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Sigue brillando

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Marcel Sawchik como dramaturgo y director suele nutrirse de recursos tomados del cine, del cómic, de las series de TV, o de la música popular para construir sus espectáculos. El flashback era recurrente en su obra El último estertor (2006), así como el flashforward era utilizado en El cordero y el mar (2013), recurso tomado, según nos contara el propio Sawchik, de la serie Lost. Las canciones integrando la narración de la historia podemos recordarlas, por ejemplo, en Rompecorazones (2013, escrita por Adrián Rodríguez), cuando los actores interpretaban Irremediable, del Mandrake Wolf. Esa capacidad de entretejer una historia a partir de múltiples recursos se encuentra llevada al máximo en Una naranja, una ciruela y caja de fósforos (escrita por Sawchik y Adriana Aguirre), estrenada hace unos meses en La escena y actualmente en cartel en La Gringa.

Sawchik en el 2015 (Voces Nº 488) ya nos contaba que estaba trabajando junto a Aguirre en este texto, inspirado en los elementos con que Syd Barret tuvo su primera experiencia psicodélica (una naranja, una ciruela, y una caja de fósforos). Pero la historia de amor que vimos en La escena no se remitía directamente al fundador de Pink Floyd, aunque lo psicodélico parece teñir gran parte de la obra. La historia comienza con el encuentro, en el año 1967, entre Pauline y Julián. Los encuentros se irán repitiendo, azarosos al comienzo, ya con una historia hilvanándose luego, y si bien el ambiente psicodélico se irá clarificando, la historia nunca termina de salir de un ámbito “brumoso”, como si la sensación de “flotar” que parece adueñarse de los jóvenes que se  encuentran fuera trasladada al espectador. En ese crear un universo casi cerrado sobre sí mismo en el que el espectador se involucra afectivamente es muy importante el rol de la música, con canciones como Detrás de la cruz de El Príncipe con que comienza el espectáculo (interpretada en vivo por Danilo Santini, quien encarna a Julián).

A la historia de amor, lineal y con zonas coloridas (psicodélicas), se le intercalarán saltos hacia un futuro más oscuro, mientras que la misma historia por momentos tendrá breves reiteraciones, “saltos”, que de alguna manera delatan que hay una “representación” corriendo con algunas fallas. La historia saldrá del escenario en un momento, para instalarse en una playa de la costa, en donde, lenguaje audiovisual mediante, veremos a los personajes marcados por el paso del tiempo. Los personajes se nos aparecen en el audiovisual como protagonistas de una historia de amor totalmente desdibujada, y en ese momento la historia toma una dimensión nueva. Es que uno de los personajes le cuenta al otro que está escribiendo una obra de teatro sobre esa historia de amor en común. La narración seguirá, pero la forma en que el espectador la recibe se modifica. Si el personaje-autor fuera “real” podríamos estar hablando de una autoficción, pero como ese personaje-autor es también ficcional la obra entra en un juego de desdoblamientos que colocará al espectador en libertad de detenerse en el plano que más le interese.

Las actuaciones de Danilo Santini como Julián y de Miguela Giménez como Pauline son también parte sustancial del particular encanto del espectáculo. La delicadeza y la sencillez de sus actuaciones se conjugan perfectamente en ese complejo puzzle que la dirección de Sawchik y Jacko Mauad han ido completando. La última pieza le corresponde al espectador, a quien le toca completar la interpretación de una obra que cuenta una historia de amor, o mejor, la reconstrucción de una historia de amor por parte de un personaje que se aferra a ella, a sus comienzos, a sus momentos más intensos, con la intensión quizá de que siga brillando, como cuando sus excompañeros de Pink Floyd le dedicaban a Syd Barret Shine On You Crazy Diamond.

Una naranja, una ciruela y una caja de fósforos. Texto: Marcel Sawchik y Adriana Aguirre. Dirección: Marcel Sawchik y Jacko Mauad. Elenco: Miguela Giménez, Danilo Santini, Adriana Ardoguein, Antonio Di Matteo, Jimena Arrosa, Mariana Lloret, Sebastián Laventure, Dylan Cortés.

 

Funciones: domingos 21:00. La Gringa Teatro.

 

Leonardo Flamia

Periodista, ejerce la crítica teatral en el semanario Voces y la docencia en educación media. Cursa Economía y Filosofía en la UDELAR y Matemáticas en el IPA. Ha realizado cursos y talleres de crítica cinematográfica y teatral con Manuel Martínez Carril, Miguel Lagorio, Guillermo Zapiola, Javier Porta Fouz y Jorge Dubatti. También ha participado en seminarios y conferencias sobre teatro, música y artes visuales coordinados por gente como Hans-Thies Lehmann, Coriún Aharonián, Gabriel Peluffo, Luis Ferreira y Lucía Pittaluga.
Entre 1998 y 2005 forma parte del colectivo que gestiona la radio comunitaria Alternativa FM y es colaborador del suplemento Puro Rock del diario La República y de la revista Bonus Track. Entre 2006 y 2010 se desempeña como editor de la revista Guía del Ocio. Desde el 2010 hasta la actualidad es colaborador del semanario Voces. En 2016 y 2017 ha dado participado dando charlas sobre crítica teatral y dramaturgia uruguaya contemporánea en la Especialización en Historia del Arte y Patrimonio realizado en el Instituto Universitario CLAEH.