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Otros efectos del virus, en funcionarios de la Salud por Karina Catau

Otros efectos del virus, en funcionarios de la Salud por Karina Catau
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“Un hombre sabio, debería darse cuenta  de que la salud es su posesión más valiosa” Hipócrates

Existen en Uruguay, algunas profundizaciones que han significado una importante incursión en la Incidencia del Síndrome de Burnout, especialmente en profesiones y/o personas cuyas tareas se vinculan al proceso salud-enfermedad.

En un principio, se estudió el trabajo realizado en ambulancias que prestaban servicios en el sistema de Emergencias Médicas de Asistencia Parcial, como un sistema innovador de atención en salud, pero que implicaba una nueva forma de organización laboral, de preparación frente a la incertidumbre detrás de cada nuevo llamado de emergencia, de la necesidad de poder dar una respuesta correcta, en el menor tiempo posible, y de estar preparado para ello.

Más adelante, se realizaron diversos estudios sobre este fenómeno en distintas organizaciones de Salud Pública, que significaron un importante avance al conocimiento de índices sobre esta patología.

Resulta imprescindible, en este caso particular, entender, que una organización sanitaria, es además, una empresa que brinda un servicio, con una organización interna, jerarquías, lineamientos de trabajo, estatutos, que conforman un entramado de relaciones que tiene como objeto brindar un servicio de asistencia a un paciente, y que, a todo esto, se suma  el contacto permanente con  las emociones, el sufrimiento y la pérdida.

Estas emociones, actúan como un fenómeno que atraviesa esta estructura, y afecta a quienes trabajan en ella, en mayor o menor grado.

Hoy Uruguay, como el resto del mundo, intenta dar una respuesta adecuada al tratamiento de pacientes afectados por la pandemia del Covid – 19, y en la primera línea de esta batalla, se encuentran todos los funcionarios que trabajan a lo largo y ancho del Sistema de Salud.

Y mientras todos (o la gran mayoría), tiene que buscar la forma de organizarse para poder “quedarse en casa”, cuidarse y cuidar a su entorno, estos ciudadanos deben seguir como cualquier día, pero enfrentando o exponiéndose a algo nuevo.

En todo este proceso, es imprescindible aprender de lo experimentado por países en los que esta Pandemia ingresó con anterioridad, y los distintos efectos que causó en funcionarios médicos y no médicos, independientemente de los afectados por el virus.

Ir un poco más allá de la cifra fría que día a día va sumando casos, y detrás de los cuales hay personas con historias, con familias, con una vida.

Intento entender, analizando día a día, las medidas que se van tomando con cuentagotas, para no afectar el “motor económico”.

Intento incorporar a mi forma de pensar y sentir, que no se está perdiendo de vista el factor humano, o la salud de todos.

Italia tampoco quiso postergar la “Semana de la Moda” en Milán, y hoy vemos las consecuencias.

Me preocupa de sobre manera, si desde Uruguay, se está prestando atención, a cómo ha afectado esta pandemia a quienes trabajan en el sistema de salud del viejo continente, y si se están tomando medidas, para poder dar respuesta a quienes ahora enfrentan en su trabajo a este fenómeno.

¿Está preparado Uruguay, para además de atacar esta Pandemia, dar respuesta, contención y atención a quienes trabajan en el Sistema de Salud?

Esta nueva realidad, que embiste, y no queda otra que poner el pecho, implica, no solo pensar en “El día después” enfocando la atención meramente en el normal funcionamiento del mercado económico, sino también, en estar preparados para los efectos que estos fenómenos traen de la mano.

El Síndrome de Burout, o Síndrome de Estrés Laboral, es una patología, trastorno emocional vinculado con el ámbito laboral, que afecta hoy, o va a afectar a gran parte de estas personas que están trabajando en la línea de fuego.

El agotamiento físico, emocional o mental, si no es detectado y tratado, puede llegar a tener diversas consecuencias, y por eso, vuelvo a hacer referencia a los recientes acontecimientos en este mismo contexto en países que no han hecho las cosas del todo bien.

Este síndrome, surge como respuesta al Estrés Crónico, con repercusiones de índole particular, pero que también terminan afectando a aspectos organizacionales y sociales. Es decir, que si no se atiende, a la corta, o a la larga, generará otro tipo de consecuencias a nivel de corporación (que es lo que tanto preocupa a nivel Macro, lamentablemente).

Quiero resaltar, que esta pandemia, no solo ataca a los afectados por el virus, sino también, afecta a quienes tienen que enfrentarlo día a día, con todo lo que ello conlleva.

¿Quiénes son las personas con mayor riesgo de sufrirlo?

–        Personas que se identifican fuertemente con el trabajo, llegando a una falta de equilibrio razonable entre su vida laboral y su vida personal.

–        Personas que asumen tareas y funciones que no corresponden a su cargo, con el fin de poder cubrir necesidades de servicio.

–        Personas que trabajan en forma directa con pacientes.

–        Personas que sienten que tienen poco, o ningún control sobre su trabajo. En este tema específico, la potestad para preservar la vida, o la incapacidad de poder lograrlo.

Los síntomas principales son:

Agotamiento Emocional: Agotamiento físico y fisiológico. Pérdida de energía, a nivel físico y psíquico.

Despersonalización: Actitud negativa en relación con los usuarios/ pacientes. Incremento de irritabilidad y pérdida de motivación.

Falta de Realización Personal: Disminución de la autoestima personal. Frustración de expectativas.

En un contexto tan dinámico como el que estamos viviendo, es posible que estos efectos se pierdan de vista, pero es imprescindible, también, atender a la salud de estos trabajadores, y los efectos colaterales que este virus, en forma silenciosa, va inyectando en el sistema.

Es necesario, preservar, en todo sentido, a todo el personal que enfrenta en su lugar de trabajo a este virus en primera persona, y la protección, que no solo implica otorgar barbijos, guantes, o métodos de aislación sanitaria, con el fin de evitar contagios.

Va mucho más allá.

En este nuevo tiempo, con un problema emergente, creciente, y donde se preocupan por “mostrar que se está haciendo lo correcto, aunque aún no sepamos si es así” para dar seguridad al país, y que algunos “engranajes del motor” no se vean afectados, no hay que perder de vista el factor humano, y anteponerlo a todo lo demás.

“Lo urgente”, no siempre es “Lo más importante”.

La vida y la salud, deben ser el punto central en todo esto. La vida y la salud, de todas las personas, independientemente de la responsabilidad que tengan o las tan ultrajadas “razones de servicio”.

Desde una perspectiva profesional, aunque con la percepción de que las Relaciones Laborales tendrán cambios en este nuevo tiempo, apelo, al criterio de la concepción de la Salud como un Derecho Fundamental con todo lo que esto significa.

Y en este mundo, donde recibimos bombardeo de información, cierta o no tanto, resulta imperioso, escuchar y atender al humano con todo lo que eso comprende. Escuchar, más allá de oír, y cuidarnos todos.

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