ir llevando, si se sigue complicando estamos en problemas serios. Difícil poner otro adjetivo que el de irresponsabilidad. En otras palabras, el problema no es tanto el contagio desde Argentina, sino los errores que, en menor medida, también comentemos.

Hablar de déficit es aburrido y suena a tecnócrata insensible, pero la realidad es distinta. La irresponsabilidad fiscal, a la corta o a la larga, la pagan sobre todos los más débiles que de golpe se encuentran con ingresos que suben mucho menos que los precios, lo cual hace subir la pobreza. Mirando el barrio vemos una correlación clarísima: quienes peor están son quienes más irresponsablemente gastaron en la bonanza: Venezuela, Brasil y Argentina. Ser responsable con el gasto no es suficiente, pero es imprescindible para cuidar a los más pobres. En Uruguay todavía estamos a tiempo.

 

Por supuesto que nadie está inmune

Alfredo Asti

l derrumbe de la economía y la crisis social que atraviesa Argentina acorralan a Mauricio Macri. El peso argentino se ha devaluado más de 50% frente al dólar en lo que va del año y las medidas paliativas llevadas a cabo han sido desde la ortodoxia. El Banco Central subió la tasa de interés e intervino en el mercado cambiario para sostener la moneda. La tasa de referencia argentina es ahora del 60%; récord mundial y nueve veces más alta que la de su principal socio comercial Brasil; y la sangría de reservas internacionales que intentaron frenar la devaluación resulta sumamente significativa pero poco efectiva. Hay casi unanimidad en el diagnóstico que hacen los expertos: Argentina enfrenta, más allá de la pérdida de solidez económica, un problema de falta de confianza.

 

Frente a esta situación, Uruguay debe tener una actitud calma y proactiva, en tanto, a diferencia de nuestros vecinos, nuestra situación actual es de estabilidad macroeconómica y fiscal, y de enorme solidez financiera; que se traduce en confianza hacia el país.

El alto nivel de reservas internacionales que tiene Uruguay es una ventaja sustantiva para afrontar estas situaciones. En este sentido, Uruguay debe ser de los pocos países a nivel mundial con un respaldo financiero en el orden del 30% de su producto. A la luz de los hechos parece insoslayable que el riesgo de Uruguay respecto a Argentina es muchísimo menor que en la crisis de 2002, ya que no hay un volumen importante de depósitos de argentinos y Uruguay tiene un sistema financiero mucho más fuerte y solvente que en aquellos años.

En todos estos años de gobierno frenteamplista el país ha construido importantes fortalezas y se ha desacoplado de la región, en particular de Argentina luego de la crisis de los cortes de puentes, desacople que es reconocido a nivel internacional, dejando atrás el dicho popular que aseveraba que “Cuando Argentina se resfría, Uruguay estornuda”. Ejemplo de esto es que desde 2011 la economía uruguaya creció 20%, mientras que la de Argentina apenas lo hizo 2,2% y la de Brasil apenas 0,7%. Cuando en 2014 la economía argentina decreció un 2,5%, Uruguay creció 3,2% y cuando en 2016 el vecino país cayó otro 1,8%, Uruguay volvió a crecer un 1,7%.

Por supuesto que nadie está inmune, sabemos que tanto Argentina como Brasil tienen un impacto importante en la exportación de bienes y servicios, pero esto no debe ser motivo de alarma en este lado del río porque esta situación no toma a Uruguay desprevenido, por el contrario, se ha llevado adelante una política consistente de largo aliento, con el fin de reducir al mínimo el riesgo de “importar” una crisis económico-financiera como la que padeciéramos hace ya 16 años.

Las áreas que pueden verse afectadas son el turismo y la industria manufacturera, que hoy no tienen una alternativa a corto plazo; pero en términos generales, la vinculación comercial con Argentina ha declinado. El último informe de la Unión de Exportadores del Uruguay, correspondiente al mes de agosto, ubica a Argentina en la quinta posición como destino de las exportaciones de bienes uruguayos, representando sólo un 5,4% de las exportaciones totales, quedando por detrás de China, Brasil e, incluso, Estados Unidos.

Con respecto al turismo, ya se están tomando medidas, como la reinstauración del beneficio de la devolución del 22% de IVA a los turistas no residentes. Se seguirá trabajando para pensar y aplicar políticas que amortigüen los efectos negativos en estos rubros, buscando proteger el comercio local.

Cabe recordar que desde la oposición se aplaudió con beneplácito la llegada de Macri al gobierno y se pretendió trazar un paralelismo con Uruguay, advirtiendo que, así como venían vientos de cambio en Argentina, luego de las próximas elecciones nacionales uruguayas esos mismos vientos vendrían aquí. Nosotros nos preguntamos qué piensan ahora, cuál es su programa de gobierno, cuál es el modelo de país que proponen. ¿Acaso es aplicar las mismas recetas que aplicó Macri en Argentina y ellos mismos en nuestro país cuando fueron gobierno?

Es preciso tener memoria, mirar a nuestro alrededor y reflexionar el modelo neoliberal y restaurador que propone la derecha, con promesas de cambio que terminan siendo todo lo contrario, con ajustes económicos y consecuencias sociales nefastas que terminan afectando a la gran mayoría de la población, con pérdida de derechos laborales, de beneficios sociales, de la capacidad de compra, de puestos de trabajo, devaluación de la moneda, entre otros lamentables efectos; que se traducen en inestabilidad económica como la que está sufriendo Argentina y su gente, y que inevitablemente traen consigo esta triste situación que está viviendo el país vecino con multitudinarias manifestaciones populares, saqueos, incertidumbre; en definitiva, con un gran caos social.

Conocemos esa receta y no queremos volver a aplicarla.

Semanario Voces Simplemente Voces. Nos interesa el debate de ideas. Ser capaces de generar nuevas líneas de pensamiento para perfeccionar la democracia uruguaya. Somos intransigentes defensores de la libertad de expresión y opinión. No tememos la lucha ideológica, por el contrario nos motiva a aprender más, a estudiar más y a no considerarnos dueños de la verdad.