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Otra peste, otras muertes por Nelson Di Maggio

Otra peste, otras muertes por Nelson Di Maggio
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Las fotografías son aterradoras. De impresionante actualidad. Personas con mascarillas, anuncios aconsejando reuniones poco numerosas, distanciamiento entre las personas en bares y barberías. La llamada gripe española —originada en los cuarteles militares de Kansas, Estados Unidos, aunque no se descarta, desde luego, en China—, entre 1918 y 1919, arrebató la vida de 20 millones de europeos, en su mayoría jóvenes participantes en las trincheras de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que se extendió luego por el mundo. Los cálculos actuales elevan la cifra a 50 millones de muertos. Las reacciones sanitarias de la época son similares a las actuales del coronavirus SARS-CoV-2, con la diferencia de la ausencia de higiene urbana y una sociedad carente de servicios médicos y farmacéuticos. Lejos de la (relativa) ventaja disponible en tiempos contemporáneos en buena parte del planeta. Entre los desaparecidos se cuenta la generación joven de numerosos artistas e intelectuales. El portugués Amadeo de Souza Cardoso (1887-1918), genio desconocido por estas latitudes; los escritores Apollinaire (1880-1918) y Rostand (1868-1918), Gustav Klimt (1862-1918) y Egon Schiele (1890-1918), de quien se cumple en junio el 130 aniversario de su nacimiento.

Klimt nació en una capital rival en refinamiento de París y en aristócrata monarquía de Londres: la Viena del imperio austro-húngaro, matriz de un dilatado e impresionante movimiento cultural y artístico en el que convergían poetas (Georg Trakl, Karl Kraus), escritores (Stefan Sweig, Robert Musil), arquitectos (Otto Wagner, Adolf Loos), sociólogos (Max Weber), el padre del psicoanálisis (Sigmund Freud), músicos (Gustav Mahler, Arnold Schönberg), filósofos (Ludwig Wittgenstein), entre otros muchos e importantes, arropados por el triunfante Sezessionstil (Jugenstill en Alemania), el modernismo austríaco, de expansión global. La exploración del yo, del mundo interior se convirtió en una obsesión. Las horas doradas de la belle époque. En su origen francés se impuso con el nombre de art nouveau.

En el año jubilar de Schiele, 2018, se exhibieron 120 obras en varios museos europeos que disfrutaron multitudes, descendientes de los lejanos visitantes de 1912 que sembraron el pánico por la ciudad de Colonia en manifestaciones de repudio ante pinturas de desnudos totales que consideraron pornográficas. Uno de los grandes representantes, junto con Oskar Kokoschka, del expresionismo austríaco, opuesto a las interminables ondulaciones sensuales del Sezessionstil, Schiele hizo de la representación corporal, preferentemente femenina, su tema preferido. Dibujante poderoso e inventivo, pintor audaz en el color, hizo de las modelos flacuchas, jóvenes adolescentes, un estilo agresivo, de cuerpos retorcidos, torturados, cadavéricos, solos o en pareja, una interpretación patética y desilusionada de la realidad. Tuvo sus motivos. Aunque por períodos su maestro Gustav Klimt le dejó sus huellas y lo protegió, fue incomprendido y debió refugiarse en el campo con una adolescente que el vecindario rechazó y denunció a la policía; debió pasar varios meses en prisión y ver la quema pública de una obra suya.

De un erotismo exaltado —en poco tiempo desfilaron 80 modelos, en gran parte prostitutas, con las que tuvo alguna relación personal—, hasta que harto de la pobreza se casó con una mujer de buena posición económica y cambió el rumbo de su vida, incluso el estilo, más naturalista, de acuerdo con los cánones aceptados por la burguesía reinante. No le impidió al fin de su breve existencia (28 años) volver a la mejor época, en un autorretrato (dejó un centenar) junto a su mujer y su hijo, pocos meses antes de morir, los dos de gripe española. Hay tres mil dibujos y grabados y 300 pinturas repartidos y disputados por los museos de todo el mundo, de sostenida energía, aunque de variable concepción de estilo; la mayoría se encuentra en el Museo Leopold de Viena. El eterno retorno del desasosiego global.

Christo murió (1935-2020)

Christo Vladimirov Javacheff, conocido en el ambiente artístico por su primer nombre, nacido en Bulgaria, un referente, junto con su pareja y colaboradora Jeanne-Claude Denat de Guillebon (1935-2009), nacida el mismo año, día y mes, pero en Casablanca, Marruecos, del land art (arte de la tierra), una corriente del arte conceptual, consistente en gigantescas instalaciones con telas envolviendo temporariamente (o empaquetando o interviniendo) zonas naturales o monumentos históricos: el Pont Neuf (París, 1985), el Reichstag (Berlín, 1995) o Los muelles flotantes en el lago de Iseo (Italia, 2016), una extensa pasarela sobre el lago apoyada en 220.000 cubos de polietileno que atrajeron a miles de visitantes que parecían caminar sobre el agua. Propuestas asombrosas e inevitablemente participativas.

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