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Pit-Cnt: ¿Apéndice del gobierno?

Pit-Cnt: ¿Apéndice del gobierno?
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La llegada del acto del primero de mayo, la discusión sobre los oradores, el recurrente tema de las ocupaciones y el cuestionamiento a una decisión judicial, generaron una polémica sobre la organización de los trabajadores y cuál es el rol que juega o debiera jugar. ¿Responde el PITCNT a los mandatos del gobierno? ¿Es un brazo social del Frente Amplio? ¿Representan a los intereses de todos los trabajadores? ¿Tienen independencia de clase? ¿Van a incidir en la campaña electoral? ¿Se ha burocratizado? ¿Ha perdido prestigio?   

Año satánico por Esteban Pérez

En el año electoral, como en el tango “Cambalache”, todo se entrevera. En la mayoría de los análisis políticos sindicales predomina la especulación sobre el posible resultado de octubre y qué consecuencias traería, según ellos, el escenario emergente de las elecciones para la clase trabajadora y sus organizaciones.

Es prácticamente imposible evitar que aspiraciones partidarias (cuando no personales), se cuelen y pujen en el seno del PIT-CNT y se desarrollen estrategias para arrimar agua a sus respectivos molinos, aún en vísperas del 1ro. De Mayo, poniendo la mira en el evento       eleccionario, casi como si nos fuera la vida en ello.

Las posiciones supuestamente más radicales, hacen también su jueguito electoral tratando de posicionar una  Central de Trabajadores alternativa.

Tirios y troyanos, aparentemente, parecen encandilados por la captura de votos. Obviamente, como en toda síntesis y generalización, a nuestro entender se deja por fuera honrosas posiciones clasistas con mirada más allá de lo electorero.

Nos preocupa el día después del acto electoral: así como las nubes preceden a las tormentas, las declaraciones de los posibles triunfadores anuncian en algunos casos claramente y en otros entre líneas, ataques a las conquistas de los trabajadores y un disciplinado alineamiento con las duras directivas del FMI.

Nos tiene preocupados la cabeza de la mayoría de los trabajadores educados en los últimos años  solamente a juntar votos para tal o cual tendencia, cuyo triunfo o crecimiento sería la tabla de salvación o “el advenimiento del paraíso”.

El abandono del llamado “sindicalismo de base”, el del chamuyo constante de trabajador a trabajador desarrollando conciencia de clase y necesidad de unirse para luchar hasta lograr un gobierno popular asentado y sostenido en el pueblo, ha tenido como consecuencia confundir acumulación de votos con construcción  (al decir del Bebe Sendic) de Poder Popular.

Éste entrevero que refleja una enorme debilidad ideológica, es el resultado de una práctica errónea, surgida de la consigna “poner toda la carne en el asador en la batalla electoral”.

Estamos lejos, muy lejos de una clase trabajadora con “conciencia para sí”, revolucionaria… hemos retrocedido muchísimo.

Es tiempo, en la medida en que los ruidos electorales y sus cantos de sirena lo permitan, de ponerse a trabajar consolidando las organizaciones de trabajadores y sociales de todo tipo.  Esta construcción debe ser constante y sostenida en el tiempo hasta lograr un fuerte y firme haz de distintas ramas, bien atado, con una plataforma comprensible para todos, de forma tal de poder resistir los embates del sistema y darle sucesivos golpes al capitalismo hasta lograr debilitarlo, construyendo sobre la base de ese mismo haz un gobierno popular controlado, exigido y dirigido por el pueblo en general y cuidando sobretodo que no le sea arrebatado como ha ocurrido en otras experiencias (los soviets), el poder popular.

 

 La canción es la misma por Miguel Manzi

En un reciente editorial de El País, se establece que “nueve de los catorce integrantes del Secretariado de la Central (de trabajadores, el PIT-CNT) integraron las listas del Frente Amplio en las pasadas elecciones nacionales, a los que deben sumarse otros dirigentes que, si bien no integran el Secretariado, tienen posiciones de relevancia en sus sindicatos. Óscar Andrade, cabeza del Sunca, encabezó la lista del Partido Comunista a la Cámara de Diputados y ahora es precandidato a presidente de la República por el Frente Amplio”. Yo agrego: Daniel Martínez, el precandidato puntero del oficialismo, insiste en mencionar como prenda de mérito su pasado de dirigente sindical de ANCAP (la que más tarde fundió, junto con Sendic). La identidad de los “soportes del órgano” entre la cúpula sindical y el partido de gobierno, torna superflua toda discusión respecto a la asociación de ambas entidades. La alternativa sería admitir que los sujetos en cuestión son psicópatas con personalidades múltiples, como el protagonista de “Fragmentado” (thriller psicológico que recomiendo calurosamente); o amorales sin conciencia delictiva, como Salgado cuando asiste a Presidencia a recibir beneficios para sus negocios (película de terror de pésima calidad, pero abultado presupuesto, no apta para frenteamplistas del 71). Pero no, nada de eso: entre el partido de gobierno y la cúpula sindical hay lisa y llana identidad. La discusión podría ser, de repente, si esa identidad es buena o mala, para el gobierno, para los trabajadores, para la sociedad en su conjunto, para la democracia. Antes que insinuar alguna respuesta a tales cuestiones (que involucran copiosas bibliotecas de ciencia política), prefiero ilustrar con algún detalle aquella identificación, para que se aprecie su carnalidad. Entre los episodios concretos, elijo por su dramatismo la muerte del trabajador durante la construcción del ANTEL Arena que, a diferencia de otras muertes, no provocó ninguna reacción de parte del SUNCA ni del PIT-CNT. Entre las consignas, destaco la coincidente renuncia de la central obrera y del partido de gobierno a las reivindicaciones que le fueron más caras hasta ayer nomás: contra la extranjerización de la tierra, contra el pago de la deuda externa, el capital extranjero y el FMI. Y como “prueba del 9”, incontrovertible y final, menciono el apoyo sin salvedades de unos y otros a la dictadura castrista, a la dictadura sandinista, y a la banda de sanguinarios narcotraficantes que se apropió de Venezuela. No hay diferencias, pues; hay identidad de personas, de ideas, de ideologías, de intereses, de clase: son las cúpulas en el poder. No sé por qué les da tanta vergüenza…

 

La Clase Obrera y el mensaje unificado por Oscar Mañán

El 1° de mayo se festeja el día de los trabajadores y la organización del acto central de nuestro PIT-CNT dejó traslucir una controversia sobre la presentación del mensaje y quiénes deberían ser los portavoces del mismo. El acto de la clase obrera organizada plantea el mensaje de los trabajadores al conjunto de la sociedad, e históricamente se expone la visión de la clase sobre la situación del país y un exhaustivo diagnóstico de los problemas más acuciantes como de las soluciones que el proyecto de los trabajadores sostiene.

En esta ocasión la mayoría del PIT-CNT optó por un solo orador, invitando a otras organizaciones representativas de la sociedad civil a exponer sus puntos de vista. La controversia estuvo en no permitirle a la Secretaria General de ADEOM hacer uso de la palabra en representación de la “Corriente Sindical en Lucha” hoy minoritaria. En el entendido que se quería incluir la participación de la mujer en el acto, se invitó a un colectivo que lucha por las reivindicaciones de género. Sin embargo, el fondo de la discusión es la exclusión de la voz de la corriente minoritaria que ya suma el 45% de los trabajadores. Dicha corriente reclama mayor autonomía e independencia de la clase obrera, y en especial, difiere de la conceptualización del “bloque social y político de los cambios” sostenida por la conducción mayoritaria del PIT-CNT que incluye al FA en ese bloque. Probablemente, las posibles apreciaciones de la corriente más crítica de los trabajadores, podría leerse como una intromisión en la competencia estrictamente electoral que dañaría esa alianza considerada estratégica.

En otras ocasiones y desde estas mismas páginas abordamos lo que significó la llegada del FA al gobierno para los trabajadores organizados, que en su gran mayoría fueron artífices de ese movimiento político que se proponía un cambio social en beneficio de los sectores populares. El primero de los gobiernos del FA permitió el logro de conquistas largamente perseguidas por los trabajadores como la vuelta a los Consejos de Salarios, el fortalecimiento de los salarios mínimos, los fueros sindicales y la negociación colectiva entre otras. Esto llevó a un vínculo estrecho entre la dirigencia sindical y la fuerza política en el gobierno, identificada como representante legítima de los intereses de los trabajadores. Sin embargo, los sucesivos gobiernos se alejaron de preceptos históricos de los trabajadores, y el apoyo crítico al gobierno se convirtió en una bien ganada hostilidad de varios sindicatos.

Los sindicatos que reivindican la condición de Convención de la organización obrera y no de Central, sostienen que todas las miradas sobre la etapa que vive el país deben expresarse legítimamente en el mensaje del Día de los Trabajadores. Otros, piensan que contribuyen más a los cambios que la clase promueve si se sitúan desde la perspectiva de la alianza social todavía representada por el FA. A todo esto, la autonomía y la independencia de la clase obrera están lejos del paraíso y más cerca de ser rehenes de mayorías circunstanciales.

Independencia no es indiferencia por Benjamín Nahoum

La conmemoración del Primero de Mayo da una buena ocasión para reflexionar sobre nuestro movimiento sindical, sus fortalezas y dificultades. Una sentencia largamente probada sostiene que una idea o un comportamiento que no merecen ningún tipo de crítica o reparo, es porque son inocuos, y si el reparo viene de un solo lado, es porque están sesgados. No es el caso de nuestro movimiento sindical, que recibe palos (nunca mejor dicho) a diestra y siniestra, si bien, justo es decirlo, no en igual proporción. Y eso tiene que ver fundamentalmente con qué intereses cuestiona o combate ese movimiento.

Para buena parte -si no toda- la oposición, el PIT-CNT, expresión única y unitaria de los trabajadores uruguayos, no es más que el brazo sindical del Frente Amplio, y, por lo tanto, en la coyuntura actual, sirve a los intereses del gobierno. Esta idea la puede sostener la derecha más rancia pero también la izquierda más cerril, y la prueba de la misma sería la amplia cantidad de cuestiones en que los sindicatos coinciden con el gobierno y su partido; en cambio, la lista -menos amplia- de cuestiones en las que divergen, serían sólo -aunque muchas- excepciones.

Desde el oficialismo en cambio, esas divergencias no se miran con simpatía -ningún oficialismo lo hace, aunque sea de izquierda o “progresista”- sino como fruto de la incomprensión o del corporativismo, que impiden a los movimientos sociales mirar los temas con la visión más amplia que se tendría desde el gobierno.

Pues bien: yo creo que esto no es sino una prueba más de lo que decíamos antes: un movimiento que piensa con cabeza propia, que antepone a cualquier otra cosa los intereses de su clase, necesariamente va a recibir críticas y va a haber fuera de él, a un lado y otro, quienes discrepen o piensen que debe actuar de otro modo.

Mientras tanto, por suerte, nuestro movimiento sindical sigue teniendo claro el rumbo, no confunde chicha con limonada, y sigue apoyando lo que tiene que apoyar y cuestionando lo que entiende, en el ejercicio de su funcionamiento democrático, que debe cuestionar.

Por eso aplaude -y defiende- todo lo bueno que se ha hecho en materia de políticas sociales, señala lo mucho que aún falta por hacer, y critica las medidas económicas cuando no van en la dirección de la equidad y de la protección de quienes más lo necesitan.

En ese devenir, naturalmente, hay dentro del movimiento sindical visiones diferentes, que se contraponen y discuten, como las hay en toda organización democrática, y gente que está más de acuerdo y menos de acuerdo, porque los consensos totales y absolutos sólo se dan cuando falta democracia. Por lo que esos chisporroteos, más que inquietantes terminan siendo positivos, cuando se resuelven a través de la discusión, del respeto por la opinión de las minorías y del acatamiento a lo que resuelven las mayorías.

 

EL PT un año de anticipación por Camilo Márquez

El año pasado la relación entre el gobierno y el movimiento sindical ya había sido precedida de todo un debate en vísperas del primero de mayo. En ese acto, hace tan sólo doce meses, uno de los oradores fue Oscar Andrade, hoy candidato presidencial por el Frente Amplio. El sólo recuerdo debería bastar para responder a la pregunta de si el PIT-CNT carece de independencia política.

La corriente de Pereira es de un oficialismo confeso y sólido. “Bloque social de los cambios” es el eufemismo “teórico” que encontraron para subordinar políticamente la clase obrera al partido de gobierno. En el congreso del PIT-CNT del año pasado, la corriente mayoritaria hizo eje en resistir la “restauración conservadora de la derecha”, pero mira para arriba cuando los líderes del FA tanto su ala “neoliberal” (Astori) como “popu” (Mujica) dicen que hay que aumentar la edad de retiro.

No es como se afirma, que lo hay es una discusión y hay “desacuerdos”, en contraposición a la acusación de Ripoll de que hay un “veto” (sea a su persona o a lo que representa), el planteamiento de la corriente conformada por las tendencias tributarias del gobierno es el de mantener supeditado los intereses de los trabajadores a los de un “cuarto gobierno”.

El presidente del PIT-CNT escupe para arriba cuando dice “este no es un debate que se pueda zanjar a través del discurso, sino a través de la acción. «Cuando se dice ‘¿qué hizo el movimiento sindical en estos 14 años de gobierno progresista?’ Hizo 60 medidas de paro, entre parciales y generales», no se puede denunciar el ajuste y los ataques gubernamentales contra los trabajadores, y salvar al Frente Amplio -que es la expresión política que encarna los ataques desde el poder gubernamental. Fernando Pereira cuenta paros, como si se tratara de una operación aritmética, cuando él ha llevado adelante paros hasta para apoyar al gobierno.

El trasfondo de toda la cuestión no es otro que el electoral. La corriente que retiene con celo y mano temblorosa la mayoría de la dirección del PIT-CNT, le entrega un cheque en blanco al próximo gobierno y chantajea a los trabajadores con el fantasma de los Macri-Bolsonaro. Los sectores díscolos, como los de la corriente que integra Ripoll, se resisten a marcar el paso ante ese chantaje, pero quedan a mitad de camino en las conclusiones. Si el movimiento obrero no es parte del “bloque social de los cambios” junto al FA, entonces la clase obrera carece de representación política, y debe construirla. La política cómo la naturaleza odia los vacíos.

Los gobiernos derechistas de la región con los que quiere espantar la burocracia sindical son débiles. Macri está parado en un volcán, Bolsonaro está en un impasse que intenta disimular con declaraciones histéricas, pero antes Kuczynski en Perú salió eyectado y el predecesor de Bolsonaro, Temer se fue del poder con apenas 2% de popularidad. La extorsión “Es el FA o Macri” opera crecientemente en el aire.

La participación en un frente político con el astorismo y con los Mujica que confiesan que hay que decirles a los trabajadores que van a tener que laburar cinco años más “gane quien gane la elección” es la negación de la lucha “por una sociedad sin explotados ni explotadores” con la que hacen gárgaras desde la dirección del PIT-CNT.

El Partido de los Trabajadores participó el año pasado con una enorme pancarta “Que el PIT-CNT rompa con el gobierno”, la formulación era pertinente, y se mostró con toda su crudeza en el congreso de la central y un año después en todo este debate público. Reivindicamos enérgicamente esta interpretación de la situación política del país.

La preparación política de los trabajadores no puede reducirse a las advertencias del peligro sino también a las medidas para hacerles frente. El debate acerca de quién paga la crisis debe estar apoyado en un programa. El Partido de los Trabajadores tiene uno, en contraposición a armados circunstanciales, frecuentemente creados alrededor de figuras mediáticas, improvisaciones que afloran en tiempo electoral.

Sin una alternativa obrera, la enorme crisis capitalista que se desarrolla en el mundo entero, se llevará puestas las conquistas sociales más elementales de los trabajadores.

Interpelarnos a nosotros mismos por Melisa Freiría

Hemos visto cómo se ha perdido la confianza en las diferentes organizaciones políticas y a veces hasta en el sistema en sí mismo. Diversos estudios nos indican que el descreimiento de las personas en la política es cada vez mayor. Aunque ni siquiera es necesario recurrir a ellos, basta con charlar con cualquier vecina o amigo que no esté vinculado activamente en política, para encontrarnos con comentarios del estilo: “son todos iguales”, “curradores”, “corruptos”, “se acomodan entre ellos”, “no vale la pena”, etc. También podemos ver señales de esto mismo en cada acto eleccionario. Cuando son elecciones obligatorias parte de este fenómeno se manifiesta en los votos anulados o blancos; cuando no lo son, lo vemos en la baja concurrencia a las urnas.

Tenemos la obligación de cuestionarnos por qué generamos esto, aun cuando los procesos sean democráticos y se realicen de buena fé. Las listas únicas, las trabas internas a la competencia, la falta de horizontalidad, la falta de transparencia, la escasez de las discusiones y debates, son algunos de los factores que contribuyen al descreimiento y que por sobre todo, no aportan en lo más mínimo a nuestra democracia.

Se preguntarán qué tiene que ver esto con el PIT CNT. Primero que nada el PIT CNT no es ajeno al sistema, es un actor político más. Este sentir quizás se manifieste con tremenda obviedad cuando escuchamos los discursos de los dirigentes sindicales y de toda su cúpula, alejados del pensamiento colectivo de los trabajadores uruguayos del siglo XXI, con mesas que pretenden ser “representativas”, y discursos complacientes con el gobierno.

En este último período de crecimiento económico, que no se ha sabido traducir en incremento del empleo y mejoras sustantivas de las condiciones laborales, el PIT CNT le ha sido funcional. ¿quién representa entonces a los trabajadores?

En los últimos años que hemos visto la pérdida de miles de fuentes de trabajo por distintos motivos económicos y tecnológicos en particular, ¿quién reacciona de forma crítica con el accionar del gobierno en materia de política económica?

Frente a la precarización del trabajo, a las tercerizaciones que van en detrimento de las condiciones laborales, ¿quién ha salido a representarlos?

Hoy tenemos una cúpula en el PIT CNT que se ha alejado del día a día de los trabajadores, que avasalla minorías en su interna, que es tan hipócrita de vestir una remera violeta cuando en su estructura machista las mujeres siempre han sido rezagadas, excluidas y ninguneadas.

Para este primero de Mayo, va mi saludo a los trabajadores que mueven nuestro país a pesar de las tendencias adversas del mercado laboral, a los trabajadores que hoy no tienen la posibilidad de conseguir empleo y a los sindicalistas que tienen claro los intereses que sí deben representar. Hoy más que nunca debemos cuestionarnos nuestras propias estructuras y saber que cambiarlas se puede.

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