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Peligra el almácigo por José Luis Baumgartner

Peligra el almácigo por José Luis Baumgartner
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Antes de visitar Londres, Trump habló, matoneando. Un dirigente laborista dijo: “la extrema derecha está creciendo en todo el mundo y amenaza nuestros derechos y libertades, que tanto nos ha costado conseguir y que definen nuestras sociedades liberales…”. Peligro global. Allá, en la región, por doquier. Algo conocido. Cuando se padeció, fue brutal.

Acá el fenómeno se está manifestando con fuerza. La semana pasada marcaron presencia  la Federación Rural, FR, y la Confederación de Cámaras Empresariales, CCE.

Reclamaron medidas de “urgente consideración”: “abatimiento” del gasto público, reducción del “atraso cambiario” (aunque haya flotación del dólar), cambios en la negociación colectiva, combate más firme al informalismo y el contrabando, baja del costo  país. Hicieron propuestas sobre el funcionamiento del Estado, las empresas públicas, infraestructura, regulaciones y comercio exterior.

Así, buscan liberalizar la importación de combustible, “reducir” la imposición a la renta empresarial y a los aportes patronales a la seguridad social, eliminar el impuesto a la renta de las personas físicas y el “ciego”, que grava a la tierra (rentero sin trabajarla), fijar “distribución de utilidades” preestablecidas para las empresas públicas, necesidad de alcanzar acuerdos comerciales con terceros países (como si cupiera imponernos a nivel internacional.

Claro, no exigen la vuelta de los fondos en paraísos fiscales: ¡la mitad del PBI!, origen rural.

Es la banda de los “explotados”: FR, AR, CCE, “Un solo Uruguay”, Cuquito/ el Guapo / Sartori, Novick, los Sanguinetti…. Obvio: los carlancos señalan mayor sintonía con las propuestas de los partidos de oposición que con las que ha expuesto el oficialismo en aspectos como el rol del Estado, la defensa del libre mercado, la apertura comercial y la baja de la presión fiscal sobre la actividad privada. Son del mismo palo. Neoliberales le llaman en el barrio. La política para que los ricos sean más ricos; y al resto le queden sobras y el meo.

Se trata de echar abajo el Estado de bienestar social; el bastión de esperanza que construimos; la constante transformación de la realidad que significó el Frente Amplio en el gobierno; “el país de América Latina que reparte más equitativamente los ingresos” (conforme índice Gini y visión de especialistas mundiales).

Cobertura universal de salud, baja de pobreza, construcción de vivienda, Plan de Cuidados, seguridad social plena, cambio de matriz energética… y un etcétera enorme, cuesta y debe ser pagado por todos, en función de los ingresos y reservas de cada uno. Los impuestos sustentan el progresismo en constante ascenso. No hay otra.

Aquí, queja y olvido son marca en el orillo. Lo conseguido ya fue. Como si lo hubiéramos tenido siempre.

Por eso, andan por ahí los frentistas “desencantados”. Quieren más. Ignoran cómo está la madeja en la región y el planeta Tierra. No comparan. Conforman mayoría más o menos silenciosa.

Bueno, muchacho. En el cruce de caminos hay que elegir. Si te parecés un poquito al de antes, no tenés más remedio que votar al Frente Amplio.

Como apuntó Oscar Bottinelli al final de su nota en “El Observador”: si no es por amor, será por espanto a lo que se puede venir.

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Jose Luis Baumgartner Abogado, periodista y escritor.