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Qué verde era mi Batlle

Qué verde era mi Batlle
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En su momento el ex presidente Jorge Batlle causó conmoción, cuando al saber que existían serias dudas acerca de la existencia de hidrocarburos en nuestro frente oceánico, declaró:” que no haya petróleo, es lo mejor que le puede pasar al país…”.

Los científicos alertan a diario, algunos desesperadamente, sobre el aumento de la contaminación, la sobre explotación de los recursos y la inminencia de un cataclismo ambiental que legaremos a nuestros hijos. Llama la atención en esta campaña electoral para las internas, y en el mes de ambiente, que el tema de su cuidado esté casi ausente sin aviso. Si bien algunos partidos menores, como el Peri, el Partido Verde Animalista, la Unidad Popular y el Partido de los Trabajadores, hacen hincapié en la protección ecológica, los partidos mayores se limitan a incluirlo como un punto más, que más se parece a una declaración de compromiso, que luego se disolverá en las arduas tareas de la gestión. Pero siempre subordinado al crecimiento de la economía, y en muchos casos de los negocios.

¿A qué obedece esta ausencia? ¿Se privilegian más el logro económico y la creación de fuentes laborales que reportan rédito político inmediato que tomar medidas a futuro que no se traducen en votos? ¿Por qué está ausente el tema del glifosato y la gran producción agropecuaria? ¿A nadie le preocupan las cianobacterias que han colonizado nuestras costas? ¿Por qué no está con la fuerza que la situación demanda el tema de la contaminación de nuestros cursos de agua? ¿Es posible que existan compromisos con empresas o empresarios para ser más permisivos con lo ya establecido? ¿Es posible el desarrollo sin agredir desmedidamente nuestro espacio vital? 

Ecologistas y ecologistas por Gonzalo Abella

150 años atrás, el capitalismo mundial inauguró su etapa “imperialista”.

Si bien existieron Imperios por más de 5000 años, la “fase imperialista” del Capitalismo tiene rasgos nuevos. Aparece la explotación directa de clase obrera (no de esclavos y siervos, sino de asalariados) en los lugares más remotos del Planeta por parte de los monopolios. Pero esto requirió previamente ciertas premisas que sólo se dieron a fines del siglo XIX.

A finales del siglo XX la “fase imperialista” incorporó un nuevo rasgo a su política de rapiña: el saqueo ambiental de los países sometidos. Hacia la periferia mundial empobrecida se exportaron las industrias contaminantes o las fases más contaminantes y menos complejas de las nuevas tecnologías industriales. Del subsuelo y de la tierra, de los cursos de agua y del mar territorial, se robaron recursos vitales y se expandieron la basura y todo tipo de contaminación.

La resistencia de los pueblos originarios y los campesinos del “Tercer mundo” comenzó a vincularse con la creciente conciencia ambiental de jóvenes y de sectores de ingresos medios. Estos últimos, con una capacidad de pensar en el futuro que no tiene los que están hundidos en la angustia del subsistir, comenzaron a expresarse con fuerza en este terreno. Sectores organizados de la clase obrera de los países empobrecidos, sectores siempre urgidos por temas más inmediatos, empezaron a entender que el futuro y hasta la salud del pueblo estaban comprometidos por el saqueo ambiental imperialista.

Los Amos del Mundo, y especialmente el Banco Mundial, encontraron una solución para vencer la resistencia de los pueblos: aislar el tema ambiental de los temas políticos y financieros, separar la causa ambiental de la lucha anti imperialista. El Banco Mundial felicita a los movimientos ambientalistas y a los partidos llamados ecologistas, en tanto no vinculen el tema ambiental con la liberación nacional y con la recuperación para el país de los recursos naturales.

Los Amos del Mundo empezaron a convocar eventos de costo multimillonarios sobre agua, contaminación, cambio climático, crisis energética, pobreza; eventos para los que usaron los Programas de Naciones Unidas que ellos mismos financian. En los países dependientes cuyas riquezas eran de mayor interés estratégico, usaron los mal llamados “Cuerpos de Paz” para aplastar la resistencia. Así por ejemplo en los Altos del Golán, (territorio sirio ocupado ilegalmente por Israel, donde hay grandes reservas de agua potable) nuestro Gobierno envía tropas para colaborar en la ocupación.

Cuando se trata de Fracking o de minería a gran escala, se advierte el grado de dependencia de un gobierno y de las instituciones sociales que controla. “Traen puestos de trabajo” argumentan los sometidos, que han renunciado a un proyecto soberano de desarrollo.

En el otro extremo, el Ecologismo fundamentalista llega a conclusiones tan absurdas que paralizarían toda actividad productiva, y desprestigian así la necesidad vital de incorporar el enfrentamiento al saqueo ambienta como una tarea vital de lucha anti imperialista.

Ojalá haya petróleo por aquí, porque aún será necesario por unas décadas más, hasta que los parques eólicos y la energía fotovoltaica lo sustituyan definitivamente. Pero si se empieza a explotar el petróleo bajo un gobierno como el actual, si cae en manos de lo “público privado” será una verdadera tragedia. Cuando hayamos logrado un gobierno  soberano y popular, el uso cuidadoso y mínimo del combustible fósil será un aporte importante para un proyecto socialmente solidario y ambientalmente sustentable.

Razón de poder  por Isabel Viana

 

Es hoy visible el deterioro del ambiente global. Afectación de la capa de ozono, deforestación masiva, pandemias globales o calentamiento global han sido objeto de atención mundial.  En 1992 la ONU convocó a una Asamblea General para discutir el tema “Ambiente y Desarrollo”. Allí se elaboró la “Agenda 21”, texto que enumera los temas a ser encarados con urgencia por los gobiernos, atendiendo al principio insoslayable de que no hay desarrollo (ni futuro deseable) si no se integra con la protección de los sistemas vivos e inertes de la biosfera.

La Agenda alerta respecto a los riesgos de la guerra, del incremento de la  pobreza, de las modalidades insostenibles de consumo, los compromisos para la salud, así como respecto a grandes temas de gestión: atmósfera, calentamiento global, riesgos nucleares, deforestación, pérdida de suelos y desertificación, manejo de químicos y agrotóxicos, pérdida de diversidad biológica, avances riesgosos de la biotecnología, necesidad de protección de océanos, mares y restantes ecosistemas líquidos, especialmente de las fuentes de agua dulce, riesgos de la generación de basura y desechos peligrosos.  Identifica también responsabilidades en el deterioro y define caminos y agentes a involucrar para el cambio.

En 27 años el deterioro general ha sido y es mucho mayor que los avances.

Ningún responsable de gestión pública o privada puede ignorar el deterioro y los riesgos que el planeta (Uruguay incluido) sufre. Es con plena conciencia que se decide potenciar el deterioro ambiental en ámbitos globales, nacionales y aún, a nivel individual.

Cada persona sabe que debiera modificar sus hábitos. Pero, ante la escala de las afectaciones globales generadas por estados y empresas, parece poco razonable esperar que sean individuos quienes asuman conductas más proactivas. Las macro entidades no sólo llevan a cabo y/o habilitan efectos de deterioro masivo (guerras, residuos de todo tipo vertidos en atmósfera, tierra y mares), sino que promueven públicamente y son modelos de uso inadecuado de recursos finitos y de producción de bienes con obsolescencia programada, de use-y-tire y de explotación irresponsable de los recursos.

Esas medidas responden a criterios cortoplacistas, conducentes a retener o incrementar el poder y/o a aumentar la riqueza concentrada en pocas manos, con el objetivo de acrecentar ganancias sin tope, por las vías de inversión – producción – comercio – consumo y generación irresponsable de deshechos. La situación es cada vez más irreversible.

Los estados se suman a esa lógica perversa de gestión de los bienes que son de todos.  De ella provienen en Uruguay el deterioro de aguas y costas (cianobacterias, contaminaciones fecales, plástico); la pérdida de suelo fértil y diversidad biológica (uso de herbicidas, fertilizantes y  agrotóxicos requeridos por los sojeros y la forestación masiva, que a su vez contaminan las aguas); los coqueteos con megaempresas como Aratirí, los planes farónicos  del puerto de aguas profundas o la regasificadora, las petroleras que proponen hacer fracking  o extraer petróleo del mar continental, que se expresan en contratos vergonzosos y vergonzantes como el que se  ha firmado con UPM2.

No es de extrañarse que esos temas ni se toquen por el cuerpo político de los partidos mayores: quienes piensan en llegar a cargos, saben que romper con el sistema global no es conveniente a su anhelo cortoplacista de poder: es ese mismo “orden” el que sostiene o voltea gobiernos a voluntad.

Habría que ser muy valiente y pensar responsablemente en el futuro, para intentarlo.

El ambiente se fue de rumba por Betty Francia

Hablar de ambiente nos invita a sumergirnos en la complejidad, preguntarnos qué sociedad queremos habitar, es hablar de economía y sin lugar a dudas de poder. Dispara diferentes miedos, a no saber qué hacer, a no saber cómo hacer, a quién le corresponde hacer qué, a quedar en ridículo porque sobrevuela el violento supuesto, por ignorancia y soberbia, que hablar de ambiente es hacer demagogia.

El tema ambiental es el gran ausente en estas internas, sí, pero en octubre debería cobrar fuerza ya que se hace urgente así mismo conocer la perspectiva de senadores, diputados, intendentes y alcaldes. Es absolutamente impensable gobernar en los próximos cinco años en un “planeta incertidumbre” sin tener en cuenta la geopolítica, los eventos climáticos extremos, sin cuestionar un modelo de desarrollo basado en el extractivismo, alternativas a la agroindustria, matriz energética, saliendo de la simplicidad de mirada que se resume en –ambiente, basura, limpieza-  dimensiones que se expresan en impactos negativos de forma indiscutida, ya sea en la calidad del suelo, el agua, los alimentos y los diversos ecosistemas que son colonizadosdía a día por el ecosistema capitalista.

Debería resultar sencillo conectar problemas como pobreza, trabajo, salud, exclusión étnica racial o género al ambiente, pero no se logró y de esa manera se lo deja último en la escala de prioridades en una campaña electoral, producto de no darle una mirada integral, y no dimensionar las consecuencias sociales o ambientales, dejando que siga instalado en el imaginario la idea deque un crecimiento ilimitado es posible.

Podríamos pensar que hay una disputa entre economía vs ambiente, hasta hace relativamente poco no alcanzaban los esfuerzos para hacer entender que atender las condiciones ambientales donde habita la población más vulnerable era actuar directamente en su calidad de vida, disminuyendo riesgos. No debería existir la duda de que son los más vulnerables quienes construyen sus hogares en riveras de cañadas y arroyos, viven del clasificado de residuos, o tienen medios de subsistencia precarios asociados a la extracción de recursos. Tampoco alcanzaba con explicar que, hablando de amor a la naturaleza, que cuidar a un otro quizá sin alma, se invitaba a cuidarnos entre las personas, hoy no solo habitamos un medioambiente degradado, nuestra naturaleza está maltratada y la convivencia social da cuenta de una intolerancia extrema.

Colectivos, sociedad civil, academia, alertan desde hace décadas sobre problemas ambientales, y aún hoy no se dimensiona que es un fierro caliente en las manos para quien asuma el próximo período de gobierno. Los partidos deben hacer el proceso de incorporarlo y tener un discurso propio acorde al modelo que proponen, y ahí está el problema. En el programa del Frente Amplio hay propuesta en relación, y en el Espacio 567 del PVP los militantes están generando contenido, líneas de por dónde transitar las diversas escalas, siendo el sector por excelencia que lo expone de forma pública e invita a sumarse.

El diálogo entre tomadores de decisión y la academia deberá necesariamente mejorar y aunque irrite o cuestione, el sistema político deberá actuar en consecuencia, porque no se podría pensar una Política que no incluya la naturaleza a escala global y acciones integrales en la gestión ambiental a escala local.

La no agenda ambientalista por Rodrigo da Oliveira

Desde comienzos de los 80 comenzó a generalizarse y a instalarse una especie de rumor, cool en su momento e imprescindible después, que hablaba de cuidar el medio ambiente y de evitar contaminar nuestro hábitat. Una treintena de años después la realidad nos pasó por encima y el movimiento ambientalista se transformó en una especie de faro al cual acudir antes de perder nuestro tan manido único hogar disponible. Uruguay no es ajeno a la contaminación que invade y cubre parte de nuestros cauces de agua, siendo las cianobacterias su cara más visible, dado su impacto imponente en la temporada veraniega. Impacto del cual aún desconocemos su cabalidad, en materia de turismo no se percibe el alcance posible pero sin dudas será muy grave, dando de lleno en uno de las tres mayores fuentes de divisas y de ocupación.
Y una vez más quedó fuera de la agenda ya no solo electoral sino política. Nuevamente la miopía propia y nuestra incapacidad como votantes de exigir puntualizaciones a nuestros gobernantes hizo que elementos fundamentales para nuestro futuro quedaran de lado.
Ya no solo es la inacción más o menos interesada por el gobierno de turno y la poca capacidad de reacción frente a las necesidades de la población y su entorno. Es también el fomentar la instalación de una nueva planta de pasta de celulosa, en aras de la pronosticada inversión, o la no promoción de medidas emergentes frente a la diagnosticada consecuencia de la utilización de agrotóxicos y fósforo en la producción agropecuaria.
Es que los países denominados en desarrollo lo son en gran parte solo porque se observan sus niveles económicos. El llamado desarrollo sustentable a nivel ambiental y su correlato a nivel humano son despreciados como los lujos de la miseria. Son dejadas de la lado la prevención y la proyección hacia el futuro, como no sea lo que involucre el ingreso inmediato de divisas que permitan sostener la siempre sedientas arcas. Luego, Dios y la Patria proveerán.
No encontramos en la actual campaña electoral el tema ambiental instalado ni apenas esbozado. Se lo nombra de soslayo, cuasi como una exposición de motivos, una promesa de lo que deberíamos pero estamos imposibilitados de siquiera pretender encarar. El tema no es nuevo, sistemáticamente se lo ha ignorado y las consecuencias están a la vista. Algunas medidas deben ser tomadas a nivel general, mundial, y algunas otras pueden ser desarrolladas a nivel local.
Desde el involucramiento de la población en su etapa escolar hasta generar medidas y cuerpos inspectivos con posibilidades reales de contralor, hay un sinnúmero de posibilidades a llevar a cabo.
¿Seremos capaces? Lo urgente vuelve a pasar por encima de lo importante.
En breve, ambas estarán a la par.
Una vez más, no habremos estado a la altura como sociedad. Porque como sociedad es que elegimos a los gobernantes y exigimos sus responsabilidades. Y así nos va.

Viuda negra  por Esteban Pérez

 

“Lactrodectus mactans” es el nombre científico de una araña muy venenosa conocida entre otros nombres vulgares como araña del lino, del trigo, o viuda negra; esto último derivado de su comportamiento de comerse al macho luego del apareamiento.

Recordamos hoy a este originalísimo ejemplar porque nos trae a la mente el modelo extractivista y de agronegocios que rige y dirige hoy al mundo capitalista. Pone su acento en la rentabilidad y la ganancia, desplazando el satisfacer las necesidades del ser humano por la acumulación angurrienta de dólares.

Su poder es tan grande que hasta se ha tragado en nuestro país algún adalid del medio ambiente, quien otrora recorría el territorio nacional hablando en contra de la concentración de la tierra en pocas manos, de los agrotóxicos y los transgénicos. Picado por la viuda negra, una vez que fue Ministro de Ganadería permitió la difusión de dichos elementos contaminantes y habilitó el ingreso de nuevos transgénicos para beneplácito de las multinacionales y empresas del mundo de agronegocios, con el consecuente desplazamiento de productores familiares, mayor concentración de la tierra, contaminación y extranjerización de la misma.

Pasó también por la Presidencia de la República un personaje que pidió de rodillas a Finlandia la instalación de UPM2, sin medir la pérdida de soberanía con una nueva zona franca ni el incremento de la cianobacterias, que ya las tenemos en las puertas de nuestros domicilios.

No se cuestionó el capitalismo; se cuestionó el consumismo como el origen de todos los males, que es como achacarle la culpa a Frankestein por ser monstruo y no a quién lo creó.

Hoy encontramos prácticamente a todos los candidatos de los partidos con chance de ganar las elecciones nacionales aggiornados con este sistema destructivo de la naturaleza y por ende, de todas las especies incluidas la humana; por lo tanto, no debe asombrarnos que en la campaña por las internas casi no se mencionó el salvar el medio ambiente, apenas algún comentario para retener los votos de quienes cuestionan el modelo.

Cabe entonces la responsabilidad de la lucha contra el capitalismo y por ende salvar nuestro habitat, en la clase trabajadora, los movimientos sociales y ambientalistas de todo tipo.

El arte del momento es lograr articular las luchas obreras con las luchas ambientales, asumiendo los sindicatos el ambientalismo como parte de su plataforma.

O derrotamos al capitalismo sustituyéndolo por un sistema que tenga como centro la conservación del planeta y el ser humano junto a las demás especies, o el mundo que conocemos será devorado por la “viuda negra” del lucro, cueste lo que cueste…

Posibilismo y pragmatismo en la lucha por el gobierno por Oscar Mañán

Efectivamente, hay varios temas que están fuera de la campaña electoral y, más preocupante aún, ausente de la agenda inmediata de los partidos políticos. La razón, una dosis de posibilismo histórico y de pragmatismo nuevo, donde se prioriza la acumulación electoral por sobre la articulación de una correlación de fuerzas que pueda articular un cambio estructural más duradero.

La campaña se ha polarizado, entre ataques al gobierno y defensa del mismo. Sin duda, seguirá creciendo dicha polarización a medida que se acerca la elección nacional y se diluciden las incógnitas respecto a los candidatos de los respectivos partidos.

Los partidos que se visualizan con chance de competir por la presidencia no alientan un debate de propuestas programáticas. Por un lado, la oposición carga sus tintas en una crítica al gobierno, especialmente centrado en el fracaso de lo que entienden son los déficits en seguridad, la inserción internacional o los desequilibrios en las cuentas públicas, a lo que se suma la desaceleración económica y el desempleo creciente, pero sin plantear un elaborado set de políticas alternativas. Por otro, los candidatos del FA tampoco enfatizan el programa de gobierno sino que contestan a la oposición resaltando supuestos logros de los últimos tres gobiernos.

En un régimen político que, dada la reforma constitucional de 1996, se articula en dos partidos y medio que lejos de asegurar la gobernabilidad puede solamente sostener una mayoría electoral. Incluso, dicha mayoría podría culminar en una coalición de gobierno. Sin embargo, dicha coalición no tiene mucho más de dos años de vida útil, ya que luego necesariamente se desvanecerá para no cargar con los costos inevitables del co-gobierno.

Como están ausentes los temas sobre el futuro y la conquista del mismo, también lo están los correspondientes al desarrollo y/o a la forma de encarar la búsqueda de la felicidad de la población. Luego de “aggiornamientos” y de cambios en las matrices tradicionales del pensamiento de los partidos las distancias ideológicas se han acortado. Al Partido Nacional le queda muy poco del nacionalismo de Herrera y al Partido Colorado menos del Battlismo histórico, como tampoco el FA encarna ya los viejos valores de la izquierda antiimperialista.

La búsqueda del crecimiento económico oscureció al pensamiento desarrollista, la inversión extranjera vino a sustituir el impulso estatal y se le da el papel histórico de la creación de empleo para que las políticas sociales “acorten” las brechas de ingreso.

Las políticas ambientalistas se hacen dependientes del crecimiento económico. Y, este se basa en una plataforma exportadora para multinacionales que dejan a cambio un conjunto de empleos de baja calidad y las consecuencias ambientales del más burdo extractivismo. Sin embargo, los partidos mayoritarios aceptan las cianobacterias, la contaminación del agua dulce, entre otros costos que se conceptualizan como daños colaterales.

 

Un tema verde, que no madura en los programas de gobierno

Por Ian Ruiz

Si contamos las alusiones que los precandidatos de los partidos políticos han hecho previo a las elecciones del próximo domingo 30 de junio, nos sobrarían los dedos de una sola mano. Está claro que aunque compartan la preocupación por algunos temas acuciantes que atraviesa el país en materia ambiental, el tema no está en el podio de las prioridades.

Es que el medio ambiente, tiene delante otros planteos políticos que acaparan el interés de la ciudadanía y rinden más a la hora de capturar votos, como la seguridad, economía y educación.

En el campo ambiental, el diseñar políticas eficaces, eficientes y legítimas requiere un conocimiento profundo del contexto de gobernanza en el que se aplicarán y desconocer las cambiantes interrelaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad civil, implicaría – para los políticos- ofrecer propuestas difíciles de cumplir y –para los ciudadanos- escuchar demagogias. Por lo tanto, también son cuidadosos con proponer o hablar de algo, en el que realmente tienen poco conocimiento.

Los debates sobre las políticas para abordar problemas ambientales no son fáciles de proponer, y muestran que los actores pueden tener perspectivas muy diferentes sobre cuál es la mejor política o la mejor combinación de estas. Estas diferencias de perspectiva entran en juego en la evaluación de los instrumentos existentes y la introducción de nuevas herramientas. Esto se pudo apreciar con la implementación de la ley de uso sustentable de bolsas plásticas que rige también desde este domingo, donde los comercios comenzaron a cobrarlas antes de la reglamentación, ignorando el punto más importante, ofrecer información a los clientes y ahora también lo vemos con los lobbys contrarios a la ley de residuos. Lo que debe primar siempre es el bien social y a la hora de la práctica, algunos de los principales actores olvidan este punto.

En todos los temas de preocupación en nuestro país, sean las floraciones de cianobacterias, la pérdida de calidad en los principales cuerpos de agua, la erosión costera y la contaminación por basuras marinas, entre otros, los debates sobre políticas no pueden entenderse sin tener en cuenta la influencia de ideas –a veces muy arraigadas- sobre la libertad de mercado, modelos industriales y económicos, etc. La mayoría de las propuestas, no tuvo un profundo análisis de estos puntos. Es importante conocer con detalle el crecimiento económico del país, que contribuya a un desarrollo sostenible que nos permita alcanzar las metas de los ODS 2030, pero también aportar a la justicia social, a través del impulso de nuevos empleos que respondan a los desafíos que el cambio climático nos propone.

Las propuestas políticas de todos los precandidatos, comparten un punto, crear un Ministerio de Medio Ambiente, pero al mismo tiempo, hablan de disminuir el gasto público o de shocks económicos. No ha sido sencillo interpretarlo, se oye confuso o simplemente como un compromiso obligatorio con la sociedad.

Los principales candidatos de los grandes partidos tienen entre sus propuestas, políticas que apuntan a una legislación que aborde los fallos del mercado, la primacía del Estado, el estímulo de la innovación y la difusión tecnológica y el importante papel de la sociedad civil en las cuestiones de equidad y justicia ambiental. Pero ofrecer garantías a los votantes más jóvenes sobre todo, de que los objetivos medioambientales se cumplirán fue el mayor debe. Darle mayor prioridad a las nuevas generaciones y sus preocupaciones con la naturaleza, será algo que deberán corregir para las elecciones nacionales. Claro está, si el medio ambiente ocupa un lugar protagónico en sus respectivos programas de gobierno, que en las elecciones internas, quedó demostrado que no.

Una ausencia que delata por Lucía Siola

Es notorio, y ya evidente que el tema de la cuestión ambiental, (así como la de una gran cantidad de problemas claves para la población explotada del país), está fuera de la agenda de discusión en la presente campaña electoral. No es una casualidad, ni se trata de un descuido u olvido de los principales candidatos del FA o de la derecha blanqui-colorada. Por el contrario, es una omisión consciente. Se busca escamotear las responsabilidades políticas y sociales de la evidente contaminación del país en los últimos años, algo que ha quedado de manifiesto con la emergencia de las cianobacterias en todos los cursos de agua durante el verano pasado. Por eso, tampoco se menciona el envenenamiento alimenticio sistemático a la que la población está siendo sometida, producto del glifosato y de los agrotóxicos, o incluso el envenenamiento directo por fumigación en el ámbito rural tanto en escuelas como a trabajadores del campo, todo a causa del enorme boom del agronegocio.

Menos aún, se menciona el tema de la instalación de UPM2  que aumenta el saqueo de tipo colonial, y la contaminación de nuestros ríos, en especial con fosforo, además de profundizar la deforestación que perjudica los suelos y favorece las inundaciones.

De estos temas no se habla porque la contaminación ambiental de enormes magnitudes se encuentra generada por las grandes empresas y grandes capitales, a los que todos los partidos del régimen buscaron y buscan favorecer. Se trata de industrias y agroindustrias que se guían por la búsqueda de ganancias, para las cuales los recursos naturales y el trabajo humano no son más que costos, es decir algo inerte, un simple número.

Para realizar sus negocios, estos grandes capitales también intervienen en la política, a partir del financiamiento a los partidos, e incluso a partidos que compiten entre sí, de esta forma obtienen los contactos y los favores del aparato estatal para dar vía libre a su explotación. Tal fue el caso, de la minera Do Vale en Brasil, responsable de tres catástrofes ambientales que terminó con la vida de cientos de trabajadores y destruyó un pueblo entero.

Por eso la defensa de la vida, de la salud y del ambiente sólo puede realizarse en contraposición a  la ganancia del gran capital, a aquellos que la violentan sistemáticamente en todos sus términos, y a quienes son sus administradores en el Estado.

El manto de silencio sobre este importante tema se debe a que el problema de la contaminación ambiental, y el cuadro general de calentamiento global pone en jaque al capitalismo, porque es la evidencia más profunda de que vivimos en un régimen social agotado y profundamente destructivo, que no tiene ni el más mínimo respeto por la vida.

En lo inmediato es necesario prohibir los agrotóxicos, rechazar la instalación de UPM2, anular la ley de riego y realizar una limpieza profunda de nuestras aguas, con el control riguroso de los desechos industriales. Es urgente una campaña por la nacionalización de los recursos naturales y de las industrias contaminantes y su colocación bajo control de las organizaciones ambientalistas y de trabajadores.

Pero el problema de fondo, para proteger el medio ambiente, es avanzar en una reorganización económica y social sobre nuevas bases, terminar con la explotación y abrir paso a una sociedad que produzca en función de las necesidades sociales, proteja y conviva con la naturaleza. Esta es la agenda de conjunto que debemos imponer las organizaciones ambientales, de trabajadores y la verdadera izquierda, la izquierda socialista. Esta es la campaña que el Partido de los Trabajadores ha venido defendiendo en estas elecciones.

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