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No se puede vivir sin amor

No se puede vivir sin amor
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El psicoanalista, músico, escritor y actor argentino, Gabriel Rolón, pasó hace unas semanas por Montevideo junto a su esposa, la psicóloga, abogada y escritora Cynthia Wila, para presentar la obra “El amor y las pasiones”. Ella, además, publicó recientemente la novela “El cuerpo prohibido”. Ambos conversaron con Voces acerca del concepto “amor” a lo largo de la historia.

  

¿Por qué hablar del amor en este siglo XXI “problemático y febril?

 Gabriel Rolón: Si pensás, la obra más grande de la historia de la humanidad para Occidente —que es La Ilíada— no tiene otro origen más que el amor, más que los celos y que la infidelidad de Helena y de alguien que está dispuesto a llevar a su pueblo a una guerra de diez años por el amor de una mujer. El amor nos recorre históricamente y en lo personal desde que llegamos al mundo hasta que nos vamos. ¿Cómo llegamos? ¿Fuimos deseados? ¿No fuimos deseados? ¿Fuimos abandonados? ¿Nos adoptaron? ¿Cómo nos vamos?  ¿Nos vamos solos, en un hospital, donde nadie nos viene a ver? ¿Nos vamos de la mano de nuestros hijos, de nuestra pareja? Es decir, el amor es un tema ineludible y además es un enigma. Yo creo que el ser humano siempre se preguntará por sus dos enigmas que son el amor y la muerte.

¿La contracara es la muerte?

 Rolón: Claro, el amor y la muerte. Por eso no puede haber una civilización humana, no puede haber arte, no puede haber literatura ni ninguna planificación humana sin el amor y la muerte.

Ustedes, cada uno desde un lugar distinto a pesar de tener en común la sicología, ¿buscan aportar respuestas o pistas para colaborar en descifrar ese gran enigma que es el amor?

 Cynthia Wila: Sobre el escenario, como bien dijiste, cada uno tiene una postura diferente porque si no no sería atractivo lo que estamos mostrando. Yo, en realidad, encarno la postura del amor romántico, de la ilusión, del ideal. Soy escritora de novela histórica romántica y me calza justo el papel. En cambio, Gabriel habla del amor controversial, más sufriente, el costado quizás más oscuro que tiene el amor, el que te pone en riesgo, el que te hace sufrir.

¿Esa distribución es porque tú sos mujer y él hombre y lo ven desde ese lugar? ¿O es casualidad?

Wila: No, básicamente porque hemos decidido así, porque él es un psicoanalista reconocido y yo soy una escritora romántica. Creo que nos caen mejor esos papeles y el juego que se da en escena es muy interesante porque convierte el espectáculo en un debate reflexivo. En realidad, aludimos y apuntamos a que el público se vaya con preguntas, se vaya con cuestionamientos internos respecto de su vida, de las cosas que le pasaron y que le pasan o de las cosas que desea. Y por qué no modificar, para ser un poco más feliz.

Rolón: Yo creo que tiene que ver con eso, ¿no? Si algo pretendemos no es aportar una respuesta novedosa con respecto al amor, sino abrir, interrogar algo que, a lo mejor, el público no tenía cuando llegó. Porque todos tenemos alguna idea: “para mí el amor es esto”, “para mí es aquello”. “¡Ah, pero si es así, entonces no es amor!”. Tratamos, de algún modo, de conmover el prejuicio, la idea preconcebida que el público trae sobre el amor.

Nunca nos resulta fácil hablar del amor, ¿no?, salvo que estemos muy enamorados…

Rolón: Yo estoy enamoradísimo y me cuesta mucho, igual, hablar del amor (risas).

Pero en esta interacción ¿encuentran que la gente se abre, expone sus buenas y malas experiencias?

Wila: La verdad es que no es una entrevista, la gente no participa activamente, sí participa con su emoción. A veces encontramos bullicio en relación a lo que dice Gabriel o aplausos en relación a lo que digo yo. Y esa conmoción es la que genera en el público un tema difícil de abordar. La verdad es que lo hacemos de una manera amena, le ponemos mucho humor y también tocamos cosas muy sensibles en donde la gente se emociona. En el público, lo que ves al final son los debates que se generan cuando nos llaman y nos dicen “bueno, mirá, no estoy tan acuerdo con tu postura” o “yo estoy más de acuerdo con la de Gabriel”, “lo que dijiste me hizo pensar, yo estaba a punto de terminar una relación y ahora me lo estoy planteando”. O al revés.

Rolón: O cosas tipo “pensé que estaba muy bien y cuando me pregunto estas cosas no estoy tan bien”. Yo tenía un formato anterior que se llamaba Entrevista Abierta donde el público directamente preguntaba y yo veía que la gente se animaba. Cuando le das un clima de respeto, la gente se anima a exponerse. Por ahí, al principio, la pregunta era medio socarrona o graciosa, pero a medida que íbamos armando el tema, empezaban las preguntas más serias, las más difíciles, incluso, para responder y analizar. En este espectáculo no apuntamos a eso pero, a veces, tomamos al público como jurado. No hacemos intervenciones terapéuticas, simplemente invitamos a que la gente se cuestione, piense, que a lo mejor el amor no es lo que cree. La gente, a veces, da por sentado que porque se conocieron y se enamoraron ya está.

Que el contrato ya está firmado y es para siempre…

 Rolón: Claro. Y en esto, te diría que es maravilloso, cada tanto, volverse a mirar y a hablar y a preguntarse si tienen ganas de renovar este contrato de estar juntos. Entonces, este tipo de cosas son un modo de llamarle la atención a la gente, de los amores que pueden ser peligrosos, que como, a veces, se quedan en lugares donde no tienen que estar, que están sufriendo. A veces dicen “estoy enamorado, tengo una familia…” Empezamos a cuestionar esos lugares.

¿Ha cambiado el concepto “amor” a lo largo del tiempo?

 Rolón: Con esto de a lo largo del tiempo, Cynthia es una estudiosa desde la novela romántica y se ha fijado, sobre todo, en los cambios acontecidos desde el lugar de la mujer

Wila: La verdad es que las mujeres de antaño, de siglos anteriores, no tuvieron las mismas posibilidades y libertades de amar. Siempre las cuestiones culturales y sociales influyen en los ámbitos personales, en las formas y en las emociones de amar que tiene cada ciudadano. Antes la mujer estaba relegada a la expresión de sus padres o sus tutores, no tenía la posibilidad de expresar lo que sentía, nadie le preguntaba. A veces estaban dirigidas a un hogar o a un señor que no amaban nunca. Era una imposición y era impensado rebelarse contra eso. Hoy en día, por suerte, las cosas han cambiado. La mujer ha ascendido y ha logrados derechos civiles, el votar ha sido una de las conquistas, y derechos con relación a su libertad y la forma de expresar lo que siente, llevarlo a cabo, jugarse por sus deseos, por sus pasiones. De todo esto hablo en mi último libro, El cuerpo prohibido, donde toco tres generaciones de mujeres, un linaje familiar signado por cuestiones relacionadas por la infidelidad. Son tres generaciones marcadas por hombres infieles y traidores, y en la última generación la nieta se da cuenta de que eso es un suceso repetitivo en la historia familiar. Ella tiene ganas de vivir una vida distinta, más feliz. Y la apuesta, para cualquier ser humano, es advertir cuáles son las repeticiones de la vida que te ubican en lugares dolorosos y tener la valentía de enfrentarlas. Quizás jugarte por una pasión en una pareja, jugarte en un trabajo, en la elección de una profesión. Jugarte en otra cosa diferente a lo que esperan de vos.

GR: A mí me parece que también en los hombres hay un cambio. Porque, obviamente, más allá de las libertades y de los logros que han tenido quienes se enamoran de alguien de su propio género, esto ya es un cambio cultural de la manera en la que se vive el amor. Por ahí, antes alguien estaba condenado a casarse y tener hijos cuando su amor, su deseo, estaba en otro lado. Y hoy esto no pasa. También creo que los hombres nos hemos ido feminizando un poco y hemos perdido un poco de miedo a la emoción.