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Que vengan los niños

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Élida Gencarelli es vicepresidenta del Consejo Directivo del Sodre y en entrevista con Voces cuenta los desafíos que enfrenta la Institución. Entre otros, los de renovar el público y llegarle a las nuevas generaciones.

La pianista Élida Gencarelli es vicepresidenta del Consejo Directivo del Sodre. Nació en Montevideo, donde estudió con Margarita Comelli, Sara Bourdillón, Santiago Baranda y Hugo Balzo. Fue becada por dos años en la Escuela Superior de Música de Varsovia. Obtuvo el Premio Revelación del Año del Círculo de la Crítica por su primera actuación con la OSSODRE en el Concierto No. 1 de Prokofieff. Fue seleccionada para intervenir en el Festival Internacional de Música Contemporánea del Cincuentenario de la Orquesta de Louisville, EEUU. Con frecuencia participa de conjuntos de cámara, como los Quintetos de Vientos de Bamberg y de Santiago, los Cuartetos de Cuerdas Sur y Luis Pasquet y el Grupo de Percusión Perceum. Con la histórica Camerata Punta del Este cumplió giras por Estados Unidos, México, Brasil y Uruguay. Ha realizado recitales en España, Francia, Holanda, Alemania, Hungría, Polonia, Estados Unidos, México, El Salvador, Colombia, Brasil, Chile, Argentina y por todo el Uruguay. Fue solista con distintos directores y ha divulgado autores contemporáneos, estrenando obras de los uruguayos Lamarque Pons, Mastrogiovanni, Balzo, Biriotti, Cervetti y Maslíah, entre muchos otros. También interpretó la música de los filmes En la puta vida y Polvo nuestro que estás en los cielos. Grabó varios discos. Sus últimos trabajos reúnen la obra para piano de Jaurés Lamarque Pons y una Selección de Música Uruguaya. Fundó la filial uruguaya de la Asociación Chopin. Accedió por concurso a los cargos de Profesora de Piano de la Escuela Universitaria de Música y de la Escuela Municipal de Música Vicente Ascone y, también por concurso, a la Dirección de esta última Escuela. Dictó clases magistrales en Charleston, Asunción, Bogotá y Estrasburgo. Ha sido jurado, entre otros, de los Fondos Concursables del MEC e integró la Comisión Administradora del Fondo Nacional de Música. Durante el 2016 fue Asesora Musical del SODRE para la Temporada de Música de Cámara. En reconocimiento a su aporte a la cultura, fue condecorada con la Orden del Mérito del Ministerio de Cultura y Arte y con la Cruz de Caballero de la República de Polonia. En Uruguay recibió los premios “Morosoli de Plata” 2008 y “Virgen del Pintado” 2009. Acaba de editar un disco con composiciones de Lamarque Pons.

 

Hay un renacer del interés del público en la Orquesta Sinfónica, ¿a qué lo atribuye?

Sí. Porque estaba un poco perdida la orquesta. Son cuestiones que más vale no empezar uno a dar opinión. Porque yo entré hace un año nomás. De todas maneras el ballet, como ha tenido tanta repercusión y está saliendo tan bien, un poco siempre pasa así, lo de “pez grande se come al chico”. Y la orquesta estaba un poco, digamos que descuidada. Pero desde acá los compañeros que tengo en el Consejo todos tiramos para que la música salga, y que siempre se haga bien. Estamos interesados en que las cosas funcionen. Entonces se le ha dado más relevancia también a la orquesta y al coro. El ballet ya lo tiene, no precisan nada. Y además tuvimos la suerte de que apareciera un director joven, talentosísimo, que es el que “ha dado vuelta la tortilla”.

Parte de ese proceso debe ser tratar de empezar a traer nuevas generaciones.

Claro, está apareciendo gente joven y además gente importante del medio. Estoy hablando importante desde el punto de vista cultural, musical. Yo siempre digo “muchas cabecitas blancas”, porque cuando yo tenía dieciséis años, en el antiguo Sodre, donde me sentía como en mi casa, me sentaba en los palcos, miraba y decía “ay, cuántas cabecitas blancas, cuando se mueran todos estos viejitos nos quedamos sin público”. Como niña que era observaba eso. Ahora los ves y decís que no es así, porque se va renovando el público. Y la programación viene así, muy buena, y hay mucho interés.

Respecto a lo que decía antes, ¿el Ballet de alguna manera también ayudó a darle visibilidad a la orquesta?

Claro, lo que pasa es que es como todo. Si tú tenés dos hijos – o tres – y hay uno que empieza a sacar la cabeza y es maravilloso, se nota respecto a los otros. Lo mismo pasa acá. Pero ahora está resurgiendo todo y eso es lo más importante. Y al frente hay un tipo de real valía. Es alguien que si no se queda acá y se va para el exterior va a tener el mismo éxito. A donde vaya va a ser un gran director. Empezó este año. El primero de enero se nombró y ya comenzó el dos. Y empezó a hacer gestiones, es muy inteligente.

Este proceso que está atravesando pasa por una cuestión de políticas culturales, de presupuesto, ¿o por dónde pasa? ¿Cuáles son los desafíos principales?

Los desafíos que tenemos es que sí, el presupuesto se vio achicado este año. Entonces tuvimos que hacer de tripas corazón y es creo, yo lo comparo  a cuando vos llegás a fin de mes y no tenés para ir al supermercado a comprar lo que querés, yo abro los placares de la cocina y digo “¿qué hay?”. Y ahí salen las comidas más ricas. Esto es lo mismo, y ahora vamos bárbaro, porque el Coro ha vendido todas las localidades de la Goitiño, ¡El Coro! Que a no todo el mundo le gusta el Coro. Es exquisita la gente que va al Coro Nacional. Y en las Iglesias ni que hablar, eso la gente lo ama, es otro rubro. Ahora nos queda el ciclo de Música de Cámara, la (Orquesta) Juvenil, que mata. Ves el ambiente, las familias que van a verla, que nunca entraron a un teatro, y ves que están como hipnotizadas.

¿Por dónde va la temporada este año?

Tenemos el Ciclo de Cámara del Conjunto de Cámara. Que va envuelto entre todo lo demás. Hay mucha gente de afuera pero se nutre con las otras orquestas. Hay algunos pianistas talentosísimos. Después tenemos gente de otros lados. El Cuarteto de Maderas “Horizonte” de Brasil, flauta, clarinete, fagot. Y después el Quinteto de Viena, con gente de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, mezclados con uruguayos también.  Y después tenemos un poquito de Barroco también. En realidad tenemos de todo. Nosotros lo armamos en agosto. Porque acá se trabaja así. Desde que yo entré a trabajar con música de cámara dije que si vos al público le empezás a mostrar asiduamente esto, la gente empieza a interesarse. Porque si vos hacés un concierto hoy y el otro lo hacés dentro de dos años, o tres, la gente dice ¿qué es eso? Entonces yo dije “vamos a hacer un ciclo, vamos a hacer un llamado”. En el primer llamado se presentaron como 130 proyectos. Fue difícil elegir, hubo que dejar afuera gente de valía. Y hubo muchos extranjeros.

¿Qué son los conciertos didácticos?

Los jueves el Conjunto de Cámara – esto fue toda la vida – trae escuelas, desde jardinera hasta sexto año, y a veces mechan liceos. Vos decís, vienen doscientos chiquilines, de esos doscientos, que dos o tres se interesen, ya ganaste.

Pensando de acá a fin de año, ¿cuáles son los objetivos?

Que el público otra vez venga al teatro, que la orquesta resurja  – que está resurgiendo- , y que sea apreciada, y especialmente que la prensa venga y se entere. Y que la gente joven aparezca. Todo está dirigido a los niños y a los jovencitos. La Orquesta hace el concierto los sábados y el viernes hace el mismo concierto de mañana para los niños, cada vez que hay un concierto. El Ballet hace un Ballet especial para los niños. El Conjunto de Cámara también… ¡Y ni que hablar de la Juvenil! Yo me críe en el Sodre, venía desde los siete años, cuando era chiquita me venía a ver a (la pianista) Nibia Mariño, tuve a Balzo de maestro. El Sodre es mi casa, siempre fue mi casa.