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Penes y penas por Ana Teitelbaum

Penes y penas   por Ana Teitelbaum
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NUEVOS NEGOCIOS

Un estudio publicado en la revista de género y derecho, de la Universidad de Columbia nos informa que “STEALTHING” se define como: “retiro de condón no consensuado durante la relación sexual” Advierte que expone a las víctimas a riesgos físicos de embarazo y enfermedades, además de que muchas lo experimentan “como una grave violación a su dignidad”.   Luego se agregan disquisiciones legales en las que un abogado afirma que sería potencialmente una violación. Parece ser que la práctica de esta nueva forma de “agresión a las mujeres” está de moda entre los jóvenes sexualmente activos (especialmente si se relacionan con chicas distraídas) Se nos va agregando así un nuevo elemento, sumado a los casos de psicopatías, actualmente bautizados bullying, mobbing y palabritas por el estilo.  Pensamos inmediatamente en un nuevo campo laboral que se abrirá para tantos expertos que se especializarán en el tratamiento de estas nuevas patologías, amén de conferencistas, grupos de autoayuda, ONGs. y especializaciones de postgrado, además “de papers” y  tesis de estudiantes. En nuestro país el mercado es magro y el advenimiento de nuevas dolencias, es siempre bienvenido por muchos ávidos de alguna porción del mismo. Sabemos que aunque se trate de igual perro con distinto collar, las nuevas nominaciones siempre atraerán renovados clientes, ya que los nuevos nombres no solo dan lugar a nuevos especialistas, sino que permiten al ser difundidos nuevos pacientes derivados y/o  autodiagnosticados. Los ejemplos son casi infinitos pero citaremos el caso de las antiguas psicosis maníaco depresivas hoy devenidas casos de bipolaridad, las antiguas y bien estudiadas fobias, actualmente remixadas como ataques de pánico y los ya demodée surmenages, luego evolucionados a picos de stress y en algunos ámbitos devotos de los manuales de autoayuda, conceptualizados como “ataques de personas tóxicas”. Tampoco podemos olvidar la antigua  ”tristeza” hoy generalmente medicada como depresión, ya que una sociedad cuyo imperativo mayor es el goce, debe ocultar todo aquello que haga sospechar que la vida no es solo una sucesión de alegrías perpetuas, aunque  muchos medios masivos copiados de connotadas metrópolis, lo disimulen con gritos ,carcajeos , saltos y movimientos espasmódicos cada vez  persistentemente exagerados. Y el recuerdo de las hasta hace unas décadas tan de moda, operaciones de extirpación de amígdalas, hoy caídas en desuso (por no comprobados beneficios y suficientemente comprobados daños colaterales) que enriquecieron a muchos médicos y alegraron a muchos niños con la promesa de helados en la convalecencia.

Si bien el cándido concepto de la Antiguedad que presuponía un nombre a cada objeto de la realidad, hace tiempo que no se esgrime como argumento (ya los antiguos sabían que sirena y centauro no se correspondían con nada que no fuera creación humana) surge la sospecha de que muchas personas ignoran que creada la nominación, se pueden crear las “víctimas”. Hace ya tanto que los ataques histéricos clásicos de la época freudiana (llamados “a la Gran Charcot” en alusión al famoso psiquiatra que los presentaba ante un auditorio de atentos doctores) ya no son lo que solían, porque hay enfermedades que son epocales. Un ataque de los mencionados (hoy raros, porque la sintomatología ha cambiado mucho) y conceptualizado como histeria, en la Edad Media era un pasaporte para la hoguera, ya que la ideología de la época, prefería considerarlos posesión demoníaca. Actualmente se estila  mucho la fibromialgia, pero la variedad de “nuevas” enfermedades es muy amplia para enumerar aquí

La historia  provee de numerosos ejemplos comprobatorios de que las modas no son ingenuas, las denominaciones tampoco y las formas de caracterizar los fenómenos están siempre condicionadas por ideologías emergentes  de las formas de organización económico-políticas.

Rousseau en sus confesiones (acaso de las más influyentes en el Canon Occidental laico)  nos introduce en los horrores de la masturbación y su lucha contra ella. En “Émile” alerta que ésta es un mal que la cultura moderna enseña a los niños. Tissot, médico e  íntimo amigo y admirador del pensador, apoyado por éste (y por Diderot) lanzará su famoso best seller en distintos idiomas: “Onanismo: Tratado de las enfermedades producidas por la masturbación”  (1758)

Y esta obra no solamente se consagró como una inmensa novedad en Occidente, sino que además resignificó la relación del hombre con su cuerpo. En la Edad Media el semen estaba asociado a lo satánico. La Iglesia vinculaba este fluido con la materia de los demonios. Luego de la enorme influencia de este ensayo didáctico, la masturbación (que no fue en verdad el pecado de Onán) provocadora de innumerables enfermedades quedará conceptualizada dentro de la lógica de la higiene y la productividad social: el cuerpo del hombre no solamente es una máquina, sino también un banco. El semen, antes maligno, ahora será un agente mecánico de generación y por lo tanto precioso. Paradójicamente el pene antes aterrorizante por ser un emisor diabólico (*1) volverá a ser peligroso, pero ahora porque pondrá en riesgo al hombre a perder su esencia. Antes por legitimación de la religión, ahora por la de la “ciencia médica”. Imposible enumerar la cantidad de métodos propuestos y practicados para evitar lo que en la enciclopedia de Diderot se llamó “manustupration”, violación mediante la mano. Beber quinina, baños fríos, pensamientos limpios, costura del prepucio tirado hacia adelante, bolsas de hielo, enemas de agua fría, camisas de fuerza, guantes, anillas con púas, moldes de yeso o jaulas de metal para cercar el órgano díscolo. Algunos médicos aplicaban sanguijuelas en el pene, taponaban la uretra con electrodos, causaban ampollas con ácido, provocaban pequeñas infecciones bajo la piel  o introducían largas agujas hasta la próstata. Tales eran las terapias recomendadas en los siglos XVIII y XIX para salvar a los pacientes de sí mismos. Cantidades de aparatos y dispositivos eran patentados, llegándose en algunos casos a la castración para evitar o curar la insania mental causada por la masturbación. Había cantidad de modelos de artefactos para detectar erecciones, con alarmas, con timbres y hasta con una conexión eléctrica que al dejar en evidencia una hinchazón sospechosa activaba un gramófono con música y grabaciones de autoayuda. La espermatorrea era un diagnóstico de moda y los tratamientos un gigantesco negocio para emprendedores creativos. La Alarma de Minière era una especie de mini guillotina, que se colocaba en el pene y en caso de cambio de grosor presionaba una pieza que enviaba hacia adelante dos lanzas metálicas electrificadas que descargaban en el órgano del paciente. En Estados Unidos que tenía al capitalismo  en carácter de religión secular-  esto fue acogido con gran éxito. La eyaculación no productiva era considerada despilfarro y condenada por no rentable. Acumulaciones de bibliografía predicaban el ahorro  del capital líquido para invertirlo en inversiones constructivas. Si el cuerpo era una máquina, no había que sobrecalentarla. Los buenos negocios de esa época persisten hasta hoy, aunque pocos lo sepan. Los copos de maíz Kelloggs y las galletas Graham nacerán pensadas para inhibir la lascivia y la masturbación. También la costumbre de la circuncisión (que era practicada por minorías por razones religiosas) se volvió aconsejable para evitar el abominable vicio y un pene circuncidado llegó a ser un símbolo de status de la clase media y alta.  Más tarde se extendió como una práctica generalizada en USA.

Hoy con el reinado triunfal  de la biopolítica, los diagnósticos y pronósticos cambiaron, pero los negocios se expandieron y diversificaron. El hombre ya no se siente culpable por gozar, sino que se siente por no hacerlo, aunque termine buscando placeres infinitos, “conquistando” nuevas libertades y gozando cada vez menos.

Eliminados o en decadencia los grandes relatos épicos, los héroes extinguidos o muy devaluados no alcanzan a encarnar modelos identificatorios y la identidad pareciera arrinconarse en la condición de víctimas, porque  estar vivo implica gozar de alguna forma. Tendremos, entonces, cada vez más colectivos reivindicando derechos que ya fueron consagrados y se seguirá estimulando así, más desmembramiento de lo comunitario, más violencia y –desde luego – más negocios. Agrupados bajo la marca de pequeñas causas, los individuos buscarán alguna forma de ser: los consumidores de sustancias problemáticas,los hipertensos, los disfuncionales eréctiles (que alimentan la industria del viagra y otros), las anoréxicas, los intolerantes al gluten, los gordos pelirrojos, las devotas del piercing vaginal, los veganos rubios, los cultores del sexo ecológico, los triorchis (individuos con 3 testículos), los petisos estrábicos, los fetichistas, las mujeres golpeadas con toallas mojadas, los seguidores del coaching telekinético y así hasta la naúsea.  Si ya no hay significantes que los nominen en el espacio público, los individuos se agruparán de maneras en que puedan encontrar alguna forma de goce y además lo reforzarán confesándolo, ya que ser visto pareciera ser hoy casi la única forma de existir.  Antes la mirada de Dios justificaba y ordenaba las conductas aún en la intimidad. Hoy, en un mundo donde las diferencias que sostienen lo simbólico se derrumban y con ello la singularidad de lo humano, se dará lugar a un destino sacrificial universal y mucha ganancia para algunos…

 

(*1) Según San Agustín el inmundo semen condenaba a toda la especie humana a trasmitir el pecado original y su vehículo (llamado por Rabelais “la primera pieza del armamento de un guerrero”) quedaba así, como aquí, propuesto a la consideración del lector.

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