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Parodistas 2019: Teatro popular de origen carnavalesco

Parodistas 2019: Teatro popular de origen carnavalesco
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En la tradición teatral occidental la parodia tiene su origen al mismo tiempo que la tragedia clásica. Ya Aristófanes parodiaba a los sofistas en su obra Las nubes del siglo V AC. En el carnaval montevideano el parodismo gana en su aspecto teatral en los años setenta con la aparición de Los Gaby’s, y ya desde entonces actores y técnicos teatrales han trabajado en este género teatral popular. Al participar de un concurso la intención de ganar determina muchas veces a los espectáculos, algo que también sucedía en la antigüedad con gente como Sófocles o Eurípides. El reglamento de la competencia en este caso dice: “Esta categoría deberá parodiar el argumento de obras, o historias de hechos y/o personajes de público y notorio conocimiento, en una imitación burlesca realizada en tono jocoso, pudiendo en determinados pasajes del espectáculo tener matices dramáticos, según la propuesta de cada conjunto.” Para desarrollar el espectáculo los parodistas deben cantar y bailar además de actuar, y se puntúan también el maquillaje y el vestuario.

Otras características se dan de hecho. Las melodías preexistentes sobre las que se escriben las canciones suelen ser del género “melódico”. Hay un intercambio con la llamada “música tropical” muy fuerte desde hace décadas. Las actuaciones están condicionadas por el uso de micrófonos y por realizarse en escenarios al aire libre y con más público que en las salas de teatro tradicional. El glamour es el protagonista en el vestuario y el maquillaje. La distancia entre la obra parodiada y el espectáculo “parodiante” se llena de guiños auto-referenciales, chistes con juegos de palabras y alusiones sexuales y referencias de actualidad que terminan de conformar la parodia carnavalera, el género de más convocatoria en el carnaval montevideano luego de la murga.

 

Parodistas 2019

Al igual que la murga y el candombe el parodismo es una manifestación artística montevideana, y su proyección nacional se cristalizó este año con la participación en el concurso oficial de los sanduceros Sinvergüenzas, que presentaron las parodias de Cyrano de Bergerac y Pan y Rosas. Esta última, basada en la historia del incendio de la fábrica textil en que murieron más de un centenar de trabajadores, la mayoría mujeres, en marzo de 1911 en Nueva York. Sinvergüenzas mostró un nivel técnico acorde a la competencia, pero no pareció que sus parodias vivieran más allá del chiste que a veces aparecía de forma forzada.

Zíngaros presentó un espectáculo deslumbrante desde lo visual, pero casi vacío en el contenido de las parodias. La idea de rescatar la figura de Menecucho, legendario personaje de tablados y boliches, repartiendo libretos de otros carnavales parecía ensamblarse perfectamente con la de indagar en las connotaciones de Colombina, la canción de Jaime que explora la relación del artista con el público. Pero las parodias no funcionaron, tampoco la de El padrino, y el espectáculo solo caminó merced a figuras como Luis Alberto Carballo y Panchito Araujo.

Momosapiens se centró en las figuras de Clemente Estable, el Papa Francisco y la historia de la Cenicienta. La parodia a Clemente Estable fue un momento fuerte este año, que culminó con un discurso humanista, la crítica a los partidos políticos y transcurrió con un gran contrapunto humorístico entre Horacio Rubino y el gallego Vidal. El humor de Momosapiens siempre es uno de los momentos más esperados del carnaval montevideano.

Los muchachos trabajaron el concepto de lo salvaje, a partir de un personaje del filme Relatos Salvajes, de la película 300 y de La sociedad de la nieve, novela sobre la tragedia de los Andes. Esta última parodia tuvo momentos excelentes, como la “actuación” de la sensación de frío transmitida a partir de los cuerpos de los personajes mientras deliberan si sobrevivir o no a partir de los cuerpos de sus compañeros muertos. Nazarenos abrió con la parodia a Coco, filme de Pixar centrado en la forma en que se celebra a los muertos en México para da pie a que vuelva al mundo de los vivos Omar Gutiérrez, encarnado magistralmente por Aldo Martínez. El actor desde su cuerpo y su gestualidad hizo reaparecer a una figura clave de la comunicación y la cultura popular uruguaya. La parodia contó con situaciones hilarantes, como la aparición de una parodia del propio Aldo Martínez integrando Sonora Palacio, y caminó por momentos al borde de la sensiblería fácil, sin caer nunca en ella.

Los Antiguos enmarcaron en el realismo mágico de Gabriel García  Márquez las parodias a Billy Elliot y Canciones para no dormir la siesta. El espectáculo en su globalidad fue de los mejores de la categoría, sin destaques marcados en rubros técnicos pero con un concepto que pareció atravesar todo el discurso del conjunto de forma coherente: la lucha por “ser” ante distintas formas de autoritarismo y represión.

Aristóphanes ofreció también un espectáculo atravesado por un concepto central que le da unidad, en este caso el rescate de figuras fuera de serie, pero a través de esto se ofreció el discurso más politizado de la categoría. Enmarcado en la búsqueda de un escritor del guión para una parodia, lo que permitió una reflexión sobre el género parodismo y la ceración en sí, el discurso de Aristóphanes se valió de la parodia de Corazón valiente para hacer una crítica al sistema político con analogías a un salpicón de murgas. Y el rescate de la historia del Movimiento Tacurú señaló con gran creatividad el discurso sensacionalista de los medios de comunicación que recorta la realidad para generar una imagen distorsionada. La realidad de pibes de Casavalle apareció en los tablados sin ser edulcorada, con la marginalidad traducida en violencia incluso contra quienes intentan ayudar. No hay ni romanticismo ni ingenuidad en ese sentido. Pero tampoco se olvida subrayar la hipocresía de una sociedad que muchas veces parecería más interesada en exterminar a ese otro que habla y se viste distinto que en entenderlo e integrarlo como se afirma en los discursos. No faltó ni siquiera la discusión sobre como se financian algunas ONGs que trabajan en los barrios más pauperizados de nuestro país. Para quien escribe, el de Aristóphanes fue el mejor espectáculo de parodismo del 2019.

Esperemos el año próximo poder dedicar más espacio a los estrenos de esta manifestación del teatro popular montevideano.

 

 

 

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Leonardo Flamia Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga. Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.