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Sin justificaciones por Juan Martín Posadas

Sin justificaciones por Juan Martín Posadas
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En nuestro país han acontecido eventos vergonzosos de una gravedad sin antecedentes. Dicho en dos palabras: no hay antecedentes en la historia del Uruguay de un Ministro de Economía y un Director del Banco República procesados por un aval trucho a un remate trucho de aviones y no hay antecedentes de un Vicepresidente que haya tenido que renunciar por problemas éticos y no hay antecedentes de que tal conducta hubiera sido defendida por unanimidad en el seno de la autoridad partidaria del Partido que él integra. Todo eso sucedió, como quien dice, ayer. En lo que va de este otoño han tenido lugar dos episodios más de esa calaña: uno tiene que ver con el Poder Ejecutivo y el otro con el PIT-CNT.

El caso referido al Poder Ejecutivo es el manejo que desde ese poder se dio a un grave asunto militar y de derechos humanos surgido ante la publicación periodística de las actas de un Tribunal de Honor. El lector conoce sin dudas los detalles; una documentación puesta en conocimiento de la Presidencia a mediados de febrero por parte del Ministro de Defensa durmió allí hasta que Haberkorn lo publicó en El Observador. Presidencia descarga su omisión en el Ministro de Defensa, moribundo en ese momento y fallecido pocos días después, y en la cúpula militar.

Lo más grave del caso, más grave aún que los hechos es la infame maniobra perpetrada por el Presidente Vázquez y su Secretario Toma para tapar el asunto y la prolongación de la misma en las contorsiones y morisquetas retóricas del nuevo Ministro Bayardi para adornar el enchastre (lo que los jóvenes de hoy nombrarían sin vacilar con una palabra maloliente).

Este episodio, irresponsable en su génesis y canallesco en su desenlace no afecta solamente al Frente Amplio. La titularidad del Poder Ejecutivo la detenta actualmente un ciudadano perteneciente al Frente Amplio y votado en sus listas para ocupar dicho cargo, pero el Poder Ejecutivo es un poder del estado uruguayo y su comportamiento enaltece o denigra al Uruguay como tal.

El otro caso reciente de vergüenza nacional acaba de tener lugar en el seno de la dirección del PIT-CNT. Se ha producido allí un diferendo acerca de quienes serían los oradores del acto del primero de Mayo y en la discusión se hace mención a soborno mediante entrega de pasajes a Cuba. Habiendo salido esta vergüenza a la luz el Secretariado Ejecutivo explica (El País 26-IV-19) que proponer viajes es un instrumento de negociación, pero no de intercambio (sic). Una vez más la justificación es más inmoral y maloliente que el enchastre que se pretende justificar.

La central sindical, la cúpula del PIT-CNT, está hoy claramente en la órbita del Frente Amplio, pero un asunto de esta naturaleza, una admisión pública del trueque de voto por viaje, ensucia a una central sindical que es del Uruguay, que tuvo otra historia, y cuyo prestigio o desprestigio afecta la imagen internacional del Uruguay.

*Pero sería lamentable error estimar que episodios de este tipo afectan solamente el prestigio del país o de la central sindical hacia fuera. El relacionamiento interno también se ve seriamente afectado cuando aparecen motivos para la mengua de credibilidad y de respeto hacia dos instituciones básicas de nuestra sociedad como son la Presidencia de la República y la central sindical, cuyos titulares serán ocasionalmente de una orientación u otra según la naturaleza y variación de los apoyos populares con que hayan contado pero que institucionalmente deben contar con el respeto de todos.

En algunas regiones periféricas del Frente Amplio se ha levantado una voz crítica; es el caso del editorial de este semanario la semana pasada, nacido de la pluma y de la indignación de Alfredo García. Pero en los círculos de poder del Frente Amplio, donde tallan los que cortan el bacalao, hasta el momento de escribir estas líneas, no se ha oído nada. Me da la impresión de que circula en sigilo la consigna de hacerse los desentendidos para no perjudicar las posibilidades electorales.

Han caído en la misma miseria en que cayó la Iglesia Católica cuando ocultaba los abusos de los curas pedófilos pretendiendo así proteger el prestigio de la institución: escándalo que sólo se apagó ahora cuando fueron reconocidos tanto las faltas de los perpetradores como la falta institucional de ocultarlo. Así como muchas personas que no pertenecen a la Iglesia Católica se sintieron indignadas y personalmente escandalizadas, muchos uruguayos no frentistas sentimos indignación por los episodios arriba mencionados y nos cuesta sujetar una justificada furia por procederes deleznables que ensucian el nombre del Uruguay, y más insoportables aún nos resultan las justificaciones hipócritas, tanto de quienes las inventan como de los que las aceptan y dan por buenas.

El Uruguay es de todos los uruguayos: cuando acontecen y, sobretodo, cuando se pretende justificar, ciertos comportamientos deplorables como los mencionados, queda demasiado visible que el país de primera ha bajado a ser un país de cuarta; eso resulta doloroso y profundamente indignante para todos.

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