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Quien se descuida, caga fuego

Quien se descuida, caga fuego
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Sabiduría milenaria. De Hammurabí, Buda y Confucio; de Richelieu y Franklin; de Enrique Iglesias, Tabaré Vázquez y Astori. Los que dirigen naciones no se distraen; no pueden caer en eso. En fin, nadie debería hacerlo.

Escuchame. Semanas atrás, en Canal 10, “Subrayado”, Nicolás Lussich mostró gráficamente cómo anda el presupuesto global del país. Columnas enfrentadas; colores según rubros; todo muy didáctico. Hasta yo lo entendí. Entradas casi un 10% menos que las salidas; 3,5 % del PBI. Nivelación mediante deuda (como en casa). Algo cómodo e insostenible. Sólo queda apretar el cinturón y atenerse a recursos genuinos. La cosa no se arregla a gritos. Los números cantan la precisa: son insobornables. El gobierno hizo tres ajustes que dispararon los ingresos pero la brecha no cedió. Recortó inversiones, elevó impuestos, recibió aportes de las empresas públicas y el rojo se mantuvo alto; los jubilados cada vez pesamos más en el gasto; BPS y Caja Militar absorben u$s 1.000 millones cada ejercicio, un ferrocarril al año. Los “cincuentones”: un buco más con la adrenalina de fin de año.

2,5% del PBI es la meta de déficit fiscal de esta administración para 2019; se propuso recaudar u$s 335 millones y bajar erogaciones en u$s 135 millones: un remedeo; imposible reparar todas las injusticias y dar satisfacción a todas las necesidades cuando vencen u$s 1.672 millones de intereses y amortizaciones de deuda por u$s 1.523 millones; y hay lo que hay. No se puede dejar un erial a los que vengan.

“Estamos pensando en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” dijo Danilo,  estadista de alto vuelo –junto al Taba-. Ante el boconeo ultra y opositor, realizaron. El equipo económico afianzó el papel del Estado benefactor, con equilibrio, imaginación y saber hacer. Y así, hoy tenemos, en situación institucional ejemplar en el planeta: cobertura universal de salud, sistema de cuidados, fondos para innovación y desarrollo, relaciones laborales ecuánimes, mejor salario real, inflación contenida, buen nivel de empleo, reservas monetarias harto suficientes, seguridad social amplia (que deberá ser ajustada según las nuevas realidades), presupuesto de la educación hacia el 6% del PBI, mega inversión infraestructural en marcha, planes de viviendas, cambio en la matriz energética, mejora en la seguridad (gracias a una policía eficaz, moderna, proba y a la altura de los desafíos), recursos para innovar en la Justicia, crecimiento económico sostenido desde el 2005 en adelante, por sobre la crisis que aquejó –y aqueja- a la región y al mundo, lo que se reflejó en la opinión de calificadoras y gobiernos.

Quizá debí mencionar también las magníficas ejecutorias de otros ministros, de los directorios de UTE, ANCAP, ANTEL y OSE, así como la de la OPP, el BROU o la DGI. Posicionaron al país en el podio internacional que actualmente lo distingue. Pero no.

Destaco a Astori y sus muchachos porque, contra viento y marea, sin pausa, sin prisa y sin miedo, seguros en sus diagnósticos y expertizajes, sordos a las críticas (saturadas de adjetivos, y faltas de conceptos), están haciendo viable un Uruguay que no hace mucho el entrañable Tucho Methol Ferré lo consideraba como problema.

A estos locos no se les quema el asado ni en un incendio como el de California.

¡Qué suerte que sean así! Gracias a ellos, nosotros, el resto, la gilada, no cagamos fuego.

 

Jose Luis Baumgartner Abogado, periodista y escritor.