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Ser liberal es un quemo por Ignacio De Posadas

Ser liberal es un quemo por Ignacio De Posadas
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Presentamos a continuación un adelanto exclusivo del nuevo libro de Ignacio De Posadas: “Al rescate de un liberalismo perdido” que será presentado el miércoles 23 de mayo en la Universidad Católica y que será comentado por Ernesto Talvi. Transcribimos algunos fragmentos del prólogo del libro escrito por el presidente Fernando Henrique Cardoso así como algunos pasajes de la introducción de este polémico libro como aporte al imprescindible debate en nuestro país.

 

Prólogo

“El Libro de Ignacio de Posadas es sorprendente. Lo es por varias razones: primero, porque defiende de manera abierta el liberalismo, cosa que en la Latinoamérica de hoy día pocos lo hacen; segundo, porque es el libro de un erudito en la materia; tercero, porque siendo erudito, el autor escribe de modo comprensible y no deja de mostrar las dificultades de los argumentos liberales; y finalmente, porque utiliza su conceptual teórico-doctrinario para entender la situación concreta de su país, el Uruguay.”

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…”Bastan estos ejemplos para mostrar cómo y sobre qué este libro trata, y para verse su alcance. Y los análisis son más precisos y amplios de lo que mostré en los ejemplos dados. Después de aclarar la envergadura del pensamiento liberal, en sus variados matices, es que Ignacio de Posadas, en la parte final, analiza cómo se construyó en Uruguay, el “espíritu de la libertad” y cómo fue siendo deshecho por la narrativa política de las “izquierdas”, que pasaron a mirar hacia todo lo que era liberal como si fuera idéntico a lo que le llama “neoliberalismo”……..

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”¿Cómo sustentar delante de eso la crítica de los que califican todas las formas actuales del liberalismo como “neoliberales”, con el implícito significado negativo de que por ser liberales son ipso facto defensores de las minorías propietarias y contra “el pueblo”?”

…” Voy a evitarle al lector tener que resumir críticas más sofisticadas al liberalismo y pido que él disfrute directamente de lo expuesto por Ignacio de Posadas sobre su contenido y sus limitaciones. En especial, las partes relativas a Alasdair Macintyre y a las críticas de John Gray son importantes para que se perciba el intento intelectual del autor al reivindicar las bases morales necesarias para fundamentar las posiciones liberales. Quizás la transformación esencial en este procedimiento sea el momento en el cual Posadas dice:

Creo que hay mucho de cierto en estas posturas críticas al liberalismo. Hay ciertos fenómenos filosóficos que explican el desvío operado en el liberalismo que lo llevó a desembocar en posiciones individualistas y en algunas cosas, hasta egoístas, del ser humano (…)

[Se produjo] la pérdida de telos, lo que da sentido a la vida del hombre. (p.76).

…”Para Posadas este desvío empezó al abandonarse la “causa final” del pensamiento aristotélico-tomista, con lo que hubo una mutación en la concepción del derecho natural, dejando al margen la correlación entre derechos y deberes para concentrar el énfasis en los derechos individuales. El telos deja de ser el Bien Común para convertirse en el individuo y en sus derechos. Se abre, así, un enorme flanco a las críticas.”

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”Posadas diseña en el capítulo titulado En la búsqueda de un liberalismo contemporáneo, el itinerario de su caminata. En él, las características señaladas por algunos de los autores americanos del liberalismo vuelven a destacarse: hay que tener humilde prudencia en la procura ontológica, sin el objetivo de una epistemología completa y acabada. En esta búsqueda, mantenidas las características de humildad y con cierta tolerancia, no obstante, no se debe hacer una acomodación con el relativismo y sí se debe reafirmar el concepto básico de la libertad: como nadie posee un conocimiento absoluto, nadie debe disponer de poder absoluto sobre los demás. Por otro lado, la “ley natural” no se deduce especulativamente de la “naturaleza Humana”. Como un conocimiento práctico, las leyes están marcadas e influenciadas por las circunstancias históricas de las conductas humanas. La ley natural no es una “creación de la razón”. Ella se descubre y va revelándose en el tiempo por medio de la razón, que es un atributo de la persona humana, la cual, sin embargo, vive en un orden dado.

…” Para acortar un largo camino, cito un párrafo revelador:

Mi respuesta sigue las posiciones modernas que rescatan el concepto de Derecho Natural, en una visión muy próxima a la de Santo Tomás. No existe una estructura del hombre y del universo igual en todos los lados y en todos los tiempos. El Derecho Natural no es un compendio completo y detallado de tablas de la ley escritas en granito. Es algo menos “fácil”, pero no por ello inexistente. Parte de la premisa que existe una inclinación obvia en el ser humano a la búsqueda de certezas morales. Ese tiene que ser el punto de partida. No el escepticismo, o el voluntarismo, sea libre (“lo que te parezca”), sea dogmático (“lo que me parece). No debemos ser pasivos, aceptando el vacío, para pasar así el ejercicio voluntarista del poder. Y esto, en aras de algunos parámetros básicos, no de descubrir códigos enteros, con pelos y señales, sobre el obrar del hombre, en todos los casos y en todos los tiempos (p.103).

A esta tarea difícil y fundamental, es que el libro se dedica.”……………………………………………..

”Es preciso tener coraje moral para afrontar los desafíos propuestos, conocimiento intelectual para en ellos no perderse, y coherencia de raciocinio para obtener el éxito. Pues bien, aunque podamos discrepar en algunas premisas, no hay cómo negar que el procedimiento intelectual seguido por Posadas ha sido consecuente. Como resultado, cuando su atención se centra en las circunstancias de su país y en los críticos locales al liberalismo, la disparidad entre los contendientes es tan grande que ni compensa la reproducción de debates. Estos críticos, dice Posadas, terminan por defender los “derechos humanos” o a su propia Constitución, sin percibir, que en el centro del argumento liberal existe una concepción moral del ser humano y que ellos, los críticos, adhieren parcial o inconscientemente a los mismos argumentos. Pero, para contrastar con los demás vuelven a la fuerza a los liberales en “neoliberales”, como si se adhirieran de manera irrestricta a lo que manda el mercado, con desprecio por lo “social”.

”Un comentario final: las circunstancias uruguayas, por más que sean diferentes en sus casuismos y en sus personajes de lo que ocurre en el resto de Latinoamérica, en lo fundamental son de la misma naturaleza. Por lo tanto, para entender nuestro tiempo la lectura de este Al rescate de un liberalismo perdido vale como un aviso bien fundamentado. Que aprendamos con él y escapemos de los simplismos de los críticos del liberalismo que rellenan nuestros debates. Este, en general, no se puede decir que se da alrededor de ramas de filosofía política. Frecuentemente no van más allá de la defensa inconsecuente de meras ideologías para justificar posiciones políticas tomadas de antemano.”

Fernando Henrique Cardoso

 

 

 

Introducción

” ¿Qué político con ambiciones de llegar alto piensa que lo ayudará a ganar adeptos si proclama públicamente como un liberal? Difícil que ocurra en nuestro país. Por el contrario; mientras que quienes se autodefinen como izquierdistas (o como “social-demócratas”, que suena más elevado y menos “popu”) son legión.

Toda sociedad vive en función de una cultura, o de varias subculturas, que conviven, no siempre de forma armónica o pacífica.”…

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”Está claro que en nuestra sociedad predomina (y probablemente sea, a la vez, mayoritaria) una cultura con fuerte contenido nostálgico, que se remonta en algunos de sus hilos a las corrientes librepensadoras, anticlericales, de fines de siglo XVIII, tejiéndose luego dentro del pensamiento batllista (del llamado Primer Batllismo), para ser finalmente captadas por la izquierda. No por aquella “Primera Izquierda” de profundas raíces ideológicas, muy estructurada, muy internacional, muy rígida y muy combativa, sino por la que mutó con la caída del Muro de Berlín”.

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”La izquierda uruguaya ganó la batalla por el discurso y la cultura política (con tanto éxito que ha pasado a reescribir pasajes claves de nuestra historia reciente), y ha afianzado la magia negativa de un mote: el neoliberalismo.

Como ocurre en estos casos, no es necesario ser muy específico y preciso: neo-liberal es todo aquel que no entiende, no acompaña o aún amenaza, la gran visión planificadora de la distribución de recursos y privilegios a quienes son previamente consagrados como detentadores de derechos (y son legión). Todo aquel que quiera preservar la libertad cuando la misma debe, obviamente, someterse a la voluntad general, o llamar la atención sobre las limitaciones, filosóficas y prácticas, que deben tener las agendas distribucionistas (de recursos ajenos), es un egoísta, un materialista, un rico….Un neoliberal.

Y en esa bolsa se perdió el liberalismo.”

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”La puntería del ataque con el arma del neoliberalismo y el avance de las izquierdas hacia un mayor realismo, no han sido una fórmula mágica que evitará todos los fracasos del voluntarismo, ni el empantamiento de una cultura conservadora. Persisten problemas, algunos viejos apenas disfrazados con nuevos ropajes, otros nuevos, que afectan el funcionamiento de la sociedad, tanto económico como social, alcanzando incluso a erosionar pilares básicos de la institucionalidad democrática.

Mencionaré apenas algunos.

Una concepción funcional del Estado de Derecho, hija de la distinción marxista entre derecho formal y derecho material, que lleva a tratar la función gubernamental y aún la legislativa como algo subordinado a resultados (buenos o malos). La famosa sentencia de que “lo político está por encima de lo jurídico”.

A lo anterior se suma una marcada debilidad en materia técnica y en capacidad de gestión, lo que lleva a gruesos errores, tanto en la aplicación como en la creación de normas, con las obvias consecuencias en materia de respeto por ciertos derechos (libertad, propiedad, intimidad…) y a injusticias.

Nuestro país no se ha lanzado desenfrenadamente por este camino, fiel a sus reticencias culturales, pero son visibles en el mundo los casos extremos de populismos con visos de omnipotencia.

También en el campo económico hay evidencias de fallas, fruto del voluntarismo rousseauniano de la izquierda, persuadida de ser el único intérprete auténtico de la voluntad popular. El ejemplo más potente está en el distribucionismo practicado en el Uruguay por los gobiernos frenteamplistas, con la mirada puesta firma y primordialmente sobre el ideal de la igualdad material, enemiga del éxito y la excelencia. Esta ideología no solo ha llevado al país a descolocarse de la realidad, sino que lo aproxima a situaciones insostenibles a poco que cambien negativamente algunos factores externos.

En este panorama, de un Estado de Derecho erosionado, un gobierno con márgenes reducidos de poder y de maniobra, y un sistema político sin ideas fuerza, ocupa el centro del escenario el corporativismo sindical, otrora prohijado y alentado por toda la izquierda, y hoy sufrido por la parte de aquella que debe encarar las restricciones reales del gobierno.

Estos y otros problemas, cuyas dimensiones crecen y anuncian la necesidad de encares más frontales, justifican preguntarse si no valdrá la pena repensar y reanalizar los contenidos del liberalismo, para ver si guardan o no relación con una serie de componentes de la realidad, hoy confundidos, desdibujados o directamente olvidados.

El temor del espectro político no frentista a ser tildado de neoliberal y la relativa pasividad de buena parte de la sociedad civil ante la pérdida de ciertos valores, hace imperativo reflotar la consideración de teorías y principios diferentes. Para nada nuevos, pero sí descuidados.”

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