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¿Plaguicida legal para iglesias truchas? 

¿Plaguicida legal para iglesias truchas? 
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La difusión de algunos comentarios vertidos en un grupo privado de Whatsapp por parte de la ministra de Educación y Cultura causaron polémica a nivel político y religioso. Sin duda el fenómeno de las seudo iglesias que lucran con la desesperación ajena para ganar dinero se ha extendido en nuestro país. Al amparo de la libertad religiosa encubren actividad económica y evaden impuestos. ¿Es esto libertad de culto? ¿No es hora de controlar la actividad de estas sectas? ¿Se pueden considerar una plaga? ¿Nos espera un futuro similar a Brasil donde se ha formado una bancada evangélica que incide a nivel gobierno? ¿Es peligroso su accionar? ¿No hay que separar bagres de tarariras en las colectividades religiosas?

 

Dios nos asista por Gonzalo Abella

En sus orígenes, las comunidades humanas se organizaron horizontalmente. Al principio consumían prácticamente todo lo que obtenían o producían, pero poco a poco aprendieron a guardar y a conservar. Cuando el desarrollo de las Fuerzas Productivas les permitió acumular más de lo inmediatamente necesario, cuando creció la productividad del trabajo, surgió la posibilidad de la explotación de unos seres humanos por otros, como antes se había hecho con animales de carga y de consumo.

Esta ruptura de la comunidad originaria no se hizo sin violencia, y de su institucionalización surge el Estado. Todo Estado requiere destacamentos especiales para ejercer la violencia contra los oprimidos, y requiere además herramientas ideológicas de sometimiento y resignación.

La religiosidad popular es una parte importante del Imaginario Colectivo de cada pueblo, y es un fenómeno históricamente anterior a la manipulación ideológica y teológica de los Estados. La religiosidad popular parte del “religare”, del religarse con el entorno, con el Ambiente, de forma integral, a la vez conceptual y afectiva.

El Estado antiguo operó sobre la religiosidad popular, la manipula, la altera, la desvirtúa, apoyando el sometimiento y la resignación de los oprimidos.

Y en cada época, desde la Antigüedad hasta hoy, en el seno de las sociedades opresoras se abre paso una lectura alterna de lo religioso que desafía el dogma de la sumisión. En el horror del presente también se abre paso un mensaje alternativo que llama a movilizar a los oprimidos desde la misma fe.

El dogma oficial siempre contraataca. En un proceso largo que se perfecciona en el siglo XXI, el mensaje religioso opresor se diversifica adecuándose a una clientela heterogénea. Para los opresores de arriba, el Dogma da señales teológicas que justifican la diferencia de clases como Voluntad Divina; para los pobres, se impone la resignación o bien la Lotería de Milagros.

La Lotería de Milagros funciona para captar a los más excluidos, a quienes sus urgencias los inhiben de pensar en un proceso de transformación con otros. La Lotería de Milagros es, en el plano de la manipulación religiosa, lo que es el Asistencialismo en el plano de las políticas sociales. En el primer caso, hay una ganancia directa, comercial, del empresario – pastor; en el segundo, hay una ganancia en votos electorales, a través de un clientelismo que siempre resulta una buena inversión.

En el Capitalismo resulta lógica la competencia entre sectores no monopólicos de la clase dominante. Si un Ministro apuesta al clientelismo político como estrategia de acumulación electoral, puede percibir al pastor –empresario como competidor por el mismo fragmento del mercado.

¿Qué hacer? La UP aún no incide en las nefastas políticas educativas de esta Administración, ni en su pintoresca distribución desigual de espacios de expresión política. Creo que en lo único que debemos ponernos del lado ministerial en el tema de derechos de la mujer, contra el fanatismo neo pentecostal. Contra ese fanatismo se alzan también los verdaderos cristianos. En lo demás, que Ministra de Estado y los ministros de fe-legisladores se arreglen entre ellos.

 

Una idea peligrosa por Gerardo Amarilla

 Si uno explora en algún buscador la palabra “plaga” aparece como primera definición: “Colonia de organismos animales o vegetales que ataca y destruye los cultivos y las plantas” y como segunda opción el “Daño o desgracia que afecta a gran parte de una población y que causa un perjuicio grave”.

La Ministro de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, dijo de los neopentecostales que son un “Sector, para no decir plaga que aumenta, y si me preocupa es porque no sabemos crear una utopía de hombre nuevo en siglo XXI y nos pisan los talones”.

Aquí hay algunos elementos gravísimos si tomamos las expresiones por sí solas, pero además agravada la situación por la persona que las dice.

Estas expresiones suponen un acto de discriminación nada menos que de la titular de un Ministerio en cuya órbita funciona la Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda otra forma de Discriminación. La jerarca que debería garantizar la eficiente gestión de la comisión antidiscriminatoria, realiza expresiones que claramente se chocan de frente con sus competencias. Y más que un acto de discriminación, esas expresiones podrían perfectamente ajustarse al tipo penal del artículo 149 del Código Penal como un acto de odio, desprecio o violencia contra determinadas personas, además de lo dispuesto en el artículo  306 que consigna como delito la Ofensa al culto por el ultraje público a las personas que lo profesan.

Estas afirmaciones también nos develan la frustración e incapacidad confesada de dar mejores respuestas a miles y miles de uruguayos que depositan en la “fe” y no en la “utopía” la esperanza de sus vidas.

Esa frustración lleva a un odio, desprecio y reacción que debemos observar con cuidado para que no se convierta en un caldo de cultivo propicio donde florezcan actos de intolerancia y violencia como los atentados ocurridos la semana pasada contra organizaciones e iglesias cristianas.

La Constitución Nacional en su artículo 5 reconoce que la “todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay” en concordancia con el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y por supuesto recogiendo la tradición artiguista de las Instrucciones del año XIII que ya promovía la libertad religiosa “en toda su extensión imaginable”. Todos los ciudadanos y aún más los jerarcas públicos deberíamos cumplir esas normas, respetando y promoviendo esa libertad religiosa tan apegada a las mejores tradiciones de nuestra sociedad.

Las declaraciones de la ministro son peligrosas y esconden una idea de profunda concepción antidemocrática y totalitaria. Parece que hubiera la intención de “eliminar las plagas” porque hay incapacidad de triunfar en el campo de las ideas y “estos nos pisan los talones en la simpatía popular”.

Distinto sería si esas expresiones estuvieran dirigidas a algunas personas que, amparadas en la fe o en alguna iglesia, manipularan a otros, vulneraran derechos o se aprovecharan indebidamente del dinero de terceros. Si hubiera casos de irregularidades o incluso de actos delictivos, que tanto se pueden dar en el seno de las iglesias como de las empresas, sindicatos o partidos políticos, gracias a Dios que estamos en un Estado de Derecho, donde existen mecanismos para hacer denuncias y para que oficinas competentes realicen el control y tomen las medidas pertinentes.

La idea de eliminar a otros por razón de sus ideas o concepciones es muy grave, peligrosa y sobran ejemplos tristes en la historia que no quisiéramos que se vuelvan a repetir.

 

Ya vino la plaga por Leo Pintos

Al inicio de estas líneas quiero dejar claro que no es fácil hablar de religión para un fiel ateo como yo. Aún así, he de reconocer que la religión es un factor importante en la sociedad, aún en la nuestra, relativamente poco adepta a la religión practicante y con fuerte presencia del Estado. En los últimos veinte años las organizaciones políticas, desde los partidos hasta el propio Estado, han ido perdiendo la capacidad de mediar, intervenir y articular en pro del ejercicio del poder en distintos ámbitos de la sociedad. Y es en el contexto de pobreza y marginalidad donde eso se hace más patente y también más preocupante. En tal sentido, la iglesia católica parece estar padeciendo el mismo mal. El resultado es la proliferación de personajes mesiánicos que copan los barrios pobres, los asentamientos, los bolsones de pobreza material y educativa para hacer sus negocios. Aquellos griteríos histéricos en las madrugadas radiales fueron dando paso a verdaderos imperios económicos al amparo de exoneraciones impositivas. Y por aquello de que Dios los cría y ellos se juntan, estos mesías se juntaron con lo peor de la política y se potenciaron. Ergo: tenemos un problema enorme. Vivimos tiempos complejos, en los que surgen y se multiplican proyectos políticos a impulsos personalistas, convirtiéndose en el caldo de cultivo perfecto para estos nuevos malandros mesiánicos. Es así que mientras la clase media alivia las penas del alma en el consumismo, el pobrerío busca su salvación en los templos de esta pasta base del Cristianismo. Allí -mediante rituales y promesas que lindan en lo delictivo- los pastores se enriquecen y aprovechan ese poderío económico para enquistarse en las organizaciones políticas. Surge así el populismo de Dios, basado en un discurso pseudo político religioso, caracterizado por ser retrógrado y por ende radicalmente contrario a cualquier agenda de derechos. Hoy este populismo se siente envalentonado por el contexto regional y da rienda suelta a un discurso reduccionista capaz de convertir asuntos tan delicados, como la salud sexual y reproductiva o la inclusión social, en un problema de seguridad.

Brasil es un perfecto ejemplo de la influencia que pueden llegar a tener estas organizaciones en el destino de un país. Ayudaron a ganar al Partido de los Trabajadores en 2002 y hoy pusieron a Bolsonaro en la Presidencia. Esto suele suceder cuando el sistema político se limita a reaccionar para hacer frente a tendencias mediáticas, en lugar de crear un modelo acabado de desarrollo social. Porque cuando la solución a problemas complejos se reduce a medidas simples, se presta para el surgimiento de líderes populistas con la promesa de aplicar medidas tan irresponsables como engañosas, a cambio de la obediencia incondicional de sus seguidores… es entonces cuando la sociedad se embrutece a tal grado que se comienza a normalizar el discurso xenófobo, homófobo y aporofóbico. Quizá haya llegado el momento de replantear la política impositiva hacia las entidades religiosas y aumentar los controles financieros y patrimoniales sobre dichas organizaciones y sus líderes.

Las religiones como manifestación del estado de ánimo de los pueblos por Graciela Bianchi

Las religiones han surgido a lo largo de la historia, como manifestaciones de los sentimientos más profundos de las sociedades. Al comienzo era magia, se pintaban las cavernas para estimular el éxito en la caza, base de la alimentación de los primeros grupos reunidos en tribus. A medida que se fueron conformando las civilizaciones, éstas desarrollaron un pensamiento más unido a la espiritualidad, a las necesidades de comprender la vida, no sólo sus orígenes, sino y fundamentalmente las relaciones humanas.

El proceso de cambio desde el politeísmo, que proyectaba en los dioses los defectos y las virtudes de los seres humanos, a los monoteísmos, obedeció a la necesidad de los pueblos de buscar más certezas y profundizar valores. El Dios debe ser justo, misericordioso y asegurarle al creyente el respaldo afectivo necesario, ante las incertidumbres de un mundo difícil. No es casual que esta etapa de la evolución de las religiones haya coincidido con la caída del Imperio Romano, primer mundo globalizado en Occidente.

El surgimiento del capitalismo dio origen a las religiones protestantes, para la concreción de valores diferentes a los defendidos sobre todo por la Iglesia Católica, así como reacción a sus luchas por el poder e intereses terrenales.

No respetar las creencias de cada ser humano, de cada grupo, es no respetar la libertad. Y si quien lo hace es la señora Ministro de Educación y Cultura, implica un desconocimiento del derecho de buscar la paz espiritual que como seres humanos tenemos. Lo dice una agnóstica de toda la vida.

Si tuviéramos un Ministerio que cumpliera con sus cometidos, debería primero que nada preocuparse por entender y comprender este fenómeno de nuevas manifestaciones religiosas, incluso prácticas que se acercan más a la magia. El comprender a nuestros ciudadanos en sus necesidades nos hace no sólo más humanos sino mejores gobernantes. Lo primero que debió preguntarse la Ministro Muñoz es por qué, en un país de larga tradición laica, se han extendido tanto las ¨nuevas religiones¨. Los ciudadanos nos están diciendo algo, están sintiendo que lo que les ofrece el Estado y las religiones más antiguas no satisfacen sus necesidades.

Si son sectas o si son grupos que intentan beneficiarse de la ignorancia de nuestra ciudadanía, nadie más competente que ella para enfrentar el ¨problema´¨ desde la Educación y la Cultura. Vivimos en una república democrática, por lo que el principio rector es respetar la libertad individual en toda su extensión imaginable”. Se sancionan las patologías y sólo lo puede hacer la justicia.

Los ministros como todos los servidores públicos no tenemos expresiones privadas. Cuándo habla un integrante del gobierno no se puede despojar de su cargo. Y sin dudas, cuando se ampara en lo ¨privado¨ dice lo que realmente piensa, por el paradigma infame que rinde más lo ¨políticamente correcto¨. Para mí ya no vale la pena considerar lo que diga la Ministro Muñoz, ya que ha manifestado en forma reiterada su absoluta falta de compromiso y sensibilidad con su función.  Siempre tenemos la esperanza que las personas cambien y reconozcan sus errores. Este no es el caso. Sólo me conforma pensar que le queda un año de gestión.

 

Ni Dios te salva por Fernando Pioli

Decía Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo, que un Estado totalitario no es simplemente una dictadura. En una dictadura puede existir el intento de simular una legalidad, aunque limitada. En el totalitarismo la realidad es sustituida por una ficción, no hay siquiera el intento de mantener una apariencia.

Este desprendimiento de la realidad, esta incapacidad de matizar la radicalidad del pensamiento revolucionario una vez que este toma contacto con las limitantes del mundo real, lleva a ignorar todo dato que resulte contradictorio con la idea previa de lo que debe ser el mundo. En el totalitarismo se pretende controlar hasta lo que las personas piensan y sienten, hasta el último rincón de individualidad que pueda ser visto como un peligro. Nadie tiene permitido aceptar otra realidad más que aquella que se le ordena.

En las llamadas sectas neopentecostales asistimos a un fenómeno religioso, y más recientemente, político. Seamos justos, la política tradicional no es precisamente un ámbito frecuentado por dioses y héroes sino por simples mortales pecadores, que en el mejor de los casos, luchan contra su propia humanidad rotosa, y en el peor ni siquiera eso. No obstante esto, esta arremetida de grupos religiosos en la arena política le agrega un tinte fanático e irracional a la dinámica tradicional. Si bien algunos sectores de izquierda tienen algunos núcleos de fanatismo pseudoreligioso, nada como esto.

Este fenómeno nuevo es una señal de los tiempos en los cuales tener algo para decir alcanza para ser escuchado. Ante una multitud de voces el diálogo es inexistente, todos los participantes se esfuerzan por gritar más alto y basta. Así aparecen estos sujetos desfilando por medios de comunicación masivos diciendo cualquier tipo de disparates (en esto no se diferencian mucho de los políticos tradicionales), pero con la novedad de que justifican sus posturas (en muchos casos de odio) en una creencia supersticiosa que no siquiera merece llamarse fe.

La política tradicional tendrá sus detalles, pero en ella priman a la larga cuestiones prácticas. Con estos políticos religiosos asoma el totalitarismo, o sea, la ficción encima de la realidad. Nada bueno sale de esto. Una plaga.

 

¿Quién eres tú que sientas cátedra? Por Celina McCall

Me fui del país a los tres años y volví con casi sesenta.  De esos, casi 40 viví en Brasil, donde el sincretismo religioso es una forma de vida.  Entiéndase este término como la asociación de dos o más rasgos culturales con orígenes diferentes.   O sea, se puede ser católica o budista y espiritista al mismo tiempo, y eso es considerado como algo natural.  Mis hijos hicieron la primaria en una escuela Católica y la secundaria en un colegio Bautista.  La religión nunca fue algo que me importara o preocupara demasiado.

Por eso, si hay algo que no entiendo de la idiosincrasia uruguaya es el miedo a la religión.  La palabra por sí sola causa todo tipo de sarpullidos.   La obsesión por la laicidad llega a ser una enfermedad nacional.  Debe ser por aquella famosa frase de Marx sobre el opio del pueblo.  Para muchos, el Marxismo es una religión, pero esa, políticamente correcta.  Así como también lo es la de Umbanda.  El culto a Iemanjá se ha ido expandiendo en Uruguay, a pesar de la incorrección ambiental: mi playa Ramírez queda, una vez al año, absolutamente tapada de barquitos de polifón que perduran por años en el ecosistema.   Pero ¡por favor! no quieras poner una estatua de la Virgen María en la Rambla, que saltan los políticos y la gente de todo color a poner el grito en el cielo.

Cuando leí que la ministra de Educación había tratado a los Evangélicos como plaga, me acordé de un editorial de Claudio Paolillo en Búsqueda que se titulaba: Algún día dejará de ser gratis.  Nuestros gobernantes tienen por hábito insultar al barrer sin que se les mueva un pelo, y sin perder un solo voto, a todo aquel que no piense igual.     Esta censura originada desde el poder, es lo que debemos castigar.  Ya bastan las redes sociales y lo que ahora se denomina lo políticamente correcto, que como consecuencia ha destruido todo tipo de espontaneidad, reflexión y libertad de expresión al instituir la autocensura en todo aquél que quiera un mínimo de sosiego.

Se puede rendirle pleitesía al Che Guevara, a Castro o a Stalin, pero no a, digamos, Santo Tomás de Aquino.  Huele a cinismo e hipocresía.

¿Quién está capacitado a decidir si una religión es trucha o no?  O, como diría Dante Alighieri en el Paraíso, Canto XIX: «Mas ¿quién eres tú que sientas cátedra para juzgar desde lejos a mil millas con la vista de un palmo corta?».

Hay de todo en la viña del señor.  Pero, al final, todo se resume a una sola cosa: libertad.  Libertad para creer en lo que quieras.  Libertad para ser uno mismo, sin estar todo el tiempo pensando en lo que dirán.  Porque, aunque se lo achaquen a la humedad, lo que verdaderamente mata es la hipocresía.  Y esa abunda.

 

Monstruos Políticos por Valeria David de Lima
Los grupos de WhatsApp serán los culpables de que se desate la tercera guerra mundial. *guardar tuit*

Todo ser humano que utilice ésta aplicación como medio de comunicación, será incluido en algún bendito grupo de WhatsApp y será sometido día y noche a recibir “cadenas”, fotos y videos. Está escrito en la Biblia 2.0
La herramienta “eliminar mensajes” hubiera sido de gran utilidad para Marita, pero claramente no llegó a tiempo y el Judas del comité fue más rápido.
Algunos allegados al Pastor Márquez dicen que cada vez que ingresa un hijo de Dios al “grupo” de Misión Vida, ¡suena la alarma de CLÍN CAJA!  en su celular.
“Felices los que transitan por éste mundo libres de grupos virtuales multitudinarios, vistos azules y últimas horas”. Mateo 15
“Seguro te sientes moderno por apoyar causas que van en contra de la naturaleza y que desafían el plan de Dios”, “deberías reconsiderar tus amistades”, posteos como éstos se encuentran publicitados en cuentas de redes sociales por Iglesias Evangélicas, haciendo referencia a la agenda LGTBI.
Estas manifestaciones no hacen más que fomentar la intolerancia y la discriminación.
La incursión de éstas Iglesias en diferentes ámbitos, tanto político como en medios masivos de comunicación es un peligro, el accionar de sus líderes es peligroso para la sociedad.
Todas las iglesias están totalmente exoneradas de impuestos. Eso significa que si compraste una parcela en el cielo no deberían cobrarte IVA. Lo mismo pasa con un jabón de la descarga.
¿Plaguicida legal para iglesias truchas?  lorsban al 5%. Repetir si es necesario.

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