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¿Oposición con sotanas?

¿Oposición con sotanas?
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 La difusión del documento de los obispos hace unos días generó una polémica con el prosecretario de la Presidencia Juan Andrés Roballo, connotado militante demócrata cristiano, que salió al cruce del Cardenal Sturla. Sorprendió que se criticara de una forma tan fuerte desde el gobierno a la iglesia católica, adjudicándole apoyo al movimiento de autoconvocados y al partido Nacional.

¿Corresponde que una institución religiosa opine sobre la situación del país? ¿El gobierno no tolera ningún tipo de críticas? ¿Se puede marginar de la actividad social a una religión? ¿Se inmiscuye la iglesia en la lucha intra partidaria? ¿El documento de los obispos falsea la realidad? ¿Hay `poca tolerancia gubernamental al disenso? ¿Retoma vigencia la vieja frase “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”?

 

Religión y Política: ¿Ignorancia o mala fe? por Miguel Pastorino

 

Hace casi dos años nació un nuevo programa periodístico en Radio Oriental (770 AM) llamado “Tendiendo Puentes”, que se emite los sábados a las 10:30 y que cuando lo “inventaron”, supongo que no podrían haber adivinado  que lo usaría el senador Luis Lacalle Pou en la presentación del exdiputado del Frente Amplio Gonzalo Mujica como integrante de su sector. En todo caso habrá sido el Partido Nacional quien copió  el nombre del programa y no la Iglesia. Pero si fue casualidad tampoco importa ahora demasiado. Creo que el problema que se generó a partir del mensaje de whatsapp que envió Juan A. Roballo al Cardenal Sturla hizo que muchos leyeran un documento de los obispos católicos como no lo han hecho nunca. Un amigo periodista llegó a preguntarme si Roballo y Sturla no estarían tal vez combinados para dar difusión al documento de la Iglesia. Interpretaciones pueden seguirse creando hasta escribirse una novela. Pero lo que me interesa resaltar, no es lo que ellos dijeron, sino que leyendo opiniones de todos los sectores políticos, me encontré con un gran desconocimiento –que confirmo cada vez más- respecto de las religiones en general y de la Iglesia Católica en particular.

Todos los años, desde 1967 –sin interrupciones-, los obispos uruguayos publican documentos donde se pronuncian sobre la situación del país, donde intentan dar una mirada a la realidad y reflexionar a la luz de la fe cristiana. Todos los documentos están disponibles en el sitio oficial de la Conferencia: http://iglesiacatolica.org.uy/documentos-ceu/

Un problema para entender a la Iglesia Católica, como a las demás iglesias cristianas o a cualquier religión, es la tendencia uruguaya a reducir los fenómenos religiosos a cuestiones políticas o sociales. El cristianismo tiene 2000 años de historia y el pensamiento social cristiano se ha desarrollado durante siglos y ha inspirado incluso a grandes humanistas de siglos pasados. La doctrina de la Iglesia en algunos aspectos puede parecer a veces comunista y otras veces, una prédica liberal. Interpretarla no es algo fácil, porque se trata de una doctrina que tiene 1700 años más que “la izquierda y la derecha”. El desconocimiento de la misma le genera a muchos, ideas paradójicas y contradictorias. Por ejemplo: cuando el entonces arzobispo Cotugno usó una expresión de Juan Pablo II: “Capitalismo salvaje”, le llamaron “obispo comunista”. Pero cuando hablaba en contra el aborto, lo llamaron “fascista”. El problema es que para la Iglesia ninguna de las ideologías modernas es compatible totalmente con su doctrina social, porque el cristianismo pone al ser humano por encima del Estado o del capital. Nadie puede negar que los “hombres de Iglesia”, como cualquier ciudadano, tengan sus afinidades políticas o sus simpatías personales, pero cuando escriben un documento oficial, lo hacen desde la doctrina social y no desde “izquierdas” o “derechas”. Cuando se lee un documento episcopal, conociendo la doctrina social bimilenaria, se puede contextualizar mejor el contenido y no caer en visiones caricaturescas. Los católicos defienden una visión antropológica no negociable, porque no la decide el Papa de turno o el obispo local, es la fidelidad al Evangelio.

Durante los años de la dictadura en el Uruguay, cristianos católicos y protestantes de distintas iglesias trabajaron juntos en la defensa de los Derechos Humanos y crearon espacios de reflexión y resistencia ciudadana que fueron catalogados de “comunistas”. Seguro por no entender que el Evangelio no les dejaba otra opción que jugarse la vida por una fe que defiende la dignidad humana por encima de cualquier interés, pero no lo hacían por ideología. Cuando -por ignorancia o por repetir slogans copiados de Argentina- el 8 de marzo pasado se gritaba “Iglesia basura vos sos la dictadura”, demostraban que no tenían idea que en esa misma parroquia “del Cordón” durante la dictadura muchos jóvenes encontraron refugio y un lugar para pensar y opinar en libertad.

Cuando la Iglesia se opone a ciertas posturas o denuncia males sociales, lo hace desde la fidelidad a su pensamiento propio, buscando construir, como una voz entre otras, un país mejor para todos. El cristianismo tiene un gran pluralismo y una gran diversidad en su interior, alojando a mujeres y hombres de diferentes ideologías políticas y de distintos ámbitos de la sociedad. Pero lo que los une no son afinidades ideológicas, sino una fe común y una doctrina común que pone al ser humano por encima de cualquier reduccionismo económico, social o político.

El desafío de construir puentes en una realidad que necesita que todos nos sumemos para eliminar las injusticias y crear una sociedad más humana y más solidaria, es un compromiso  de todos los uruguayos, no importa si somos ateos, cristianos, umbandistas, judíos, budistas o musulmanes, si somos de izquierda, centro, derecha, arriba o abajo. Lo que a fin de cuentas nos ayudará a todos es no polarizarnos, no enfrentarnos gratuitamente con ficciones conspirativas, sino buscar el encuentro y lo mejor que cada uno puede aportar para hacer un Uruguay para todos, sin exclusiones.

 

Dar la espalda, trasvestir el rostro por Hekatherina Delgado

Salí de espaldas en la tapa de este semanario porque no soy fetichista: la imagen siempre genera una forma específica del saber que lo transforma en disciplina, vigilancia y control. Es importante desobedecer el espejo, dislocar el rostro y salir de la disputa competitiva de la lógica de liderazgos. No voy a representar a la “bruja” que “puede ver el futuro” y “hacer magia”. Estoy a favor del aborto y del consentimiento anticipado, no participo de rituales seculares de “matrimonio” y no legitimo iglesias o sectas con mi presencia, tampoco digo a quien voto. Tampoco tengo utopías porque siempre alguien actúa de “cana”. Salgo a la calle y alguien defeca en un “tupper”, camino seis cuadras y alguien grita “me cogí sus pijas podridas”. ¿No hay respuestas “reales” de quienes gobiernan? A veces si, a veces no. Montevideo es una frontera cerca del río. Los desechos de la colonia se pasean por los corredores de los conventillos “reciclados” al ritmo snob de la gentrificación, los bancos con su prostibularia atención online nos exponen a las vanguardias del marketing de la transparencia. Las mismas personas viviendo en la calle y todos los co-working del mundo ofreciéndote autoexplotarte más cómodamente, en la “manada” hipster que te “meguste” más. Todo siempre es fagocitado por las culturas, la humanidad es una especie autodestructiva y detesto tener que erigir mi historia mientras los cuerpos se carcomen por sus “síntomas”. Mientras, sigue sin existir un sistema de justicia y apoyos que “repare”, desintitucionalice y potencie la autonomía de las víctimas de tortura en la última dictadura y posdictadura -por militares y civiles-, vamos a seguir escondiendo la “situación de discapacidad”. Siempre se aprende de distinta manera. Hubo una “década ganada” en algunas disputas locales y regionales, hubo una “década perdida” culturalmente frente al neoliberalismo junto a un fuerte empuje político de las religiones que hoy acompaña este avance fascista a nivel mundial cuando, en realidad, el gran fetiche hoy es la espiritualidad. El sistema funciona muy bien. No busco culpables, pero tampoco legitimo el argumento censurador de “no hables, no te expongas” porque “sos muy de izquierda” o “le hacés el juego a la derecha”. Quienes gobiernan de manera omisa le dejan el “campo infértil” a las religiones y al “emprendedorismo”, háganse cargo de nuestras “depresiones”. No prometan nada, hagan autocríticas -como cualquiera que se equivoca- y gobiernen para quienes tienen que gobernar. Nada es tan transparente como parece y “el opio de los pueblos” (dijo inteligentemente aquel a quien no hay que rendir culto) no tendría prebendas religión si yo gobernara, la catarsis ritualizada en favor de cualquier institución de sumisión que “lava” el “pensamiento” para domesticar el cuerpo en base a cualquier “fe” o “espiritualidad” en “dios”, “dioses”, “diosas”, “naturaleza”, “animal”, etc. le hace daño a la vida y castiga la existencia en el mundo. No me interesa que ninguna religión haga nada con mi dinero porque no deseo ni elijo vivir en “comunidad”, oprimen mi autonomía y siempre alguien es la chiva expiatoria de turno de los hilos de algún gobierno. Mi argumento es filosófico, científico y artístico. Sostengo una política desertora de las formas convencionales y no vendo fórmulas mágicas porque no me interesa. Todo sería más fácil si actuara lo que desean pero me aburriría. Las campanas sonaron al ritmo de los feminicidios durante más de tres años en las calles de Montevideo, el ejercicio del derecho a la apostasía pública frente a las iglesias es una realidad artística continua desde hace años en el mundo, ¿aún hay alguien que no comprenda quienes pretenden ser “mis enemigos”? Si, en la hipótesis bélica que pretenden imponer los religiosos tengo “enemigos” porque soy una “bruja enviada por la ideología de género”, es decir, una “terrorista a desaparecer”. Paranoia. Pánico, bastante ridículo todo. Las religiones pierden la posibilidad de decir algo legitimo sobre la política cuando rinden pleitesía a mitos arcaicos a cambio de dinero sabiendo desmintiendo sólo multiplican el hambre, la violencia, guerras y muertes. Las muertes de la Historia le pertenecen a todas las religiones y sus fanatismos. Las religiones “seculares” devenidas “ongs” son el camino más fácil para quienes están vulnerables por la lógica del mercado porque llevan a la dependencia del sometimiento y acostumbra a que “dios” se haga cargo de sus deseos autodestructivos de consumo o, lo que es peor, que se los “gestionen” sus “enviados” (cura, pastor, mae, guía, pae, rabí, gurú, maestro, etc.) y, así, formar parte de una comunidad servil “elejida” que interviene cuerpos, como marcaban con hierro a las esclavas. Es fácil imponer el libre arbitrio como solución privada del dolor porque entienden que todo lo que nos sucede es culpa de “ser pecadores”. Es una salida fácil para quienes arrancan confesiones con torturas, medicalización y encierro. Es fácil apelar al mito de origen monoteísta, politeísta o panteísta y siempre tratar de privatizar-cerrar el agujero existencial -con “lo espiritual”- de cargo de sobrevivir dignamente aunque nadie haya elegido su existencia en un territorio, época, lengua. Esos personajes son “famosos” y hacen mitines políticos con sus disfraces celestiales seculares y sus actuaciones robustas de represión y caridad mediática. Hegemonizan los medios de comunicación, son empresarios miedosos y lavadores de dinero que viven de fagocitar al Estado y hablan de “laicidad” sólo cuando les conviene para conseguir privilegios y poder. Basta con ir a cualquier barrio para darse cuenta de la cantidad de iglesias y sectas que pululan -con total frivolidad caudillista- frente al vacío político del neoliberalismo posdictadura. Hoy no somos más que cuerpos reventados por la dictadura, los ochenta y noventa gracias a la mezquindad política de blancos y colorados que jugaron al ping-pong con “el pueblo” multiplicando su impunidad y naturalizando que la ciudadanía les delegue el ejercicio del habla y la acción política. Hoy no somos más que los restos de los dos mil luchando para que no nos persigan, violenten o vomiten su mugre, mientras se regocijan de las ganas de  “chupame la pija”. Si, eso nos dijo un “cristiano” bajando sus pantalones para mostrar el pene en la puerta del Palacio Legislativo -nuestras instituciones públicas “laicas”- el día que Laje estuvo en Uruguay. “Que se vayan las feministas de mierda”, “que los planchas se mueran de una vez”, “que los pobres se jodan y laburen”, “más seguridad”, “levanten a los pichis”, “esa es una loca y es mala”. Miedo. Pánico. Terror de nuevo. Y “deberíamos buscar una forma de pagar menos impuestos porque lo que ella hace no son ni tareas domésticas ni de cuidado, no sé, pongámosla en negro”: más miseria, más endeudamiento. Loop. No tengo ni deseos ni forma de decirle a nadie qué hacer con su vida porque no me interesa, las religiones hacen eso. Y por eso, ciertos personajes hoy necesitan volver a estar presentes en la escena pública porque la mercadotecnia judeo-cristiana y su bajada de línea política regional viene por todo y están “en campaña”; como arrasa con todo el saqueo de los fascistas ya que las religiones “seculares” son de los fascistas y suelen disfrazarse de “beneficencia” y “puestos de trabajo flexibles” a costa de competir por feligreses religiosos o laicos y sumisas “unipersonales” que se traducen en votos conservadores y reclaman que baje la imputabilidad por la “paz” del país. Nuestras realidad es la del “sorete que lo mataron porque se lo merecía” y “la minita” que “algo habrá hecho” o “la trava que no tiene que existir” porque “son todos unos negros” y “si no le gusta que se vayan a su país”, “que migre”. Esos son los religiosos, esas que nos violentan todos los días. No soy la bruja que desean que actúe, cobro por lo que sé hacer y ese “trabajo” yo no lo elijo.

 

Maciel y familia por Gonzalo Maciel

Principio tienen las cosas. Hay que dejar bien en claro que nuestro Estado es laico y está separado de la Iglesia Católica. El resultado de esto es que el Estado y el gobierno no están obligados ni tienen por qué enfocarse en lo que opina la Iglesia Católica u otra religión. Por otra parte, la Iglesia Católica  es una organización religiosa con una amplia influencia en lo social, en lo educativo y en lo político. Por esto último se decidió separarla del Estado con acierto ya que el Estado es de todos y no solo de los católicos.

Hechas las dos aclaraciones vamos al tema para el que nos convocaron: la carta del Prosecretario de la Presidencia del Uruguay, católico confeso y practicante, integrante de la Democracia Cristiana, Partido fundador del Frente Amplio que en esos años hizo una alianza con el Partido Comunista del Uruguay -caso de estudio una Democracia Cristiana acordando electoralmente con una ideología que repudia y prohíbe la religión-. A raíz de un documento que publicó la Iglesia Católica del Uruguay, el Prosecretario de Presidencia, Juan Andrés Roballo, decidió “contestarlo” en un tono de crítica. En principio se dijo que era una carta, la cual fue leída en el informativo central de Canal 10 por Blanca Rodriguez, luego se dijo que fue un mensaje de Whatsapp enviado al Cardenal Sturla. Primer aspecto difuso, si fue un mensaje de Whatsapp ¿cómo llegó al informativo de canal 10?

Luego que se hiciera público el malestar de Roballo con el documento de la Iglesia, se empezó a comunicar el contenido del mismo, el cual comienza reconociendo las mejoras de los últimos años en distintos indicadores sociales. Esto dejó en evidencia que Roballo no había leído el documento. Además, la Iglesia dice que a pesar de las mejoras hay más por hacer y advierte sobre una creciente fractura social, la cual la Iglesia conoce de sobra ya que es una organización que trabaja en barrios donde muchas veces el Estado es el gran ausente, no ahora, desde siempre.

También se generó en redes sociales la crítica de siempre, mal fundamentada: “la Iglesia no tiene que opinar de nada porque en Uruguay Iglesia y Estado están separados”. Gran error, la Iglesia y cualquier otra institución religiosa pueden opinar, de hecho durante el debate sobre bajar la edad de imputabilidad, el Cardenal Sturla y la Iglesia se declararon públicamente en contra, y eso fue aplaudido por gente que hoy dice “la Iglesia no debe pronunciarse”.

Finalmente,  la Iglesia puede opinar y dar su visión ya que es una organización inserta en nuestra sociedad y con un alto grado de participación. El Estado debe garantizar que esta institución pueda expresarse con libertad pero a su vez tiene la libertad de no compartir su visión y de criticar el contenido de dicho documento. Roballo también tiene derecho a criticarlo pero no a título personal por el cargo que está ejerciendo, su crítica firmada “Roballo y Familia” no es otra cosa que la crítica del gobierno disfrazada de una opinión personal.

Tan solo sotanas por Ricardo Peirano

 

Pensar que el documento de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) llamado “Construyendo puentes fraternidad en una sociedad fragmentada” sea, como interpretó el prosecretario de Presidencia Juan Andrés Roballo y muchos otros dirigentes políticos, una suerte de operación política aprovechando la autoridad moral de la Iglesia, es algo que no tiene recibo. Y lo mismo cabe para quien piensa que la Iglesia uruguaya se ha sumado a la oposición en su lucha contra el gobierno.

Roballo por lo menos tuvo la valentía de reconocer que no había leído el documento, lo cual lo debería haber inhabilitado para opinar sobre  el mismo. Otros quizá lo leyeron pero seguramente no entendieron.

En primer lugar, ni siquiera recordaron cuánto habían aplaudido al Cardenal Sturla cuando en 2014 se manifestó contrario a la baja de la edad de imputabilidad. Entonces, ¿era que en 2014 las sotanas jugaban a favor de gobierno y todo estaba bien? Y ahora que marcan tono ligeramente crítico, son la punta de lanza de la oposición? Tal postura carece de toda lógica.

En segundo, la crítica de Roballo al uso de la expresión “construyendo puentes” como semejante como lema del sector TODOS (Lacalle Pou) del Partido Nacional, carece de sentido. Fue en 2014, el diputado Alejandro Sánchez del MPP quien la utilizó para reconocer algo que no es nuevo ni en la iglesia ni en la política. Pero ¿en 2014 estaba bien “tender puentes” pero ahora no? O los puentes son buenos si los tiende el gobierno pero no si los tiende la oposición? Carece de lógica.

En tercer lugar, las afirmaciones críticas de la CEU se dan luego de reconocer los avances en la lucha contra la pobreza, la mejora económica de los últimos 10 años, la mejor redistribución del ingreso. O sea, no es una critica sin reconocer logros como sostiene Roballo en su Whatsapp.

Preocupado por la gente en situación de calle está el intendente de Montevideo Daniel Martínez que le envió una carta al propio presidente. “Inestabilidad laboral” y pérdida neta de empleos (40.000 en los últimos dos años) preocupa a todo el gobierno. “Separación de las familias” es algo comprobable por cualquiera que salga a la calle. “Fragmentación social” es también notoria sobre todo en barrios de la periferia de Montevideo. Y la decadencia de la educación no la discute nadie ni siquiera dentro del propio gobierno. Ya en 2010 Mujica decía “educación, educación, educación” y pasaron 7 u 8 años sin mejoras tangibles.

Ahora bien, el Whatsapp de Roballo no fue un Whatsapp, es decir, un mensaje corto de recordación o aviso. Fue una larga carta que no se hace con la velocidad que se manda un Whatsapp. Muestra que se tomó su tiempo, como Roballo mismo reconoce, y que lo hizo al influjo de la preocupación de “allegados”. Mi impresión es que el gobierno está menos tolerante con las críticas. En este caso le tocó a la Iglesia pero en otros le tocó a otras organizaciones o personas. Antes, se posaba un mosquito en la piel del gobierno  y era como si se posara sobre la piel de un elefante: ni la sentía. Hoy es como si un mosquito se posa sobre la piel de un bebé: enseguida nota la molestia.

Por lo demás, la frase “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” no es retome vigencia. Es que nunca la perdió. Y, respetándola como debe, la Iglesia tiene derecho a alzar su voz en aquellas cuestiones temporales para ponerlas en el candelero. No para hacer política, que no le corresponde nunca y donde afortunadamente no ocurre en nuestro país, sino para marcar circunstancias de la vida ciudadana que dificultan la armonía social y la construcción del bien común. Y ahí sí puede llamar la atención aunque sin ofrecer soluciones concretas, que estas las aportaran los ciudadanos en su acción política.

 

Ojos cerrados por Fernando Pioli

 

Las autoridades religiosas como caras visibles de movimientos colectivos que representan la sensibilidad de amplios sectores de la población tienen todo su derecho, y hasta la obligación, de hacer sentir su perspectiva sobre la realidad.

No hay nada en esto que deba inquietarnos, todo lo contrario, al hacerlo cumplen con su rol dentro de la sociedad. Otro asunto es que esa perspectiva sea adecuada o no.

En este contexto es que se hace mención al documento elaborado por la Asamblea Plenaria de obispos, reunida en Florida los primeros días de abril. En ella se hace referencia a la creciente fragmentación social. Tal parece que la coincidencia conceptual de este documento con otros reclamos similares provenientes de sectores de perfil opositor llevó a cierto escozor en algunos representantes del gobierno.

Los análisis políticos actuales se hacen cada vez con más fuerza desprovistos de toda profundidad conceptual y crítica. Los distintos actores se limitan a repetir consignas y frases hechas que no se sabe bien hasta qué punto se corresponden con la realidad. La actitud propia de la militancia religiosa es de por sí limitada desde el punto de vista racional. La militancia no razona, milita. Esta característica es extensiva a las militancias políticas. Es más, las militancias políticas cada vez se parecen más a las militancias religiosas, ¿o son las religiosas las que se parecen cada vez más a las políticas?

La coincidencia del reclamo de los obispos con otros reclamos expresados por el Partido Nacional o por el movimiento Un Sólo Uruguay no debe llamarnos la atención, detrás de estos tres núcleos de opinión hay coincidencia ideológica y de sensibilidad. La coincidencia llama a la coincidencia sin necesidad de elaborar un plan para que esta surja, de modo que la sospecha de una especie de esquema organizado de acciones para atacar al gobierno es desproporcionada.

Cuando se es una agrupación política que aún no ha alcanzado posiciones de poder es más fácil ser racional y analizar la realidad. Cuando se tienen intereses creados por haberse alcanzado una posición de poder la tendencia a moldear las perspectivas ajenas como amenazas es creciente.

Los análisis, entonces, se vuelven menos sofisticados y agudos. Algo de esto está pasando en el gobierno, sólo así se explica que se vea en el documento de los obispos una amenaza. Parece claro que la principal operación publicitaria que ese documento tuvo vino desde el propio gobierno en forma de queja.

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