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Setenta y ocho caracteres de faldas por Marcel Lhermitte 

Setenta y ocho caracteres de faldas por Marcel Lhermitte 
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Siempre es recomendable cuando se escribe un artículo periodístico que el copete no supere los trescientos caracteres. Ese es el espacio. Pequeño. En ocasiones es muy engorroso incluir toda la información que tenemos en tan escueto lugar. Es posible que algo quede afuera, y es seguro que tendrá faldas.

En Uruguay hay una nueva presidenta de la Cámara de Representantes, Cecilia Bottino. La tercera mujer de la historia del país. Mucho más de un centenar de hombres ocuparon ese cargo.

Nora Castro, Ivonne Passada y Cecilia Bottino. Tres mujeres. Cuarenta y cinco caracteres. Mucho menos que un tuit. Y si le sumamos a las mujeres que circunstancialmente ocuparon la presidencia de la República, siempre por ausencia del jefe de Estado, tendríamos a Lucía Topolansky y Patricia Ayala. Entre todas setenta y ocho caracteres, con espacios.

Hoy descubrí que podría llenar una página entera de nombres de políticos con los que he trabajado en distintos países, me olvidaría de muchos y sería tedioso leer la lista. En cambio, no llego a los trescientos caracteres cuando listo a las mujeres. Un copete, tan solo un copete con faldas.

Hace algunos años tuve la satisfacción de poder hablar en ONU Mujeres de las diferencias existentes a la hora de asesorar a hombres y mujeres. Me invitaron porque tenía experiencia asesorando mujeres políticas. En ese entonces posiblemente no llegaban a doscientos caracteres.

Tuve el inmenso privilegio de trabajar con cuatro de las cinco mujeres que mencioné. Solo me faltó Castro. Aprendí mucho con todas ellas, al igual que con mis compatriotas Constanza, Manuela, Mercedes, Chela, Susana, Orquídea, Lucía, Lilián, Bettiana, Ana y Adriana, las chilenas María Cecilia y la inolvidable Rosita, y Habiba en Francia.

Aprendí que las recomendaciones en comunicación política y campañas electorales que se le da a un varón político no necesariamente funcionan con una mujer, porque la sociedad y los medios de comunicación los miden con distinta vara; conocí la discriminación política, los problemas sexistas, vi de cerca la lupa que se pone sobre sus vidas privadas, noté el incremento de los rumores que padecen –fundamentalmente vinculados a la sexualidad–; etc.

A pesar de las políticas de cuotas que se impulsan en distintos países para acceder a bancas parlamentarias, sigue siendo extremadamente difícil para las mujeres llegar a cargos de poder político. Incluso en algunas áreas han perdido espacio. Hoy ninguna mujer es presidenta de la República en América Latina, por ejemplo.

Hay muy pocas candidatas y precandidatas presidenciales en los países en que se celebrarán elecciones en 2019, la mayoría con escasas posibilidades de ganar. En Uruguay solo hay dos, Carolina Cosse (Frente Amplio) y Verónica Alonso (Partido Nacional) y no son las favoritas de las encuestas para ganar su interna partidaria; en Panamá solo hay una mujer candidata, la independiente Ana Matilde Gómez, pero las investigaciones de opinión pública marcan un casi seguro triunfo de Laurentino Cortizo (PRD); en Bolivia solo hay una mujer candidata a presidenta entre nueve binomios, Ruth Nina (Partido Acción Nacional Boliviano); en Argentina no hay una certeza absoluta de que Cristina Fernández sea candidata pero las encuestas la muestran con posibilidades de volver a ser jefa de Estado; finalmente en Guatemala el escenario es más alentador hay tres mujeres candidatas y todas con posibilidades reales: la progresista Sandra Torres (UNE), la exfiscal Telma Aldana (Movimiento Semilla) y la derechista Zury Ríos (Valor), hija del dictador Efraín Ríos Montt. Y si incluyéramos en este análisis también a España, que en abril irá a las urnas, no hay ninguna mujer con posibilidades de suceder a Pedro Sánchez.

Las mujeres volverán a marchar este 8 de marzo en casi todos los países del mundo. Sus reivindicaciones y plataformas ocuparán un espacio destacado en los medios, veremos una miríada de imágenes, videos y leyendas en las redes sociales, se generará preocupación en la opinión pública. Al día siguiente nos concientizaremos más de la problemática, pero seguramente –otra vez más– faltará que nos ocupemos, todos, para que aquellas que ocupen cargos políticos de relevancia en la región ya no puedan ser listadas juntas en un solo tuit.