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Reflexión semanal en VOCES: Los niños pobres no tienen lobby

Reflexión semanal en VOCES: Los niños pobres no tienen lobby
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La semana pasada visito nuestro país Jorge Cardona Llorens, integrante del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas y manifestó su preocupación por la situación de la infancia en Uruguay, ya que desde el año 2014 se mantiene un nivel de pobreza infantil en torno al 18%. En declaraciones a “De diez a doce”, de Radio Uruguay, Cardona señaló: “Hay muchas instituciones que hacen cosas, pero que no están coordinadas”. Y remató su denuncia con una frase contundente: “En Uruguay la pobreza tiene cara de niño”.

Es sabido que la mayor tasa de natalidad se produce en el quintil más bajo de la población por lo que la situación de la pobreza infantil no parece factible de mejorar en el futuro inmediato. ¿Estamos encarando en serio este tema como sociedad? ¿Se gasta mal? ¿Se puede pensar en el país del futuro cuando se parte de estos datos? ¿Se puede aducir que hay falta de recursos económicos para combatir este flagelo? ¿No se invierte demasiado en los ancianos comparado con los niños? ¿Cuál debería ser la prioridad social? ¿Es suficiente con el INAU para enfrentar la problemática de los niños? ¿Hay egoísmo intergeneracional?


Con hambre no se puede pensar por Andrea Bertino

No hace mucho salió una encuesta en donde se concluye que algo más del 4% de los niños menores de 3 años en Uruguay pasa hambre. Se le llama “inseguridad alimentaria”. La inseguridad alimentaria se define como la disponibilidad limitada o incierta de alimentos nutricionalmente adecuados e inocuos.

La división “Uruguay Crece Contigo” del MIDES, a través del INDA y otros programas, trabaja con familias con alta vulnerabilidad social en las que se está presente la inseguridad alimentaria. La inseguridad alimentaria grave entre niños pasó del 18% al inicio al 7% al finalizar la intervención. Desde enero del 2012 se le adicionó a la tarjeta Uruguay social, el beneficio de leche fortificada con hierro; se retira un kilo por mes por cada niño menor de 3 años (en el 2013 el 85% de esta leche fue retirada por los beneficiarios). Además existen programas del INDA y el programa de alimentación escolar; que cubre el 98% de las 2350 escuelas urbanas y rurales.
¿Para qué menciono todos estos datos? Para ponernos en contexto. Toda noticia, encuesta o informe DEBE estar contextualizado. Si leemos los números fríos y crudos; concluiríamos que casi todo de lo que se ha hecho no sirvió. Porque mientras haya UN solo niño que pasa hambre, es que aún no alcanzó.
Pero las encuestas son fotos, imágenes congeladas de una situación en un momento determinado. Por un lado creo que sería honesto que en las encuestas se mostrara además, la evolución de ese problema. Es la forma más real de ver la progresión y éxito (o fracaso) de un programa.

Y por otro lado, se debe hacer énfasis en lo que le llamo la “psicología alimenticia”. ¿Qué es? Generar conciencia de que NO le pueden dar de cenar un paquete de snacks con una bebida cola a un niño. No tiene ningún valor nutricional y además es más caro. Es más caro un paquete de papas chips que 2 bananas. Dirán ¿qué tiene que ver con el tema? Mucho. El alcance que tienen los alimentos rápidos, las bebidas endulzadas, los alfajores y snacks es absoluto. Con esto no pretendo decir que todos los niños que sufren de inseguridad alimentaria es porque comen alimentos chatarras; pero muchas veces al momento de alimentarlos (con lo que tienen a mano y no con lo que quisieran) no es lo que el niño necesita. Y no pasa por estigmatizar o juzgar, porque eso engloba a todas las clases sociales. Existe cada vez más una cultura de la comida chatarra que es totalmente independiente al nivel socio – económico. Y esa cultura le sirve a muchos.
Aún falta. Falta bastante. No tiene que haber un solo niño con hambre en Uruguay. Si hay niños con hambre, hay niños pobres.
La tarea del Gobierno es hacer que sus padres les puedan dar a sus hijos lo más adecuado. Y no lo que tienen a mano.


Todos curran por Esteban Pérez       

El capitalismo como sistema social basado en la explotación del ser humano por el ser humano y el uso irracional de los recursos del planeta, genera excedentes de producción y excedentes de seres humanos que no tienen cabida ni para producir ni para consumir. No es extraño, por lo tanto, que en nuestro país se mantenga un núcleo duro de pobreza al que se pretende contemplar con alguna política social.

El FMI ha recomendado el desarrollo de esas políticas porque si  bien es sostén del capitalismo, sabe hacer análisis de las contradicciones  de clase y percibe la necesidad de crear un colchón de beneficencia que aletargue la explosividad de ese excedente. En su momento el batllismo inició esa política y le redituó votos cautivos de dicho sector poblacional. Más adelante lo intentaron los blancos con los CAIF  a los que, sin quitarles el mérito de los  beneficios que trajeron, son parte también de la aplicación del plan FMI.

Los actuales gobiernos reformistas del Frente Amplio (entendiendo el reformismo como pequeñas reformas al sistema que “lo humaniza”), no son más que más de lo mismo.

Surge así la creación del MIDES. No es casual que el gobierno frenteamplista no haya podido reducir el 18 % de la pobreza infantil lo que, si uno lo piensa con el corazón, nos genera dolor y horror. Vemos así que estos gobiernos frenteamplistas no sólo han colaborado para mantener ese núcleo duro sino que podemos afirmar que, de hecho, se ha promovido el crecimiento de la pobreza infantil. Dicho así genera escándalo, pero mirado desde el punto de vista del “curro”, es “curro” tener muchos hijos porque aumenta los ingresos de “plata dulce” que se puede ordeñar del MIDES.

Esa es, ni más ni menos, una de las consecuencias de la forma en que se pretende atender la infantilización de la pobreza: se ahoga la protesta, se atenúa la miseria y se desarrolla una forma de sobrevivir del curro sumado a la “lumpenización” que genera  el no exigir contrapartidas ni forzar las estructuras de producción que fomenten genuino desarrollo y trabajo nacional. No sólo se lumpifica y reproduce la pobreza como estilo de vida, se lumpifica también la política y las religiones.

Del MIDES viven los pobres, pero también viven militantes transformados en funcionarios que maman su salario de esa estructura; se lumpifican los políticos porque apuestan una vez más, como sus antecesores, al voto cautivo (ojo que si no ganamos de nuevo las elecciones,  les sacan los beneficios del MIDES). Curran las ONG y curran las iglesias, en definitiva la pobreza infantil es también un gran curro, un gran negocio de muchos donde lo que menos cuenta es el dolor y el sufrimiento.


Prioridad nacional número uno por  Ignacio Martínez

Yo te desafío,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.

(fragmento final de la Oda a la Pobreza, de Pablo Neruda)

Varias fuentes consultadas dan cuenta de que la pobreza en Uruguay la padecen principalmente nuestros niños.

Es irrefutable que han sido los gobiernos de izquierda que vinieron bajando los índices de esa cruda realidad. En el primer año de gobierno de Vázquez, los índices daban cuenta de que el 50% de las personas que estaban bajo la línea de pobreza eran menores de 18 años. Hoy es índice ha bajado a 18%.

Otro dato no menor es que al día de hoy el 96,6 de todos los niños de nuestra sociedad accede a educación primaria, mientras que el 68,1% lo hace en secundaria y sólo el 37,6% llega a una formación terciaria. De los niños y jóvenes de nivel más bajo, sólo logran finalizar el 45,2% en secundaria y el 10.9% en terciaria, mientras que si los comparamos con los niños y jóvenes de los sectores más acaudalados vemos que el 96,1 termina educación media y el 70,9 termina educación media superior.

Se ha avanzado, sí, pero es vuelve imprescindible desterrar definitivamente que 6,2% de los hogares uruguayos esté hoy por debajo de la línea de pobreza y que el 20,01% de niños menores de 6 años sean pobres.

Se ha trabajado mucho, sí, En 2006 el 53,4% de los niños menores de 6 años era pobre, mientras que en 2016 cayó al 20,1%. Pero no es suficiente.

Debemos proponernos una cruzada para eliminar la pobreza entre nuestros niños y niñas. El INAU, los programas del MIDES, la UdelaR, el MSP, el novísimo Sistema de Cuidados, la Escuela Pública, la sociedad civil organizada (léase cooperativas, sindicatos, iglesias, etc), deberíamos instrumentar un sistema de coordinación, de información y de trabajo permanente para hacer frente a este flagelo social inadmisible. Está en nosotros desterrarla definitivamente. Lo que no se logra derrotar, puede volver y crecer.

¿Es mero voluntarismo? ¿Acaso no se puede? ¿Es una cuestión de recursos que no tenemos?

Aspecto básico a superar ya ahora es no quitar la Asignación Familiar a los niños que desertan de la educación porque afecta a los más pobres. El derecho a esa mínima protección social se debe asegurar y, en todo caso, atacar el abandono educativo por otro lado. Es imprescindible agilizar los mecanismos de adopción. Debemos tener la voluntad política de anunciar con vehemencia: ni un solo niños con hambre o frío o desprotección en nuestro país.

Los invito a recorrer la periferia de Montevideo y de las capitales departamentales. Hay una realidad que golpea y no podemos hacernos los distraídos.

 (Datos recientes de UNICEF e INE)


 

La cara más triste de la pobreza por Benjamín Nahoum

 La reciente visita a nuestro país del abogado español Jorge Cardona Llorens, integrante del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, ha venido a poner nuevamente sobre la mesa una cosa que sabemos hace mucho pero sobre la que no reflexionamos lo suficiente: que en Uruguay, si bien se ha avanzado indudablemente en la disminución de la pobreza, se mantiene aún la inquietante característica de que es en la infancia donde este fenómeno acusa mayor gravedad. Casi uno de cada cinco niños uruguayos es pobre.

Pero más allá de la constatación de este hecho, que por cierto no es exclusivo del Uruguay y tiene una historia lejana, importa ver qué se hace y qué más se puede hacer para cambiar esta situación, que no requiere más pruebas sino más acciones y mejor coordinadas.

En primer lugar, debemos observar que ésta no es más que otra cara, seguramente la más triste, de la pobreza. Hay niños pobres porque hay pobreza y los habrá, y serán muchos más que en otras franjas etarias, mientras la pobreza subsista. Combatirla, entonces, es la primera medida, y ese combate no puede esperar a que la torta crezca para que algo les llegue, por “goteo”, porque esos niños necesitan soluciones ahora.

En segundo lugar, la pobreza -eso también ya se sabe- no es solamente una cuestión de ingresos, Que el ingreso de una familia supere (por un peso, por cien pesos o por mil pesos) el costo de la canasta básica de bienes y servicios, por sí solo, no cambia la situación, aunque cambien las estadísticas. También desde hace tiempo sabemos que sin una atención de salud adecuada, sin vivienda digna, sin un trabajo estable y adecuadamente remunerado, sin la posibilidad de acceder a la educación, la situación no cambia. Por eso el problema debe encararse desde diferentes dimensiones, y por eso es tan importante la transversalidad y la coordinación y complementación de políticas.

Para todo eso hacen falta recursos, porque la cuestión no es desatender a otras franjas etarias para atender a los niños, sino atenderlos a todos, a los niños con prioridad. Y por eso es tan importante esta Rendición de Cuentas, devenida en presupuesto trianual primero, y luego nuevamente en Rendición de Cuentas, que definirá si todas estas cosas pueden encararse ya, con la profundidad que se necesita, o habrá que seguir esperando a que los astros se alineen.

Según la versión de la agencia de noticias española EFE que recoge “Montevideo Portal”, Cardona Llorens señaló que en nuestro país “hay determinados ministerios, como el de Economía, que consideran que los derechos humanos o la Convención de los derechos del niño ´no van con ellos´, por lo que hay una tendencia a considerar que los niños ´son responsabilidad´ de las carteras sociales. ´Consideran que es un problema del Ministerio de Desarrollo social, del Ministerio de Educación o de Salud, y que ellos están para garantizar solo la estabilidad presupuestaria o hacer el reparto de los recursos, sin darse cuente de que en ese trabajo también tienen que respetar los derechos humanos´”. ¡Qué hombre tan perspicaz!


Más programa y socialdemocracia por Renato Opertti

Los estudios realizados por la OPP, ANEP, CEPAL, UNICEF y BID, entre otros organismos, diagnosticaron ya claramente, desde fines de los ochenta en adelante, el fenómeno de la infantilización de la pobreza y de la injusta carga de la reproducción biológica y social de la sociedad en los sectores más desprotegidos y vulnerables. Asimismo, se señalaba la existencia de una clara relación perversa entre familias numerosas, de constituciones debilitadas principalmente con jefaturas femeninas monoparentales, viviendas con altos índices de hacinamiento, falta de acceso a servicios básicos, precariedad en la inserción laboral, cuidados de menores por hermanos/as mayores y trayectorias educativas truncadas por la debilidad de los aprendizajes y por la expulsión de los jóvenes de la educación media. El sistema político y gobiernos sucesivos saben de esta realidad desde hace largo tiempo. Veamos algunas pistas de análisis para su posible encare desde un plano conceptual.

En primer lugar, el sistema político en su conjunto no ha sido indiferente frente a la necesidad de contrarrestar los efectos nocivos de la infantilización de la pobreza. A lo largo de los últimos 30 años, varios ejemplos lo evidencian como son los programas de reducción de la mortalidad infantil, de creación de los CAIF y de las escuelas de tiempo completo, de fortalecimiento de las asignaciones familiares y de primeros avances en el sistema de cuidado infantil. Cabe señalar que estas iniciativas no han sido patrimonio ni exclusividad de ningún gobierno en particular sino reflejan una vocación de sensibilidad que felizmente nos caracteriza como sociedad. Lo que si queda claro que por sí mismas no han podido revertir un cuadro crítico de infantilización de la pobreza.

En segundo lugar, no obstante, algunos avances anotados, la infantilización de la pobreza no ha sido objeto de un enfoque integrado de política social en el marco de una postura programática clara y potente. Más bien se ha preferido recorrer el camino de asimilar política social a los recortes institucionales que realiza cada dependencia del estado de su esfera de acción, a intervenciones puntuales sin visión de largo aliento, a la apuesta a un asistencialismo con versiones refinadas de clientelismo y de cooptación de poblaciones vulnerables, a gastar sin metas claras, y a prestaciones sociales sin generación de co-responsabilidades por el beneficiario y sin dignificarlos como sujetos de la política social.  A grandes rasgos, ha faltado ideología, programa y profesionalidad.

En tercer lugar, seguimos aferrados a modelos de organización de las políticas sociales que operan como feudos y que reproducen, en gran medida, la idea de un estado paternalista con socios privilegiados y una población receptora de beneficios. Nos cuesta abrirnos culturalmente a nuevas formas de organización con diversidad de enfoques, instituciones y actores, donde las políticas se gestionan desde los niveles locales con un estado que es garante de una igualación efectiva de oportunidades. Basta ver las trabas mentales que tenemos para abrirnos a la expansión de centros educativos de gestión privada con fines sociales.

En cuarto lugar, el país vive, en gran medida, un período preocupante de impasse ideológico y de inmovilismo programático donde hay cierto temor, diría conservadurismo de derecha e izquierda, a revisitar y a integrar paradigmas de orígenes políticos diversos. Estamos convencidos que el abordaje integral de la infantilización de la pobreza requiere de un renovado enfoque socialdemócrata que avance hacia modelos como los de los países nórdicos. Básicamente esto implicaría un estado que: (i) asume la responsabilidad de una política integral de infancia que se sustenta en intervenir tempranamente en el desarrollo del niño/ña; (ii) jerarquiza el rol y la responsabilidad familiar en el desarrollo y cuidado de sus hijos; (iii) facilita el acceso a centros de atención infantil de calidad debidamente orientados y supervisados; (iv) complementa (no sustituye) a las familias a través de prestaciones sociales con claros y exigibles mecanismos de co-responsabilidad familiar y comunitaria; y  (v) promueve un amplio abanico de ofertas socio-educativas que sin barreras institucionales, priorizan el desarrollo integrado y balanceado de niñas/os integrando aspectos emocionales, recreativos y cognitivos. Estamos lejos que esto ocurra como un rutero de políticas coordinadas y programáticamente robustas.


Constataciones y confusiones por Margarita Percovich

Algunas precisiones sobre el texto enviado que encierra estereotipos que se repiten una y otra vez tanto por la mayoría del sistema político como por los medios de comunicación.

La “pobreza infantil” NO EXISTE. Los niños y las niñas nacen de la relación sexual de un hombre y una mujer, por lo tanto el que es pobre es su entorno familiar. Dada la característica cultural masculina, mayoritaria por supuesto Hoenir, de no hacerse cargo de las consecuencias  de traer un ser humano al mundo, las madres quedan a cargo de esos niños/as, seguramente sin las posibilidades de solventar su crianza de forma integral en relación a los derechos que deberían ser respetados. Tengamos en cuenta la cantidad de padres que, no solo no colaboran con la manutención de sus hijos sino los que ni siquiera los visitan en caso de separación.

Por lo tanto, cuando se piensa por dónde debe “cortarse” la reproducción de la pobreza, no es sobre la población infantil que hay que planificar sino en las mujeres, especialmente en las adolescentes y en las menos educadas que repiten muchas veces los embarazos debido a la búsqueda de un proveedor para los hijos que ya tiene.

Esto significa planificar la prevención, evitar el abandono de la educación, el cambio de atención en el sistema de salud que, aunque se supone que debe anticiparse, muchas veces “espera” que lleguen a los consultorios los hechos consumados.

Debemos decir de todas maneras que se ha avanzado mucho. Los datos de la disminución de los embarazos en los quintiles de menores ingresos y en las edades adolescentes, han disminuido notoriamente desde la recuperación democrática con el encare de distintas estrategias desarrolladas tanto por el sistema educativo como por el sistema sanitario. Hoy el mayor actor en la batalla para evitar el embarazo adolescente, es el MSP que, con una mujer en la sub-secretaría, encara con firmeza la definición de estrategias que aborden la complejidad de esa etapa etaria, donde se viven carencia de todo tipo, especialmente las afectivas y en la que se sufren violencias sexuales varias en la vida cotidiana.

El lobby para que estas políticas se concreten y para que se aprueben cambios en los procesos judiciales y administrativos en lo relativo a la niñez y la adolescencia ha estado constituído siempre por mujeres. Si; y en su mayoría por feministas. Lamentablemente el sistema político, tan masculino, actúa y decide sin ver esta problemática, resistiéndose incluso a aprobar algunas legislaciones que lo enfrentan a sus propios estereotipos sobre las formas de ejercer la sexualidad.

Comparto del texto que se nos enviara como base de nuestra reflexión, la afirmación, tomada del propio Cardona en su visita al Uruguay, las dificultades que existen para coordinar las políticas de la niñez y la adolescencia.

Como buen Estado viejo, el país tiene muy enraizados estereotipos en relación a la niñez con una mirada profundamente tutelar, que impregna a los docentes, al INAU, a los actores de la salud, al sistema de seguridad social, a los jueces, a la policía, a la propia Constitución.

También en esto se ha ido avanzando, dotando cada vez más de importancia al Consejo Consultivo Honorario de la Niñez y Adolescencia, que es una instancia de coordinación interesante creada por el Código de la Niñez y Adolescencia, pero que depende del grado de importancia que los distintos actores políticos le dan a la jerarquía de los delegados que envían.

Hoy no hay ninguna política que pueda ser vertical de una sola institución. El esfuerzo multidisciplinario es de corta data y cuesta cambiar las rutinas, los estereotipos y las chacras.

Y el preconcepto de que se gasta más en las personas mayores que en los niños, deja de existir cuando se analizan los números ocultos de las transferencias intergeneracionales que las parejas mayores, ya asentadas económicamente o con ingresos seguros por jubilaciones o pensiones, realizan a las parejas o madres solas más jóvenes con niños/as.

La solidaridad intergeneracional en dinero contante y sonante, en préstamos, y en horas de cuidado que realizan abuelas y muchos abuelos, es un hecho que se ignora con superficialidad a los efectos de recortar los beneficios de seguridad social que el país invierte como elemento central de un desarrollo sustentable. Sería bueno que se transparentara con datos que surjan de investigaciones bien realizadas, tal como lo ha sugerido el Instituto de las Personas Mayores.


La voz que no se siente por Fernando Pioli

Existe en nuestro país un mal que consiste en que los avances sociales se dan en virtud de la capacidad de presión de quien reclama. Obviamente que este mal no es exclusivo de nuestra época y menos exclusivo de nuestra sociedad, pero no quita que sea un obstáculo importante. Es un obstáculo porque impide que el elemento diferenciador de las políticas sociales sea la Justicia y hace que esta quede relegada en favor del criterio de apariencia social.
El caso de la niñez es emblemático, sus derechos no pueden ser defendidos por los sujetos protagónicos y portadores de los mismos y esa defensa queda delegada en el mundo adulto. El mundo adulto construye sus propias agendas y diluye por olvido o desatención aquellas que no siente que le afecten directamente.
No resulta extraño, en este contexto, que la pobreza tenga cara de niño y niña.

Es por esto que urge que las distintas agencias del Estado asuman un criterio de acción que los aleje de la búsqueda inmediata de apoyos con poder electoral. Existe en nuestro país una tradición fuertemente arraigada en virtud de la cual se trata de atender primero al que grita más o protesta en voz más alta, pero no obstante esto resulta que existen sectores que aún no han desarrollado esta capacidad, o directamente están impedidos de poseerla.

El punto a considerar es que la voz que más se eleva no es necesariamente la que tiene el reclamo más justo, y no hay reclamo más justo que aquel que nos dirige a garantizar el bienestar de la infancia. Pero si bien no hay urgencia más legítima que esta, en contraposición no hay voz más débil que quien la protagoniza.
Desde el  punto de vista del discurso, seguramente nadie discrepe con este concepto. Sin embargo, desde el punto de vista de los hechos las distintas agencias estatales y paraestatales que tienen por objeto declarado la asistencia a la niñez actúan de modo dispar e inconexo. Es decir, aunque decimos que nos importa, no actuamos en consecuencia y esa es una deuda con nosotros mismos, Si bien los niños no votan nada podrá salvarse si no se salvan ellos.
En algún momento, por todo esto, tendremos que asumir que la situación de la niñez es el principal objeto de atención porque, como suele decirse, es acá donde se juega el futuro. Esta afirmación sin embargo es incompleta y debe subsanarse una falta, en ellos se juega no solo el porvenir sino también el presente.

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